La primavera ya está aquí y, poco a poco, la gente va teniendo más ganas de salir a tomar el aire y beber algo fresquito con los amigos. Para quienes estamos dentro del mundillo del manganime y los videojuegos, la asistencia a eventos celebrados durante estas fechas como la Ficzone o la Japan Weekend de Valencia son la ocasión perfecta para casar el deseo de solecillo con la realización de actividades tematizadas en torno a nuestras obras favoritas. La Toledo Matsuri ya es prácticamente otro de los grandes pilares de este paradigma de ferias especializadas y, tras unas dos primeras ediciones excelentes, desde Futoi Karasu no nos lo íbamos a perder. Así, nos hemos dirigido a la ciudad de los mazapanes y de las espadas —más específicamente al recinto polideportivo del Salto del Caballo, los días 5 y 6 de abril— para contaros qué tal ha estado este año.

Como ocurría en la versión de 2024, la oferta cultural del evento fue muy grande y variada, separada en varias áreas temáticas. Comenzando por las zonas al aire libre, los comercios nos permitían un acercamiento a las tiendas de temática friki de la ciudad —y de otras comarcas lindantes, pues se pudo divisar algún negocio madrileño—, así como a entidades de relevancia en el sector como GTM Ediciones. Aquí habría que destacar la pastelería local Cookieverse, que tiene probablemente unas de las mejores galletas de toda Castilla-La Mancha. En el sector de juegos de mesa, podíamos ver a algunas empresas enseñando de forma práctica su producto, por lo que era posible hacernos con todo aquello que nos resultase interesante o divertido de manera instantánea. También se celebraron torneos del Catan y el Carcassonne, con la posibilidad de que los ganadores consiguieran una plaza en el campeonato nacional. Pero quizás lo más destacable serían los numerosos talleres llevados a cabo, de un interés tal que la cola de inscripciones era enorme durante las mañanas del sábado y del domingo. Algunos eran más típicos, como los de caligrafía japonesa o los de origami, mientras que otros destacaban por su extravagancia, como el de confeccionar un peluche de Boo, de la saga Super Mario, o el de crear un taiko-neuma, que nos enseñaba a reciclar elementos tan mundanos como un neumático y un montón de cinta adhesiva para crear los tradicionales tambores tocados en Japón. Habría que destacar, asimismo, las sesiones de iniciación de rol promovidas por la asociación local Tolerol, una comunidad llena de pasión interesada por acercarnos a todos al mundo de los dados y las fichas de personaje.
También es digna de mención la zona de videojuegos, que tenía espacios preparados para torneos de juegos de móviles como Pokémon JCC Pocket o Marvel Snap, así como títulos de consola como Super Street Fighter II —para los amantes de las recreativas, también había máquinas arcade artesanales que se podían probar libremente— o Mario Kart 8 Deluxe. Casi nos apuntamos a este último, pero entre que la mayoría de participantes eran niños que no se merecían perder a manos de expertos en la saga como nosotros y que el reciente anuncio de Mario Kart World nos tiene mirando más bien hacia el futuro, esperaremos al año que viene para echarnos unas carreritas en la Nintendo Switch 2. También pasaba por la ciudad de las tres culturas el Circuito Tormenta y sus respectivos campeonatos de League of Legends y Valorant, que los interesados podían visitar si así lo deseaban.
Lo que más nos llamó la atención a nosotros fue la zona indie, donde desarrolladores independientes del país nos dejaban probar sus juegos y comentar nuestras impresiones con ellos. Starduster, de Cobaya Unchained, nos presentaba un desafío arcade y al ritmo de la música que nos resultó interesante por la simpleza de su concepto y por lo adictivo que era encadenar intentos hasta dominar cada pantalla. Mycelium Heaven, de 3DGoblinDev, consistía en una serie de puzles que, al más puro estilo de clásicos modernos como The Witness, no te cuenta nada sobre sus mecánicas consistentes en permitir que los hongos dominen el mundo y trata de crear esta curva de aprendizaje a través del lenguaje del videojuego. Finalmente, probamos Altered Alma, de 2Awesome Studio, un juego que viene de una campaña de Kickstarter popularísima y que, como tal, tiene altas expectativas a las que adecuarse. Sin embargo, la acción metroidvania, el hermoso trabajo artístico de escenarios, pixelart y sprites dibujados en 2D y las claras inspiraciones de obras de referencia de sus respectivos géneros como Mega Man X o Katana Zero han despejado todas las dudas que pudiéramos tener. No perdáis de vista ninguno de estos títulos, pues no solo son juegazos en potencia, sino que es esencial apoyar el producto artístico de nuestro país.

