Los orígenes y la evolución del fútbol en Japón

El fútbol es, a día de hoy, el deporte más popular del mundo y uno de los fenómenos culturales y sociales con mayor capacidad de difusión a escala global. Prácticamente todos los países cuentan con competiciones nacionales, selecciones representativas y millones de aficionados que siguen el deporte con mayor o menor intensidad.

Japón no es una excepción. Aunque tradicionalmente el béisbol ha ocupado un lugar más destacado en la cultura deportiva nipona, el fútbol ha experimentado un notable crecimiento durante las últimas décadas. La selección japonesa, tanto en la categoría masculina como en la femenina, se ha consolidado como una de las más competitivas de Asia. Así lo ha vuelto a demostrar en el Mundial de 2026, donde ha alcanzado las eliminatorias y ha firmado una notable actuación antes de caer por 2-1 frente a Brasil en un reñido encuentro de dieciseisavos de final.

Por su parte, la liga japonesa es una de las más competitivas de Asia, los futbolistas nipones compiten habitualmente en algunas de las competiciones más importantes del planeta y tanto los clubes como la selección cuentan con seguidores repartidos por los cinco continentes, contribuyendo a la creciente proyección internacional de su fútbol.

Sin embargo, para que unos puedan correr, otros tuvieron primero que aprender a gatear. La presencia actual del fútbol en Japón es el resultado de un largo proceso histórico y testigo del profundo intercambio cultural que conllevó la modernización del país durante los siglos XIX y XX. Para comprender cómo el fútbol llegó, se desarrolló y acabó convirtiéndose en una de las principales disciplinas deportivas del país es necesario que nos remontemos a sus orígenes, más de un siglo atrás.

Celebración de los jugadores de la selección japonesa tras vencer a España por 2-1 y clasificarse primera de grupo en el Mundial de Qatar 2022 / ©Reuters

Precursores del fútbol

La historia del fútbol tal y como lo conocemos suele poner su punto de partida en 1863, año de fundación de la Asociación Inglesa de Fútbol (Football Association o FA, por sus siglas en inglés), que es la federación nacional de fútbol más antigua del mundo. Este momento es importante porque a partir de él se establecieron unas reglas unificadas que permitieron diferenciar el fútbol moderno de otros juegos de pelota. Aunque, como es natural, los orígenes de este deporte se remontan mucho más allá en el tiempo, y también en el espacio, que a la Europa Contemporánea.

La FIFA, organismo rector del fútbol a nivel internacional, reconoce a varios juegos históricos practicados por diversas culturas que pueden entenderse de un modo u otro como antepasados del fútbol. En la Odisea, fechada en torno al siglo VIII a.C., se describe a la princesa Nausicaä jugando a la pelota con sus doncellas, y en la Antigua Grecia se practicaba un juego por equipos llamado episkyros en el que se competía por llevar una pelota más allá de la línea del contrario. En América, los taínos caribeños practicaban el batú y los aztecas el tlachtli, dos juegos donde se mezclaba ceremonia y competición deportiva en los que se empujaba una pelota con la cabeza, los codos, las rodillas o las caderas, pero sin usar las manos.

Pista de juego de pelota maya en Chichén Itzá (México) / ©Wikimedia Commons

En Asia, por su parte, el ejemplo más antiguo es el cuju en China, que se remonta a hace más de dos mil años. Se popularizó en especial durante la dinastía Han (206 a. C. – 220 d. C.) y consistía en golpear una pelota con los pies con el objetivo de mantenerla en el aire o introducirla en un lugar determinado, aunque existían varias modalidades y sus reglas variaron con el tiempo.

El cuju se extendió posteriormente a otras regiones de Asia Oriental y tuvo una notable influencia en Japón, donde dio lugar al kemari (蹴鞠, escrito en kanji con los mismos caracteres que el cuju). Este se desarrolló principalmente durante el periodo Heian (794–1185 d. C.) y era especialmente popular entre las clases acomodadas y la aristocracia, ya que este tipo de prácticas formaban parte de la cultura de corte.

A diferencia del cuju, que era practicado tanto por hombres como por mujeres, el kemari estuvo prácticamente restringido al ámbito masculino y la participación femenina era vista como inapropiada en la sociedad de la época. No se trataba de una actividad competitiva, sino cooperativa, en la que los participantes formaban un círculo y debían mantener la pelota en el aire mediante pases con los pies, en un ejercicio de coordinación y control más cercano a una práctica o una exhibición que a un deporte competitivo en sentido moderno. Además de su carácter lúdico, el kemari también estaba relacionado con la cultura ceremonial, aspecto al que ha quedado asociada su práctica hasta la actualidad.

