El éxito rotundo de una obra determinada a veces puede desencadenar el florecimiento de un género concreto, dando lugar a multitud de otras obras ampliamente influenciadas por aquella que sufrió el boom; eso es, sin que quepa ninguna duda, lo que provocó el lanzamiento de Stardew Valley en 2016, hace ya diez años en el momento de publicación de este artículo, con los juegos de simulación de granjas, tanto es así que el público habla incluso de una sobresaturación del género, aunque ese no es, desde luego, el objetivo de este artículo.
Stardew Valley llamó la atención, entre otras cosas, por ser prácticamente fruto del trabajo de un único hombre: Eric Barone, también conocido por su pseudónimo ConcernedApe. El público se mostró rápidamente impresionado porque una persona sola pudiera haber creado un juego tan completo y bueno, hasta tal punto que ha acabado convirtiéndose casi indiscutiblemente en uno de los mejores juegos de granjas de todos los tiempos.
Pero lo que no mucha gente sabe —o no está dispuesta a admitir— es que Stardew Valley realmente no inventó nada, y que ni siquiera existiría sin la presencia previa de dos sagas importantísimas para el género: Harvest Moon —en la actualidad conocida como Story of Seasons— y Rune Factory, que empezó siendo un spin-off de la primera con muchos más elementos de RPG. El propio padre de Stardew Valley ha reconocido ampliamente la influencia de estos dos titanes, alabando su relevancia tanto para el género como para sí mismo como desarrollador.
Stardew Valley sí que ha propiciado un aumento de la popularidad de los simuladores de granjas en Occidente —y también ha puesto en valor las dos sagas japonesas de las que bebe—; esto es innegable y ha hecho que otros desarrolladores se pongan las pilas y aporten su granito de arena, dando lugar a títulos como Sun Haven o, más recientemente, Fields of Mistria, entre muchísimos otros que no vamos a mencionar. Este último título es precisamente el objetivo de este artículo por su propuesta refrescante y relajante que nos mantendrá inmersos en su universo durante horas.
Fields of Mistria es obra de NPC Studio y nos encandila ya en un primer vistazo con unos cautivadores gráficos pixel art y un diseño artístico que imita el estilo predominante en el anime de los años 80 y 90; de hecho, en el tráiler de presentación del juego en su lanzamiento podemos ver una breve secuencia animada que recuerda a los openings de los animes de esa época.

Está claro que el juego nos conquista en primera instancia por su apartado visual, pero no es, ni por asomo, el único atractivo. Una vez que comenzamos nuestra partida, veremos que el título ofrece muchas mecánicas típicas del género: podemos cultivar diferentes frutas y hortalizas, criar ganado, pescar —por cierto, la pesca es mucho más cómoda y adictiva que la de Stardew Valley; a nosotros nos recuerda a la de Animal Crossing— y, por supuesto, explorar las minas.
Un aspecto que ha llamado poderosamente nuestra atención son las inmensas posibilidades de personalización con las que cuenta el juego, tanto para nuestro personaje como para la granja y la casa. Podremos comprar, desbloquear y obtener como recompensa muchísima ropa, zapatos, peinados y accesorios con los que hacer que nuestro granjero sea único. Lo mismo sucede con nuestra casa, que podremos decorar a nuestro gusto con una amplia variedad de muebles y objetos. Esto hará las delicias de los fans de este tipo de contenido, y lo cierto es que en redes sociales ya podemos ver las maravillas que hacen algunos de los jugadores más dedicados a la personalización.
Además, en este juego también tenemos el aliciente de poder capturar insectos que podremos usar para obtener objetos como miel o cebos para pescar o atraer a otros insectos. Y, por supuesto, todos los objetos y peces que consigamos podemos donarlos al museo, lo que nos otorgará puntos para subir de nivel el pueblo de Mistria, de forma similar al funcionamiento y el papel que tenía el centro cívico en Stardew Valley.
Precisamente será muy importante atender a la progresión de la aldea realizando diferentes actividades que pedirán que nos involucremos con los aldeanos mediante donaciones, misiones y encargos; con cada nivel que aumentemos la aldea, obtendremos una recompensa. Mientras realizamos cualquier tipo de actividad de todas las disponibles, conseguiremos puntos que podremos canjear en las estatuas de dragón por habilidades que nos harán la vida más fácil. Tras mencionar esta última característica, es posible que nuestros lectores se hayan percatado de que el juego tiene una jugabilidad mucho más anclada al RPG que a la gestión pura y dura de la granja. Esto podemos verlo no solo gracias a lo ya comentado, sino a que cuenta con una historia: y es que, en el momento de nuestra llegada a Mistria, el pueblo se encuentra sumido en tareas para recuperarse de los estragos causados por un terremoto. Nuestra labor será encargarnos de la granja al sur de la aldea, pero también colaborar con los aldeanos para devolver Mistria a su esplendor anterior e incluso superarlo. Así, tendremos que restaurar diferentes edificios o reunir provisiones y alimentos.
Todo esto, como es obvio, hará que entablemos amistad con los aldeanos y los vayamos conociendo poco a poco. Al igual que ocurre con otros juegos del género, podemos subir el afecto con nuestros vecinos hablando con ellos y haciéndoles regalos e incluso llegar a casarnos con uno de ellos llegado el momento. Por si alguien se lo pregunta: no existe restricción para casarse con ninguno de los solteros y solteras disponibles según el género que escojamos para nuestro protagonista.

