Elden Ring ha sido el juego más ambicioso de FromSoftware hasta la fecha, por lo que la expansión de dicho título debía ser algo que, si no superase a su original, al menos estuviese a la altura. Tras completarla y dejarla macerar un par de meses, podemos decir que el DLC lleva al límite los aspectos de jugabilidad y mapeado establecidos en el juego base.
Sin embargo, hay un aspecto con el que no hemos quedado del todo satisfechos y este es el tema del lore. Especialmente en lo referente al jefe final, aunque no es el único caso, pues en muchos momentos la historia que nos cuentan o los enemigos que nos presentan parecen un festival del fanservice hacia juegos pasados, lo que resulta en una sensación de pastiche que no termina de cuajar. Tenemos así, por ejemplo, caballeros negros en honor al primer Dark Souls, un jefe montado en una planicie como en Sekiro, otro contrincante de espadas dobles que usa una combinación de magia y fuego como la bailarina o el pontífice de Dark Souls III, etc. Otro aspecto negativo es que nos sentimos un tanto engañados, puesto que en diversas entrevistas habían comentado que este nuevo lanzamiento no se iba a entroncar con el de la historia principal. Pero, a la hora de la verdad, más que explorar a los nuevos personajes el juego opta por centrarse en el pasado de la reina Marika y la relación que guardan las tierras sombrías con las tierras intermedias del juego base.
Sin embargo, no queremos dar la sensación de que todo es horrible. Es por ello que hemos decidido que en vez de un artículo en el que nos recreásemos en nuestra propia bilis, realizaremos un viaje por la historia del DLC a la par que expondremos nuestro principal problema con el mismo a nivel de lore, el jefe final.
Debemos comenzar comentando qué son exactamente las tierras de las sombras, zona en la que se desarrolla Shadow of the Erdtree. Estas son un plano existencial aparte de las tierras intermedias, pero no por que estemos ante distintos planos de un mundo, como podría ser la división entre el cielo y el infierno, sino porque estas han sido arrancadas —o, mejor dicho, selladas de las tierras intermedias— y establecidas como un lugar adonde van aquellos que encuentran la muerte antes de renacer. Como prueba de ello, no solo tenemos que el mapa de ambas zonas encaje, si no toda una serie de elementos, siendo el primero de ellos el crisol.
El crisol es, a todas luces, el origen de la vida del planeta de Elden Ring. Representado en forma de espiral, guarda relación con todas las ruinas de civilizaciones que encontramos bajo tierra en el juego base. Podemos encontrar una arquitectura con tales motivos de espirales, asimismo, en la penúltima zona de este DLC, donde encontramos a Romina, la santa del brote. Dicha jefa, a pesar de contar con un alma, no tiene ninguna cinemática, ni presentación en diálogos previos —sí aparece, sin embargo, en el tráiler. Por lo que, para saber de la historia y tragedia de la misma, debemos recurrir a las descripciones de diversos objetos. Gracias a esto, sabemos que la iglesia de Romina era en esencia pacifica y se vio arrasada como daño colateral en la cruzada de Messmer contra los cornamentados.
Hablemos ahora de otros seguidores del crisol, los cornamentados, seres que hemos visto en el juego base, son los también conocidos como augurios. Mohg, Morgott, o las criaturas que encontramos en las alcantarillas son de dicha especie. La cultura de estos entes, claramente influenciados por las culturas del creciente fértil como la Babilónica o Asiria, creía que a mas cuernos tenia un cuerpo, mas cercano de la divinidad se encontraba —estos mismos cuernos tienen forma de espiral, lo que guarda relación con el crisol. Las relaciones con las culturas mencionadas no acaban ahí, pues Enir-Ilim, zona final y donde se encuentra la puerta a la divinidad, está completamente inspirada en un Zigurat. Pero tomando, eso sí, la forma con la que se ha tendido a representar a la torre de babel y juntándola con la arquitectura propia de estas estructuras. Ahora bien, ¿por qué deberían importarnos los cornamentados? ¿Qué actos han cometido para ser victimas de una cruzada que los ha subyugado? Bueno, digamos que no son completamente inocentes, pues esta cultura se dedicaba a perseguir a los Numen, los cuales vivían en comunidades de sacerdotisas, y los encerraba en tarros para que se transformasen en santos, lo que los permitiría ser receptáculos de divinidades exteriores. Dicho proceso puede llevarse a cabo porque los Numen tienen la capacidad de fusionar su carne y, por tanto, sus cuerpos. En efecto, los adorables tarritos que veíais en el juego base son gente de este pueblo, esclavizada y torturada. ¿Adivináis quien pertenecía a la estirpe de los Numen? La reina Marika.

