Subtítulos en el anime: estandarización y pérdida de identidad

A día de hoy, ver anime es relativamente fácil si lo comparamos con cómo era hace 10 años. Contar con opciones legales y accesibles, como son los estrenos en línea de Crunchyroll, los animes disponibles en plataformas de streaming más generalistas como Netflix o Prime Video o las salas de cines que se llenan para ver cintas animadas traídas por SelectaVisión son un indicativo de la mejora de la salud del medio. Con esta regularidad de promotoras, llega una profesionalización de los roles relacionados con estos estrenos, como serían las personas encargadas de la mercadotecnia de las distintas franquicias o los responsables de traducir las historias a nuestro idioma.

Esta profesionalización ha traído cosas muy buenas, fundamentalmente, el establecimiento de una traducción canónica y la comodidad a la hora de acceder a estas historias han ahorrado numerosos malentendidos y choques de versiones entre los fans, los cuales podían tener varios términos para un mismo concepto debido a los numerosos fansubs de un mismo anime. Sin embargo, estas situaciones que describimos se siguen dando en los animes menos mainstream. A estos, las distribuidoras españolas no les prestan tanta atención como a obras más multitudinarias, por lo que equipos de fans siguen siendo los encargados de traducir y subtitular. Con todo, en algunos de estos también se ha advertido una simplificación en su subtitulado —que concuerda con ciertos aspectos de la estandarización profesional—, la cual seguramente se debe a la cultura de la inmediatez, responsable de la aceleración de la creación de cualquier producto que tiene un público que lo demanda.

Por otra parte, no todas las novedades son buenas. Cualquier persona que creciese en la época en la que el acceso a los animes no era tan sencillo puede recordar la experiencia de tener que esperar a que equipos de fans subiesen a la red su versión del capítulo, con los subtítulos ya incrustados. Con sus aciertos y sus errores en la traducción —recordemos que no podemos exigirle la misma calidad a un producto hecho por fans que por profesionales—, hay algo que estas particulares versiones destilaban: carisma.

Puede que viendo One Piece en Crunchyroll sepa qué pone este cartel, pero, ¿y las risas? / ©Eiichiro Oda, Toei Animation JP, RedlineSP

Ya desde la propia secuencia de opening se pueden advertir diferencias. Tomemos el caso de Sousou no Frieren, anime del que Crunchyroll tiene los derechos de emisión. En la plataforma profesional ninguna secuencia de inicio cuenta con subtitulado al español, por lo cual se pierde toda la carga narrativa que YOASOBI implementó en el tema. La canción es una herramienta que ya introduce todo el personaje de Frieren, su particular relación con el transcurso del tiempo y sus sentimientos hacia sus compañeros de aventura, pero queda inutilizada gracias a la ausencia de una traducción. De esta forma, el público puede no llegar a ser capaz de sumergirse en el universo que este anime ha creado o incluso hacer que una canción con tanto significado pase desapercibida entre los fans.

En el universo alternativo donde el final del viaje de Frieren hubiese llegado a mediados de los 2010, la presentación de este opening hubiese sido muy diferente. Cabe la posibilidad de que el equipo de fans que se hubiera autoimpuesto la tarea de hacer llegar a los seguidores españoles esta historia fuese consciente de la importancia del mensaje de la canción del inicio y, así, su traducción al español en la parte inferior de la pantalla no faltaría. Podrían haber conservado o añadido los subtítulos en japonés que acompañan a la canción e incluso implementar en la parte de arriba una línea del texto romanizado para que, por repetición y lectura, cualquiera pueda acabar aprendiéndosela a lo largo de los doce capítulos y se grabase en la mente de los fanáticos de la serie.

El escenario descrito previamente no es descabellado en absoluto, pues los openings de muchos animes de la época siguen estando disponibles en YouTube con este planteamiento. / ©Eiichiro Oda, Toei Animation JP

Como contrapunto, se ha de decir que en la actualidad las imágenes que acompañan a los openings se han convertido en verdaderas obras de arte en las cuales cada encuadre está milimétricamente pensado, por lo cual añadir una línea de texto puede ensuciar la imagen, cosa que no agradará a todo el mundo. Además, se podría argumentar que en la actualidad cualquier persona puede buscar la traducción del opening en YouTube, puesto que hay mil y una versiones.

Otro aspecto que se ha perdido es la propia forma de los subtítulos. En la actualidad, los animes que cuentan con subtitulado profesional siguen las indicaciones de las propias plataformas o incluso normas aceptadas por la academia —si se trata de subtitulado para personas sordas o con discapacidad auditiva, se regula por la norma UNE 153010:2012—. El color, presentación, tipografía, distribución en líneas y caracteres por segundo —es decir, el tiempo que permanece un subtítulo en pantalla— son muy similares entre todas las plataformas y hay una homogeneidad entre todos los animes que están en ellas. Por otra parte, cuando los equipos de fans eran los encargados del subtitulado, no podía importarles menos la forma de los subtítulos. En la siguiente imagen, tres equipos de fansubbers han elegido presentaciones diferentes para los subtítulos en una misma escena, variando tipografía, tamaño, color y longitud.

No soy quien para criticar el trabajo de nadie, pero, fansubbers de AnimeJunkers, ¿por qué? / ©Actar

Las notas de traductor tampoco se quedan atrás, aunque aquí sí que hay que marcar ciertas distancias. En estos elementos podemos vislumbrar exactamente la perspectiva o historial del equipo de subtitulado, puesto que es una de las formas que tiene el traductor de establecer su presencia de forma explícita en la obra. Muchas veces, se usa este elemento como comodín para excusar no usar una palabra en español, ya sea por desconocimiento o porque «no queda bien» —no hace falta poner el ejemplo archiconocido de: «Nota del traductor: keikaku significa plan»—. Este uso puede resultar tanto gracioso como molesto, sobre todo si es usado repetidamente para palabras que son comunes y no hay un motivo real para no usar su traducción en español. Sin embargo, cuando su uso era para dar información extra sobre aspectos de la cultura japonesa, sobre todo si son bastante desconocidos para un público generalista, o para la traducción de nombres de ataques, las notas de traductor resultaban tremendamente útiles para profundizar sobre el universo —y si estaban acompañadas de una presentación original, se agradecía mucho más—.

En este caso, además, personalizaban los subtítulos cuando enunciaban los ataques, dándole aún más personalidad al anime y un elemento diferenciador de este equipo ante los demás fansubs del momento. / ©Eiichiro Oda, Toei Animation JP

Para cerrar el artículo, la autora de este artículo se va a reservar una nota personal. Soy consciente de que, en la actualidad, es más importante que el medio se trate correctamente y, así, tener una historia fiel a la original gracias a la intervención de profesionales. Sin embargo, me puede la nostalgia al recordar cómo se esforzaban los equipos de fans antes. No solamente invertían tiempo en traer contenido que escaseaba de forma legal, sino que además añadían aspectos de su propia cosecha para rodear el texto o enriquecerlo. Dicho de otra manera, enriquecían los aspectos paratextuales de la obra —recordemos que un paratexto es cualquier elemento de cualquier clase que rodea al texto principal, es decir, al propio anime—. Es más valiosa la correcta transmisión de la historia en buena calidad y condiciones que el subtitulado extra de una canción de inicio o la forma única que adquirían los subtítulos cuando alguien atacaba… pero, en ciertas ocasiones, una relega a segundo plano la académica que hay en ella y se deja llevar por la adolescente que creció con colores en los subtítulos para indicar qué personaje estaba hablando.

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