Monster Hunter Stories 3: Twisted Reflection, el nuevo estándar de las capturas de monstruos

Es fácil imaginarse la cara que se le quedaría al accionista promedio de Capcom al oír la frase Monster Hunter más Pokémon. Probablemente se le dibujarían dólares en las pupilas y saltarían chispas de tanto frotarse las manos. La franquicia de RPGs de acción disfrutaba en la primera mitad de los 2010 de un éxito arrollador en Japón, así como un seguimiento muy fiel como obras de culto entre audiencias occidentales. No obstante, combinar su plantel de criaturas con la mayor accesibilidad de la serie de Gamefreak era, en palabras de los ingleses, un match made in heaven. De tan loable idea saldría Monster Hunter Stories, lanzado para Nintendo 3DS en 2016. Partiendo de una mezcla idílica, emergió un juego sorprendentemente poco apto para todos los públicos. Quienes vinieran de Pokémon se darían de bruces con unas dinámicas ásperas y carentes de la naturaleza simple, pero efectiva de otros títulos de caza de monstruos. El fan de Monster Hunter, en cambio, tal vez se sintiera alienado ante su tono más infantil, reflejado tanto en su dirección artística como en su narrativa, tendentes a los tropos del manga de aventuras de toda la vida. 

Una década después, Twisted Reflection, el tercero en discordia de esta línea de spinoffs, sigue sin buscar el recibimiento mundial del que su saga matriz sí se puede jactar, tras la eclosión mundial en popularidad que fue Monster Hunter: World. La diferencia está en cómo Capcom ha decidido vestir esta nueva entrega; Stories 3 cuenta con un nivel de mimo y atención al detalle comparable al de otros grandes lanzamientos de la desarrolladora, como Resident Evil Requiem o Pragmata. No es un juego de segunda —como razonablemente sí se puede afirmar que lo eran sus predecesores—, sino que se constituye como un JRPG espléndido que, salvando las distancias, conserva parte del encanto del Monster Hunter clásico que se había diluido en las entregas de la línea principal, como el reciente Wilds.

©Capcom

En el mundo de Monster Hunter Stories, además de los cazadores de siempre —mercenarios a sueldo que se enfrentan a los monstruos para ganarse la vida—, existen los Riders. Sobre el papel, su estilo de vida se basa en la coexistencia; crían a las criaturas y forjan relaciones de cooperación y confianza mutua con ellas, gracias al poder de las piedras de vínculo. De hecho, la labor del Rider va acompañada de un amplio ritualismo, consistente en la conexión con la naturaleza. Hasta ahí llega la mayor ética de esta clase de personajes respecto de los cazadores, pues su forma de conseguir nuevos compañeros junto a los que luchar consiste en infiltrarse en nidos de monstruo y robar sus huevos. De las implicancias morales de Monster Hunter en general hemos divagado ya amplio y tendido, sin embargo, es meritorio reabrir el debate de cara a la nueva entrega y aclarar que es necesario abstraerse un poco para entender los conflictos del título.

El eje central de Twisted Reflection es la Litificación, un misterioso fenómeno que recubre los ecosistemas de un manto cristalino y paraliza en el tiempo a todo cuanto alcanza. Se dice que apareció por causas aún desconocidas hace 200 años y, poco a poco, ha ido cubriendo nuevos rincones del continente, poniendo en riesgo la supervivencia de humanos y monstruos por igual. Nuestro protagonista —que es plenamente personalizable— es el príncipe o princesa del reino de Azuria, aunque nuestro papel actualmente es el de liderar los montaraces, un escuadrón de Riders encargado de investigar la Litificación y tratar de mitigar sus efectos —y que son, a todos los efectos, la party de un JRPG de toda la vida—. Nuestro fiel compañero es un Rathalos Cornazul, uno de dos wyverns voladores que eclosionaron de un huevo cristalizado hace diez años. Cuenta la leyenda que avistar gemelos de esta variante en concreto es un mal augurio, asociado a una guerra civil que se produjo entre Azuria y su país vecino, Vermeil, hace varias generaciones. Todo apunta a que lo vaticinado está cerca de hacerse realidad; el conflicto está llamando a la puerta de nuestro hogar y la única forma de evitarlo es emprender un viaje hacia tierras prohibidos para descubrir la fuente de la catástrofe que se cierne sobre en el continente.

