En la mente de es una serie de artículos dedicados a profundizar individualmente en las características y motivaciones de algunos de los personajes más queridos e interesantes de los videojuegos y el anime.
La desolación y el castigo son el equipaje de aquellos que deciden adentrarse en Silent Hill. Las circunstancias de sus protagonistas difieren en cada caso y si hay un personaje del que queríamos hablar, pero que con el corazón en la mano esta redactora no sabía cómo abordar, es Angela Orosco. La vida de Angela ha estado definida por el abuso y es sin lugar a dudas uno de los personajes más trágicos de la franquicia. Por lo tanto, si el abuso sexual y el suicidio son temas delicados para ti como lector, no sigas leyendo.
Hemos de advertir que vamos a hablar de todos los encuentros con Angela a lo largo del juego, ya que es muy importante ponernos en situación para explicar su historia, por lo que habrá spoilers. Hoy en día se sigue analizando y surgen nuevas teorías e interpretaciones, pero consideramos oportuno daros la oportunidad para que lo experimentéis por vosotros mismo.
La primera persona que nos cruzamos de carne y hueso en Silent Hill, más concretamente en su cementerio, es Angela Orosco. Parece estar observando las lápidas y no se percata de la presencia de James, así que este, en un intento de hacerle ver que estamos aquí, extiende el brazo para tocarle el hombro. La pobre chica se lleva el susto de su vida y retrocede de forma violenta pidiendo perdón en cuanto lo ve. Su reacción parece ser algo desmesurada, pero al fin y al cabo suponemos que no esperaba encontrase a nadie por ahí. James dice que está perdido, que no quería asustarla. Angela le indica que siga por la carretera hasta llegar a la ciudad, que no tiene pérdida, pero antes de que cada uno siga por su lado, Angela intenta advertir a James: hay algo raro con este sitio, algo que está mal y no es solo la niebla. La conversación entre ellos es rara y ninguno sabe realmente qué los ha traído aquí, pero tienen algo en común; James busca a su mujer y Angela a su familia, concretamente a su madre. Al igual que pasaba con Eddie y que comentamos en su artículo, James vuelve a estar en una posición ventajosa: Angela está de espaldas y no sabe que James está detrás, casi parece estar acechándola. Después de darse la vuelta, parece quedarse a una distancia prudencial de James y cabe destacar que lo primero que sale de su boca después del susto es una disculpa. La joven sigue hablando entrecortada y por fascículos durante toda la conversación, pero ¿por qué? Al fin y al cabo el susto se ha quedado en eso, un susto, y James no parece suponer una amenaza; así que empezamos a preguntarnos de dónde vienen las precauciones de la joven. Decimos joven, pero su aspecto no parece ser el que convencionalmente tendría una chica de su edad, ni siquiera llegamos a ver su cuello.

Volvemos a encontrarnos con Angela más adelante en los apartamentos Blue Creek, en el habitación 109. Un gran espejo ocupa toda la sala y Angela está tirada en el suelo mirando su propio reflejo mientras sostiene un cuchillo. Esta vez no hay sustos y ella es la primera en dirigirse a James con un tono cortante y de apatía: «Oh, eres tú». La chica que tenemos en delante no parece ser la misma. El entrecortado al hablar ha desaparecido y su forma de hablar se vuelve errática, nos da la espalda de nuevo, pero esta vez Angela lleva la voz cantante. Ha estado observando a James a través del espejo incluso antes de que James pudiera llegar a verla. Angela le recuerda su nombre y James, que se ha percatado del cuchillo, le dice a la chica que siempre hay otra salida. Angela sigue hablando con cierta desgana con James y le dice que son iguales, que es más fácil correr, que lo siente. James no se molesta y le pregunta por su madre comentando si vivía en el bloque, algo que Angela no parece saber. Es solo cuando James menciona que entonces solo sabe que su madre vivía en Silent Hill, que Angela se da la vuelta extrañada. James ha dado por sentado que por eso estaba aquí y le sigue preguntando su motivo exacto para estar aquí mientras le comenta el suyo. Cuando James explica que está buscando a su difunta esposa, Angela se levanta de repente diciendo que tiene que encontrar a su madre. Por último, antes de salir, James comenta el cuchillo; a lo que Angela le pregunta si puede guardárselo, ya que no sabe qué sería capaz de hacer con él. Cuando James se acerca a cogerlo, Angela entra en pánico mientras le apunta con el cuchillo. Le dice que lo siente, que ha sido mala; pero que por favor no lo haga.
