Gotas de lluvia alentadoras sobre fuentes de luz nocturnas: Los amantes de la noche, de Yukiko Sode, en SEMINCI 71

El pasado martes 27 tuvo lugar en la 71º edición de SEMINCI el estreno en España de la nueva película de la directora y guionista japonesa Yukiko Sode, Los amantes de la noche. Ha sido la segunda presentación europea del largometraje, después de su estreno mundial en el festival de Cannes. A lo largo de su corta pero prometedora carrera, Sode ha acostumbrado a tratar cuestiones relacionadas con la identidad femenina, de tal forma que en Los amantes de la noche vuelve a indagar en esta temática con la adaptación de la novela homónima de Mieko Kawakami.

Ya con las primeras imágenes Los amantes de la noche introduce los elementos que guían su narrativa: las luces y el ejercicio de transitar el espacio. La película comienza trasladando a los espectadores al interior de un coche itinerante que recorre la ciudad de Tokio en su nocturnidad, con imágenes que viajan y muestran las luces encendidas en edificios y en otros vehículos en movimiento a través de los cristales del coche, observando el paisaje de tonalidades verdes percibidas en el preciosismo melancólico de la cámara de 16 mm.

De los exteriores de la enorme capital surge el interior de la habitación de Fuyuko (Yukino Kishii), donde en un detalle la luz se difumina con el kanji que entre sus manos ocupa su tiempo la profesión de correctora. Así, Fuyuko comienza la película aprisionada en su habitación trabajando, con dificultades para establecer conversaciones con la gente a su alrededor y explorar la ciudad en la que vive desde su época universitaria. La introversión de la protagonista se ve reflejada en las estampas de luz proyectadas en la pantalla de la sala, con la cámara posicionada desde interiores en búsqueda ansiada de lo extraño más allá de la ventana de Fuyuko, con escenarios conformados a partir de inamovibles líneas rectas o con reflejos oscuros y solitarios de su figura en escaparates. La apariencia de la película es frágil, de luminosidad dispersa con tacto de granulado sedoso, manifestante de lo visual como paralelo del sentir de la protagonista.

Fotograma de la película donde se aprecia la personalidad de Fuyuko por medio de los objetos que decoran su habitación y sus colores / ©C&I Entertainment y Bitters End

En Los amantes de la noche las gotas azules frías de lluvia sobre la piel anaranjada de Fuyuko no son causantes de incomodidad, sino que sirven de desahogo reconfortante y como muestra de conexión con el mundo que la rodea y de su propia existencia dentro de él. Ahora, la película retrata esa existencia como mutable y contextual. Los azules del exterior complementarios a los naranjas cálidos de los interiores en las noches apacibles se fusionan en verdes, comunes a ambos espacios. Por supuesto, Fuyuko también cambia y evoluciona a lo largo de los 139 minutos del largometraje al aprender a apoyarse en su interés romántico (Tadanobu Asano) —una relación agradable de presenciar al no ser aún habituales las representaciones de idilios cómodos entre gente trabajadora de mediana edad—, pero sobretodo en su mejor amiga (Misato Morita), quien además dista mucho de la protagonista en lo relativo a su forma de relacionarse con el resto y de comprender las relaciones humanas y concretamente, el sexo.

De ahí que la cámara ocultándose entre plantas o detrás de puertas para dejar entrever la intimidad es una de las formas de Sode de adentrarse en la profundidad y complejidad de cada individuo representado, a menudo en silencio por medio de gestualidades delatoras, y cómo a partir de ellas interactúa con su alrededor, lo que genera nuevas subjetividades y vínculos. Cada forma de comprender la realidad es compleja, como los reflejos en los que dos imágenes se funden en una única mientras siguen hallándose de forma separada. La luz que apasiona y unen a la protagonista y a su interés romántico sirve para recordar las conexiones latentes y la temporalidad y la alterabilidad de las mismas, palabras descriptivas de carácter neutro.

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