Shin Chan —originalmente titulada Crayon Shin-Chan— es un fenómeno de masas en España. Además del gran número de episodios de los que podemos disfrutar del niño divertido, graciosín y extrovertido, se añade un nada desdeñable catálogo de películas protagonizadas por el que nunca para y no te dejará en paz. Se han distribuido de forma consistente estos largometrajes hasta el día de hoy, actualmente casi alineados con las fechas de estreno en el país nipón. Aunque, como es lógico suponer, algunos filmes han dejado su huella en el público más que otros. Hoy queremos ahondar en profundidad en uno de estos, pues su popularidad y su arraigo en la cultura popular española es superior al resto del catálogo. Se trata de la película de 1997, En busca de las bolas perdidas.

En Japón, fue el cuarto largometraje de la franquicia en ver la luz, pero también era el primero en introducir a Himawari, la recién nacida de los Nohara. Fue dirigida por Mitsuru Hongo, quién ya había trabajado en el anime de Shin Chan desde 1996 y había ya producido todas sus adaptaciones a la gran pantalla hasta esta en concreto. Un gran equipo de artistas, bajo la supervisión de Asahi TV dieron vida a esta entretenida obra en la que, dentro de esos elementos fantásticos como demonios, dejaría a un lado los viajes fantasiosos como en algunas aventuras anteriores. Destacamos la labor de una ya reconocida eminencia en el mundo de la animación, Masaaki Yuasa. Fue el director de escenarios, labor que ya ejecutó anteriormente pero que resuena en esta búsqueda por la bulliciosa Shibuya, la tranquilidad de los montes o el imponente atardecer en la bahía de Tokio. En busca de las bolas perdidas quiso mostrar al mundo lo que la familia Nohara es capaz de hacer por cuidar de los suyos y de los extremos a los que llegaría por ello. Eso es lo que Hongo y su equipo quiso atestar con cada cuidado fotograma de esta película.
La historia nos lleva a un día tranquilo en Kasukabe, donde Shin-Chan encuentra a un misterioso hombre durmiendo en la hierba y, sin ser consciente de donde se metía, le roba una canica peculiar. Esta bola resulta ser una de las dos llaves que son necesarias para revivir al Maligno, un ente custodiado por dos clanes ahora rivales, Mariconchis y Cataplines. Toda esta situación lleva a una guerra a dos bandas por custodiar a Himawari, que se ha tragado la bola. Si bien ya se demostró y comentamos en el párrafo anterior el sentido de unidad que tiene la familia Nohara, ponerlo en práctica al momento en el que Himawari empezaba a formar parte de ella fue un gran acierto.

Por supuesto, vendría acompañada esta épica del humor más característico de esta obra. La variedad de escenarios, desde pubs alternativos hasta edificios en riesgo de derrumbe, así como los variopintos personajes introducidos contribuían a la búsqueda de carcajadas del público. Hasta el villano principal, un frío y mezquino extraño capaz de leer las mentes de los demás, estaba envuelto en un halo de absurdismo que le era imposible eludir. Si bien la pieza central de la comedia de esta película corre a cargo de tres personajes muy particulares, es un punto más relevante para discutir más adelante.
Si bien toda la carne estaba puesta en el asador para ser una película que destacase, no llegó a despuntar entre el repertorio de largometrajes de Shin-Chan. Al menos, para el público japonés. A fecha de redacción de este artículo se han estrenado un total de 34, número bastante alto en las que varias disputan por ser la obra más atemporal y memorable. No obstante, esto solo es aplicable si consideramos únicamente al país nipón. España tendría algo más que decir y hasta que idolatrar de En Busca de las Bolas Perdidas.
De la mano de la distribuidora LUK Internacional, esta película vería la luz en cines españoles el 27 de junio de 2003. Fue la primera en hacerlo en el país y sorprende que se apostara por ella en lugar de por La Invasión, que fue la primera en Japón y la segunda en España. El largometraje que se estrenaría en el país de origen más cercano a estas fechas sería El Chuletón Imposible, que no llegaría a España hasta 2008. La razón por la que Las Bolas Perdidas fue elegida es desconocida por el público general pero se puede discernir perfectamente que fuera una apuesta segura pues además se aprovecharía el éxito que estaba teniendo la serie al estrenarse en varios canales de televisión españoles, tanto nacionales como autonómicos.
Gracias a esta campaña de distribución, la película resonó fuertemente con las audiencias de la época. En especial con los más jóvenes que ahora mantienen su legado vivo gracias a múltiples posts en redes sociales. Si bien otros largometrajes hermanos como Los Adultos Contraatacan compiten con nuestro objeto de análisis, pocos te negarán que En Busca de las Bolas Perdidas es la reina en el arte de hacerte reír gracias a la acertada traducción del estudio DARUMA y al esfuerzo del equipo de doblaje, quien fue el mismo que en la serie original.
Hay un aspecto de la película y su ya mencionado legado que ha calado más que ninguna otra cosa en esta y son tres personajes en concreto. Se tratan de Rosa, Lavanda y Lima, las tres hermanas Mariconchis. Su pegadiza cancioncilla y sus tronchantes diálogos son lo que más ha perdurado en la memoria de los fans y es que, si lo analizamos bien, se alinearon perfectamente con la fascinación por los tríos de personajes unidos que el público español experimentaba en la televisión. Un ejemplo mítico de ello son la serie de animación Las Supernenas, creada por Craig McCraden y que recibirían un spinoff anime en 2006. Pero el público español asocia más este tropo a la popular serie de comedia española Aquí no hay quién viva que, junto con Shin-Chan, eran de los programas más vistos por sus respectivas demografías en 2003. El trío de jubiladas conocidas como Radio Patio comparten una similitud argumental con Las Mariconchis en lo que a la fórmula de su humor se refiere; con intercambios vocales graciosísimos y una personalidad que les hace destacar por encima del resto del reparto. Es por esta semejanza que el espectador que haya crecido con estas dos obras las asocie y las celebre por los mismos motivos, así como que ayuden a perdurar en el tiempo. Y ahí es cuando se debe apreciar una vez más al equipo de localización y traducción que pusieron todo su esmero en adaptar En Busca de las Bolas Perdidas a la cultura de por aquel entonces. Quedar inmortalizado en la memoria de tu público es el objetivo más noble que debe alcanzar una obra de ficción y lo que te hace reír para pasar un rato divertido cubre de sobra lo necesario para no quedar en el olvido.

En conclusión, En busca de las Bolas Perdidas se trata de una jugada arriesgada por parte de LUK Internacional que quiso aprovechar un filón de la mano de un niño descarado de cinco añitos. Se podría haber seguido el orden cronológico y podría no haber cambiado nada. O tal vez el impacto que los largometrajes de Shin-Chan han tenido en las audiencias cinéfilas españolas no hubiera sido el mismo. Solo los distribuidores, traductores y demás miembros del equipo sabrán que les llevó a esta decisión pero ahora miles de seguidores del Clan Mariconchis pueden agradecerles que dejaran un bello y desternillante recuerdo en sus memorias y corazones.