RimWorld: gestión de colonias con factor humano

Describir RimWorld para alguien que no lo conoce no es tarea fácil. Al menos, no lo es sin quedarnos con la sensación de que no le estamos haciendo justicia del todo.

Podríamos tomar como punto de partida las palabras de Tynan Sylvester, creador del juego y fundador de Ludeon Studios, que lo define como un “generador de historias”. Y es que, en RimWorld, lo importante no es ganar o perder. Durante nuestra partida podemos alcanzar varios finales, pero son totalmente opcionales y, si lo deseamos, podemos seguir jugando sin límite con nuestros colonos. De hecho, el juego no nos empuja en ninguna dirección, forma de jugar o terminación determinadas, tan solo nos invita a guiar a un grupo de colonos de la forma que nosotros consideremos, sin apenas limitaciones más allá de nuestro criterio y, en muchos casos, de nuestro propio código moral.

El sistema de construcción de asentamientos es lo suficientemente completo como para poder construir nuestra colonia a nuestro gusto, casi como si de un City Builder se tratase. / ©Ludeon Studios

En su inicio más clásico, RimWorld nos pone al frente de tres náufragos espaciales que acaban de estrellarse en un planeta desconocido, desorientados y con apenas suministros para sobrevivir unos pocos días. Con este punto de partida, nuestro objetivo será regir los destinos de estos supervivientes involuntarios mientras construimos y gestionamos la colonia a la que llamarán hogar de ahora en adelante. De nosotros dependerá que tengan desde elementos básicos como comida y cama hasta lugares donde socializar o pasatiempos con los que evadirse de los sinsabores de su día a día —necesidades que pueden parecer secundarias, pero que son de vital importancia si queremos mantener a nuestros colonos contentos y, lo que es más importante, mentalmente estables—.

Uno de los aspectos más llamativos del juego es el grado de libertad que nos ofrece para definir el trasfondo y la orientación de nuestro asentamiento. No hay una única forma de jugar ni un modelo correcto de dirigir una colonia. Por ejemplo, podemos construir una comunidad igualitaria en un entorno lleno de recursos, un asentamiento de amazonas transhumanistas en la jungla o un grupo de saqueadores caníbales en el ártico. Es posible desarrollar una economía basada en la agricultura, el comercio, el esclavismo o dedicar la colonia a traficar con armas, alcohol u otras sustancias. Apostar por la convivencia y el apoyo mutuo o imponer un régimen autoritario y supremacista. El título no juzga ninguna de estas decisiones, sino que nos permite levantar nuestra colonia con total libertad, así como y gestionar las consecuencias de nuestras propias decisiones.

Desde su lanzamiento original en 2016, RimWorld ha ampliado su profundidad con varias expansiones que extienden de forma notable sus posibilidades, con las que el juego base —que por sí solo no anda precisamente escaso de contenido—. A fecha de publicación de este artículo se han lanzado cinco DlCs: Royalty, Ideology, Biotech, Anomaly y Odyssey. Aunque todos añaden nuevas capas de profundidad sumamente interesantes, el que más destaca entre ellos es Ideology, gracias a introducir un nuevo sistema de ideología y religión con el que se puede redefinir por completo la identidad cultural de nuestros asentamientos.

He aquí nuestra colonia, en la que un grupo de ecologistas ha desarrollado un culto en torno a los cuervos y su mascota, Karasu-sama. / ©Ludeon Studios

Como es habitual dentro del género de los simuladores de colonias, planificar y gestionar el asentamiento de manera mínimamente eficiente es uno de los pilares de la jugabilidad. Pero si algo hace destacar a RimWorld entre otros títulos con los que comparte etiqueta es, sin duda, la importancia que otorga al factor humano dentro de la supervivencia.

Una colonia no sería nada sin sus colonos, y RimWorld se asegura de que estos asuman el papel protagonista en cada una de nuestras partidas. Cada uno de ellos tendrá no solo sus propias habilidades e intereses, sus puntos fuertes y débiles, sino también su propio trasfondo y personalidad, elementos que no solo los definen como individuos, sino que condicionan directamente cómo se relacionan entre ellos y con el entorno.

Estos rasgos no son sólo un decorado para añadir contexto, sino que tienen efectos reales durante la partida. Por ejemplo, un personaje ascético se conformará con poco y no necesitará que le construyamos un cuarto impresionante para que sea feliz, mientras que uno celoso se frustrará si el dormitorio de sus compañeros es más lujoso que el suyo. Alguien con el rasgo “búho nocturno” preferirá estar activo de noche y estará de peor humor si le obligamos a trabajar de día, mientras que uno subterráneo será más feliz viviendo bajo tierra y se agobiará al aire libre.

Para medir su felicidad, los colonos no solo tendrán en cuenta sus necesidades básicas, sino también otros ascpectos como la calidad de su comida y su ropa, la comodidad o que el entorno les parezca bonito. / ©Ludeon Studios

Existen una buena cantidad de rasgos que además de condicionar nuestra forma de gestionarlos, también influyen directamente en la vida de la colonia y en las relaciones entre los personajes, que pueden ser tanto positivas como negativas. Los colonos pueden crear amistades, socializar o casarse, pero también enemistarse, discutir o incluso empezar peleas a puño limpio entre ellos. Los colonos lo recordarán todo y llevarán registro de todo lo que han experimentado durante su vida.