Exhibición contemporánea de kemari

Sin embargo, aunque estos juegos muestran que el uso de la pelota no era ajeno a la tradición cultural de Asia oriental, no pueden considerarse fútbol en su sentido actual, ya que carecen de la estructura reglada, la competitividad organizada y la institucionalización propias del deporte contemporáneo. Será a finales del siglo XIX, en el contexto de la apertura del Japón durante el periodo Meiji, cuando el fútbol de origen británico llegue al país a través del contacto con el extranjero, especialmente en ámbitos educativos y urbanos.

De Europa al País del Sol Naciente

En época del Emperador Meiji (1868-1912), Japón se sumió en un proceso de rápida modernización tomando como modelo a Europa y Estados Unidos. Con el objetivo de ponerse a la altura de las potencias occidentales, durante la llamada Revolución Meiji se reformó la industria, el ejército, la administración y la sociedad. Al mismo tiempo, uno de sus efectos secundarios fue la llegada de todo tipo de costumbres procedentes de Occidente, entre ellas el fútbol.

La llegada del fútbol a Japón no puede entenderse como un fenómeno aislado, sino como parte de un proceso más amplio de adopción de modas occidentales durante esos intercambios. Y, en realidad, el deporte «importado» más popular dentro del panorama deportivo japonés no fue el protagonista de este artículo, sino el béisbol. El fútbol, en cambio, avanzó de forma más lenta, limitado durante sus primeras décadas a entornos estudiantiles y clubes urbanos de alcance local o regional.

Aunque siempre es difícil determinar una fecha concreta para un proceso tan gradual, uno de los primeros contactos documentados con el fútbol en Japón se remonta a 1873. El responsable fue el teniente coronel de la Armada Británica Archibald Lucius Douglas, encargado de supervisar el desarrollo de la incipiente Armada Imperial Japonesa, quien empezó a instruir a los cadetes nipones en la práctica y las reglas de este deporte.

Se suele indentificar a Archibald Lucius Douglas como el introductor del fútbol en japón mientras ejercía como asesor militar / ©Douglas Archives

Poco después, en las ciudades portuarias donde residían comunidades extranjeras comenzaron a formarse clubes deportivos que integraban distintas disciplinas como el críquet o los deportes náuticos, e incorporaron progresivamente el fútbol a partir de la década de 1880. En ese entorno se disputó el 18 de febrero de 1888 el que suele considerarse el primer partido oficial de la historia del fútbol en Japón, en el que se enfrentaron el Yokohama Country & Athletic Club y el Kobe Regatta & Athletic Club.

La difusión del deporte entre la sociedad japonesa se produjo principalmente a través del sistema educativo. Institutos y universidades comenzaron a incorporar el fútbol como una actividad complementaria en sintonía con el impulso gubernamental de la educación física en la educación.

En este proceso tuvo un papel decisivo el docente Gendō Tsuboi, considerado por la Asociación de Fútbol de Japón (Nippon Sakkā Kyōkai, JFA por sus siglas en inglés) como el padre del fútbol en el ámbito escolar. En 1885 publicó junto a Morinari Tanaka un libro sobre la importancia del ejercicio al aire libre en la educación en el que mencionaba el fútbol como práctica recomendada, incluyendo además su primera descripción en japonés de la que se tienen registros. Su influencia se dejó sentir especialmente en instituciones como la Escuela Normal Superior de Tokio (actual Universidad de Tsukuba) o la Escuela Normal de Mujeres de Tokio (hoy Universidad de Ochanomizu), donde desde su trabajo como profesor contribuyó a la consolidación del fútbol como deporte estudiantil.

Salón de la fama de la JFA en 2019. Gendō Tsuboi aparece el primero a la derecha / ©Wikimedia Commons

En los siguientes años surgieron también los primeros clubes de ámbito local y amateur formados íntegramente por japoneses. El más antiguo de ellos fue el Tokyo Shukyu-dan (en español, Tokio Club de Fútbol), fundado en 1917 en la ciudad de Akishima —área metropolitana de Tokio— y que aún hoy continúa existiendo en las categorías inferiores del fútbol nacional.