En su primer encuentro, Angela parece estar tranquila hasta que James aparece, y cuando intenta alcanzarla de nuevo para coger el cuchillo Angela adopta una pose claramente defensiva mientras grita y sostiene el cuchillo hacia James. El pobre James aquí no hace mucho, pero James es un hombre y Angela sufre androfobia; un miedo irracional y desproporcionado a los hombres. Si el cerebro de Angela está percibiendo a James como una amenaza, es porque en algún punto de su vida ha tenido experiencias con hombres que han sido un posible riesgo a su integridad física o emocional. Es posible que durante la construcción del aprendizaje se produjera una asociación hombre igual a peligro, lo que hace que se reactive de forma automática e inconsciente bajo ciertas circunstancias. Además, cabe apreciar el detalle de que hasta que Angela se levanta, no hablamos ni la vemos de frente; solo vemos su reflejo. Recordemos que en Silent Hill 2 la ciudad manifiesta tu psique, y mientras Angela mira su reflejo, el jugador no puede ver lo que ella está viendo. El espejo simboliza la percepción distorsionada que Angela tiene de sí misma y la confrontación de la verdad. Angela está enfrentándose a su identidad fracturada, sus traumas y su culpa.

Durante nuestra travesía por el laberinto —uno de los últimos niveles del juego—, encontramos en un pasillo lo que parece ser un recorte de un periódico empapado en sangre, las manchas de sangre nos dificultan la lectura, pero lo que está claro es que un tal Thomas Oro___ ha sido asesinado. Según el periódico, el hombre fue apuñalado varias veces en el cuello y el torso. La policía no cree que el motivo del asesinato fuera allanamiento o robo, sino un crimen pasional. El apartamento estaba impoluto pero había signos de resistencia. No le damos mayor importancia y seguimos nuestro camino hasta encontramos una puerta empapelada en periódicos. Al entrar encontramos la desgarradora escena: Angela sentada en posición fetal intentando buscar cobijo en una esquina de la habitación con un monstruo a su lado, que poco deja a la imaginación. Al acabar con la monstruosidad y salvar a Angela, James intenta coger su mano mientras le pregunta si está bien. Angela responde gritando, corriendo, pateando y acaba por tirarle un televisor al monstruo. James le pide que se tranquilice, pero Angela no está por la labor. Le dice que no la mangonee y cuando James le dice que no es lo que pretende, Angela explota. Con un tono desafiante le reprocha que sabe perfectamente por qué está siendo amable, que quiere lo mismo que todos los hombres. Y cuando James le dice que eso no es así, el tono de Angela cambia drásticamente. Alega entre sollozos que no tiene por qué mentir, que puede forzarla como hacía él. Entre arcadas, Angela se vuelve contra James con la furia contenida durante los años de abuso. Su voz, quebrada por el trauma lo ataca sin piedad diciéndole que solo se preocupa por si mismo, que es un cerdo asqueroso y que le repugna. James intenta ofrecer consuelo extendiendo una vez más su mano hacia ella, lo que hace retroceder bruscamente a Angela mientras presa del pánico grita que no la toque. Antes de salir por la puerta, Angela acusa a James de mentiroso, que su mujer no murió por ninguna enfermedad y que seguramente no la quería cerca.
Esta escena es intensa y bastante complicada. El monstruo se llama Abstract Daddy, traducido como «Papi abstracto», que no es otro que la representación de los traumas de Angela, el hombre asesinado del que hablaba el periódico y padre de Angela; Thomas Orosco. Angela, harta del continuo abuso sexual de su padre, apuñaló lo apuñaló una de las ocasiones que iba a abusar de ella y cuando se dio cuenta de lo que había hecho, presa del pánico, se dio a la fuga; así es cómo acaba en Silent Hill. La habitación donde se produce la escena es nauseabunda pero simple: un cuarto con paredes de carne desgarradas donde se encuentran unos orificios por los que entran y salen unos cilindros, con un televisor en la esquina. El movimiento de los cilindros en las paredes y dada la situación que nos encontramos, simulan la penetración sexual de los abusos y la televisión podría representar que para su padre, dichos abusos eran algo cotidiano. Cuando se nos desvela el pasado de Angela es cuando realmente empezamos a encajar las piezas del puzle y entendemos cómo se ha comportado hasta ahora con James. Su androfobia proviene del abuso sexual de su padre y cada vez que James intentaba alcanzarla con la mano, ella revivía momentos oscuros. Además, Angela no paraba de pedir perdón a James por todo, tuviera sentido o no. En la sala des espejo, antes de irse dice que sabe que ha sido mala, así que nos deja bastante claro lo que le decía su padre antes o cómo hecho para justificar los abusos.

