El deporte de los hambrientos: historia del boxeo japonés

El boxeo ha sido uno de los deportes más populares entre las clases humildes a lo largo de la historia y también una forma de ascenso social para los más desprotegidos socialmente. En la actualidad, por muy diversas razones, su seguimiento ha disminuido de forma general en muchos países occidentales. A pesar de ello, en Japón sucede justo lo contrario: las nuevas estrellas japonesas del boxeo comienzan a conocerse en todo el mundo y reciben por fin atención internacional sobre ellos, y la propia población comienza a prestarles atención.

Naoya Inoue / ©Ready to Fight

Desde hace más de una década, el boxeo japonés tiene una de sus grandes figuras en Naoya Inoue, apodado «el Monstruo» y campeón mundial de peso supergallo y gallo. Con un récord de invicto, una pegada potente y una estrategia casi perfecta, es uno de los boxeadores más populares de la actualidad y uno de los más temidos de los pesos inferiores. El nivel de competición existente en el boxeo japonés y su proliferación de grandes promesas sorprende hasta a los más fieles seguidores del pugilismo. Pero, ¿cómo comenzó todo en el país?

El arte pugilístico se remonta a siglos atrás en la historia mundial. Muchos teorizan sobre el origen del boxeo y lo sitúan en el período griego y romano, en una forma mucho más rudimentaria y diferente de la que conocemos ahora. Fue en la Inglaterra del siglo XVIII cuando el boxeo comenzó a adquirir su forma actual, hasta definirse sus normas de forma moderna por el marqués de Queensberry en 1867. En Asia, el boxeo llegó durante el siglo XIX a diferentes países del continente por influencia estadounidense. Entre ellos destacan principalmente Japón y Filipinas.

Representación de la pelea de artes marciales realizada / ©Wikipedia Commons

El boxeo apareció en Japón con la llegada del almirante Perry, en el episodio histórico conocido como la apertura forzada de Japón al exterior. Tras este uso de la llamada diplomacia de cañonero, el bakufu/shogunato llegó a un acuerdo de amistad con Estados Unidos y abrió sus puertos al exterior alrededor de 1854. Muchos de los marineros estadounidenses que llegaron tras la apertura de los puertos realizaban actividades de boxeo como entretenimiento, años antes del establecimiento de las reglas de Queensberry. Se cuenta que el luchador de sumo Tsunekichi Koyanagi realizó una “pelea de artes marciales” con varios boxeadores estadounidenses, considerándose el primer ejemplo de evento de boxeo en Japón, aunque se utilizaron diferentes estilos de artes marciales.

El primer evento de boxeo oficial en Japón se celebró en Tsukiji, Tokio, en 1887, donde al boxeo se le llamaba Sumo Profesional de Occidente. Muchos boxeadores japoneses que participaron por primera vez en actividades pugilísticas eran luchadores de sumo o judokas como James Hojo o Toranosuke Saito, considerado el primer boxeador de la historia del país. Ambos entrenaron durante varios años en Estados Unidos y volvieron al país a abrir el primer gimnasio de boxeo en 1896, el Instituto de Entrenamiento Meriken —término que se usaba para referirse a los estadounidenses— en Yokohama. También publicaron el primer libro tutorial de boxeo en 1900. Sin embargo, el poco seguimiento del deporte obligó a cerrar el gimnasio años después de su apertura.

Fotografía de Yujiro Watanabe / ©Nihon bokusā jiten

Fue durante estos primeros años del siglo XX cuando un joven Yujiro Watanabe, judoka de 16 años, dejó el instituto y partió hacia California para aprender inglés y trabajar como comerciante en el país. Allí pudo conocer el arte pugilístico de primera mano y decidió aprenderlo y dedicarse a ello. Fue rechazado en múltiples gimnasios de boxeadores blancos, pero fue aceptado en el dirigido por el boxeador negro Charley Turner. Aún sin registro oficial, hay información de que tuvo muchas victorias consecutivas y ganó popularidad en el país. Fue allí donde encontró su verdadera pasión. Años después sería conocido como el «Padre del Boxeo Japonés».

