El paso del verano al otoño es tan sinónimo de la vuelta al cole y la afamada «cuesta de septiembre» como, para cualquier persona que esté metida en el mundillo del manganime y los videojuegos, de una nueva edición de Japan Weekend en Madrid. La capital española volvió a acoger una de las ferias de ocio alternativo más grandes del Estado, con la importante novedad de que esta vez no se celebraría en el IFEMA, hasta ahora hogar habitual del evento. Para esta edición, se emplazaría en uno de los templos del balompié español, el Riyadh Air Metropolitano, actual estadio del Atlético de Madrid. Con una mezcla de intriga por los cambios que el nuevo recinto comportaría y no poca emoción por la nada desdeñable parrilla de actividades promocionadas antes de su celebración, la redacción de Futoi Karasu estuvo de visita en esta Japan Weekend, de la cual se puede anticipar que no dejó a nadie indiferente.
Probablemente, una de las mayores dudas en el ambiente era la referente a cómo se aprovecharía el espacio de un estadio de fútbol para dar cabida a una convención de las características de una Japan Weekend. El resultado final acabó por ser mucho más natural de lo que uno podría haberse imaginado, sin perjuicio de ciertas mermas organizativas que, quizás precisamente por lo bien planteado de casi todo el conjunto, resultaban bastante llamativas.

Las actividades y stands se distribuían a lo largo de cinco zonas. La planta 0 acogía la mayoría de puestos de Artist House —así como algún que otro No Comercial— y actuaba como centro neurálgico de la feria, de tal forma que para acceder a casi todos las demás espacios era necesario atravesarla. Unas escaleras situadas al entrar a cada una de sus dos alas nos conducían, respectivamente, a la zona +18 —de la que poco podemos destacar, al ser tanto en la forma como en el fondo muy semejante a lo presentado en ediciones anteriores— y al auditorio. En este último podíamos encontrar un salón de conferencias en el que se desarrollaron la mayoría de sesiones de Q&A, así como un área dedicada específicamente al cosplay y a sesiones de fotos. Si, volviendo a la planta 0, bajábamos por las escaleras situadas nada más entrar al estadio, llegaríamos a la planta -2, por paradójico que pueda parecer. Desde aquí se podía acceder a los escenarios y a otra remesa de stands de diversa naturaleza, así como subir a la planta -1, dedicada exclusivamente a puestos No Comerciales. Finalmente, en la salida trasera del recinto y ocupando parte de la explanada vallada que rodea el Metropolitano, se hallaba la Fanzone, que contenía un batiburrillo de actividades, la zona K-pop y un último grupo de stands, tanto comerciales como de artistas.
A todo esto hay que sumar que en las plantas 0 y -2, que circunvalaban el terreno de juego a diferentes alturas, estaba permitido acercarse en cualquier momento a las gradas del estadio y sentarse para descansar de cara al césped. Esta fue, sin duda, una de las mayores bondades del nuevo espacio. Otra ventaja clave del recinto era la gran cantidad de baños abiertos que había, de tal forma que daba igual dónde estuvieras ya que siempre iba a haber uno cerca. También había multitud de puestos de comida a disposición, tanto propios del Metropolitano como creados ad hoc para el evento —en este caso, ubicados en la Fanzone—, lo cual se agradecía tras la desaparición de estos últimos en las ediciones celebradas en IFEMA.
El tener siempre la opción de hacer una pausa en las gradas era una maravilla y la distribución de espacios fue generalmente muy solvente, pero se ha de reconocer que la navegación era algo más caótica que de costumbre. Se puede y debe achacar buena parte de ello a que esta era la primera edición de Japan Weekend en el Metropolitano y siempre estuvo claro que iba a resultar un poco complicado acostumbrarse al nuevo recinto para todos aquellos que llevasen IFEMA en las venas. Sin embargo, los accesos entre las plantas 0, -1 y -2 podrían haber recibido una señalización más clara y, sobre todo, la idea de crear un espacio al aire libre con la Fanzone sigue generando ciertas dudas. Sobre el papel no es un mal concepto y, de hecho, se ha aplaudido en el pasado su implementación en otras ferias a las que hemos acudido. Pero lo cierto es que su ubicación aislada del resto de zonas, los anuncios exiguos de su situación y, sobre todo, el sol abrasador que protagonizó sobre todo el sábado hacían muy poco atractiva la visita. También ponen de relieve los riesgos de crear un espacio tan sometido a las inclemencias del clima, sin quizás todas las salvaguardas que habrían sido necesarias para una mayor protección de las mercancías de los artistas allí situados.