Ese mismo año, Japón participó por primera vez en una competición internacional de fútbol en el marco de los Juegos del Lejano Oriente, celebrados en Tokio. Este evento multideportivo bianual, considerado un precedente de los actuales Juegos Asiáticos, reunía a selecciones de la República China, Filipinas y Japón junto a otros países invitados.

En el caso del primer combinado de fútbol japonés, el equipo estuvo formado por estudiantes de la Escuela Normal Superior de Tokio —ya que todavía no existía una selección nacional estructurada—, e iban vestidos con el uniforme marrón de su universidad acompañado de la bandera del sol naciente. Los primeros resultados, aunque importantes al tratarse del primer contacto oficial del país con el fútbol internacional, se saldaron con dos derrotas por 0-5 frente a China y 2-15 ante Filipinas. Esta última sigue siendo, a día de hoy, la más abultada de la historia de la selección japonesa.

Equipo japonés de fútbol en los IX Juegos del Lejano Oriente (1930) / ©Japan Soccer Archive

La consolidación como deporte

En paralelo, el desarrollo del fútbol japonés se vio impulsado por la creación de estructuras organizativas que seguían la estela del resto de países. En 1921 se fundó la Asociación de Fútbol de Japón (JFA). Su primer presidente fue Jikichi Imamura, quien trabajó para sentar las bases de la asociación, establecer su libro de reglas y fundar una revista interna llamada Shukyufútbol, del inglés soccer—.

El mismo año de su fundación la asociación recibió como regalo de la Football Association inglesa una copa de plata con la que fundó el Campeonato Nacional —hoy Copa del Emperador—, el torneo nacional más antiguo del país, solo precedido por el Campeonato Nacional de Fútbol de Educación Secundaria, que se disputa a escala escolar desde 1917. Desde entonces, su participación está abierta tanto a equipos profesionales de las divisiones superiores como a equipos amateur y los mejores equipos de secundaria y universidades de todo el país, aunque desde la profesionalización en los años 90 las eliminatorias han estado dominadas por clubes profesionales.

Réplica del trofeo donado por la FA a Japón en 1921 (el original fue fundido en una campaña para obtener metal durante la Segunda Guerra Mundial, la reproducción se hizo en 2011) / ©JFA

Pero el desarrollo técnico del fútbol japonés en este periodo no puede entenderse sin la contribución esencial de Kyaw Din, estudiante birmano que llegó a Japón para formarse en la universidad y después recorrió el país ejerciendo como entrenador de fútbol. Sus tácticas y filosofía de juego provocaron una auténtica revolución en el fútbol japonés tras publicar en 1923 un libro titulado Cómo jugar al fútbol, que contaba con texto en japonés acompañado por numerosos dibujos y fotografías para hacer sus ideas más comprensibles. El valor del libro radicaba en su capacidad para profundizar de manera entendible para todos en aspectos como la teoría y la táctica, sobre todo en torno a los pases cortos. Las ideas de Kyaw Din revolucionaron la técnica y la práctica del fútbol amateur japonés de manera accesible para todo el mundo y fueron esenciales para el desarrollo de un estilo propio en el fútbol internacional japonés, que recogió sus frutos durante los años 30.

A nivel internacional, Japón se incorporó a la FIFA en 1929, aunque el país declinó asistir a los Mundiales de 1930 y 1934. A pesar de ello, el fútbol japonés comenzó a ganar consistencia competitiva en el ámbito internacional. El mayor éxito durante esa etapa se produjo en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936. Allí, la selección japonesa logró una victoria histórica ante Suecia, una de las favoritas de la competición, por 3-2 tras una remontada que pasó a conocerse en Japón como el «milagro de Berlín». El primer gol oficial de Japón fue obra de Taizo Kawamoto, y aquel triunfo se convirtió en un símbolo del crecimiento deportivo del país en el escenario internacional.

Fotografía de equipo de la selección japonesa en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 / ©JFA

Pero este proceso de expansión se vio interrumpido por la participación de Japón en la Segunda Guerra Mundial. La invasión japonesa de China en 1937 causó el rechazo de casi toda la comunidad internacional. Japón acabó por abandonar la FIFA en 1939, y mientras duró el conflicto solo disputó algunos encuentros esporádicos contra selecciones de territorios ocupados, como Manchuria.

