Card Shark: trileros en la Francia prerrevolucionaria

Pelucas empolvadas. Salones lujosos iluminados por velas. Aristócratas con varias copas de más apostando fortunas enteras mientras la miseria se extiende por el país, por supuesto, al margen de la burbuja en la que vive despreocupada una nobleza que pasa sus días de fiesta en fiesta, convencida de que el mundo gira únicamente en torno a u entretenimiento. En pocas palabras, la combinación perfecta para que se produzca un gran cambio político.

Este es el ambiente que se respiraba en la Francia del siglo XVIII unas décadas antes del estallido de la Revolución Francesa y que rezuma por los cuatro costados Card Shark, videojuego lanzado en 2022 por el estudio independiente inglés Nerial y bajo el paraguas de Devolver Digital. Con este lanzamiento, Nerial aparcó momentáneamente su exitosa saga Reigns para centrarse en una propuesta bastante particular: un juego de cartas que realmente no va de aprender a jugar a las cartas, sino de hacer trampas mientras jugamos.

El noble arte del engaño

Card Shark nos cuenta la historia de un joven sirviente mudo que termina convertido en el aprendiz del enigmático conde de Saint-Germain, personaje histórico y célebre estafador que nos introducirá en el arte de desplumar incautos con elegancia y sigilo, todo ello a base de amañar partidas de cartas.

©Nerial

A lo largo del juego aprendemos hasta 28 trucos de cartomancia, un variado repertorio que abarca desde métodos sencillos pero efectivos, como espiar las cartas del contrario y hacer señas a un cómplice, hasta maniobras complejas que requieren varios pasos: fingir que barajamos mientras movemos una carta hasta la parte superior del mazo, repartir de manera selectiva para que a un jugador le toque justo lo que nosotros queremos o incluso marcar el dorso de las cartas con un código para identificarlas de un vistazo.

Esto se traduce en una serie de minijuegos que requieren coordinación, agilidad y memoria. Todos ellos son bastante rápidos y sencillos de superar, pero exigen precisión y velocidad en su ejecución si queremos salirnos con la nuestra. Lo más interesante es que todos ellos reproducen técnicas reales y documentadas que, con suficiente práctica, podrían aplicarse perfectamente en una partida real —cosa que recomendamos no probar si no queremos despertar la ira de nuestros compañeros de partida—.

Lo mejor es que el magnífico sistema de tutoriales de Card Shark consigue que, aunque las técnicas puedan parecer complejas cuando se nos presentan por primera vez, podamos practicar hasta que su ejecución nos resulte casi automática. Nuestro maestro, el conde de Saint-Germain, aprovechará los viajes en carruaje entre un destino y otro para enseñarnos poco a poco nuevos trucos, y además repasará las técnicas que ya hemos aprendido si las volveremos a necesitar. El juego enseña cada movimiento paso a paso, con calma y toda la paciencia del mundo, dejándonos ensayar hasta que nos sintamos seguros de que podremos hacerlo bien fuera de la práctica.

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Eso es muy importante, ya que la gracia no está tanto en entender los trucos como en ejecutarlos con precisión y rapidez. Porque cuando toca jugar hay que hacerlo rápido y sin errores, ya que tardar demasiado o equivocarnos en un paso hará sospechar a los oponentes a los que intentamos engañar y el más mínimo error puede suponer la pérdida de todo nuestro dinero o de, literalmente, la cabeza.

En ese sentido, el juego incluye tres niveles de dificultad para que todo el mundo, sea cual sea su destreza, pueda disfrutarlo. Si, por ejemplo, ni las cartas ni los minijuegos son lo nuestro, el título cuenta con un modo más relajado a nuestra disposición para que podamos centrarnos en lo que realmente es el punto fuerte de Card Shark: su narrativa.

