Sovereign Tower: el arte de perder el miedo a equivocarnos

Vivir es esencialmente elegir, hasta el punto de que podemos entender nuestra vida como un proceso acumulado de decisiones y renuncias. Esta misma lógica es de la que parten muchos videojuegos para construir a sus personajes y narrativas. Por eso mismo, no es de extrañar que alguna vez nos ha invadido el deseo, mientras jugamos a un videojuego, de poder dar marcha atrás tras una conversación incómoda, afrontar las consecuencias de tomar una decisión difícil o simplemente para explorar qué habría ocurrido si hubiésemos elegido otra opción.

Justo de esa inquietud parece surgir Sovereign Tower, propuesta del estudio indie Wild Wits que nace de combinar la narrativa pausada de una novela visual con mecánicas de gestión de personal al estilo de lo que pudimos ver hace un tiempo en Dispatch, pero con un elemento que se vuelve su seña de identidad: el poder viajar atrás en el tiempo a voluntad para enmendar nuestros errores, salvar a nuestros personajes favoritos o simplemente para recorrer caminos alternativos al que tomamos en un principio.

La torre mágica de Brizh, el corazón y centro de operaciones de nuestro reino. / ©Wild Wits

Nosotros encarnamos al Soberano, un individuo anónimo que es proclamado monarca por ser el único capaz de abrir la llave de la torre mágica que domina el reino de Brizh. Esa torre está vinculada a nosotros como una extensión de nuestro propio ser, ya que su magia es la única barrera que impide el avance de la lepra que, de otro modo, acabaría con nuestra vida. Allí residimos y allí se ubica nuestra corte en la que, cada día, nos sentamos en el trono para escuchar a todo el que acuda en busca de ayuda.

Hasta nuestra sala del trono vendrán desde habitantes de los pueblos cercanos a emisarios de naciones extranjeras, además de campeones, aventureros y otros personajes de lo más variopintos. Todos tendrán algo que pedirnos, aunque de nosotros dependerá la manera en la que responder a sus peticiones. Las opciones que tomemos durante los diálogos irán definiendo nuestra personalidad como monarcas, acumulando puntos en cuatro rasgos que, además de servir para determinar qué clase de soberano somos, desbloquearán nuevas opciones de conversación y diferentes maneras de afrontar los problemas que se nos presentan.

A menudo, las peticiones que nos hagan se convertirán en misiones que cumplir con más o menos urgencia, pero la torre que habitamos es a la vez nuestro hogar y nuestra prisión. Puesto que salir de ella equivaldría a firmar nuestra sentencia de muerte, necesitamos extender nuestros brazos más allá de sus muros por medio de quienes se ponen a nuestro servicio. Es decir, los caballeros que conformarán nuestra particular Mesa Redonda. La comparación de nuestros caballeros con los legendarios acompañantes del rey Arturo no es casual, ya que la ambientación fantástica medieval de Sovereign Tower parte como una versión reimaginada de las historias del ciclo artúrico.

Nuestros caballeros nunca dirán que no a una misión, pero eso no significa siempre estén a gusto con el trabajo que les mandemos. / ©Wild Wits

El juego convierte la legendaria Mesa Redonda en nuestro grupo de aventureros particular al permitirnos reunir a un séquito de personajes con capacidades, debilidades y personalidades muy diferentes. Pero el espacio en nuestro grupo es limitado, y pronto descubriremos que no podemos contar con todos ellos al mismo tiempo. Elegir quiénes forman parte de nuestro grupo es, en apariencia, una cuestión puramente pragmática. Cada caballero cuenta con unas estadísticas determinadas al más puro estilo RPG —fuerza, agilidad, ingenio, carisma, magia y suerte— que los harán más adecuados para unas tareas que para otras. Por ejemplo, que un caballero tenga la fuerza de un toro y otro el coraje de un león, pero ambos carezcan del carisma de una piedra no será lo propicio si su encomienda requiere diplomacia y mano izquierda.

Sin embargo, reducir a nuestros caballeros a sus estadísticas equivaldría a perdernos una de las partes más interesantes de Sovereign Tower. Cada personaje tiene sus propios gustos, manías y rasgos de personalidad que influyen tanto en su desempeño en las misiones como en nuestro vínculo con ellos. Enviar a alguien a una misión que disfruta mejorará nuestra relación con él, mientras que obligarlo a realizar una tarea que detesta tendrá el efecto contrario. Lo más interesante es que la personalidad de un caballero se va revelando a través de los diálogos que mantenemos con él, así que conversar e ir aprendiendo sobre nuestros compañeros es también una parte esencial de la experiencia.

Gestionar a nuestros caballeros también significa, a veces, aprender a gestionar sus egos. / ©Wild Wits

Aunque ninguna planificación garantiza que las cosas siempre nos vayan a salir bien. Por muy bien que gestionemos a nuestros caballeros, llegarán imprevistos ante los que nos veremos obligados a tomar riesgos. Las misiones pueden fracasar, nuestras decisiones pueden llevarnos por caminos inesperados y, en el peor de los casos, nuestros compañeros pueden llegar a morir. Pero es en justo en este punto cuando Sovereign Tower despliega su punto más distintivo.

