Por qué deberías jugar Detective Instinct: Farewell, My Beloved

La nostalgia es una herramienta muy potente. Bien empleada, nos retrotrae a épocas pretéritas y rescata aquello que recordamos con cariño de los juegos de nuestra infancia, prescindiendo de las asperezas que tendemos a omitir. De un tiempo a esta parte, los videojuegos se sirven de dicho recurso con cierta frecuencia, ya sea a través de remakes o de títulos que captan las sensibilidades estéticas de consolas retro. Es este último un movimiento que empezó a ser patente a partir de la época de Xbox Live Arcade, el caldo de cultivo perfecto para que destacaran obras de propuestas acotadas y más centradas en echar la vista atrás —caso paradigmático de ello sería, quizás, la apuesta de Capcom con Mega Man 9—. Veríamos, así, en los años venideros un resurgimiento de los 8 bits, los 16 bits y los torpes pero extrañamente hipnóticos primeros pasos del 3D —también denominado low poly— que se ha mantenido hasta la actualidad, como una decisión artística a la misma altura que cualquier otra.

Aun así, se podría decir que hay estéticas o, a falta de mejor término, vibras que no ha habido el mismo interés en reivindicar. ¿Por qué apenas vemos obras que tratan de acercarse al arte de consolas como la Dreamcast, que iban haciendo pinitos en aquello del realismo con una cierta fijación en los colores chillones y las expresiones faciales? ¿Y qué ocurre con la extensa y, a menudo olvidada, historia de los videojuegos para ordenador? Y es que la división entre el mainstream y el nicho también significa que, a los ojos del público general, solo merece la pena rescatar aquello que se concibe como importante, que no coincide necesariamente con lo que lo es de verdad. Detective Instinct: Farewell, My Beloved, el título que hoy nos ocupa, se circunscribe en una serie de inspiraciones muy concretas que lo alejan estilísticamente de todo el éxito que merecería disfrutar, pero que lo conforman como un muy agradable y, hasta cierto punto, necesario retorno a los juegos de misterio de la Nintendo DS.

Y es que el ADN de obras capitales como Ace Attorney, El profesor Layton, Hotel Dusk y muchos otros es inconfundible en Detective Instinct, visual novel desarrollada por Armonica LLC que también bebe, como su propio nombre indica, de uno de los padres del género de misterio como son los Famicom Detective Club. El ritmo de las conversaciones, la transición entre opciones para interactuar con el entorno que son, quizás, más contextuales de la cuenta —las hay que rozan lo superfluo, como el botón de «pensar»— o la necesidad de repetir varios diálogos hasta conseguir nueva información pueden parecer molestias innecesarias, pero en realidad forman parte del carisma tan particular de sus referentes. De la portátil de Nintendo vemos sus cuidados retratos de personajes y sus fondos en 3D pasados por un filtro de píxeles y con una pizca de assets prerrenderizados que le dan una identidad visual tan idiosincrática como, a su manera, hermosa. También hemos divisado alguna CG que homenajea los trabajos de Taisuke Kanasaki, así como otras de un estilo más de anime noventero muy agradables. La reconfortante banda sonora, con algunos puntos de acústica y una predominancia de las piezas de piano, es la última pieza del puzle que se revela como un vistazo a un rincón específico de la historia de las visual novels, sin escatimar en ingenio propio.

©Armonica LLC

La trama nos sitúa en un tren de camino a Londres. Nuestro protagonista, su amiga Emma y su profesor de literatura Martin están emprendiendo su regreso a Estados Unidos, tras un viaje de estudios por el país ficticio de Vendreka. En el primer día de trayecto, Emma conoce a una mujer en el vagón de observación que parece necesitar ayuda y, tras tomar algo en el bar y hablar un rato con la desconocida, esta desaparece por completo. Para mayor inri, nadie en el tren se acuerda de ella. A lo largo de cinco capítulos, deberemos resolver el misterio de la doncella esfumada y, así, descubrir sus sorprendentes conexiones con conspiraciones políticas capaces de sacudir los cimientos de una nación entera.

