Cualquiera que esté un poco puesto en las redes sociales últimamente habrá oído hablar de los NFT, o Non Fungible Tokens, la nueva «moda» – por no llamarlo esquema ponzi. Obviamente, la industria del videojuego no iba a quedarse de brazos cruzados, y compañías como Square Enix o Ubisoft han ido anunciando esta última semana que sí, efectivamente, van a utilizar el blockchain en próximas producciones. ¿Hasta qué punto es esto ético? ¿Pasa por aquí realmente el futuro de los videojuegos?
Antes de nada creo necesaria una explicación. Los NFT, resumiendo mucho, son un activo digital. Lo mismo que acciones de una empresa, pero ligados a música, arte y otras obras digitales. El primer problema de estos NFT es que, a diferencia de comprar un cuadro o una obra de arte en una subasta típica, no otorgan la propiedad de dicha obra a su comprador. Simplemente son eso, un recibo de que la obra ha sido comprada por una determinada cantidad de dinero. Una especie de pagaré o de cheque con el que especular en el mercado. A priori, aunque el valor de estos NFTs no parezca muy claro uno podría entenderlos como una estafa sin más, o un activo de mercado especulativo con el que hacer negocio aunque no tenga un valor específico. El problema está en que esta inutilidad consume casi tanta energía como un país pequeño. Y ahí está el verdadero debate, en que una chorrada de este calibre está quemando bosques y gastando recursos que podrían dedicarse a cosas verdaderamente más importantes y necesarias que alimentar el ego de especuladores en bolsa. O de mercaderes que tratan con dinero de dudosa procedencia.

Para sorpresa de nadie y como introducía al inicio, a principios de semana se confirmaba que compañías como Square Enix o Ubisoft estaban pensando en introducir esta tecnología en sus propias producciones de aquí en adelante, llegando incluso a tildarlas como el «futuro» de la industria. La creación de assets que utilizan las criptomonedas y el blockchain para dar contenido exclusivo en el juego a los compradores, que pueden intercambiarse y venderse por dinero real entre jugadores o en el propio mercado NFT. Square Enix, de hecho, ya ha realizado una prueba de fuego con este NFT Gaming en uno de sus títulos gacha; Shi-San-Sei Million Arthur.

Recuerdo Final Fantasy VII, de rigurosa actualidad porque su remake salió a la venta en 2020, y de como uno de los mensajes principales del título era que el capitalismo sin control, la codicia desmedida a costa del propio planeta no era el camino. Y veo a la Square de ahora que anuncia sin tapujos la entrada a toda máquina en esta tecnología. Y me choca, me choca que una compañía de tal calibre en la industria del videojuego ignore las nefastas consecuencias de todo este disparate para hacer dinero rápido, para enriquecerse a espaldas de los mensajes que propone en sus propias obras. A nadie le sorprende a estas alturas que el capitalismo es una Quimera, que es un monstruo que no se detiene siempre que haya dinero de por medio. ¿Pero es realmente este el futuro prometedor que queremos para nuestra industria? ¿De verdad queremos contribuir a esto?
No es la primera forma de monetización predatoria que existe, ahí tenemos la totalidad del género gacha, de las lootboxes y demás artimañas que se han urdido desde la industria para sacar beneficio a costa de la psicología de los jugadores, del FOMO y de otras técnicas del estilo. La diferencia aquí es que esto no afecta únicamente a los jugadores, que ya de por sí debería preocuparnos. Estamos expeditando la muerte de nuestro planeta. Se nos está proponiendo gastar cantidades ingentes de energía para comerciar con una skin exclusiva de un videojuego, en el mejor de los casos. ¿De verdad soy el único al que todo esto le parece un disparate?

Tampoco tenemos por qué irnos a las compañías grandes; ya existen juegos como Axie Infinity que utilizan estos activos como moneda de cambio entre jugadores. ¿Y cuánto dinero pueden llegar a mover estos juegos? No hay que investigar mucho, porque desde la propia web del juego se le da bombo a la transacción como si esto fuese una casa de apuestas: a día de hoy la transacción más alta realizada entre jugadores de Axie Infinity es de 300 ETH, o lo que es lo mismo, 1 228 104 € al momento de escribir este artículo. Baratito, oye. No es de extrañar, entonces, que las compañías quieran subirse al carro. Si se realizan esas transacciones en un juego de corte bajo como este, ¿os imagináis la cantidad de dinero que se movería en un Final Fantasy o un Dragon Quest? Se trata de modernizar la creación de contenido para la gente pudiente. La máxima expresión del lujo dentro de la industria del videojuego. Separar una vez más a jugadores por su nivel adquisitivo.
Por desgracia, esto no ocurre únicamente en el mundo del videojuego; recientemente Discord, o al menos su CEO, escribía un tweet en el que daba a entender que estaban planteando introducir los NFTs en la plataforma de mensajería. Los usuarios han reaccionado acorde, cancelando sus suscripciones a Nitro – el servicio premium de Discord – y quejándose en masa en las redes sociales. Pero me pregunto hasta qué punto es esto factible en la industria del videojuego. ¿Podemos realmente plantarnos en oposición a compañías del calibre de Ubi o Square? ¿Y si las siguientes en dar el paso son Nintendo, Sony o CAPCOM? Me pregunto entonces hasta qué punto tenemos voz y voto real en el mercado y en la industria. Lamentablemente creo que la maquinaria no se detiene. Y que al igual que las lootboxes y demás inventos del departamento de marketing tendremos que lidiar con los NFTs en el videojuego al menos durante una temporada.

Es un mercado sin control a día de hoy, que está empezando a ser observado por los organismos de control bursátil y cuya normalización y estandarización llevará meses si no años. Aceptar los NFTs en el videojuego es lo mismo que aceptar la introducción de las casas de apuestas dentro del videojuego, allanarle el terreno a la gamificación de las apuestas y del mercado de la bolsa. Y si sabemos los peligros que tienen el juego de azar y la bolsa en miles de familias, ¿qué hacemos introduciéndolos sin control en un mercado plagado de niños y adolescentes? ¿Queremos de verdad ligar el videojuego inexorablemente al juego de azar, a la especulación en bolsa? ¿Dar acceso a jóvenes y no tan jóvenes a un mercado que puede destruirles la vida? ¿Exacerbar aún más el problema de adicción al juego que suponen géneros como el gacha?
Es, a mi parecer, la peor crisis a la que se ha enfrentado el videojuego. Y espero de corazón que todo esto sea una moda pasajera y no el «futuro idílico» al que nos dirigimos, porque personalmente no quiero tener nada que ver con él.
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