En la última década, lo que era antes el pequeño nicho de Nihon Falcom se ha extendido de forma rápida por el público occidental y, aunque no es tan popular como sagas como Persona, dista mucho del reducido grupo que había cuando se retomó la saga Trails allá por 2014. Sin embargo, aunque Ys tiene una gran cantidad de forofos deseando que llegue la salida de la décima entrega —entre los que nos incluimos— y las aventuras de Rean, Estelle y compañía siguen a toda vela con la salida de Trails through Daybreak, la compañía japonesa liderada por Toshihiro Kondo ha trabajado en muchos más proyectos que se alejan de estos dos mundos. Hoy nos ocupa abordar uno de los más recientes.
Tokyo Xanadu es la última entrega de la franquicia Xanadu, una de las subseries más antiguas de Falcom, aunque la similitud con el resto de la saga se queda solo en el nombre. Aunque fue publicada en el trigésimo aniversario —de hecho, la gran mayoría de Xanadu solo han salido en años acabados en cinco— no tiene ninguna conexión directa con sus antecesores, por lo que es fácil pensar que se trata de una reimaginación que solo comparte el nombre para atraer a un nuevo público. El mundo medieval y la hechicería se abandonan en favor de una ambientación de fantasía urbana más de andar por casa, donde el ambiente anodino se mezcla con los monstruos y artefactos místicos típicos de este estudio. Pese a haber salido en 2015 en Japón, tuvo una versión mejorada titulada Tokyo Xanadu eX+ que añadía un epílogo para la historia principal y que no solo llegó a Occidente para sobremesa, sino que este año ha vuelto para Switch con una versión con una mejor traducción.

La historia pone en la piel de Kou Tokisaka, un estudiante corriente que vive en Morimiya —una ciudad ficticia en las afueras de Tokyo— trabajando en múltiples empleos a tiempo parcial para sobrevivir mientras sus padres están fuera del país. Un día, se cruza con su compañera de clase Asuka y, tras recibir acosos de parte de unos delincuentes, es absorbida junto con nuestro protagonista a una dimensión desconocida. Confundido tras esta extraña situación —a lo largo de la cual la muchacha revela la posesión de extrañas habilidades— no es hasta varios días después que ocurre una experiencia similar con Shiori, su amiga de la infancia, que le permite conseguir dotes similares a las de Asuka, con quien decide hacer equipo. Es entonces que forman el Xanadu Research Club y le declaran la guerra a los Greed, los monstruos que plagan estos extraños portales y que están invadiendo de forma silenciosa toda la ciudad de Morimiya. El juego está estructurado en diez capítulos —si contamos prólogo e interludio—, cada uno con el estilo típico del «malo de la semana». En cada uno de estos arcos conoceremos a un nuevo personaje que se unirá al equipo de Kou y compañía, tanto narrativamente como en lo jugable —ya sea la presidenta del consejo estudiantil, el hacker que no sale de su casa o la idol de moda— para ayudarnos contra el fenómeno paranormal que está ocurriendo en ese momento. Si bien los personajes se presentan estereotipados en un principio, el juego intenta darles el necesario trabajo que, si bien no es espectacular —mención especial a Rion y a Gorou, que son bastante interesantes— les da un carisma propio. Además, este juego, como manda la tradición en Falcom, juega muy bien con las dinámicas de grupo y hace que poco a poco se sientan como un equipo unido. Entre capítulo y capítulo, tendremos también historias paralelas que ayudarán a darnos nuevas perspectivas de los personajes, entre las cuales podremos tomar el control de personajes que no podemos utilizar en la aventura principal, como White Shroud, un caballero cuya identidad y objetivos serán troncales en los misterios que guarda esta obra.
Por su parte, en el apartado jugable hay dos diferentes mundos que abordar. Cuando estamos en Morimiya, el control se centra en Kou y podemos visitar las diferentes zonas de la ciudad para iniciar las misiones secundarias que pueda haber y pertrecharte con las típicas mejoras de equipamiento. Asimismo, es posible interactuar con sistemas menores como un gachapon con inspiración directa en Trails o el Blade, el juego de cartas que habremos visto en los primeros juegos de Erebonia y en algún Brandish. Todo esto cambia a la hora de visitar los portales del eclipse, donde se encuentra la chicha del juego. Manejaremos hasta a dos personajes por equipo —teniendo cada uno dos elementos de entre cinco diferentes, sin contar excepciones— para explorar los diferentes laberintos, llegar al final y derrotar al jefe de la zona, si hubiese uno. Una de las bazas del título es que los niveles son suficientemente cortos y frescos como para que las visitas no se sientan pesadas, especialmente porque este juego apremia revisitar las zonas y conseguir notas altas —a partir de contadores como la destrucción de cajas, el daño recibido o la velocidad—, aunque es cierto que a veces los niveles pueden sentirse artísticamente monótonos. Los diferentes personajes, por su parte, son lo suficientemente variados entre ellos para que sea divertido experimentar, ya sea con los combos aéreos de Rion o el estilo cuerpo a cuerpo de Sora que recordará a más de uno al bueno de Dogi. Estos podrán mejorarse con un sistema de elementos bastante variado que no dista mucho del sistema de Orbments de Trails, aunque se hubiera agradecido más cantidad de movimientos que aprender en lugar de solo pasivas.

Tras haber terminado la campaña con el epílogo —que, en nuestro caso, se ha acercado a las 50 horas de duración—, la postura sostenida respecto del juego es francamente difusa. Se ha hablado mucho de que Tokyo Xanadu lo desarrolló el equipo más joven de Falcom para prepararlos y en ciertos aspectos se nota lo verde del proyecto. Tanto el desarrollo de la trama como el sistema de combate trastabilla a veces y hubiera necesitado de un par de vueltas extra para refinar tales aristas, aunque tal vez esto solo sea en comparación al resto del repertorio del que goza la desarrolladora, que lo deja en mal lugar. No todo es malo, por supuesto, y Xanadu no deja de tener en sus mayores luces esa magia que esta compañía suele colocar en sus juegos. Mención especial a la nueva localización por parte del equipo que nos trajo las traducciones de la bilogía de Crossbell, que habiendo jugado en su día a la versión de PS4 de eX+ se pueden identificar grandes diferencias que mejoran el guion percibido de la obra en su port a Switch, por lo que es fácilmente la mejor versión para un juego tan centrado en su historia. Esta, además, incluye mejoras como un modo rápido y la curiosidad hilarante de que han cambiado la paleta de colores a todos los personajes de las obras hermanas que hacen cameo.
Si bien es cierto que los problemas antes mencionados pueden empañar la obra por momentos, es fresco e interesante ver al equipo de Falcom coger de cuando en cuando a su equipo más novato y encomendarles una obra por su cuenta, aunque no consiga estar al nivel de los mejores títulos de la empresa. También es cierto que viene bien dejar respirar a las dos franquicias perennes a veces, así que no tengáis miedo en visitar la aventura de Kou, Asuka y compañía porque sigue teniendo la magia que esta afamada compañía le da a sus proyectos. Ahora solo falta esperar por una continuación, que el año que viene acaba en cinco y hay demasiadas pistas de que vamos a tener la nueva entrega de la saga más pronto que tarde.
Este análisis ha sido posible gracias a una clave cedida por Reef Entertaintment.