Es una delicia perderse en estos mapas y disfrutar de las vistas. / ©Capcom

Pese a formar parte de una subsaga literalmente titulada Stories, la narrativa no es una de las fortalezas del título. Twisted Reflection coquetea con ideas muy interesantes a lo largo de sus 50 horas de campaña; véase el papel en la trama de Eleanor, princesa de Vermeil que se une al grupo de protagonistas tras ofrecerse como rehén, con el objeto de frenar las ambiciones bélicas de la reina. El problema reside en que no siempre es capaz de ejecutarlas con la finura que merecen y cae más de la cuenta en simplificaciones que hieren sus mejores momentos. Su guion es el más complejo de la trilogía, pero a veces parece estar escrito por un adolescente que no entiende lo que hace a una obra «política» y que solo quiere copiar todos los tropos de sus animes de fantasía favoritos. Tampoco le favorece que los mensajes de la obra sean muy semejantes a los de Monster Hunter Wilds, pero llevados a la práctica sin la misma gracia ni sirviéndose de tantas grandilocuencias. Sin entrar en detalles, alguna cinemática más habría venido bien para aclarar las motivaciones de ciertos personajes y a la hora de la verdad, cuando los protagonistas se dan de bruces con las consecuencias de sus actos, el juego se acobarda y sigue una senda excesivamente afable. Eso sí, nunca linda el aburrimiento ni lo ofensivo; a la historia le faltará colmillo, pero lo compensa con diálogos descacharrantes y el encanto enternecedor de sus secundarios, plenamente encasillados en arquetipos infalibles. Las misiones asociadas a cada compañero son variadas, divertidas y te harán cogerle mucho cariño a los que, en cualquier otro caso, habrían sido simples acompañantes NPC.

Esto último nos abre paso a la que es, sin duda, una de las mejores bazas del título, su magnífico sistema de combate. Si quisiéramos definirlo de forma breve, consiste en una traducción prácticamente perfecta de las bases mecánicas de Monster Hunter al contexto de un RPG por turnos. Entre los fanes de la franquicia Shin Megami Tensei, es muy sonado que el Persona 3 original no te permitía controlar libremente a los demás personajes, lo cual complicaba planear estrategias de forma efectiva. En Twisted Reflection ocurre lo mismo; el jugador solamente maneja al avatar y, si así lo desea, puede dar órdenes de ataque a su monstruo —aunque lo aconsejable es dejar que actúe por su cuenta, por motivos que luego explicaremos—. Nuestro compañero de la party y su respectiva montura deciden ellos solos qué hacer pero, a diferencia del caso de Persona 3, la IA está muy trabajada y casi siempre hará lo óptimo, de modo que nunca se sienten como un peso muerto. La idea es replicar la sensación de una caza multijugador en la saga principal, motivo por el cual otra diferencia crucial de este juego respecto de otros JRPGs es que los enfrentamientos son, por lo general, más largos que de costumbre —con la salvedad del típico masilla y monstruos a los que superamos con creces en nivel, que derrotaremos instantáneamente al atacarles en el campo—.