El fútbol en Japón tras la posguerra

Tras un parón debido a los años de posguerra, Japón regresó a la FIFA en 1951 y retomó su actividad internacional con su participación en los Juegos Asiáticos celebrados en India ese mismo año. En 1954 se incorporó a la AFC (Asian Football Confederation, en español, Confederación Asiática de Fútbol), integrándose plenamente en el sistema futbolístico del continente asiático. Tras su retorno, la selección jugó la clasificación para el Mundial de 1954, llegó hasta cuartos de final en los Juegos Olímpicos de Tokio en 1964 y obtuvo la medalla de bronce en las Olimpiadas de 1968, méritos qie aumentaron el interés del público por el fútbol. En la Copa Mundial de la FIFA, Japón ha logrado clasificarse en ocho ediciones consecutivas desde 1998 hasta la actualidad y ha llegado cuatro veces a octavos de final, máxima ronda que han alcanzado en la competición.

En cuanto a sus símbolos más famosos, Japón se caracteriza por no utilizar los colores de su bandera en su equipación. Aunque no existe una explicación oficial corroborada al cien por cien, la versión más extendida se remonta a los Juegos del Lejano Oriente, cuando la selección nipona estuvo formada por estudiantes de la Universidad Nacional de Tokio que vistieron camisetas del color azul claro de su universidad. El color se siguió utilizando desde entonces debido a los buenos resultados deportivos del conjunto nacional, sobre todo tras las Olimpiadas de Berlín en 1936. Entre 1988 y 1992 optaron por cambiar a una equipación roja y blanca, mismos colores de su bandera, para volver definitivamente al azul debido a los malos resultados cosechados durante esa etapa.

Recepción de la selección japonesa en el despacho del primer ministro Fumio Kishida tras el Mundial de Qatar 2022 / ©JFA

Respecto a su logotipo y escudo, antes de 1988 estaba formado únicamente por la bandera nacional con las siglas de la JFA. Desde ese año modificaron el logo para adoptar en su interior a Yataragasu, un cuervo mitológico de tres patas que actúa como un dios guía en la mitología sintoísta y que se ha convertido en uno de los iconos más reconocidos de la selección.

En el ámbito de los clubes, el fútbol japonés experimentó una profunda transformación durante la segunda mitad del siglo XX. Esta renovación vino impulsada en parte por la colaboración de Dettmar Cramer. Este entrenador de Alemania Occidental dirigó a la selección japonesa durante el Mundial de Tokio 1964, con la que logró una famosa victoria por 3-2 contra Argentina, y antes de abandonar Japón al finalizar el torneo recomendó la creación de una liga nacional de fútbol que elevase el nivel competitivo. Siguiendo su consejo, en 1965 se creó la Japan Soccer League (JSL), primera competición nacional organizada del país. Su nacimiento coincidió con el creciente interés por el fútbol tras la medalla de bronce conseguida por la selección masculina en los Juegos Olímpicos de México de 1968. Sin embargo, ese impulso inicial fue perdiendo fuerza con el paso de los años y la competición nunca logró consolidarse como un fenómeno de masas.

Una de las principales razones fue el carácter no profesional de la liga. La mayoría de los clubes pertenecían a grandes empresas y estaban formados por trabajadores de las mismas compañías que complementaban sus trabajos en la empresa con el deporte la actividad, mientras que solo en los últimos años de la competición algunos jugadores comenzaron a recibir salarios por dedicarse exclusivamente al fútbol. Empresas como Nissan, Mitsubishi, Hitachi o Yamaha patrocinaban y gestionaban sus propios equipos, muchos de los cuales acabarían convirtiéndose en algunos de los clubes más importantes del Japón actual. De aquellos conjuntos corporativos nacieron equipos actuales como el Yokohama F. Marinos, herederos del equipo de Nissan Motors, o los Urawa Red Diamonds, fundados por Mitsubishi.

Consciente del agotamiento del formato, la JFA impulsó durante los años ochenta un proyecto de profesionalización que culminó en 1993 con la creación de la J.League (Japan Professional Football League). El objetivo era modernizar el fútbol japonés, aumentar el número de aficionados, desarrollar el talento nacional y elevar el nivel competitivo de la selección.

Partido inaugural de la J.League el 15 de mayo de 1993 entre el Verdy Kawasaki (verde) y el Yokohama Marinos (azul) / ©J.League

A partir de ese momento, los clubes abandonaron progresivamente su identidad empresarial, se profesionalizaron las estructuras deportivas y se realizaron importantes inversiones en estadios, categorías inferiores y publicidad. Como resultado, en las últimas décadas la asistencia a los estadios ha aumentado notablemente, los clubes japoneses comenzaron a competir con éxito en Asia y el crecimiento del nivel competitivo ha favoreció la aparición de futbolistas capaces de consolidar a Japón como una de las grandes potencias futbolísticas del continente en la actualidad.

