En Futoi Karasu no sólo somos ávidos seguidores del manga y anime. El cuarto arte, la música, procedente del país nipón también es objeto de nuestro interés y por ello, en los últimos tiempos, os hemos traído tanto crónicas de conciertos de artistas venidos del país del sol naciente como alguna recomendación anual de discos. Esta vez hemos querido ir más allá en nuestros elogios y hemos preparado una lista de nada más y nada menos que los 50 álbumes japoneses publicados el presente siglo que cualquier melómano contemporáneo podrá disfrutar. Lejos de intentar establecer algo tan arbitrario y tan aburrido a nivel de conversación artística como «los mejores de la época» o de formar un canon guiado por el tiránico éxito comercial o su relevancia en esferas académicas, se ha intentado establecer un equilibrio más o menos lógico entre mainstream y underground, entre centro discursivo y periferia, así como también cierta diversidad en los estilos y tendencias musicales que obtienen representación. Con que cada uno de nuestros lectores encuentre aquí algo nuevo que le guste nosotros estaremos satisfechos. Sin más dilación, damos paso a este escaparate musical, no sin antes recordaros que si vuestro favorito no está aquí es muy posible que pueda aparecer en una eventual segunda recopilación futura que ya estamos planeando.
Heavy Rocks – Boris (2002)

Boris llevan casi tres décadas consensuados como una de las bandas más interesantes y prolíficas del rock experimental nipón. Después de unos inicios más cercanos al sludge metal y superando sus continuos devaneos con el drone y el stoner, Heavy Rocks ―el primero de los tres álbumes titulados de esa manera dentro de su discografía― fue un trabajo de rock duro superlativo, repleto de guitarras densas y melodías poderosas y sorprendentemente accesible para el estándar habitual del grupo, que los llevó a la primera plana de la música alternativa de su época. Pronto le seguirían el inolvidable y vanguardista Akuma no Uta y, por supuesto, esa joya llamada Boris at Last –Feedbacker–. El resto es ya leyenda viva.
Stray Sheep – Kenshi Yonezu (2020)

Su reciente Lost Corner le ha confirmado como el cantautor mainstream más inspirado de la actualidad, pero su producción más sólida y aquella que le abrió las puertas del mercado masivo sigue siendo esta. El de Tokushima, dejando del todo atrás su trayectoria con Vocaloid, nos entregaba una quincena de temas delicadamente hilvanados, en equilibrio entre la grandilocuencia y la intimidad, tan radiofónicos como paradójicamente sinceros. Canciones como Lemon eran toda una declaración de intenciones: Yonezu quería conquistar el mundo sin renunciar a su esencia. Y a la vista de todos está que lo está consiguiendo con pasos de gigante.
Kalk samen kuri no hana – Ringo Shiina (2003)

Ringo siempre ha sido la reina del art pop oriental y nunca ha dejado de deleitarnos con su buen hacer ―prueba de ello es su reciente Hōjōya, un álbum excelente en el que se ha rodeado de algunas de las vocalistas femeninas más de moda, como Suzuka de Atarashii Gakko! o Daoko―, pero los inicios de los 2000 fueron sus años dorados. Superar el enérgico y rebelde Shōso Strip, que habría sido piedra angular de cualquier otra carrera, parecía imposible, pero la genio de Saitama se sacó de la chistera una propuesta aparentemente más contenida, pero infinitamente más compleja y llena de matices. Todo funciona, desde la enigmática e inicial Shūkyō a ese caótico final con Sōretsu. El disco de pop perfecto para una carrera perfecta.
Highvision – Supercar (2002)

En no pocas ocasiones ha sido definido por sus fans como «el Kid A japonés» ―aunque realmente por momentos se parezca más a Ok Computer― y la comparación no es para nada injusta. Supercar llevaban tiempo coqueteando con la electrónica, pero su sonido continuaba siendo eminentemente guitarrero. Con Highvision su psicodelia indie se volvió más digital que nunca, con un Koji Nakamura en una espiral de inspiración compositiva a la que tardaría más de una década en volver a acercarse.
Island – Asunojokei (2022)

