Cuando nos acercamos a una historia normalmente solemos observar que, además de lo que hemos disfrutado, hay un potencial inherente para extenderse en gran medida. Miles y miles de fanfics y otros tipos de trabajos han nacido a partir de este deseo de ver más de nuestros personajes favoritos en situaciones que tal vez pudieron haber sido reales en el canon de su obra de origen. Pero hay veces que los propios autores eligen continuar con sus obras pese a que la narrativa principal ha acabado por todo lo alto y no muchas veces sale bien. Hoy en Futoi Karasu queremos hablaros de uno de estos casos y de cómo el ansia por construir más y más ha dejado a la franquicia Kengan como una sombra de lo que fue.
En adelante, spoilers de Kengan Omega —no así de Kengan Ashura—.
En primer lugar, es necesario un poco de contexto. Tanto Kengan Ashura como su secuela, Kengan Omega, son dos obras de la demografía seinen publicadas en la Ura Sunday con Sandrovich Yabako a cargo del guión y Daromeon el arte. Además, estas dos historias forman parte de algo conocido por los fans como el Sandroverso, que además contiene a Star: Strike it Rich —una suerte de Kengan con chicas— y Dumbbell Nan-Kilo Moteru? —una serie de comedia en un gimnasio—. Ambas Kengan se centran en su mayoría en combates intensos y en la hiperviolencia entre carismáticos luchadores, subgénero del que ya hemos hablado anteriormente, pero poco a poco las diferencias se van viendo entre obra original y secuela.

Ashura nos pone en la piel de Tokita Ohma y Kazuo Yamashita, dupla de luchador y empresario que participan —tras unos tomos algo torpes que nos ponen en situación sobre el sistema de combate— en el torneo de la aniquilación Kengan o KAT, donde una serie de empresas se lo juegan todo en combates de uno contra uno por el control de la asociación más poderosa del mundo. Si algo podemos decir de Kengan Ashura es que es intensa y brutal, con combates de sangre caliente que rozan la longitud de un tomo entre personajes que derrochan carisma, a cada cual más raro que el anterior. Todo esto está acompañado de un arte que si bien al principio solo cumple consigue evolucionar a pasos agigantados para ilustrar viñetas con una potencia de infarto. Si bien tiene sus cosas —a la sangre y los puñetazos se le añade fanservice a raudales— los combates, en cuyo desarrollo ponen espacio a los personajes para evolucionar y ser explorados, están fácilmente entre los mejores de este subgénero. Además, guarda bien sus cartas a la hora de elegir el ganador de cada batalla, por lo que más de uno se llevará una sorpresa.
Pero entonces en 2018, tras un final con un tremendo golpe de efecto, termina Ashura. Hay ciertos elementos de la ambientación que se quedan un poco a medio cocer, pero la historia principal se había cerrado de forma satisfactoria y sin necesidad de contar mucho más, por lo que habría hecho falta tirar bastante de inventiva a la hora de continuar esta historia. Y así fue, un año después, con la aparición de Kengan Omega. Ahora en lugar de un luchador tenemos a un par, Narushima Koga —peleador de barrio de muy malas maneras— y Ryuki Gaoh —un misterioso muchacho que se parece mucho a Ohma— que se hacen aprendices de Yamashita. El primer arco en condiciones del manga, titulado «purgatorio» por el nombre del torneo que se disputa, cumple más o menos con el nivel de la obra anterior, de la mano de un puñado de enemigos muy carismáticos que esta vez se enfrentarán a nuestros protagonistas en combates de uno contra uno, pero separados en equipos de manera similar a, por ejemplo, Record of Ragnarok. Se puede empezar a ver una pequeña parte del germen que acabaría devorando el resto del manga, pues estas batallas son algo más cortas que las que solíamos ver en Ashura y se siente una predisposición de saber quién va a ganar —hay sorpresa pero tienen que ganar los buenos, cómo no— además de un énfasis grande en lo que ocurre entre bambalinas, pero al menos hay un poco de ese espíritu de sangre caliente en el conflicto.

Aun así, es durante el tramo intermedio de esta obra que las cosas empiezan a fallar. La trama empieza a trastabillar metiendo un montón de elementos completamente fuera de lugar: desde una conspiración que está sustituyendo a gente en secreto hasta clones y pasando por algo tan estúpido como la capacidad de clonar tu consciencia haciendo que alguien escuche tu biografía en bucle, este manga empieza a entrar en el aspecto de la fantasía con cada vez aspectos más desorbitados —por no decir que el final del purgatorio trae a la palestra un giro de guion que destroza uno de los mejores momentos de Kengan Ashura—.
Sin embargo, tenemos que admitir que en un principio también gozaba de una gran baza, el lider de dicha conspiración, Shen Wulong. Un antagonista cuya personalidad choca con todo lo que uno esperaría y se nos muestra como una suerte de Saitama villano, alguien a quien realmente le da igual ser malo y se echa unas birras con los protagonistas porque les cae bien, pero que es con diferencia el personaje más poderoso de toda la obra. Si bien esto era refrescante para este tipo de trabajos, las últimas revelaciones lo han puesto de nuevo como un antagonista más aburrido gracias a una segunda personalidad que le convierte en un villano vicioso, algo que hace que este personaje irónicamente se sienta más plano. Las peleas, por su parte, van reduciéndose más y más en duración hasta llegar a cerrar cada combate en más o menos dos capítulos, y apenas unos cuántos golpes, que no dan tiempo para desarrollar nada a los combatientes, lo cual es muy triste porque esta secuela prometía cumplir con algunos de los combates que no pudieron suceder en Ashura. Como ultima mención tenemos que decir que el trabajo artístico de Daromeon es mucho menos interesante de lo que era antes, mucho más simple y menos intenso, lo que se puede deber a que ha afirmado utilizar inteligencia artificial a la hora de dibujar el manga, pero puede ser que simplemente sea que ha empeorado como dibujante.
A fecha de redacción de este texto, Kengan Omega se encuentra en su arco final, que ha colocado a todos los personajes en una suerte de Fortnite de luchadores para que los restantes se enfrenten finalmente a Wulong y con ello, acabar con esta pantomima de manga. Además, el mayor peligro al que los protagonistas se arriesgaban ha sido eliminado en una página con una mención al aire, por lo que muchos piensan que directamente Sandrovich Yabako se ha aburrido de la trama y quiere acabar ya, especialmente si vemos que su obra más reciente Strike it Rich se siente más fresca. Es triste que un trabajo que hacía algo tan simple como ilustrar buenas peleas haya degenerado en este laberinto de justificaciones argumentales baratas pero enrevesadas. Pero también nos sirve como lección acerca de que, a veces, hay que dejar las historias terminar a tiempo.
Ndr: Por cierto, si este artículo os ha dado interés por Ashura, se recomienda encarecidamente que ignoréis el anime y que leáis directamente el manga, que el CGI de la adaptación no le hace justicia al trabajo artístico de la obra original.