Pasando a las actividades en sí mismas —que son, a fin de cuentas, gracias a lo que viven o mueren esta clase de eventos—, la oferta de esta edición supuso una mejora notable respecto de anteriores Japan Weekend. Además de lo habitual, ese feliz desembolso que hacemos muchos en el magnífico merchandising de los artistas y la búsqueda por alguna ganga en los stands comerciales, debemos destacar positivamente las labores divulgativas en materia de videojuegos impulsadas por la Universidad Francisco de Vitoria y la Universidad Europea de Madrid —a través, en este último caso, de su Creative Campus, que acogió numerosos talleres—, así como las pruebas de juegos indie a disposición. Nintendo también tuvo cierta presencia en el evento, para nuestra sorpresa. Contaba con un stand nada más entrar en el que los visitantes podían probar varios juegos de Switch 2 totalmente vigentes, como el recientemente lanzado Fire Emblem: Fortune’s Weave o el, por aquel entonces aún no publicado Lies of P: Complete Edition. A todo esto podemos sumar un sinnúmero de talleres de juegos de mesa y de rol que, por su más acertada alineación con el perfil de su audiencia que en ediciones previas, terminaban de dar contorno a un evento con un enfoque más inteligente que nunca.
Pero, sin duda, la comidilla de esta Japan Weekend —aparte de su ubicación— eran sus invitados. Tras una esplendorosa selección para los eventos de 2025, la nueva parrilla no se ha quedado atrás. Nyalra, creador del popularísimo Needy Streamer Overload —obra que fue, por cierto, el indiscutible protagonista de los cosplays aquel fin de semana—, se pasó para darnos alguna que otra pincelada acerca de la que ya es una de las visual novels más vendidas de la historia, así como para confirmar que ya está inmerso en su próximo proyecto. También asistieron al evento Katsuyuki Konishi —seiyuu que podréis conocer por ser Lloyd Irving, de Tales of Symphonia, o Diavolo, de Jojo’s Bizarre Adventure: Vento Aureo— y la imperdible VTuber Ironmouse, que no «vino» a Madrid como tal pero sí se paseó, en videollamada y gracias a su equipo de cámaras, por el estadio y proporcionó su propia sesión de Q&A el sábado.
Liella! —la banda de Love Live! Superstar!! encarnada por Sayuri Date, Nako Misaki y Nagisa Aoyama—, May’n y Machico conformaban el habitual ciclo de cantantes vinculadas al mundillo del manganime y brindaron sus sendos conciertos. Es crucial mencionar que por primera vez en mucho tiempo en una Japan Weekend los asistentes pudieron acudir a exhibiciones musicales con un sonido acorde al nivel de los artistas. El equipo de audio era mucho mejor de lo habitual y, especialmente, el hecho de cambiar la cuestionable, caótica y retumbante acústica del interior de las naves del IFEMA por un recinto que ha probado, gracias a su diseño y construcción, su solvencia sonora en conciertos de artistas tan reverenciados como The Weeknd, Bon Jovi o The Rolling Stones, desembocó en una claridad y calidad de sonido nunca antes escuchada en el evento. No existe espacio suficiente en esta crónica para narrar completos los tres conciertos, pero pueden resumirse en que Liella! hicieron las delicias de los habituales fans de Love Live! —a este ritmo la Japan se va a quedar sin elenco de la franquicia al que invitar—, quienes asistieron al evento con unas camisetas personalizadas curiosamente similares a las del Real Valladolid; May’n despachó con carisma y solvencia envidiable los mejores temas de Macross Frontier y Machico deleitó al personal con sus openings de la desternillante comedia KonoSuba. Por su parte y en lo tocante a videojuegos, el legendario compositor Shoji Meguro nos agració con su presencia, sacó a pasear su flamante Yamaha Pacifica y tocó, en un breve bolo que hizo el sábado, algunos temazos de Persona 5 en las seis cuerdas. El reconocimiento mainstream del colosal JRPG de Atlus es innegable, pero sí es cierto que da un poco de pena que el título pese sobre Meguro como una losa inquebrantable y privase a los asistentes de verle tocar alguna canción de otras entregas de la saga, de algún Shin Megami Tensei, Metaphor: ReFantazio o incluso de su colaboración con el juego español Denshattack!.

Pero, sin duda alguna, si se podía denominar a esta Japan Weekend como algo que no fuese «la Japan Weekend celebrada en el estadio del equipo que perdió dos finales de Champions League en sólo tres años contra el Real Madrid» entonces la opción ineludible era «la Japan Weekend de Lain«. Y es que Serial Experiments Lain, legendario anime de 1998, producido por el ahora desaparecido estudio Triangle Staff y considerado hoy, con total merecimiento, como una de las obras animadas niponas más influyentes de la ciencia ficción noventera y principal impulsora del subgénero denpa ante el mainstream, tuvo un protagonismo capital en el evento. No sólo el cartel del mismo estaba ilustrado por Yoshitoshi ABe, diseñador de personajes del citado anime, sino que tanto este como el reverenciado Chiaki J. Konaka, guionista de la serie —así como de otras obras de culto como Texhnolyze e incluso bombas del mainstream como Digimon Tamers— fueron dos de los invitados más comentados de la convención. Juntos ofrecieron un par de sesiones de Q&A durante el fin de semana en las que respondieron a preguntas sobre sus obras, sus procesos creativos y, en primicia, ofrecieron una noticia que ni siquiera se conocía por entonces en Japón: Despera, el anime que en su génesis nació como sucesor espiritual de Lain y que llevaba años aparentemente parado —especialmente desde el fallecimiento de quien iba a ser su director principal, Ryūtarō Nakamura— no sólo sigue adelante como proyecto, sino que ahora pasa a ser una iniciativa multimedia y comenzará como manga. En dicho tebeo, guionizado e ilustrado por los dos profesionales mencionados, se contará una historia que precede a la del anime y con él se intentará establecer unas bases exitosas desde las que sacar adelante la serie. Una noticia que no tardó en correr como la pólvora por las redes.