En 1921, al regresar a Japón, estableció el Nippon Kento Club en Tokio —el boxeo era llamado Kento en esos tiempos, literalmente lucha de puños—. Bajo su dirección comenzaron a boxear dos de los primeros campeones oficiales japoneses, Ogino Sadayuki y Kinzaburo Yokoyama. El primer evento de boxeo organizado en el Santuario Yasukuni —que tanta controversia tiene en la actualidad— fue un fracaso, pero en años posteriores se comenzó a popularizar el deporte mucho más y se establecieron los títulos y divisiones por primera vez.

Unos años después y a consecuencia del crecimiento de su popularidad, en 1926, se llevaría a cabo la ceremonia de establecimiento de la Federación de Boxeo Amateur de Japón y la Federación Nacional de Boxeo de Estudiantes, del que Yujiro Watanabe fue presidente. La creación de clubes de boxeo en institutos y universidades fue determinante para el desarrollo pugilístico en el país, y muchos de sus próximos campeones provendrían de esos mismos clubes. A partir de entonces, se celebraron más campeonatos con mucho más éxito, aunque hay que destacar que no había distinción entonces entre boxeo amateur y profesional. A nivel internacional, Japón participó por primera vez con Fuji Okamoto y Usuda Kintaro en el campeonato de boxeo de los Juegos Olímpicos de Verano de 1928.

Tsuneo Horiguchi /©Journal of Combative Sport

En 1931 se fundó la Asociación de Kento Profesional de Japón con el fin de establecer campeonatos profesionales y desarrollar un boxeo profesional separado del amateur. Esta se convertiría con el tiempo en la Asociación de Boxeo Profesional de Japón. Tsuneo Horiguchi, conocido como «Pistón Horiguchi», fue uno de los primeros boxeadores profesionales que ganó popularidad en el país gracias a estos campeonatos. Durante la década de los años 30, gracias a la expansión del boxeo como deporte, se crearon múltiples gimnasios en las principales ciudades y clubes como Teiken, Nikka, Dainichiken o Tokio Boxing Club, que pertenecían entonces a la Asociación. Más adelante, hubo divisiones y algunos clubes organizaron federaciones por su cuenta, hasta que finalmente se formó la Asociación de Boxeo de todo Japón.

La estructura de sus organizaciones fue cambiando a lo largo del tiempo. La mayoría se establecieron tal y como son en la actualidad tras la posguerra. En la década de los años 50 se estableció la Comisión de Boxeo de Japón (JBC) y en 1954 se creó la Federación Oriental y del Pacífico de Boxeo por parte de las comisiones de boxeo de Japón, Corea del Sur y Filipinas. Más adelante se unirían países como Tailandia, Australia, Nueva Zelanda, entre otros. Antes de esto, la Segunda Guerra Mundial interrumpió los campeonatos de boxeo en el país nipón. Los primeros eventos se reanudaron en 1945, organizados bajo la ocupación estadounidense y, también, con participación de la Federación Coreana en Japón, una asociación de residentes coreanos en el país. Los campeonatos oficiales tardarían dos años más en reanudarse. 

Yoshio Shirai y Alvin Cahn /©Nippon

En 1952 el boxeo japonés dejó su huella en el ámbito internacional gracias a Yoshio Shirai. Fue el primer japonés en ganar un título mundial tras derrotar al boxeador hawaiano Dado Marino, en peso mosca. Shirai había sufrido lesiones durante la guerra mundial, en la que participó en la marina, con una grave ciática que le hizo plantearse la retirada. Sin embargo, conocer al profesor de biología y nutricionista americano Alvin Cahn fue su salvación. Cahn tenía cierto interés por el deporte y pronto vio en Shirai un talento todavía por pulir. Terminó convirtiéndose en su entrenador y nutricionista. El boxeo japonés hasta entonces había sido agresivo e intensivo, sin un estilo técnico ni defensor, por lo que Shirai aprendió de Cahn un tipo de boxeo diferente: «Pegar sin permitir que te peguen». Cahn fue un entrenador moderno en un país donde el boxeo aún no usaba técnicas modernas, y cuidó de la salud y técnica de Shirai, pero también de su mentalidad: él era una de las esperanzas del Japón de posguerra.

