El autor de este artículo no es paleontólogo y la información vertida en él no debe entenderse como un análisis realizado por un profesional, aunque obviamente se trate de datos contrastados. Recomendamos acudir a las fuentes referidas en la bibliografía si se quiere ahondar en la materia.
¿Queréis visitar Japón en algún momento? Si ese es el caso, es muy probable que se os hayan venido a la mente las actividades a realizar que más os llamen la atención. Desde saludar a los simpáticos ciervos sika de Nara, pasando por alguno de los templos más míticos —quién no se querría sacar una foto con el Gran Buda de Kamakura— y hasta, cómo no, deleitarse con el desbordante exceso y carisma de una Tokio que, como ya indicábamos en la crónica de viaje que os traíamos hace un tiempo, hace de sus contradicciones su seña de identidad. Lo natural será que busquemos cierto equilibrio entre las trampas para turistas de toda la vida y aquellos rincones que todavía no han sucumbido ante las garras de la gentrificación. Quizás, por contraste, no entre dentro de vuestros planes pasaros por la prefectura de Fukui, anidada en la costa noroeste de la Japón central y situada al norte de Kioto. Entre los puntos de referencia de la región, podríamos destacar Tōjinbō —unos impresionantes acantilados que deben su particular geografía a la erosión marina y el choque de las olas—, las ruinas históricas de la residencia del clan Asakura Ichijōdani —el viejo hogar de un clan simpatizante del shogunato Ashikaga y que, como tal, fue arrasado por Oda Nobunaga a finales del siglo XVI— y por último, pero no por ello menos importante, el Museo de Dinosaurios de la Prefectura de Fukui.

Una curiosidad que probablemente conoceréis si habéis visitado archipiélagos volcánicos como las Islas Canarias es que rara vez nos encontraremos fósiles en estos espacios, dado que la lava tiende a deshacer toda la materia orgánica con la que se va topando. También suele influir el hecho de que estas zonas son muy jóvenes en términos geográficos, por lo que quizás no hubo demasiadas oportunidades como para que en ellas habitaran animales tan antiguos como en otros lugares del mundo. Por tanto, uno podría pensar a priori que Japón, un país situado en el círculo de fuego del Pacífico, no tendría un registro fósil particularmente extenso. Sin embargo, si se dan las condiciones propicias, es posible encontrar hallazgos allá donde menos nos lo esperaríamos. Este es el caso de la formación de Kitadani, una roca sedimentaria que está cerca de la ciudad de Katsuyama y en la cual se ha descubierto aproximadamente el 80% de los fósiles de dinosaurios del país.
Este trozo de tierra, que una vez fue parte de Asia —se estima que Japón se separó del continente hace unos 13.000 años, tras la glaciación más reciente—, se ha conservado relativamente bien gracias a la formación de lechos óseos. Este fenómeno geográfico consiste en una acumulación de fósiles, pegados entre sí en bloques de tamaño variable. Si tenemos en cuenta, además de lo ya mencionado, el hecho de que estos estratos se encuentran en zonas fácilmente accesibles para las labores de excavación, nos podemos ir haciendo a la idea de por qué este área ha sido un foco de investigación tan prominente desde los años ochenta. Todo comenzó con el descubrimiento de unos dientes de cocodrilo y de terópodos, el cual despertó el interés de la comunidad científica y condujo a expediciones a gran escala, que se han ido realizando desde 1989. En consecuencia, el museo de Fukui contiene una de las colecciones de dinosaurios más destacables del mundo, tanto por su numerosidad como por el sorprendentemente buen estado de algunos hallazgos. Las instalaciones contienen la típica exposición de esqueletos, animatrónicos y proyecciones, así como una excursión a una cantera cercana, donde los visitantes pueden observar de cerca el arduo trabajo realizado por los paleontólogos a la hora de desenterrar el pasado de nuestro planeta.