Todo esto no resultará nuevo a quien haya jugado a cualquier otro título similar de simulación de granjas con elementos RPG, pero lo que llama especialmente la atención de Fields of Mistria es que los aldeanos cuentan con un verdadero sentimiento de comunidad. Podemos verlos interactuando entre ellos e incluso escuchar sus conversaciones, pero también los veremos haciendo vida en común en los festejos o en la posada del pueblo. Con respecto a esto último, nuestros vecinos se reúnen todos los viernes por la noche en la posada para realizar diferentes actividades, como jugar a las cartas, degustar bebidas, pintar o incluso jugar a rol. Cada una de las cuatro estaciones del calendario de Mistria cuenta con un arco argumental de las actividades de la posada y recomendamos no perderse la reunión ni una sola semana si queremos verlo completo.
Otro aspecto tremendamente reconfortante y que nos hará ver la calidez con la que Mistria nos acoge es el pequeño detalle de que todos los días tengamos disponible en la posada un plato gratis de sopa que nos servirá para recuperar salud y energía.
Por supuesto, también apreciaremos lo unidos que están los aldeanos a la hora de reconstruir Mistria tras el terremoto. Al menos, en lo que a historia respecta, porque en la parte de jugabilidad será el jugador el que tendrá que aportar todos los materiales cuando toque reconstruir o reformar algún edificio del pueblo, o los suministros alimentarios en el caso de que nos pidan reunir comida.

Toda la parte de lograr que el pueblo se sienta verdaderamente unido como una comunidad lo consigue de forma mucho más acertada Fields of Mistria que Stardew Valley, precisamente gracias a que existe una historia más allá de gestionar nuestra granja y que vemos a los personajes interactuando con otros vecinos. Sin embargo, podemos señalar como aspecto negativo —que realmente no lo es— de Fields of Mistria precisamente que se aleje un poco de la parte de la gestión de nuestra finca o, más bien, que no se centre tanto en esta. Stardew Valley era, hasta cierto punto, un juego estresante, pues tocaba buscar la forma de maximizar beneficios gracias a la agricultura y la ganadería. En Fields of Mistria, por el contrario, podemos tomárnoslo con mucha más calma; pero creemos que esto es bastante deliberado, ya que, como venimos reafirmando, Fields of Mistria potencia los elementos RPG frente a la parte de gestión. Son, por tanto, juegos esencialmente distintos en su planteamiento aunque pertenezcan al mismo género y, por ende, las comparaciones son injustas.
En definitiva, Fields of Mistria es para aquellos que quieran encontrar un rinconcito de paz que poder hacer suyo. Todo el gameplay está más orientado a la corriente del cozy gaming que tanto tirón tiene ahora que a la gestión pura y dura. Sin tantas presiones, sin tantos agobios y a nuestro ritmo podremos ayudar a los aldeanos, hacer comunidad con ellos y, al mismo tiempo, cuidar nuestra granja. En un mundo en el que cada vez nos sentimos más aislados y el sistema nos empuja a que todo sea productivo o rentable, quizás se agradezca contar con un remanso de tranquilidad propio, aunque sea, desgraciadamente, solo ficción.