La última vez que desgraciadamente vemos a Angela, es en el hotel Lakeview. Prácticamente al final del juego, tras las grandes revelaciones sobre James —del que si os interesa saber más en profundidad tenemos un artículo—. Encontraremos a Angela en un tramo de escaleras en llamas, extrañamente largo, observando lo que parecen esculturas desgarradas de cuerpos humanos; concretamente dos cuerpos masculinos, uno a cada lado del pasillo. Angela no está en sus cabales y confunde a James con su madre, lo que hace que James retroceda confuso. Angela le dice a su «madre» que la ha estado buscando, que es la única que queda y que igual ahora puede al fin descansar. Cuando Angela es consciente tocando el rostro de James, que este no es su madre, su primera reacción es disculparse y objetar que ojalá no la hubiera salvado; que hasta su madre decía que se merecía lo que pasó. James sin embargo intenta consolarla, pero cae en saco roto. Angela responde que no la compadezca; que ella no vale la pena. Tras una pausa, la cámara se centra en Angela. Con su mirada fija en James y con ironía replica: «¿Igual piensas que puedes salvarme? ¿Vas a amarme? ¿Cuidarme y curar todo mi sufrimiento?». Con amargura añade: «Eso es lo que pensaba». La cámara vuelve a centrarse en la escena y vemos a James mirando al suelo sin saber qué decir. Es a partir de este punto cuando vemos el punto de no retorno para Angela. Las llamas empiezan a esparcirse sin control, y todo lo que James puede expresar, es que hace mucho calor; a lo que tristemente Angela responde: «¿Puedes verlo? Para mí siempre es así». Vemos como Angela sube las escaleras, desapareciendo entre las llamas, lenta pero inexorablemente.
Angela vino buscando a su madre, una madre que no solo dejo a su hija desamparada ante los abusos de su padre, sino que la culpabilizó por ello. Su madre culpaba de los abusos a su propia hija, tachándola de buscona y libertina. En algún punto, no se sabe exactamente cuando, su madre abandonó el núcleo familiar, dejando a Angela a solas con su padre y su hermano; hermano que solo aparece en una fotografía desgarrada de la cual Angela es la única que no sonríe. Esta traición maternal reforzó en Angela la idea de que no era digna de ser protegida o amada. Mientras que el abandono aumentó el sentimiento de culpabilidad y vergüenza que existía gracias a las acusaciones de su madre. Esta vergüenza también desembocó en una visión de si misma fracturada, en la cual hacía esfuerzos por taparse y dejar de «provocar» a su padre.
Volviendo al pasillo en llamas, recordaréis que había dos esculturas masculinas a cada lado. Es más que factible que su hermano, tras presenciar durante años los abusos mientras su madre permanecía deliberadamente ciega ante la situación, terminase adoptando el mismo comportamiento predatorio de su padre; esta doble victimización explicaría la presencia simbólica de las dos esculturas.
El punto culminante se encuentra las últimas palabras de Angela. Los jugadores vemos Silent Hill a través de los ojos de James, y es en esta última escena con Angela, cuando James se pronuncia sobre el calor, sabiendo no solo cómo es estar en la piel de Angela, sino cómo ella ve Silent Hill. Para Angela el trauma está demasiado arraigado, lleva sufriendo todo lo mencionado desde una temprana edad y es trágico y doloroso saber que no conoció otra cosa; lo que la llevó finalmente a rendirse al no ver salvación. Poco más se puede comentar de Angela. Se supone que Silent Hill es un viaje del que puedes salir victorioso y más fuerte, pero lamentablemente para ella, era demasiado tarde.