En total y hasta la fecha, se han descubierto cinco especies totalmente nuevas de dinosaurio en Fukui. Esta cifra tal vez no os parezca tan impresionante, pero hay que ponerla en perspectiva con el hecho de que apenas se ha nombrado a una decena de especies únicas en el archipiélago nipón. El Fukuisaurus tetoriensis fue un ornitópodo del Cretácico inferior del que inicialmente no se sabía demasiado, pues los primeros yacimientos revelaban únicamente restos de su cráneo. En la actualidad, disponemos de un esqueleto mucho más completo, de unos 4.5 metros de longitud, que nos permite intuir con mayor precisión cómo vivió este pariente de los iguanodontes. Su rasgo identitario se halla en su mandíbula, la cual tiene una estructura que le permitía masticar de forma rápida y sencilla las plantas que consumía. En contraposición, los demás herbívoros como él acostumbraban a menear la cabeza hacia los lados para que su alimento chocase dentro de la boca con sus dientes, que tenían forma de cizalla.
Se cree que el infraorden de los ornitópodos proliferó —aparecieron en el Jurásico inferior y no desaparecieron hasta la extinción masiva del Cretácico superior— precisamente debido al desarrollo de sus aparatos masticadores, los más complejos que jamás ha tenido un reptil del que se tenga registro. Más específicamente, Fukuisaurus era parte de los hadrosauroideos, animales que no solo tenían pies de tres dedos como las aves modernas, sino que contaban con un «pico» muy parecido al de los patos. En Japón en específico, esta clase de dinosaurio tuvo un estilo de vida muy extendido —ya no solo en la prefectura de la que hoy estamos hablando, sino también la de Hyōgo, al suroeste—, a tal punto que en la propio cantera de Kitadani se ha encontrado otro pariente, el Koshisaurus katsuyama. Solo se conoce un ejemplar hasta la fecha, un pequeñín que tenía unos tres años cuando falleció. Lo único que sabemos a ciencia cierta es que esta especie no tenía un cuerpo tan robusto como su primo de Fukui. Asimismo, a juzgar por la coexistencia de ambos herbívoros, podemos deducir que el ecosistema de la época tenía una vegetación lo suficientemente densa como para soportar sus respectivas dietas.

Uno de los aspectos más fascinantes de la paleontología es cómo lo que se tenía por cierto hace unas décadas es prácticamente impensable hoy en día. Así pues, algunas especies han ido cambiando de clasificación o incluso se han revelado como animales totalmente diferentes a medida que hemos ido aprendiendo más sobre los reptiles que una vez gobernaron la Tierra. Un buen ejemplo de un tema que todavía se debate y del que, más pronto que tarde, veremos un intenso cambio de paradigma sería el clado de los megarraptóridos. Son la clase más enigmática de terópodo que existe, una especie de cajón de sastre que vivió sobre todo en la actual América del Sur y que comparte rasgos con los ágiles dromeosáuridos —como Velociraptor—, los extendidos Allosaurus y los dominantes Tyrannosaurus —los cuales, por cierto, hace poco se descubrió que también vivieron en Japón—. Uno de los miembros de este particular grupo que fue encontrado en tierras niponas es el Fukuiraptor kitadaniensis, del que se ha podido reconstruir un esqueleto completo. El espécimen principal del que disponemos medía poco más de cuatro metros de largo, aunque se cree que todavía no había madurado del todo y que podría haber crecido más. Tenía unas garras de mano grandes y planas, las cuales inicialmente se confundieron con sus garras de pie y condujeron a su clasificación inicial como dromeosáurido. Aunque todavía no tengamos del todo clara la posición filogenética de Fukuiraptor y los suyos, de lo que no cabe duda es que esta especie fue uno de los depredadores más exitosos del Barremiense.
Si hay un denominador común que podamos extraer de los terópodos hallados en Japón, es que ninguno de ellos ha sido un descubrimiento pacífico. Y es que en 2016 se describió y nombró al Fukuivenator paradoxus, una especie que, como su propio nombre indica, presenta muchas más incógnitas que respuestas. El holotipo de este maniraptoriforme —grupo al que pertenecen la mayoría de dinosaurios emplumados— consiste en un esqueleto parcial de un 70% cuya taxonomía se ha estudiado por última vez en 2021. A juzgar por la forma de su fenestra anteorbital —así es como se llama a la forma hueca que se puede encontrar en el hocico de algunos reptiles, delante de sus ojos, que sirve para mantener el equilibrio del cráneo—, se le puede incluir sin lugar a dudas entre los miembros de su clado. Sin embargo, también cuenta con una serie de particularidades en su antebrazo, su metacarpal y su fémur que le emparentan con miembros de grupos basales —es decir, que se encuentran por debajo en el árbol taxonómico— como los dromeosáuridos y los Therizinosauridae.

Las similitudes entre Fukuivenator y estos últimos, que eran terópodos únicos por su dieta herbívora y por tener unas garras larguísimas con forma de guadaña, son especialmente pronunciadas. En primer lugar, las hendiduras detectadas en los dientes del dinosaurio nipón parecen indicar que éste era omnívoro, una característica totalmente insólita entre los de su familia. Asimismo, este animal tenía un sentido del olfato especialmente agudo, lo que también se cree que es una seña de identidad de los tericinosaurios. A falta de estudios futuros, puede ser que estemos ante el primer eslabón de una cadena que conecte a los depredadores del Cretácico de una manera totalmente insospechada.
Un tipo de criatura del que no hubo registros en Japón por mucho tiempo fueron los saurópodos, herbívoros entre los que se encontraban los braquiosaurios, que nos habían dejado sin aliento a muchos de nosotros al ver Parque Jurásico por primera vez. Esto es, hasta que Yoichi Azuma y Masateru Shibata identificaron unas vértebras de la cola y metacarpianos encontrados en Kitadani como pertenecientes a una nueva especie, el Fukuititan nipponensis. El holotipo destaca por su reducido tamaño, que se cree que podría deberse a haber vivido en un espacio mucho menos amplio que sus compañeros cuellilargos. Podría guardar cierta relación, así las cosas, con la creencia que se tiene de que la evolución cada vez ha ido favoreciendo a los animales que son más pequeños —por este motivo es que los reptiles gigantes abrieron paso a los mamíferos, con la llegada del Cenozoico—, los cuales tenían que competir menos para conseguir los recursos que necesitaban. Se cree que podría ser un antecesor del Borealosaurus chino, que vivió en el Santoniense. En el Barremiense, Fukuititan convivió con algunos de los otros dinosaurios de este artículo, así como con criaturas tan peculiares como el Psittacosaurus, un ceratopsiano —es decir, pariente de los popularísimos Triceratops— que, a cambio de no contar con los tan conocidos cuernos de otros como él, tenía un pico de loro y unos extraños filamentos en la cola que podrían haber servido como amenaza a sus posibles depredadores o como exhibición en rituales de apareamiento.