Fighting Harada vs Eder Jofre /©British Vintage Boxing

Tras el éxito de Shirai, llegaron muchos más campeones mundiales provenientes del país. La posguerra japonesa había dejado en la pobreza a muchas familias japonesas, y el boxeo profesional se convirtió en una de las escaleras sociales más importantes del momento. Masahiko «Fighting» Harada fue uno de los hijos de aquel tiempo, convirtiéndose en uno de los boxeadores más importantes de la historia japonesa al convertirse en campeón mundial del peso mosca y peso gallo en la década de los años 60. Harada comenzó a boxear desde muy joven y se convirtió en profesional con apenas 17 años, mientras trabajaba en una tienda de arroz. Su técnica y velocidad pronto fueron conocidas mundialmente.

Explicaba en una entrevista: «Nosotros éramos pobres y pasábamos hambre de verdad. Precisamente porque teníamos el estómago vacío, nos sentíamos motivados para esforzarnos más. Se dice que el boxeo es el deporte de los hambrientos. Creo que el boxeo de aquella época era tan interesante precisamente porque todos tenían hambre y luchaban por saciarla de alguna forma». Durante esta época, el Pabellón Korakuen fue el lugar donde se consideraba que se podían «ver nacer a las nuevas estrellas del boxeo”, algo que aún perdura. 

La época de posguerra dio grandes campeones a Japón además de Harada, como Koichi Wajima, campeón indiscutible superwélter. Wajima también provenía de una familia muy pobre. Trabajó como pescador desde niño, tuvo problemas en la escuela y llegó a meterse en peleas con otros niños. El boxeo fue su salvación y debutó a los 25 años. Otro de los más importantes campeones de peso mosca, Hiroyuki Ebihara, fue el gran rival y a la vez el gran amigo de Harada. Con una vida muy difícil, murió a los 51 años por complicaciones derivadas del alcoholismo. Otra de las grandes tragedias en el boxeo japonés fue la muerte del brillante Masao Ohba, campeón mundial de peso mosca, en un accidente de coche cuando sólo tenía 23 años.

Yoko Gushiken entrenando / ©Sankei Shimbun

La generación de boxeadores que triunfó durante los años 70 tuvieron, en parte, situaciones de vida un poco mejores que sus predecesores. Japón comenzaba a salir de la crisis económica y el boxeo volvía a tener popularidad en los clubes escolares, de instituto y universidad. En estos clubes se formaron campeones olímpicos pero también profesionales como Yoko Gushiken, que mantuvo el título mundial de peso minimosca desde 1976 hasta 1981, con un récord de 13 defensas consecutivas victoriosas. Nacido en Okinawa y con un característico pelo afro, Gushiken comenzó a boxear en un club de secundaria y se marchó a Tokio tras convertirse en profesional. En la capital nipona vivió en una situación precaria hasta que comenzó a ganar fama. Tras su retiro, su popularidad le hizo hacer carrera en televisión. 

Fue en la década de los años 70 cuando apareció Masako Takatsuki, considerada la primera mujer entrenadora de boxeo en el país. Hay documentos que prueban la existencia de peleas de boxeo entre mujeres japonesas décadas antes, como la de Setsuko Ishikura y Kazuko Sugama en la década de los años 50, celebradas con poco éxito y descritas por cronistas como «pésimos y crueles espectáculos». Por supuesto, no podemos saber hasta qué punto las creencias machistas de la época afectaban a la opinión de los críticos. A pesar de que la Comisión de Boxeo no ratificó el boxeo femenino durante décadas, muchas mujeres comenzaron a practicarlo y ejercerlo.