En los sótanos de la torre habita un demonio con forma de candado cuyo poder nos permite viajar atrás en el tiempo. Sovereign Tower utiliza un recurso similar a lo que ya pudimos ver en Life is Strange para abrirnos todo un abanico de oportunidades, por ejemplo, al dejarnos salvarle la vida a un caballero que se nos había muerto o evitar las consecuencias de una decisión que habíamos tomado hace unos cuantos días.

Pero entonces, ¿qué sentido tiene jugar cuando se nos permite esquivar toda la repercusión de nuestras acciones? La respuesta no es otra que la exploración. De este modo, el juego se convierte en una experiencia que no va tanto de elegir la opción correcta ya que siempre podemos recular si no nos gusta el rumbo que está tomando la partida—, sino en una oportunidad para descubrir qué habría pasado si actuamos de otra forma. Pero enmendar nuestras equivocaciones no es la única razón por la que dar marcha atrás. También puede que mientras jugamos descubramos información que podría habernos sido muy útil en el pasado y que, de haberla sabido a tiempo, nos habría facilitado mucho la vida.

El demonio de la torre aprovecha cualquier desliz para tentarnos a usar sus poderes. / ©Wild Wits

Con esto, Sovereign Tower hace del dicho «de los errores se aprende» su lema particular. Lejos de presentarnos desafíos exigentes o una experiencia castigadora, el título apuesta por un tono ligero y agradable que nos facilita el dejarnos llevar por su mundo de fantasía medieval. Los diálogos están salpicados de personajes carismáticos, sentido del humor y un ritmo pausado que contribuye a quitar gravedad a la narrativa. Aquí el objetivo no es someternos a una presión constante, sino más bien ofrecernos un espacio donde equivocarnos no sea sinónimo de fracaso sino una oportunidad para aprender, rectificar y, sobre todo, seguir explorando su narrativa a nuestro propio ritmo.

Pero todo este sistema de errores y rectificaciones no sería nada sin unos protagonistas que realmente nos importen y que son el plato fuerte de Sovereign Tower. La mayor parte del tiempo la pasaremos conversando con ellos, descubriendo sus historias para conocerlos cada vez mejor. Esto es importante porque el juego no intenta convertir a los caballeros en simples piezas en un tablero, sino que la gestión funciona precisamente por los vínculos que formamos con ellos. Sus estadísticas determinan su utilidad y saber que en qué cosas destaca un personaje es importante, pero también lo es conocerlo lo suficiente como para saber si aceptará de buen grado participar en ella. A su vez, será su personalidad y el grado de cariño que le tengamos lo que determinará cuánto nos importará enviarlos a una misión de la que quizá no regrese.

En nuestra torre siembre habrá lugar para los amantes de los gatitos. / ©Wild Wits

Toda la experiencia llega hasta nosotros por medio de un apartado visual y una dirección artística simplemente espectaculares, los cuales es uno de los grandes atractivos de Sovereign Tower. Tanto los escenarios como los personajes están dibujados a mano y cuentan con diseños muy diferenciados, capaces de transmitir mucho sobre su personalidad antes incluso de que lleguen a decir palabra alguna. Sovereign Tower no busca construir una fantasía medieval oscura y opresiva como hacen otras obras, sino un mundo colorido y peculiar con un aire similar a obras como Sōsō no Frieren en el que situaciones que en otro contexto podrían leerse como potencialmente dramáticas a menudo vienen acompañadas de un tono desenfadado y cierto sentido del humor.

En cuanto al idioma, tenemos que avisar de que el juego se presenta en un inglés que, sin ser especialmente complejo, a veces recurre a un vocabulario ceremonioso y arcaizante para reforzar ese aire de fantasía medieval que impregna toda la obra. Los chistes, los juegos de palabras y los diálogos a veces están construidos con ese registro, lo que añade un plus de inmersión para quienes puedan disfrutarlo en su lengua original a cambio de sacrificar algo de legibilidad para los que no dominen demasiado el lenguaje.

Este personaje tiene más años que un bosque y, en consecuencia, se expresa en un inglés un tanto arcaico. / ©Wild Wits

En pocas palabras, Sovereign Tower es un juego que nos invita a perder el miedo a equivocarnos y es precisamente ahí donde encuentra su principal atractivo. Su mezcla de novela visual, gestión ligera y desarrollo de personajes da como resultado una experiencia relajada, entretenida y sorprendentemente adictiva, de esas capaces de engancharnos fácilmente durante horas con el típico «un turno más» y que nos invita a experimentar con nuestras decisiones, descubrir sus consecuencias de nuestros actos y decidir si queremos seguir adelante o preferimos volver atrás para probar otro camino.

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