Por si fuese poco, Bôa, la banda británica que compuso e interpretó Duvet, el nostálgico tema de apertura de Lain y que hoy reina como el opening de anime con más reproducciones en Spotify —que se dice pronto— ofrecía un concierto acústico para los asistente de la Japan el sábado al anocher. Jasmine Rodgers, acompañada de Carlos García, habitual guitarrista de las últimas giras de la banda, deleitó al público con una actuación íntima, poética, pero llena de fuerza y sentimiento, con un setlist que cubrió las canciones más emblemáticas de sus dos álbumes más populares, Twilight —que en su momento fue un relanzamiento de The Race of a Thousand Camels, ópera prima que solo vio la luz en tierras niponas— y el mucho más reciente Whiplash. Walk With Me, Frozen o Seafarer no sólo demostraron la potencia y control vocal de una Rodgers que ya hace años que nada tiene que envidiar a su padre —palabras mayores, hablamos de quien fue sustituto de Freddie Mercury en Queen—, sino que cautivaron instantáneamente a un público cada vez más emocionado. El espléndido culmen llegó con Twilight y, por supuesto, una Duvet que ninguno de los asistentes del Metropolitano pudo evitar corear.
Si hablamos del panorama más amateur, tenemos que mencionar el ya tradicional Idol Fest. Al contrario que un festival más tradicional en tierras niponas, su variante castiza destaca más por ser un híbrido entre concurso de baile y cosplay, ya que por regla general los participantes realizan una actuación de lip sync al ritmo de las canciones de sus idols favoritas. En esta actividad no contamos como tal con canciones originales, incluso tampoco con música en vivo, pero al final nuestra variante propia se basa en un homenaje a aquellos grupos, ficticios o no —aunque en su mayoría hablamos de Love Live! y Project Sekai—, que los participantes adoran y por lo tanto emulan en los escenarios. Podemos incluso mencionar que la misma marca de Hello Kitty patrocinaba esta pequeña sección de la Japan, cosa sin duda a tener en cuenta, ya que que una marca de tal envergadura colabore significa mucho para la posición que juega este tipo de eventos dentro de la Japan Weekend.

Por su parte, uno de los momentos más destacables de nuestro domingo en el Metropolitano fue el Q&A de Usamaru Furuya, el mangaka de obras como Litchi Hikari Club, 51 maneras de proteger a tu novia o Genkaku Picasso, que se celebró en el auditorio. La calidad de la conferencia derivó, en parte, del gran interés que generaban las respuestas de Furuya, largas y detalladas, acerca de sus inspiraciones, de su relación con sus antiguos asistentes —entre quienes, por cierto, se halla el diseñador de personajes para videojuegos Yusuke Kozaki—, de la posibilidad de que sus mangas pudieran recibir nuevas adaptaciones o incluso de su hábito de practicar italiano por las mañanas. Pero también y, sobre todo, fue un encuentro sumamente agradable por la calidad humana del autor; el temple y la calidez con la que se comunicaba con nosotros, adicionado a lo de por sí relajante que era el lugar elegido para la sesión, le dio una impresión de VIP al asunto.
Mientras abandonábamos el estadio del Atlético de Madrid, tan agotados como sumamente satisfechos por un fin de semana lleno de emociones, nos rondaba la cabeza una pregunta: ¿para quién es la Japan Weekend? Lo más inmediato sería pensar que, idealmente, está pensada para todos los públicos. Familias, fanes apasionados, jóvenes que acaban de descubrir su amor por el manganime, un público más especializado que busca análisis matizados y profundos. Técnicamente, el evento ofertaba actividades para todos estos colectivos y más. Pero es imposible no dudar respecto a si este funambulismo entre la divulgación más analítica y profesional, que nosotros celebramos y esperamos que se siga incentivando, o un enfoque más bien generalista, cuyo atractivo comprendemos por mucho que no termine de encajar con nuestro nicho, actúa en beneficio o en detrimento del evento. El panorama de las ferias de ocio alternativo en España es tan convulso como prolífico en pleno 2026 y, en cierto modo, nos parece irresistible tratar de descubrir cuál es el hueco que Japan Weekend puede hacerse en él. Desde luego y a la vista de la creciente ambición de cada edición —con, claro está, algún que otro paso en falso—, ahí estaremos desde Futoi Karasu para descubrirlo.
Crónica y fotografías realizadas por Hachedehelp, Leiachansan y Raúl Alonso.