Se ha discutido por activa y por pasiva cuáles son los límites del videojuego, qué convierte a un producto cultural en juego y cuándo deja de serlo. ¿Son las visual novels videojuegos? Nosotros creemos que sí. ¿Podemos considerar videojuegos a aquellos que cuentan con un nivel muy ínfimo de interacción por parte del usuario? Este es, sin duda, un debate muy interesante que puede llegar incluso a levantar ampollas entre los defensores más acérrimos de la necesidad de un nivel aceptable de interacción por parte del usuario para considerar ciertos géneros videojuegos.
Lo cierto es que, con el tiempo y la evolución necesaria del medio, muchos géneros que antes eran denostados por el público han acabado ganando cierto prestigio y respeto. Es el caso de los walking simulator —nombre que, de hecho, surgió como una burla a este género y que acabó reapropiándose para definirlo de manera justa—, las aventuras gráficas o incluso las mismas visual novels que ya hemos mencionado previamente. Este cambio en la percepción de algunos géneros se debe a un giro en la mentalidad general y la percepción que se tiene del videojuego como medio, pero también a que estos juegos han demostrado ser perfectamente capaces de ofrecer historias interesantes y jugar con la narrativa de formas inesperadas. Es el caso de, por citar algunos ejemplos, What Remains of Edith Finch en el campo de los walking simulator, el aclamado The House in Fata Morgana en el de las visual novels o 13 Sentinels: Aegis Rim y Pentiment en el de las aventuras gráficas.

Sin embargo, existe un género o subgénero que aún sigue viéndose como videojuegos que no son «de verdad» y que, pese a eso, ha ganado una popularidad tremenda en los últimos años: se trata de los conocidos como idle games. Seguramente os sonará Cookie Clicker, el juego de navegador que hace años empezó a popularizar este género y que prácticamente es el fundador moderno del mismo. Cookie Clicker es un juego hilarante y surrealista que consiste en producir el mayor número de galletas posible. Cientos de galletas. Miles de galletas. Millones de galletas. Billones. TRILLONES de galletas. La cuestión es que debemos automatizar el proceso lo máximo posible: al principio empezaremos clicando con el ratón para generar galletas o contratando a abuelitas para que las preparen por nosotros, pero la locura del juego es tal que terminaremos enviando galletas con máquinas del tiempo o trayéndolas a través de portales interdimensionales. No obstante, la cuestión es que llegado un momento el jugador no tiene que hacer prácticamente nada, simplemente sentarse a observar cómo el número de galletas aumenta de forma ridícula.
Los idle games consisten básicamente en eso, en sentarse y observar y, si acaso, intentar automatizar el proceso lo máximo posible para seguir sentándote y observando (aún más). Es precisamente por esto por lo que su estatus como videojuegos es tan discutido.
Pero los videojuegos son, ante todo, experiencias muy distintas para personas y usuarios muy diferentes. Cabría preguntarse si no es tan válida una experiencia más pasiva y relajante como aquellas que suponen un desafío para el jugador.
Sin embargo, diréis que juegos como Cookie Clicker aún tienen algo de interacción y requieren de un mínimo de estrategia, pero también existen idle games aún más pasivos, que apenas requieren del usuario ser poco más que un mero espectador. Es el caso de un juego indie que ha conquistado los corazones de muchos jugadores —aunque quizás no los suficientes—, y con razón; estamos hablando de Placid Plastic Duck Simulator.
Placid Plastic Duck Simulator —PPDS a partir de ahora, para abreviar— es una experiencia tan simpática como relajante: consiste en una piscina en la que van apareciendo poco a poco, en intervalos de varios minutos, patitos de goma con multitud de colores y diseños. El jugador puede interactuar mínimamente con el entorno del juego clicando en los patos para que hagan sonidos —algunos de ellos tienen sonidos especiales, aunque a la mayoría solo lograremos sacarles el graznido típico de un pato— o cambiando la perspectiva de observación: podemos acercarnos a los patos para verlos desde un primer plano o sentarnos en una silla y relajarnos mientras los vemos flotar pacíficamente.
Para quien piense que este juego suena a aburrimiento total, nada más lejos de la realidad. Los propios patos interactúan entre ellos (por ejemplo, los patos que llevan o expulsan fuego pueden quemar a otros si son de madera o de tela) y, además, el juego esconde algunos secretos que solo podrá revelar el jugador más atento. Los foros de Steam están llenos de discusiones hablando sobre el lore oculto de PPDS y los pasos para obtener todos los secretos.