El fútbol femenino: origen, avances recientes y un tema pendiente por investigar

El desarrollo del fútbol femenino en Japón siguió una trayectoria más lenta que el masculino, aunque sus orígenes también se remontan a la segunda mitad del siglo XX. El interés comenzó a crecer tras los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964 y, entre 1966 y 1967, surgieron los primeros equipos en centros educativos del área de Kansai. El primer club femenino del que se conoce se creó entre estudiantes del Kobe College, centro educativo privado femenino fundada en Kobe, al que poco después se unió en la misma localidad otro equipo de la Escuela Primaria Fukuzumi. Ambos disputaron el 19 de marzo de 1967 un encuentro que despertó una notable atención entre el público y la prensa.

Revista «Asahigrapdel 23 de diciembre de 1966 con las jugadoras del equipo del Kobe College en portada / ©National Football Museum de Mánchester

Debido a la formación de cada vez más equipos femeninos gracias al impulso de profesoras, estudiantes y mujeres interesadas en practicar este deporte, durante los siguientes años comenzaron a organizarse competiciones locales y regionales. En 1975 ya existía una liga regional en Kobe, cuyos encuentros se celebraban en las instalaciones del Kobe College, y desde 1979 también se disputa la Copa de la Emperatriz, equivalente femenino de la Copa del Emperador. Los primeros torneos se disputaron con equipos de ocho jugadoras y en campos de dimensiones reducidas, aunque el número de clubes no dejó de aumentar. Además, entre 2004 y 2011 las finales de ambos torneos se celebraban el mismo día, el 1 de enero, aunque desde 2012 pasaron a disputarse por separado.

Aquí, sin embargo, conviene hacer una importante matización. Un estudio publicado en 2021 por un equipo de la Universidad de Hokkaido revisó más de cuatrocientos libros de historia de casi trescientos centros educativos y encontró evidencias de la práctica del fútbol entre 1902 y 1940 en numerosas escuelas de todo el país. La investigación también sacó a la luz la fotografía más antigua conocida de un partido femenino en Japón, fechada en 1916. Estos hallazgos han obligado a replantearnos la historia del fútbol femenino japonés y ponen de manifiesto que el fútbol femenino es todavía un campo que necesita seguir ampliando el foco por medio de nuevas perspectivas y más apoyo a la investigación.

Esta fotografía de 1916 es el registro más antiguo que existe, a día de hoy, de un partido de fútbol femenino en Japón / ©Hokkaido University

La consolidación definitiva llegó con la creación de la selección nacional femenina. Su primer partido oficial se disputó el 7 de junio de 1981 frente a Taiwán durante el AFC Women’s Championship, torneo organizado por la Confederación Asiática de Fútbol (AFC), máximo organismo del fútbol continental. Los primeros logros no tardaron en llegar, ya que en 1986 Japón fue subcampeona del campeonato asiático y en 1991 logró clasificarse por primera vez para una Copa Mundial Femenina. El mayor éxito del fútbol femenino japonés llegó en 2011, cuando la selección se proclamó campeona del mundo tras derrotar a Estados Unidos en la final del Mundial. A este logro se suman tres Copas Asiáticas de la AFC y tres Juegos Asiáticos, convirtiendo a Japón en una de las selecciones femeninas más exitosas de Asia y en un referente internacional del deporte.

A nivel de clubes, en 1989 nació la Nadeshiko League, primera competición nacional femenina de carácter semiprofesional. Su nombre hace referencia al apelativo con el que también se conoce a la selección japonesa femenina. El proceso de profesionalización culminó en 2021 con la creación de la Japan Women’s Empowerment Professional Football League (WE League), primera liga plenamente profesional del país, mientras que la Nadeshiko League pasó a convertirse en la segunda categoría.

Celebración de la selección femenina de fútbol de Japón tras ganar el Mundial de Alemania 2011 / ©The Guardian

Como hemos podido ver, en poco más de un siglo el fútbol ha pasado de ser una curiosidad procedente de Occidente y una práctica estudiantil a convertirse en una de las principales expresiones del deporte japonés. Hoy Japón no solo compite entre las grandes potencias de Asia, sino que ha construido un modelo de desarrollo futbolístico admirado internacionalmente y que continúa consolidando su influencia dentro de la escena del fútbol mundial.

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