Sin acercarse al nivel de discurso de un Metal Gear Solid —que tampoco es lo pretendido—, Detective Instinct aborda sin miramientos y de manera verosímil la clase de injusticias suscitadas por la posguerra y la corrupción política. Antaño, Vendreka y su país vecino Ganbrika eran un único Estado, separados tras un cruento conflicto contra un régimen opresor. En aras de reconstruir su hogar, sin embargo, los ciudadanos de Vendreka pasaron a tratar con desdén a sus compañeros del este y no les han proveído desde entonces del apoyo y el asilo que merecen. Este «abandono» se siente a través de la conducta de los personajes y la simbología de sus culturas. A pesar de no ser lugares reales, es sencillo trazar similitudes entre la ambientación del juego y la situación vivida en algunos pueblos de Europa y, con carácter acusado, la Alemania de la Guerra Fría. El espionaje, el crimen y la protesta social se sumergen en un mar de grises —sin, como venimos reiterando, bucear hasta las profundidades ideológicas del asunto— y se confrontan con unas instituciones presuntamente lícitas pero que, a pesar de la disidencia de algunos individuos, solo son capaces de perpetuar dichos aparatos. A cualquiera se le podrían venir a la mente tejemanejes similares en los Ace Attorney Investigations, de un enfoque más internacional en comparación con las demás entregas de la saga. Este trasfondo acaba por convertirse en una de las apuestas más sorprendentes y pertinentes del título, sobre todo en estos tiempos que corren.

En sus escasas cinco horas de duración, la trama se nos va revelando a través de diálogos con los distintos pasajeros del tren, en compañía de Emma, con quien al final de cada investigación haremos un resumen de lo descubierto que pondrá ligeramente a prueba nuestra memoria. Una de las grandes diferencias entre este juego y sus inspiraciones, que la acerca un tanto más a Famicom Detective Club, es la escasez generalizada de puzles de lógica a lo largo de la obra, que no es sentida como una carencia en sí misma debido a ser de por sí una historia corta y al pie. Tampoco apunta, a pesar de las complejidades que deja entrever, a grandilocuencias narrativas de ningún tipo y se conforma con una conclusión íntima y sobria, pero que es algo predecible si eres un seguidor avezado del género. Detective Instinct no se sirve de dichos recursos pero, en realidad, no los precisa, pues está planteado específicamente como una experiencia para degustar con calma durante un par de días o noches, a poder ser en compañía de una buena bebida caliente.

©Armonica LLC

La obra logra esta familiaridad hogareña no solo a través de su ya reseñada dirección artística, sino también con su entrañable elenco de personajes. Conoceremos a caras estrafalarias como una pareja de ricachones ostentosos o unos golfistas obsesionados con encontrar el mejor hoyo de Europa, que generalmente acaban mostrando el porqué de sus acciones con una honestidad que hace fácil comprenderlas. El dúo protagonista carga con el peso de los desarrollos más potentes, de tal manera que es prácticamente imposible no cogerle cariño al avatar —aunque el jugador puede elegir su nombre, cuenta con bastante autonomía en la narrativa— y a Emma tras ver cómo sus dinámicas se dan de bruces con una realidad difícil y que, quizá, es mucho más grande que ellos. Y es que la obra se pivota sobre el confort para degollar nuestros corazones con un par de giros argumentales trágicos, pero merecidos y tratados con una alentadora esperanza.

Detective Instinct: Farewell My Beloved no es una obra maestra ni se plantea serlo. Tampoco es un mero collage de ideas pasadas, a pesar de su clara identidad retro, pues mantiene el tipo frente a sus predecesores gracias a un guion acotado en sus ambiciones, pero sólido y entrañable. Sin embargo, sí es una propuesta que deberíamos celebrar por la esencia única que logra evocar —otros juegos que se han animado a intentar algo parecido son Tangle Tower, Paranormasight: The Seven Mysteries of Honjo y Murder on the Marine Express, entre otros—. Nos encantaría ver una secuela en el futuro que, bien de la mano de nuestro protagonista y de Emma, o bien con personajes completamente nuevos, nos vuelva a hacer sentir calentitos por dentro al revivir la magia tan concreta de una obra de misterio directa, ingeniosa y con un carisma artístico que una vez reinó en la Nintendo DS. Su mundo, desde luego, alberga el potencial para ello.

Este análisis ha sido posible gracias a una clave cedida por Armonica LLC

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