Si nos desmarcamos de la estricta definición de «dinosaurio», también podríamos destacar al ave prehistórica Fukuipteryx prima, que surcó los cielos japoneses hace unos 120 millones de años y que es otra pieza del puzle que es la relación entre los reptiles del Mesozoico y los paseriformes de la actualidad. A diferencia de otros dinosaurios no avianos, tenía extremidades anteriores más grandes que las posteriores, un coracoides altamente desarrollado y un pigóstilo situado en la base de su corta cola —a la que se adherirían sus plumas traseras, necesarias para mantener el equilibrio—. Mientras que algunos de ellos hacían de gala de alguno de estos rasgos —como por ejemplo el Iberomesornis romerali, del que ya os hablamos en el pasado—, solo se dan simultáneamente en los animales que clasificamos oficialmente como aves. El fósil descubierto de Fukuipteryx en 2019, del tamaño de una paloma moderna, se ha podido conservar en 3D, lo que ha conducido a una descripción muy detallada pese a contar con pocas muestras.
Si hay algo que podemos extraer de estos hallazgos, así como de su curiosa concentración en un área en específico dentro del amplio archipiélago japonés, es el hecho de que la vida deja su huella de las formas más inesperadas. A través de la cantera de Kitadani, podemos echar un vistazo a la particular forma en que nuestro planeta ha ido adoptando la forma que conocemos, con el consiguiente cambio de ecosistemas y de especies que habitan en ellas. Esperamos que este pequeño descenso hacia las profundidades de la cultura nipona, siguiendo la corriente de la paleontología, haya despertado vuestro interés y que os haya animado a, si alguna vez sois capaces de viajar a Japón, visitéis Fukui. No paséis por alto las muchas historias que nuestros viejos amigos, los dinosaurios, todavía tienen que contarnos.

Webgrafía:
La página oficial del Museo Prefectural de Dinosaurios de Fukui en todo lo relativo a información básica del parque y de los dinosaurios encontrados en Kitadani.
Fukui: the Dinosaur Capital of Japan. Enjoy Fukui. https://enjoy.pref.fukui.lg.jp/en/discover/stories/fukui-dinosaur-capital-of-japan/#:~:text=Of%20the%20nine%20species%20of,lived%20120%20million%20years%20ago.
Fang, T. Fukui and the Dinosaurs: What is the Connection? Sakuraco. https://sakura.co/blog/fukui-and-the-dinosaurs-what-is-the-connection?srsltid=AfmBOorGtTAlXoNhfSus2-7Bp6lBUFdUirXrFfbOPsGOGiensClkerSJ
Why is Fukui called the Dinosaur Kingdom? Fukui Station Dinosaur Area Portal Site. https://dinosaur-kingdom-fukui.pref.fukui.lg.jp/pages/fukui_dinosaur_en#:~:text=Why%20are%20there%20so%20many,river%20flowed%20through%20the%20region.
Obscure Dinosaur of the Day: Fukuisaurus tetoriensis. Medium. https://medium.com/obscure-dinosaur-of-the-day/fukuisaurus-tetoriensis-a6507b4e8bd4
Garland, N. Early Cretaceous basal hadrosaurid found in Japan. Earth Archives. https://eartharchives.org/articles/new-plant-eating-dinosaur-species-found-in-japan/index.html
Hattori, S. et al. 2019. Osteology of Fukuivenator paradoxus: a bizarre maniraptorian theropod from the Early Cretaceous of Fukui, Japan. Fukui Prefectural Dinosaur Museum. https://www.dinosaur.pref.fukui.jp/archive/memoir/memoir020-001.pdf
Carter, L. Fukuititan. Prehistoric-Wildlife. https://www.prehistoric-wildlife.com/species/fukuititan/
Weisberger, M. Dinosaur-Era Bird Preserved in 3D Could Rewrite History of Flight. LiveScience. https://www.livescience.com/cretaceous-pigeon-fukuipteryx.html