A Short Hike y el dolor de amar

El arte es un reflejo de la realidad, mas no siempre una imitación de la misma. Un conjunto de ideas, pensamientos, emociones, sentimientos y experiencias filtrados a través de una cosmovisión en una búsqueda de expresión, no de definición. El afán contemplativo se extiende progresivamente en un medio como el videojuego, cuyas mayores producciones durante mucho tiempo buscaron constructos simulacionistas de verosimilitud milimétrica. Cada vez más experiencias abandonan las pretensiones de realismo como fuente de inmersión y potencian un mundo propio, con reglas intrínsecas que abrazan sin complejos y con desparpajo sus idiosincrasias. No hay búsqueda de realismo, sino creación de una realidad personal de la que poder formar parte, en la que la apreciación nace como consecuencia de su unicidad. Lo que importa no es qué se hace, pues el valor de la acción se encuentra en su contexto, lo transformativo y valorizante radica en cuándo, cómo y con quién se hace.

©Adam Robinson-Yu

En el final de la película El castillo ambulante, Sophie devuelve su corazón a Howl y este nota una presión en su pecho, a lo que esta responde «el corazón es una pesada carga». Aquí se exploraba un tema recurrente en la obra de Hayao Miyazaki, la dificultad y el desafío constante que conllevan tanto la condición de ser humano como el sentir y padecer. El director nipón es un pacifista que ve en la naturaleza humana un conflicto constante entre el deseo de crear y destruir, siendo la vida una confrontación entre estos dos impulsos. No busca aleccionar, pues la condescendencia nunca ha estado presente en su obra, sino indaga sobre la consciencia y el entendimiento ante esa naturaleza. Miyazaki espera que comprender lleve a la potenciación de la creación y a la resistencia ante la destrucción. Su esperanza por un mundo mejor no se basa en el idealismo, el mal no puede desaparecer al formar parte inseparable de la esencia de la humanidad, pero esta puede elegir el bien y oponerse ante el mal. No es fácil, es una lucha incesante en la que se presentan dudas, miedos, equivocaciones, arrepentimientos; pero el bien no es tal por ser sencillo o accesible. Está la difícil tarea de conocerlo y, seguidamente, la aún más ardua tarea de vivir acorde a él.

Esta contienda perpetua puede llevar al agotamiento, a la extenuación por la preocupación constante. Puede llevar al miedo, a temer dañar y ser dañado. Puede ser tan pesada que provoque sensación de ahogamiento, de ser aplastado al no poder aguantar más el esfuerzo. Todo esto también puede suceder ante el dolor en el que las acciones propias no han tenido nada que ver, en la empatía que brinda comprensión de las cargas ajenas. O en no mostrar la carga propia por no querer convertirse en una para los demás.

A Short Hike comienza con Claire, una joven pájaro que va a pasar el verano con su tía, en una casita situada en una pequeña isla montañosa, para descansar de la ajetreada vida de la ciudad. Durante la parte inicial del juego Claire actúa despistada, sin prestar mucha atención y con sus pensamientos en otro lugar, muy lejos de allí, mientras espera una llamada con inquietud. Al saber que ese lugar solo dispone de cobertura en su punto más alto se dispone a subirlo para poder recibir esa llamada que tanto anhela. Sin embargo no puede ir directamente, pues la subida es bastante exigente y no dispone de las capacidades para ello al no poder escalar ni volar demasiado alto. Claire necesita conseguir plumas doradas para aumentar la altura a la que puede ascender y llegar a la cima.

©Adam Robinson-Yu

Cada personaje en el juego tiene su propia diatriba personal: una mapache pintora insegura sobre sus cuadros, una coneja corredora que ha perdido su objeto de la suerte y no se ve capaz de ganar carreras sin él, una ranita cuya pala es demasiado grande para cavar agujeros en la playa o un perro turista que es infeliz con su vida de ciudad y no sabe si correr el riesgo de mudarse fuera. Al conocerlos y ayudarlos Claire conseguirá plumas, igual que al explorar la isla. Es la forma de Adam Robinson-Yu, creador del juego, de transmitir la mejora personal a través de la curiosidad, el descubrimiento y la buena voluntad de ayudar a quienes lo necesitan.

Al final de la aventura, Claire alcanza la cima y, maravillada ante las vistas, se queda tranquilamente contemplando el hermoso paisaje. De repente suena su teléfono y la pilla por sorpresa, se había divertido tanto explorando y conociendo gente que había olvidado el motivo para querer ir allí en primer lugar. Al descolgar, al otro lado de la línea se encuentra su madre, ella iba a someterse a una operación y no le había contado nada, enterándose cuando ya se había ido con su tía a pasar el verano. Lo que aparentaba ser apatía adolescente al inicio del juego venía de la preocupación por el estado de salud de su madre, por no haberlo sabido antes y no estar a su lado en el momento de la intervención. Cuando ella le confirma que se encuentra bien Claire se quita un enorme peso de encima y ambas se dicen lo mucho que se quieren.

La preocupación de Claire era fruto del amor hacia su madre, sintiéndose una carga por no estar ahí ni poder hacer nada. Mientras que su madre no le contó sobre la operación para no ser una carga para su hija, también por lo mucho que la ama. Ambas se quieren y quieren lo mejor para la otra, pero las diferencias que las separan hacen que no siempre actúen de la mejor manera, aun teniendo la mejor de las intenciones. Esta representación de una dinámica familiar tan honesta y real en una interacción tan breve hace del final algo hermoso y liberador, una catarsis culminante de la experiencia en un momento sumamente satisfactorio.

©Adam Robinson-Yu

A Short Hike es un juego sobre la vida, sobre los momentos que perdemos en ella al estar sumidos en la preocupación y la duda, y la importancia de nuestro entorno y relación con los demás. En ese proceso muchas veces dejamos de prestar atención a lo bueno que nos rodea, a todos aquellos que están con nosotros apoyándonos y, a la vez, librando sus propias batallas. Estar con los demás, compartir su carga y compartir con ellos las nuestras nos hace entender que, por muy difícil que parezca, no estamos solos, y cada buen momento lo es todavía más porque estamos rodeados de quienes amamos. No es fácil, y muchas veces resulta doloroso, pero hace que la vida valga la pena. No podemos evadir el mundo hasta que deje de parecernos peligroso, es al expresar de forma genuina lo que sentimos que logramos conectar con los demás, con la naturaleza y con nosotros mismos.

¿Estás preocupado porque algún día vas a morir? Bienvenido al club. Da igual quién seas, todos falleceremos. Y todos nos iremos el mismo tiempo, para siempre. Pero eso es lo que hace que la vida sea maravillosa, su brevedad. Hay mucho que experimentar antes de que se te agote el tiempo, así que alégrate. Te espera el amor, risas, picnics, luchar contra la injusticia, aliviar el dolor de los demás, hacer que alguien sea feliz… ¿Te sientes mejor?

Matt Groening

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