Y lo cierto es que su precio es bajísimo (aunque cuenta con numerosos DLC) y tendremos para muchas horas de diversión si queremos conseguir todos los patitos y obtener todo lo que el juego es capaz de ofrecernos. En el momento de escribir este artículo, PPDS cuenta con un total de tres escenarios —la piscina base, una insertada en un resort invernal (el favorito de la autora de estas líneas, de momento), y una peculiar piscina enclavada en el mismísimo espacio— y un montón de patos con diferentes diseños. Porque, aunque parezca que no, los desarrolladores del juego tienen una imaginación increíble para seguir sacando patos de goma inspirados en diferentes temáticas y motivos.
Y es que, más allá de los típicos patos de diferentes colores, hay un montón de patitos sorprendentes esperándonos en el juego. El pato por defecto es, evidentemente, el clásico amarillo —aunque también viene equipado con una sorpresa muy especial, que no desvelaremos porque consideramos que es mejor que lo descubran nuestros lectores jugándolo—, pero más allá de ese la variedad de patos es verdaderamente sorprendente. Además, podemos ponerles a los patitos el nombre que queramos conforme los vayamos obteniendo, lo cual es un plus de diversión y nos permite personalizar nuestra experiencia.
Entre los múltiples patos que el juego puede ofrecernos, nos encontramos con algunos de inspiración japonesa, curiosamente. Es el caso del patito con ojos kawaii de anime, el pato adornado con flores de sakura o el patito sushi que ilustra este artículo. Aunque quizás el más curioso sea el pato inspirado en el kintsugi, la técnica japonesa para reparar objetos con barniz de resina mezclado con polvo de oro, plata o platino. Como dato, el pokémon Sinistcha, introducido en los DLC de Escarlata y Púrpura, también está inspirado en esta centenaria técnica que plantea que las roturas forman parte de la historia de un objeto y que deben mostrarse en lugar de ocultarse.
También encontramos numerosas referencias a la cultura popular: por ejemplo, hay un pato con forma de tiburón que, al clicarlo, hace la música de la célebre película Tiburón.

En general merece la pena estar atento a qué patitos vamos obteniendo, es como la incertidumbre de un juego gacha, pero con la certeza de que obtendremos todos los premios y sin tener que pagar ni un céntimo. Gran parte de su encanto radica precisamente ahí, pues es un juego al que no debemos dedicarle mucho tiempo activamente; perfectamente podemos ir comprobando qué patos obtenemos mientras realizamos otras tareas.
La gracia de los idle games es, precisamente, que generalmente buscan una experiencia relajante y diferente, por lo que son ideales para desconectar de la tensión del día a día ajetreado si no queremos complicarnos la vida con juegos con mecánicas más complejas.
¿Significa eso que no son juegos per se? Para nada. El videojuego como medio se caracteriza, precisamente, por no contar con unicidad: es por eso que juegos tan diferentes pueden acabar catalogándose como videojuegos igualmente. Las experiencias más relajantes y pasivas son tan válidas como aquellas frustrantes y desafiantes para el jugador.
Muchas veces simplemente no nos apetece jugar a nada demasiado complicado y no por ello somos menos válidos como jugadores. Precisamente para momentos así existen juegos como Placid Plastic Duck Simulator. Porque es un juego que puedes jugar mientras te preparas un examen, o mientras limpias la casa, o mientras teletrabajas. Cada juego es o debería ser una experiencia valiosa en su contexto adecuado, y PPDS también lo es. Porque PPDS tiene un pato para ti, para cada uno de sus jugadores. Sin embargo, lamentamos deciros que aún no existe un pato con forma de cuervo… Al menos, de momento.
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Patos 🙂
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