El resultado son unos personajes únicos que no se nos presentan únicamente como números, mano de obra o carne de cañón, sino que los empezaremos a reconocer con el tiempo, lo que hará que nos encariñemos y nos preocupemos por ellos de forma genuina. Por ello, uno de los sistemas que más brilla dentro del conjunto de RimWorld es, precisamente, el estado de ánimo. Es crucial mantenerlos satisfechos —lo cual incluye desde cubrir sus necesidades básicas hasta la belleza del entorno o disfrutar de ocio y tiempo al aire libre—, ya que la acumulación de experiencias negativas, como una mala alimentación, entornos desagradables o la pérdida de un ser querido, puede desembocar en que sufran un colapso mental. Episodios que pueden suponer todo un dolor de cabeza ya que, mientras duran, perdemos el control sobre el personaje, y pueden derivar en consecuencias que cubren desde encerrarse en su habitación hasta arrebatos destructivos o violentos, lo que puede poner en riesgo la estabilidad de toda la colonia.

La experiencia en RimWorld la redondea la sorprendente profundidad de sus sistemas, los cuales, pese a su complejidad, son conducidos por el juego de manera que no resultan abrumadores ni estresantes para los recién llegados. El título cuenta con un sistema de generación de mundos, distintos biomas con sus propios animales y vegetación, diferentes climas con temperatura y precipitaciones, agricultura y domesticación de animales y un largo etcétera que abarca aspectos como la gestión de recursos, el comercio con otras facciones, la electricidad y la construcción de infraestructuras cada vez más avanzadas.

Entre los quehaceres de la colonia se encuentra el mantenerla defendida ante potenciales amenazas. Si una de ellas nos sobrepasa, puede derrumbar horas de planificación y mimo en cuestión de minutos. / ©Ludeon Studios

Entre estos aspectos, uno de los que más destaca es el de salud. Los colonos pueden sufrir heridas en cada una de sus partes del cuerpo, enfermar, sangrar o incluso perder extremidades, todo ello con posibles consecuencias a largo plazo. Algunas lesiones pueden dejar secuelas permanentes, como cicatrices, y los colonos pueden desarrollar dolencias crónicas con el paso del tiempo. En los casos más graves es posible recurrir a prótesis, trasplantes y otras intervenciones quirúrgicas, siempre que dispongamos de alguien lo suficientemente competente en medicina. A esto se suma la creación y el consumo de diversos medicamentos y drogas que pueden servir como herramienta para reducir el estrés o mejorar el rendimiento, pero a su vez conllevan adicción, dependencia y un serio riesgo para la salud de los colonos.

A lo largo de la partida, la rutina se ve interrumpida constantemente por eventos que introducen variabilidad y tensión. La frecuencia e intensidad de estos eventos viene medida por una figura denominada “cuentacuentos”, que determinará el ritmo de nuestras partidas. Los eventos romperán periódicamente el día a día de nuestra colonia y no solo suponen un desafío añadido, sino que son una pieza esencial que contribuye a construir la historia de cada partida. Pueden ser algo totalmente inocuo, un impulso que nos ayude a progresar o, por el contrario, una auténtica catástrofe que haga tambalear a nuestro incipiente asentamiento y, para colmo, envíe al hospital —o a la tumba— a nuestros colonos favoritos.

Cassandra Classic es el narrador estándar que irá aumentando la dificultad conforme progresa nuestra partida. Phoebe Chillax libera eventos más intensos, pero más dilatados en el tiempo, mientras que Randy Random se rige por la aleatoriedad más absoluta e implacable. / ©Ludeon Studio

Pero este es precisamente el gran atractivo que hace especial a RimWorld. La experiencia no busca que tengamos una partida perfecta, sino que vayamos forjando la historia de nuestra colonia, con sus momentos de paz y sus desafíos, mientras jugamos. Podemos retroceder a un guardado anterior cuando las cosas se complican demasiado, pero no sin quedarnos con la sensación de que nos estamos dejando parte de la gracia por el camino. Porque, al final, son esos aciertos y errores, esos momentos de calma y esas crisis inesperadas, los que hacen que cada partida sea única y distinta a la de cualquier otro jugador.

RimWorld no nos invita a construir una colonia ideal, sino a dejarnos llevar por las historias que emergen de forma natural durante la partida. Ver crecer y prosperar a nuestros colonos, cómo se enamoran, celebran una fiesta en grupo o se maravillan al ver una aurora boreal, y también como que se enfrenten a una enfermedad, una ola de frío o un ataque devastador. Observar cómo su asentamiento se expande poco a poco, cómo se transforma mientras diseñamos y decoramos sus edificios, casas, calles y defensas. Es salir del juego y comprobar que hemos pasado una cantidad nada razonable de horas delante de la pantalla del ordenador, embelesados con lo que ocurre dentro de los muros de nuestro pequeño asentamiento.

En definitiva, trata sobre encariñarnos con nuestros colonos, preocuparnos por ellos y emocionarnos tanto con sus éxitos como con sus fracasos. Y, sobre todo, sobre esas experiencias que permanecen con nosotros, aun mucho después de cerrar el juego.

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