Que unos casi desconocidos Asunojokei iban a firmar el mejor disco de blackgaze de su año y se iban a sentar de golpe en la misma mesa que colosos del género como Defheaven o Alcest no estaba en las quinielas de nadie, pero las sorpresas ocurren en esta vida. El segundo elepé del cuarteto tokiota es uno extremadamente sólido y repleto de contrastes, cimentado sobre instrumentaciones agresivas, vocales desgarradas y letras melancólicas.
Hymn to the inmortal wind – MONO (2009)

Con el tiempo y la influencia de las redes sociales Hymn to the inmortal wind se ha convertido para diversos círculos de aficionados a la música popular en poco más que un meme abandonado, pero si nos quitamos de encima todos los prejuicios que podamos y lo apreciamos por lo que es queda ante nosotros uno de los trabajos más inspirados y sentimentales del post-rock japonés. Una pieza experimental y sincera por la que dejarnos mecer.
Nanimono – Polkadot Stingray (2020)

Si de algo se podía acusar a la banda de Fukuoka en sus inicios era que parecían mucho más un grupo de singles que de discos. A sus incontestables temazos de indie rock como Denkousekka o Telecaster Stripes les faltaba un álbum completo que los sustentase de inicio a fin. Por suerte, ese fue Nanimono. Aquí la voz de Shizuku está mejor que nunca, Harushi Ejima toca su guitarra a la velocidad del relámpago sin perder nunca la capacidad de hipnotizar con sus melodías y la sección rítmica del cuarteto aporta una solidez y empaque nada desdeñables. Por si fuese poco, actualmente Polkadot están más activos que nunca y tras sus colaboraciones con Pokémon y algunos experimentos con influencias que van desde el metal ligero al funk estadounidense, parecen perfectamente preparados para entregarnos otro álbum a tener en cuenta.
Heavy Starry Heavenly – Tommy Heavenly6 (2007)

A mediados de los 2000 había dos solistas de Honshu a punto de comerse el mundo. Una era Aya Hirano y la otra Tomoko Kawase. De la primera todos conocemos la historia: God Knows, escándalos sexuales y una caída a los infiernos propiciada por el acoso e intolerancia de los fans misóginos, así como un camino de superación y, actualmente, el retorno a la primera plana. La segunda bien podría vivir actualmente en la Villa de los Rockeros Muertos junto a Michael Bolton, porque ha mantenido un perfil extremadamente bajo durante los últimos tiempos y parece haber abandonado casi por completo su época de éxitos musicales. Pero por entonces Tommy Heavenly6 ―y su alter-ego electropopero Tommy February6― estaba en la cresta de la ola y, aparte de interpretar uno de los mejores openings del anime, Papermoon, nos traía álbumes de punk-rock tan pegadizos como este.
Dakara Boku wa Ongaku o Yameta – Yorushika (2019)

Uno de los tres pilares del yakousei junto a Zutomayo y los ahora ubicuos Yoasobi, lo cierto es que Yorushika, pese a ser los menos conocidos del trío en Occidente, quizás sigan siendo los más interesantes musicalmente. Las puertas de la fama se les abrieron con su colosal single Just a sunny day for you, millones de personas fueron conquistadas por la certera guitarra y composición de n-buna y la dulce entonación de la enigmática Suis e inmediatamente después sacaron su triunfal primer LP, que ahora nos ocupa. Un disco de rock repleto de energía y de melodías peligrosamente contagiosas.
Unhappy Refrain – Wowaka (2011)