Antes de centrarnos en el pasado del personaje principal del juego base, creemos conveniente hablar de los dedos, esos seres que supuestamente responden a la deidad exterior que da lugar a la orden dorada. En esta expansión, llegamos al conocimiento de que dichos seres no reciben los designios de la voluntad mayor correctamente, por lo que todo el plan de la misma este cimentado en el error y el fracaso, es decir, no era deseo de dicha deidad que Marika ascendiese a la divinidad. Sin embargo, los dedos le guiaron a ello —huelga decir que los dos dedos pueden elegir a otros Numen o mestizos de los mismos, que pasarían en ese momento a ser Empíreos como Malenia, Miquella o Ranni—. A pesar de no estar previsto el ascenso de Marika a la divinidad, la voluntad mayor toma control de ella, pero para asegurar su dominio manda a las tierras intermedias a la bestia de Elden, con la que formar el circulo-anillo que da nombre al juego. Hemos de suponer que, durante un periodo de tiempo indeterminado, la voluntad de Marika estaba supeditada a la deidad exterior, pero llegó un momento en que la Numen empezó a resistirse, momento en el que nace Radagon como una extensión de la misma. Esto explicaría por qué intenta reparar el anillo de Elden destrozado por Marika y por qué le enfrentamos al final del juego base.
Esta expansión nos lleva a la aldea de Marika y otras de su cultura, lo que nos permite descubrir más del personaje y de cómo estaba movida por la compasión, el amor y su preocupación por el sufrimiento de su gente. Hemos comentado que su voluntad se ve dominada por el dios exterior de la orden dorada, pero en ningún momento se establece a ciencia cierta si el acto de venganza contra aquellos que han perseguido y torturado a los suyos es llevado a cabo por su propia voluntad o como un acto de fundamentalismo por parte de la deidad exterior, salvo por un pequeño detalle.
Sobre la descendencia de Marika, sabemos que de su amorío con Godfrey nació Godwyn, así como los augurios Mohg y Morgott. Es posible, pues, que tanto los Numen como los Cornamentados pertenezcan a la misma especie. Esto no es algo en lo que el juego profundice en ningún momento, solo queda especular que es el otro camino encontrado por el crisol. De su unión como Radagon con Rennala tuvo a Ranni, Radhan y a Rykard. Y, finalmente, de la unión de sus dos voluntades nacieron Malenia y Miquella.
Sin embargo, quedan dos hijos por mencionar, Messmer y Melina. Se alude a ambos como hermanos, pero no se les menciona como tal con respecto a ninguno de los otros hijos, por lo que solo queda la opción de que sean hijos de Marika, a lo que apunta la propia historia de los mismos. Melina nace como la voluntad de Marika de acabar con el circulo de Elden, siendo su cometido guiar a un sin luz para que complete dicho acto, el nacimiento de Messmer sin embargo es más complicado.

En la aldea de Marika, encontramos la piel de una serpiente, abierta como si hubiese dado a luz. Sabemos por el juego base que la serpiente es el animal enemigo del árbol áureo, es decir, de la voluntad dorada. Es una suerte de pecado capital y original, una fuerza primigenia y destructora que devora a sus creyentes. Todo parece indicar que Marika llegó a un acuerdo con dicha deidad primigenia y que, al ser devorada y unirse a esta, renació dando a luz a Messmer, un ser maldito, que alberga el horror de dicha serpiente en su interior. ¿Por qué realizaría Marika este acto? Aunque no se explica en el juego, todo parece indicar una única opción y es que la serpiente se apareciese ante Marika por su dolor y fomentase en ella sus deseos de venganza —hay que recalcar que en Elden Ring todas las deidades exteriores se presentan ante aquellos en estado de vulnerabilidad, con excepción de la Luna—. Así las cosas, Messmer sería la representación material de dichos deseos y quedaría ligado a llevar el sufrimiento a aquellos que se lo habían infligido a su madre. Este camino presenta en principio un problema y es que, por lo que sabemos de Marika, no sería capaz de causar dolor por su propia voluntad a sus seres amados. Sin embargo, como veremos a través de Miquella, el camino para ascender a la divinidad supone abandonar todo lo que eres, por lo que es posible que este acto cruel se realizase como uno de los ritos de paso.
Bien, ahora que ya sabemos cómo queda ligado el mundo del DLC al del juego base y a sus personajes principales, es hora de hablar ahora del supuesto protagonista de esta historia. Miquella, como hemos mencionado, es un empíreo, un ser con la capacidad de ascender a la divinidad. Hijo de Radagon y Marika, comparte con su hermana Malenia una maldición, la de la eterna juventud, no solo en apariencia, sino en mentalidad, de modo que representa una suerte de bondad inocente. Ahora bien, esto conlleva que su sistema moral sea también el de un infante, es decir, que no este plenamente desarrollado.
