Si hay una franquicia de videojuegos de rol japonés que se puede considerar como la más fructífera, esta es Final Fantasy. Son de sobra conocidas las dieciséis entregas principales que tiene a día de hoy —sin contar secuelas— pero la cantidad de spinoffs también es apabullante. Desde títulos de ritmo hasta juegos de pelea, éste grupo suele ser coronado en las listas de los fanes por el excelente Final Fantasy Tactics de la primera PlayStation que atrajo a propios y a extraños a la lejana tierra de Ivalice. Sin embargo, hoy en Futoi Karasu queremos hablar de los hermanos pequeños que tiene este título en las consolas de Nintendo que, si bien no gozan del pedigrí del juego de Ramza y Delita, no dejan de ser obras más que destacables: la bilogía de Final Fantasy Tactics Advance.
Nos encontramos en 2002, en una Square que aún no se ha fusionado con Enix para convertirse en la empresa que todos conocemos. Tras la compra de Quest Corporation, se planteó una continuación —no argumental sino a nivel jugable— del ya por aquel entonces clásico de la estrategia que pudiera disfrutarse en partidas cortas y que también se enfocase a una audiencia más joven. Es así como de la mano de Matsuno como productor y con parte del equipo original de vuelta en el desarrollo que se construyó la primera entrega de Final Fantasy Tactics Advance, que también sirvió para que Nintendo y Square volvieran a colaborar tras el apogeo de la compañía de JRPGs en las consolas de Sony. Por su parte, el segundo juego nació de la iniciativa «Ivalice Alliance», que traía también un remake del juego de Ramza y una secuela de FFXII para la Nintendo DS, todo ello con la intención de incrementar el poder de la marca de la subsaga basada en esta región.

La gameplay de estos juegos tiene un enfoque algo más simple que el juego táctico de la primera PlayStation pero que aún conserva su espíritu. Ahora manejamos a un clan al que le pondremos un nombre —con nuestro protagonista a la cabeza— y tendremos que llenarlo con diferentes guerreros que, al contrario que en el juego original, vendrán en distintas razas que gozarán de clases propias además de las que suelen tener los humanos. De una manera más arcade, la vertiente Advance se centrará en una cantidad mucho mayor de misiones cortas —300 en cada juego, de las cuales poco más de 20 son principales— para partidas rápidas apoyadas en la portabilidad de la consola.
Sin embargo, la mayor diferencia de esta bilogía es la introducción de los jueces. Estos señores montados en chocobo se encargan de ejercer un conjunto de reglas con prohibiciones y recomendaciones —por ejemplo, que en una batalla no se pueda usar magia negra y se recomiende golpear con bastones— que variarán cada día y que los jugadores tendrán que seguir a rajatabla. En el caso de que se incumplan recibirá varios castigos que aumentarán en severidad hasta, en el caso de la primera entrega, apresar al infractor y hacerle pasar una condena. Por su lado, cumplir las recomendaciones dará puntos para ataques especiales, de los cuales los más poderosos son el uso de totemas.
La primera entrega nos lleva al pueblo de San Ivalice, donde encarnamos a Marche, el nuevo chico del barrio que tiene problemas en su primer día de escuela. Tras haber hecho un par de amigos en clase, este grupo decide quedar por la noche para hablar de un libro extraño que tiene el pequeño Mewt, que suele ser la mayor víctima de los matones del colegio. Esa misma noche, la gente del pueblo es transportada a una versión fantasiosa de éste, que ahora es un reino inmenso y próspero con el mismo Mewt como príncipe. Pese a ser una historia más simple e infantil que su hermana mayor, FFTA explora de manera muy interesante la comodidad en el escapismo y cómo para algunos puede ser la única vía de escape con personajes como el hermano de Marche. Una particularidad que solo tiene la primera entrega es la existencia de los Jagds, unas zonas donde no hay jueces, por lo que no hay normas; pero si un personaje muere, se pierde para siempre.

FFTA2, por su parte, nos pone a los mandos de Luso Clemens, un muchacho que mientras recibe un castigo por ser un gamberro en la escuela, encuentra un grimorio mágico que, al igual que en la entrega anterior, lo transporta a una fantasiosa pero diferente Ivalice, en plena guerra de clanes. Tras conocer a una muchacha llamada Adel, nuestro protagonista descubre que el grimorio que lo llevó a este mundo se empieza a escribir con los eventos que están ocurriendo, lo que le lleva a intentar completar el libro de marras. La historia no es tan interesante como la de su predecesor, pero lo compensa con creces con la gameplay. Las misiones son mucho más variadas —y esta vez son todas jugables, en lugar de depender de enviar soldados pasivamente—, se ha aumentado el número de clases y razas y se ha iterado en el sistema de leyes para no ser tan cruel con el jugador. Además, como dijimos antes, este juego forma parte de la colección «Ivalice Alliance», por lo que Tactics Advance 2 gozaba de cameos de personajes de Final Fantasy XII para dar la sensación de unión entre títulos.
Aunque sí es cierto que la fama del juego de la guerra de los leones es bien merecida, las pequeñas entregas de FFTA tienen ese toque fresco y sencillo que los hacen una experiencia muy divertida y sencilla para partidas más casuales. Solo nos queda esperar que Square Enix, a su debido tiempo, nos traiga una nueva versión de esta bilogía para plataformas modernas, como ya hizo con la entrega matriz de PlayStation. Y, a poder ser, que nos llegue en español, que los originales ya venían traducidos.