Seleccionar cuidadosamente dónde dirigir nuestro ataque es fundamental. / ©Capcom

Cada monstruo rival tiene partes diferentes del cuerpo a las que puedes atacar, cuyas debilidades varían dependiendo de la clase de arma que utilices —hay de corte, golpe y perforado— y su afinidad elemental. Nuestro objetivo va a ser romperlas para así bajar su indicador de resistencia y, cuando este llegue a cero, asestarle un finisher conjunto entre tú y tu compañero montaraz. Los ataques básicos y las distintas artes de cada arma también tienen asociado un tipo —potente, ágil y técnico— que funcionan como un piedra, papel y tijeras. Cuando un monstruo te mira, entráis en un cara a cara y el que elija el tipo con ventaja, ganará. Si encadenas victorias en este minijuego, aumentarás tu medidor de vínculo, que también se incrementa actuando de forma natural —y como adelantábamos, dejando que la IA decida libremente qué hacer— y acabarás pudiendo montar a tu monstruo. Con la montura activa, puedes activar los ataques de vínculo, animaciones poderosísimas y muy divertidas que sacan a relucir las habilidades de cada criatura a la perfección.

Si todo lo descrito os parece complejo, es porque lo es. De la misma forma que otras obras del género se sirven de fórmulas de éxito asegurado para proporcionarnos una jugabilidad placentera, un entorno de seguridad, Twisted Reflection te exige una mayor concentración en sus primeros compases para entender hasta lo más básico. Pero hay dos motivos por los que, aun a pesar de esta mayor complejidad, su dinámica funciona con creces. El primero es que muchas de las particularidades de cada combate —cambios de forma de cada monstruo, patrones de ataque, puntos débiles— son exactamente los mismos que en los títulos principales de Monster Hunter, de modo que tu conocimiento previo como fan se ve muy premiado y agiliza la curva de aprendizaje. El segundo es que todos los demás sistemas de exploración y crianza, en los cuales ahondaremos a continuación, aportan un pasmoso nivel de flexibilidad que permite al jugador ajustar cada batalla al milímetro. Este grado de agencia —unido a mecánicas amables como que recuperas toda la salud automáticamente tras cada combate— nunca trivializa la dificultad, pues la planificación pormenorizada es de hecho más necesaria que en el reciente Wilds, semejando la época clásica de la saga.

Una de las misiones secundarias consiste en encontrar a todos los Poogies desperdigados por el mundo, aunque algunos no se dejarán atrapar sin antes retarnos a una carrera. / ©Capcom

Y es que en nuestro viaje hacia el Sacrosanctum, en busca de la verdad sobre la Litificación, visitaremos distintos escenarios llenos de vida y, por supuesto, de huevos que recoger para aumentar nuestras filas. Los mapas son abiertos por lo general, pero muy densos, de modo que siempre hay algo interesante que descubrir. La navegación a lomos de los monstruos es la mejor de la trilogía, pues cada clase de criatura tiene un manejo único y muy agradable, ya se trate de escaladores natos, nadadores o voladores. Estos últimos sufren un nerfeo importante respecto de entregas anteriores, ya que no podremos surcar los cielos libremente, a cambio de que la función de planeo esté disponible desde el primer momento. Nos deberemos servir de corrientes de aire para ganar elevación y lo cierto es que esta novedad aporta mucho más sabor al diseño de niveles. Nos ha recordado a cómo The Legend of Zelda: Tears of the Kingdom omitió los impulsos verticales de la Furia de Revali, en favor de los horizontales con el compañero NPC Tulin; la mecánica de Breath of the Wild era obviamente más flexible, pero el ejercicio de mesura permitió obstáculos nuevos e interesantes para el jugador. Imponer restricciones no tiene por qué siempre ser mala señal.

La localización al castellano adapta de manera desternillante nuestro refranero al mundo del juego y, además, contiene una referencia exclusiva al MMO Monster Hunter Frontier. / ©Capcom

Al explorar, podremos toparnos con eventos especiales que nos darán oportunidades para conseguir monstruos poderosísimos. Por un lado, deberemos hallar especies invasoras, encuentros que hacen las veces de puzles especiales que premiarán nuestra capacidad de improvisación y creatividad. Se trata de conceptos tan peculiares como, a modo de ejemplo, un Seregios al que tendremos que devolverle sus proyectiles de un martillazo. Al ahuyentarlos se nos otorgarán huevos de especies en peligro de extinción, correspondientes a algunos de los monstruos más populares: Rathian, Lagiacrus, Mizutsune y un largo etcétera.