El plan de Miquella consiste en resarcir lo que él entiende como los pecados de su madre, quiere ascender a la divinidad para traer una era guiada por la bondad y el amor. Dicho así, suena difícil oponerse, pero claro, aunque quisieses rechazar dicha idea no podrías, pues para llevar a cabo dicho cometido Miquella pretende someter la voluntad de todos a la suya. Esto lo vemos con el dispar grupo que son sus seguidores, pues casi ninguno está ahí por su propio deseo como se nos revela mas adelante en la historia.
Hasta aquí todo bien, estaríamos ante el típico giro de FromSoftware de presentar al antagonista de una forma trágica y no como un mero villano, el problema radica en que uno de los requisitos para acceder a la divinidad es contar con un consorte y todo parece indicar una dirección que acaba desechada sin mucho sentido. Durante el juego base podemos encontrar una espada llamada El epitafio Dorado, arma dedicada a Godwyn, el hijo de Marika asesinado. En ella, reza una súplica de Miquella:
Oh, hermano, noble hermano, alcanza la verdadera muerte.
Considerando que el plan de Miquella consiste en acceder a dichas tierras intermedias, la súplica de este rezo es clara: desea que Godwyn muera para que viaje a las mismas. Durante la propia historia del juego base damos descanso al cuerpo de Godwyn a través de la historia de Fía, por lo que a todas luces no hay ningún impedimento para que el hijo de Marika se encuentre en las tierras intermedias. Debemos añadir que en El Castillo Sol encontramos a un Fantasma que dice lo siguiente:
Señor Miquella perdóname, tu compañero sigue sin alma.
El único personaje que es un cuerpo sin alma es Godwyn, pues su ánima se encuentra en el reino de las sombras, no así su cuerpo, no hasta que completemos la misión de Fía como hemos mencionado.
Cuando llegamos al final descubrimos que el consorte de Miquella es Radhan. En el más puro ejercicio de fanservice, traen de vuelta a un enemigo que todos querían enfrentar en la cúspide de su poder, sin haber ningún solo indicio de ello con anterioridad —la única pista es el tramo final del propio DLC, lo cual no hace que se sienta menos sacado de la manga—. Desconocemos la razón de esto, no sabemos si, como hemos dicho, es un mero ejercicio de dar a los fans lo que pedían aunque sea un atropello al lore, o si no querían mezclar el final de la expansión con una misión secundaria —pero necesaria igualmente para uno de los finales y relacionada con otro—. Por el camino, además, han desvirtuado la premisa del juego principal, pues la guerra entre los hijos de Marika tras la ruptura del círculo de Elden ya no es un choque entre hermanos por ambición o por frenar la misma. Ahora, es un plan de Miquella. Malenia ataca a Radhan y lleva la podredumbre a toda una zona por orden suya, para que pueda susurrarle al oído que Miquella le espera, pues ese ataque no sirve para matar al general. Todo esto convierte a la valquiria, uno de los enemigos más impresionantes del juego base, en poco más que un peón sin voluntad propia, lo que destruye por completo el concepto del personaje.

Lo mismo pasa con Radhan, que pasa de un ser con gran corazón pero amante de la refriega a un cabeza hueca hambriento de batalla, ya que el propio lore final parece indicar que él estaba al tanto de dicho plan y que la guerra entre ambos titanes se desata por que quiere tener una muerte gloriosa en batalla. Es decir, que no le importan igual el daño y la muerte causados.
No nos malentendáis, disfrutamos un montón de la pelea final, pero no podemos dejar de sentir un sabor agridulce, ya no tanto por no ver nuestras teorías cumplidas, sino por que la resolución que han dado se siente apresurada y torpe, un golpe de efectismo por el placer del espectáculo al cual no le importa barrer con lo preestablecido. Como habéis podido comprobar la expansión casi juega más a contarnos la historia de Marika y deja a Miquella simplemente como el motor que nos guía, pero ello resulta en que tenga poco peso en la trama. Al final sabemos de él poco mas que lo que sabíamos antes del DLC, lo que nos lleva a preguntarnos si no habría sido mejor para esto un simple viaje al pasado como a los que tan acostumbrados estamos en los títulos de FromSoftware. De nuevo, no queremos sonar negativos. Lo presentado, quitando dicho final, nos ha encantado y las historias secundarias que no hemos incluido en este artículo como la de Bayle —Moby Dick con dragones—, son la mar de emocionantes y si no las habéis experimentado os animamos a ello. Pero desde luego da la impresión de que quedó mucho potencial por exprimir en ese aspecto de Shadow of the Erdtree.