Me asusta que todo el mundo se lo tome con tanta calma, pero supongo que así es el mundo en el que vivimos. Todo el mundo está tan insensibilizado que ni siquiera se toma la vida en serio.
Izumi Suzuki nació en 1949, cuando Japón estaba apenas resurgiendo de las cenizas de la guerra, en la ciudad de Itō, en la prefectura de Shizuoka, población pesquera, zona volcánica y turística que fue declarada pocos años después Ciudad Internacional de Turismo y Cultura. En la actualidad, sus relatos han comenzado a ser publicados internacionalmente en todo el mundo a raíz de la popularidad que tuvieron sus traducciones al inglés a partir del año 2021. ¿Por qué aún hoy despierta este interés?
Suzuki nació en el seno de una familia conservadora, siendo su padre reportero del Yomiuri Shimbun, diario de tendencias derechistas. Se graduó del instituto en pleno 1968, cuando en la juventud del país se empañaba del espíritu de la nueva izquierda desde Francia, y comenzó a trabajar en el ayuntamiento como operadora de tarjetas. Mientras tanto, su afición a la escritura le llevó a enviar sus escritos a diferentes concursos, consiguiendo ser finalista del Premio a Nuevos Escritores de Bungakukai.
El premio le dio el impulso para decidir dedicarse por completo a la escritura y mudarse a Tokio, centro de las nuevas tendencias de la década de los 70. Allí comenzó a escribir incansablemente mientras trabajaba en clubes de hosts y como modelo de desnudos, comenzando a integrarse en ambientes progresistas, lgbt y de izquierdas, así como codearse con artistas y cineastas de películas pinkuque la añadieron a sus películas también. Fue allí donde conoció al saxofonista Kaoru Abe, con quien se casó en 1973 y vivió una relación tremendamente turbulenta.
Durante estos años publicó numerosos relatos en revistas de ciencia ficción, que en la actualidad se han recopilado y publicado en diferentes libros y antologías, pero su vida personal dio un vuelco absoluto cuando Abe, un año después de su divorcio pero aún conviviendo con ella, fallece de sobredosis tras haber luchado contra sus adicciones durante años. Su producción de relatos comenzó a tornarse más oscura y rebelde, con un estilo propio y marcadamente punk, destacando sobre otros escritores de ciencia ficción. Por desgracia en 1986, con sólo treinta y seis años, Suzuki se quitó la vida.
Su prosa se describe a menudo por parte de muchos críticos como ciencia ficción doméstica: los elementos más típicos de la ciencia ficción, la tecnología y los alienígenas son sólo acompañantes de los dramas cotidianos que enfrentan sus protagonistas. Con un estilo narrativo sencillo, lo especial recae sobre sus reflexiones modernas sobre la infelicidad y la alienación del individuo, quizás la razón por la que sus historias siguen teniendo tanta fuerza en la actualidad.
En la novela My Heart on Fire, que aún no está publicada en español, Izumi asume un rol protagonista para contar historias de la escena musical setentera en Tokio, donde ella misma estuvo muy presente y conoció a su futuro marido. La música es una fuerza liberadora frente a la soledad, alienación e incomodidad que las imposiciones sociales hacia ella como mujer le generan. Es una narración autobiográfica y más alejada de la ciencia ficción que caracteriza a Suzuki pero que contienen muchas de las temáticas que empañaron sus otros escritos.
Hay algo que no funciona en nuestra sociedad actual, y no soporto la ciencia ficción escrita por personas que no la entienden… Incluso cuando se habla de una sociedad futura, si se escribe con plena fe en nuestro mundo actual, entonces nada cambia, solo se terminan repitiendo las mismas ideas que ya tenemos.
En Terminal Boredom, primera colección de relatos traducida al español y publicada como Aburridísima en 2025, retrata una sociedad que nos recuerda a los mejores episodios de Black Mirror. El aburrimiento, como bien indica el título, inunda a los protagonistas de sus relatos, disociantes y saturados de estímulos que provocan el distanciamiento social y la incapacidad de ser honestos con sus propias emociones. Otros relatos de la colección también exploran distopías en las que las mujeres mandan y los hombres son relegados a zonas apartadas, sociedades con grandes fisuras nacidas al generarse nuevas dinámicas de género basadas en la tradicional sobre diferentes mujeres y al surgir nuevas imposiciones. El género y las imposiciones sociales son un tema recurrente en sus relatos, ejemplificado en otro de ellos que nos muestra a una familia extraterrestre que intenta parecer humana adoptando roles tradicionales mientras cuestionan qué sentido tienen estos.
El relato central que da nombre al conjunto, Aburridísima, también trata la violencia como conducto de fuga para las emociones en una sociedad desconectada, con ciudadanos adormilados y aburridos alrededor de miles de estímulos que ya no funcionan. Es probablemente el relato más moderno, paradójicamente escrito en tiempos donde aún no existía la mitad de esos estímulos a los que la sociedad actual está sometida.
Por otro lado, en la colección Hit Parade of Tears, aún no traducida al español, se muestra el gran manejo que Suzuki tenía de diferentes apuestas narrativas. Son relatos en los que aparecen extraterrestres y elementos de ciencia ficción de nuevo, pero lo mundanal, la crítica social, la descripción tremendamente sensorial del ambiente de los setenta y ochenta y los giros de guion violentos también están muy presentes.
No se puede hablar de Izumi Suzuki sin comentar también de su faceta artística como modelo y actriz. Frecuente colaboradora de Araki Nobuyoshi, sus hermosas y psicodélicas fotografías se recogen en el libro IZUMI, this bad girl. También colaboró con los famosos directores de cine Koji Wakamatsu y Shuji Terayama, grandes representantes del pinku político y amigos personales de la autora, así como también llegó a participar en la compañía teatral experimental de Terayama, Tenjo Sajiki, la cual además representó algunos de sus relatos en alguna ocasión.
Años después de su muerte, en 1992, se publicó Endless Waltz, una novela que retrató ficcionalmente la turbulenta relación entre Suzuki y Abe y que fue demandada por la hija de ambos. Sin embargo, años después, el ya mencionado Koji Wakamatsu, que había conocido a ambos, adaptó la novela a una película con el mismo nombre, mostrando con especial sensibilidad los problemas que atravesó Suzuki y su relación abusiva con Abe, sin olvidar la faceta más artística del saxofonista y de la escritora, que inundan de una atmósfera melancólica toda la producción.
Suzuki demostró ser una de las creadoras clave entre las escritoras de ciencia ficción de Japón, separándose de los tópicos occidentales y dándoles un toque propio, crítico, esencial y político. Es inevitable, como con tantos autores trágicos, ligar su propia vida de autodestrucción a sus relatos, pero es su propia idiosincrasia lo que hace que funcionen como espejo de nuestra propia sociedad.
Han pasado décadas y aún surgen incógnitas sobre la apatía creciente en nuestra actualidad. Suzuki, desde su mirada femenina en los setenta y alrededor de los círculos que vieron fracasar no pocos intentos de revolución, pudo comenzar a rascar en esa incógnita. El retrato general de una sociedad cansada, sin esperanza y aburrida, llena de una rutina sobrecargada de estímulos que pierden su valor y de roles que debemos cumplir. Todo esto ante un futuro incierto, que impide hacernos conectar con nuestras emociones y nos trae otra vez de vuelta a los problemas del presente. Y es por ello que sus relatos aún son tan importantes.