Si bien es agradecido que las experiencias ofrecidas en la Toledo Matsuri vayan mucho más allá de comprar merchandising hecho por fans, estaríamos faltando a la verdad si no admitiéramos que esta es la actividad por excelencia de un salón de manganime y videojuegos. Así, nos abrimos paso entre los muchos cosplays de One Piece y Los diarios de la boticaria —no así de los juegos de Hoyoverse que, a modo de anécdota, parecen haber perdido presencia en eventos de este corte— para entrar al pabellón principal del recinto polideportivo, transformado en el espacio de artistas. Con más puestos que nunca y, a pesar de ello, un uso muy eficiente de los espacios, nos sumergimos en un mundo de prints, llaveros, esculturas e incluso bolsitas para guardar sets de dados. Como dato curioso, las series con mayor volumen de productos en esta ocasión fueron Hazbin Hotel, Dandadan y, como ya es tradición, Pokémon, Dark Souls y Hollow Knight. Sin embargo, es conocido por todos que las propuestas poco convencionales también tienen su espacio para florecer entre aquellos comerciantes más dedicados y, para esta ocasión, hemos divisado arte de los juegos de Suda51 y Prince of Persia: The Lost Crown, unos pendientes basados en las varitas de Frieren y Fern e incluso un pack de pegatinas de chibis de Chappell Roan y sus despampanantes outfits.
Una novedad destacable que no está relacionada con el evento en sí, pero que ha influido innegablemente en nuestras impresiones del mismo es que esta vez hemos tenido la oportunidad de observar la Toledo Matsuri también desde la perspectiva de los artistas y artesanos designados para vender su producto en el pabellón principal. Así, tenemos una nada desdeñable red de contactos a través de la cual se nos ha informado que esta edición ha destacado por la sensación de acogimiento y por el buen ambiente que existía entre los comerciantes, ello debido a la gran labor del comité organizador y del voluntariado. Ya sea una pequeña visita para preguntar qué tal iba el día, ofrecer una botella de agua o un pequeño tentempié, el escenario era de solidaridad y de un aprecio inmenso hacia quienes traen su arte y lo ponen a disposición del público. Podrá parecer trivial, pero esta sensación de cercanía y comodidad es una rara avis si se compara con otras ferias celebradas en España. Así y aunque la ganancia monetaria derivada de tal actividad no tenga por qué necesariamente ser inmensa, el sentimiento generalizado era que esto se compensaba con la calidad humana del evento.

Al salir del pabellón y si pasábamos por la zona de asociaciones y la forja en vivo, se encontraba el Escenario Sakura, donde se realizaron la mayoría de conferencias y charlas divulgativas de la feria. El sábado asistimos a la mesa redonda sobre la mujer en el videojuego, con figuras femeninas de todos los rincones de la industria como Ana de Castro —actriz de doblaje conocida por dar voz en español a personajes tan icónicos como Tracer, de Overwatch, o Claire Redfield, de la saga Resident Evil—, Virginia Calvo —diseñadora de videojuegos y fundadora de Path Games—, Yasmina Singam —Product Manager y Marketing Manager para Dojo System— y Rocío Torrejón —periodista de videojuegos y creadora de ErrekGamer—. Un repertorio tan amplio de profesionales, como no podría ser de otra manera, nos proporcionó una buena panorámica y una relación histórica del papel de la mujer en el medio, desde su deshumanización en las primeras generaciones de videoconsolas hasta su cada vez más consolidada representación en la actualidad, con todavía un largo camino por recorrer. El domingo, por su parte, escuchamos la ponencia de Jesús Marugán, de Akira Cómics, sobre la guerra cultural entre el cómic occidental y el manga japonés, materia sobre la que ya hemos hablado alguna vez en esta web. Remontándose a unos antecedentes tan lejanos como las guerras persas y partiendo de ahí para hablarnos de la impronta sintoísta del arte japonés y relacionarla con el rechazo mediático y social de Occidente hacia lo extranjero, la charla fue sencillamente maravillosa.
Nos dejamos muchas cosas en el tintero, como las actividades de música, baile y desfiles de cosplay celebrados en el escenario del patio exterior, las exhibiciones deportivas del tatami o el espectacular grafiti en vivo realizado cerca de la entrada del pabellón de artistas. Sin embargo y a modo de concluir nuestra reseña del evento, queremos poner en valor el pegamento que ha unido todas las experiencias antes mencionadas: el pasaporte Toledo Matsuri. Ofrecido en el puesto de los organizadores, esta curiosa rifa para conseguir una Nintendo Switch OLED nos animaba a reunir sellos visitando cada uno de los recintos y participando en las actividades de cada uno de ellos —nos consta que la entidad colaboradora Ganbaru Games también tenía su propia hoja de ruta, premiada con la posibilidad de ganar una Nintendo Switch 2—. Este grado de atención al detalle y de solidaridad, en un intento de valorar el esfuerzo puesto por artistas, ponentes y voluntarios, representa a las mil maravillas la esencia de este salón y la importancia de apoyar propuestas periféricas como esta. Así las cosas, nos seguimos hallando ante una feria imprescindible por el buen ambiente que trae y la gran variedad de actividades frente a sus competidoras. Si no ponemos nuestro granito de arena, la homogeneización del sector es un destino asegurado, cada vez más tendente al monopolio y a perder ese trato humano que tanto agradecemos. Solo nos queda esperar, con ansias e ilusión, que pronto veamos un anuncio público y oficial de la Toledo Matsuri 2026.

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