Pero, ¿cómo ayudamos a que su población aumente? De eso se trata el otro tipo de enfrentamiento único, los monstruos feroces, variantes consumidas por la Litificación que son algo así como minibosses opcionales que nos harán sudar la gota gorda. Cuando los derrotemos desbloquearemos el campamento correspondiente a esa zona, lo que nos dará acceso a la restauración ecológica. Este complejo sistema permite introducir las criaturas que eclosionemos en el hábitat, para que así sean más comunes y tengan mejores atributos. Si sumamos a esto la capacidad de elegir al dedillo las habilidades —expresadas gráficamente como genes— de nuestras monturas e intercambiarlas, se nos despliega una personalización asombrosa y muy satisfactoria de dominar.

La abundante customización peca de ser un tanto disonante con los mensajes del juego, pero por lo menos es muy entretenida. / ©Capcom

La única pega que le podemos encontrar a la restauración ecológica es que no se exprime tanto como nos habría gustado. Para lograr que aparezcan los mutantes de Generations, es necesario reunir unos requisitos específicos y solo recibimos unas pocas pistas al respecto. Devanarse los sesos para descubrir cuál es la solución adecuada es divertidísimo y habría estado genial que todas las subespecies y variantes se desbloqueasen de esta forma. Habría servido, además, para ensanchar un plantel de criaturas servicial, pero que cuenta con algunas omisiones sangrantes; ello no obstante, hemos de abogar aquí por la calidad sobre la cantidad y apuntar que estas ausencias están hasta cierto punto justificadas por la trama, ya que se dice que muchos monstruos se han extinguido en este futuro lejano y aciago.

No nos perdonaríamos omitir una mención al maravilloso apartado artístico del título. Su uso del color y el cel shading en el modelado —semejante al de obras como los Ni no Kuni—, unido a unas animaciones sumamente cuidadas y a un nivel de detalle enfermizo en los entornos —sobre todo los poblados, que esconden muchas pequeñas rutinas y minucias para cada NPC— son, quizás, las pruebas más claras de que Capcom ha puesto toda la carne en el asador con esta entrega. Las comparaciones son odiosas, pero no pudimos evitar pensar durante nuestra partida que este es el nivel de mimo que desearíamos que se viese reflejado en ciertos otros juegos de captura de monstruos —os podéis imaginar cuáles—. Y es que hasta una trama sosa, carencia de la que también suele adolecer esa otra franquicia que no mencionaremos, se degusta tranquilamente si le echas a la olla cinemáticas brutalmente actuadas y compuestas.

Eleanor nos preparará diversos platos que proporcionan mejoras de atributos y, además, tienen una pinta tremenda. Se nos hace la boca agua de solo verlos… / ©Capcom

A pesar de que el argumento deje mucho que desear en ciertos aspectos, Monster Hunter Stories 3: Twisted Reflection triunfa como JRPG por el simple hecho de que estar en su mundo da gusto. Si el guion no te termina de cuajar, viene de la mano de una increíble profundidad a través de su combate y su exploración que te involucra muchísimo en su fantasía, logrando así la inmersión insignia de la franquicia. El proceso de crear tu equipo de ensueño y prepararlos hasta el más ínfimo detalle es lento, pero muy agradecido y endiabladamente adictivo. Es de esos juegos en los que treinta minutos de partida se pueden convertir fácilmente en varias horas si no se tiene cuidado. Por todo ello, se constituye como un nuevo referente de su género como lo fue también Digimon Story: Time Stranger el año pasado. Capcom firma así otro de sus, como todo parece apuntar, imprescindibles para este 2026 elevando la subsaga a un nuevo estándar que la pone tranquilamente a la altura de sus pesos pesados. No hay mejor forma de resumir la obra que diciendo que, pese a haberle dedicado medio centenar de horas, nos despedimos de él con ganas de haber seguido por otro par de decenas más.

Este análisis ha sido posible gracias a una clave cedida por PLAION España.

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