Cuando se ponen todas las cartas sobre la mesa

Detrás de tanto naipe y juego sucio, Card Shark esconde una historia sorprendentemente atrapante. Lo que empieza como una aventura desenfadada y llena de picaresca termina derivando en una trama de conspiraciones, intrigas palaciegas y traiciones que nos conducirá por todos los rincones de la Francia de Luis XV. Eso sí, sin dejar de lado las cartas. Nunca dejaremos de perseguir ganar dinero, el cual seguirá siendo nuestro principal objetivo, pero en ocasiones también lo haremos a cambio de cosas menos tangibles como información, favores o secretos que nos permitan ir desvelando poco a poco el terrible misterio que actúa como motor narrativo y escala hasta las esferas más altas de la corte.

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La trama avanza con un ritmo ligero pero envolvente, alternando los engaños con las cartas con escenas en 2D con acciones minimalistas y ventanas de diálogo que hacen avanzar la trama. Además, junto al elenco de personajes ficticios típicos de un drama de época —aristócratas, jugadores y otros timadores como nosotros— la narrativa también nos lleva a codearnos con figuras históricas como el filósofo Voltaire, el vividor Giacomo Casanova, el propio rey Luis XV y su favorita, Madame de Pompadour, entre muchos otros.

Tampoco es que el juego pretenda ofrecernos una lección de historia ni un profundo análisis de la época, pero sí nos abre una pequeña ventana desde la que asomarnos al zeitgeist de una Francia marcada por la Ilustración y la desigualdad, donde la pobreza era cada vez más palpable mientras que la nobleza llevaba un estilo de vida lleno de lujo y privilegio en el que las apuestas podían ascender en una noche al presupuesto de un país entero.

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En ese sentido, resulta especialmente interesante la presencia en el juego de los cascarots, una comunidad real de gitanos ambulantes que actúan como aliados y a los que donamos la mayor parte de nuestras ganancias, todo ello con el fin de ayudar a los más necesitados. De este modo, durante la partida actuamos como una especie de Robin Hood algo pícaro que, por medio de nuestras donaciones, contribuye a redistribuir la riqueza y a sembrar la semilla de esa nueva Francia que llegará con la revolución apenas unas décadas después.

Arte barroco en movimiento

El conjunto de Card Shark la redondea su excelente apartado visual y sonoro. Su estilo artístico en 2D con scroll lateral y animaciones simples consiguen transmitirnos la sensación de que estamos observando un cuadro puesto en movimiento. Los personajes necesitan de muy poco para transmitirnos su personalidad y su estado de ánimo y la riqueza en el detalle de los escenarios transmiten un aura de elegancia aristocrática que encaja a la perfección con el todo del juego.

Gran parte del mérito recae en el trabajo artístico de Nicolai Troshinsky, ilustrador principal y colaborador con Nerial durante el proceso de desarrollo del título además de experto en cartomancia, algo que se nota muchísimo en lo bien animados que están los trucos de cartas y movimientos de manos.

A esto se suma una genial banda sonora entre vibrante y juguetona a cargo del compositor Andrea Boccadoro. Las composiciones, con claras inspiraciones barrocas y arreglos que reinterpretan piezas clásicas de época, ayudan muchísimo a sumergirnos en esa Francia del siglo XVIII y en ese equilibrio que la jugabilidad mantiene entre la frivolidad del juego y la tensión de no ser descubiertos haciendo trampas.

©Nerial ©Andrea Boccadoro

Eso sí, si hay que buscar alguna pega a Card Shark, esa sería su escasa rejugabilidad. Existen varios finales, pero las variaciones son mínimas y la historia es, en esencia, lineal. Durante la trama casi siempre nos dejamos llevar por los planes de otros personajes y por los acontecimientos sin capacidad real de decidir nuestro camino, lo cual encaja bastante bien con el tono general de un juego cuyo eje temático no es otro que la manipulación, con personajes que siempre parecen escondernos algo y en un sistema político donde algunos jugaban desde la cuna con las cartas a su favor mientras el resto apenas podía apañárselas para sobrevivir.

Sin duda, Card Shark es una propuesta bastante particular, y precisamente por eso resulta tan refrescante. Su mezcla de trampas a las cartas, intriga y ambientación dan como resultado una experiencia ágil y ligera a la par que inmersiva y entretenida. Una obra breve, original y con una personalidad muy marcada que merece mucho la pena descubrir.

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