©Boxing Illustrated Magazine

Masako Takatsuki comenzó a adentrarse en el boxeo durante el tiempo que pasó en Estados Unidos, en muchas ocasiones peleando con boxeadores masculinos. En 1976 consiguió una licencia de boxeadora profesional en el país, llegando a estar entre las 5 primeras clasificadas de peso wélter. Regresó a Japón dos años después, donde realizó exhibiciones de boxeo y kickboxing con mujeres y hombres. La revista Boxing Illustrated cubría el boxeo femenino ya en aquella época e hizo un pequeño reportaje sobre Masako donde explican que ella trabajaba en una tienda de cosméticos de día, pero en su tiempo libre entrenaba a otros deportistas. 

A partir de la década de los 80 y 90, con la influencia y popularidad de boxeadoras occidentales como Christy Martin, el boxeo ganó fama entre las mujeres. Ya en los 80, los gimnasios de boxeo comenzaban a aceptar miembros femeninos. A través del kickboxing, que ya organizaba peleas entre mujeres, muchas entraban al mundo del boxeo. En los años 90 ya había muchos nombres conocidos en el boxeo femenino, y comenzaron a formar su propia organización fuera de la Comisión de Boxeo de Japón en 1999. La primera campeona mundial de Japón fue la boxeadora Miyuki «Sugar»  Nojima, consiguiendo el título de peso mínimo de la IWBFInternational Women Boxing Federationen 1997.

Joichiro Tatsuyoshi y sus hijos /©Daily Sports

Paralelamente, el boxeo masculino tuvo un nuevo boom en la década de los 90 de la mano de Katsuya Onizuka y Joichiro Tatsuyoshi. En plena recesión económica del país, los nuevos jóvenes revolucionaron el boxeo con su vitalidad y fuerza. Onizuka comenzó a boxear desde muy joven gracias a los clubes de boxeo de su escuela y muy pronto su fama comenzó a crecer entre los seguidores del deporte. No sin unas cuantas controversias en sus peleas, fue campeón mundial del peso supermosca. Por otro lado, Tatsuyoshi comenzó a ser entrenado por su padre desde muy pequeño. Al principio, usaba el boxeo como forma de defensa por el acoso escolar que recibía, pero con los años se interesó más por el deporte. Consiguió ser campeón mundial de peso gallo tras años de duro trabajo y combinación con trabajo en restaurantes. El director Junji Sakamoto dirigió dos documentales sobre él en 1995, Boxer Joe, y en 2015, Joe, Tomorrow.

Naoko Fujioka /©Wba Boxing

A principios del nuevo siglo, varias estrellas del boxeo femenino japonés ganaron fama. Una de ellas es Naoko Fujioka. Consiguió los títulos de peso mínimo, mosca, supermosca, minimosca y gallo, siendo la primera japonesa en conseguir cinco títulos de pesos diferentes. Comenzó a boxear en un gimnasio de Furukawa cuando aún no estaba reconocido en el país el boxeo profesional femenino, llegando a participar en eventos amateur. Otras boxeadoras del momento, como Etsuko Tada y Nao Ikeyama, tuvieron un recorrido muy similar. Hasta 2003 la Federación de Boxeo Amateur del país no estableció la sección de boxeo femenino, y el boxeo profesional tardaría hasta 2008 en sancionar una pelea a través de la Comisión. Por ello, muchas de las mujeres que comenzaron profesionalmente eran ya muy mayores: solían pasar de los 30 años. Sin embargo, esto no les impidió conseguir títulos y seguir adelante.

En la actualidad, el boxeo japonés cuenta con una gran popularidad internacional, gracias a figuras como el ya mencionado Naoya Inoue y a las nuevas caras que demuestran el talento, la disciplina y el trabajo duro que también existen en Japón. El creciente interés por las categorías de menor peso, tradicionalmente importantes en el boxeo japonés, también ha contribuido a su expansión internacional. Muchos nombres suenan: Kazuto Ioka, Kenshiro Teraji, Junto Nakatani, Kosei Tanaka… y la boxeadora Mizuki «Mimi»  Hiruta. Tras un recorrido largo y difícil, el boxeo japonés ha demostrado al mundo que ha venido para quedarse.

Fuentes principales:

Japan Pro Boxing Association

Nippon

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