La escena Vocaloid daría para un único y extenso artículo en sí misma, pero por el momento resumamos diciendo que la aplicación creada a medias por Yamaha y la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona ―Hatsune Miku es mitad española, ahí lo lleváis― dio nacimiento a una generación de artistas muy prolífica, virtuosa en lo creativo y a día de hoy casi legendaria en según qué círculos. Unhappy Refrain fue un inconmensurable ejercicio que aunaba post-hardcore y math pop electrónico compuesto por el tristemente fallecido Wokaka, que cambió para siempre su escena. Que una creación de este calibre y relevancia no sea considerada un clásico contemporáneo dentro del canon musical es a todas luces injustificable.
Angel of Salvation – Galneryus (2012)

Todo el mundo conoce y aprecia a Galneryus desde que Departure! fue elegida como opening de la versión de Hunter x Hunter de 2011, pero el grupo de Osaka llevaba para entonces casi una década en el trono del power metal nipón. Desde su épica portada hasta sus coros angelicales y sus instrumentaciones tan veloces y poderosas como el trueno, Angel of Salvation puede ser el álbum más destacable de una discografía que no escatima obras notables ―y es que tanto Resurrection como Beyond the End of Despair podrían haber estado en este artículo por méritos propios―. No dejéis de escuchar composiciones tan inspiradas y tan representativas de aquello que puede ofrecer el género como Hunting for your dream o The promised flag.
Kimi no youni ikiretara – Uchu Nekoko (2019)

En algún lugar de Japón existe una fábrica oculta en la que confeccionan grupos de dream pop y shoegaze en cadena y, de alguna manera inexplicable, les salen todos buenos. La tendencia lleva en auge desde 2010, tiene un carácter creciente y gracias a ella hemos tenido agrupaciones de la talla de Tokenainamae o Kinoko Teitoku. Uchu Nekoko orbitan en la parte más ambiental e incorpórea del espectro y sus producciones, gracias al suave muro de sonido de Nemuko y la delicada voz de Kano, son el equivalente a dejarse arropar oníricamente por una sucesión olas hipnóticas y etéreas.
Gaia – Janne da Arc (2002)

No sólo es exponencialmente superior al álbum de Mägo de Oz con el que comparte nombre ―ndr: sentimos este «chiste»―, sino que podría convencer al mayor detractor del visual kei de abrazar el género para siempre. Partiendo de bases aparentemente poperas, sus influencias progresivas y del AOR permean enseguida en las composiciones y las elevan a nivel inesperado. Abrazad sus cremalleras, flequillos imposibles y sus pantalones de estampados dolorosos, pero por supuesto también su musicalidad, pegadiza como ninguna.
Thank you, My Twilight – The Pillows (2002)

En el caso de los de Sapporo lo complicado es elegir un único disco de su dilatadísima y sobresaliente discografía. En Occidente los conocemos gracias a su buen hacer en la banda sonora de FLCL, pero este trío lleva hoy la friolera de 25 discos a sus espaldas. Thank you, My Twilight era un retorno a las influencias británicas del exitoso Happy Bivouac tras una incursión en sonidos más pop-punk. Una sólida baldosa más en el pavimento de un camino lleno de éxitos.
Adan no Kaze – Ichiko Aoba (2020)

La buena de Ichiko Aoba lleva una carrera envidiable para cualquiera. Apenas superada la treintena, ya ha logrado componer tres álbumes esenciales para entender la escena del chamber folk asiático contemporáneo. Sumérgete en un mar de nostalgia y entra en comunión con su cosmos y su mística . Ni siquiera necesitas superar la barrera del lenguaje para emocionarte con sus composiciones, sólo déjate llevar por su acústica y su voz.
Kyougen – Ado (2022)

La voz de oro, aquella que está rompiendo todos los récords para una cantante solista nipona, la auténtica reina del rock. Ado no sólo goza de unas cuerdas vocales privilegiadas, sino que ostenta una habilidad innata y sobrenatural para hacer suya cualquier composición que llegue a sus manos, sea esta de Giga, de TeddyLoyd o de jon-Yakitori y tanto le da interpretar heavy metal como electro house. Tras el aumento de su popularidad gracias a sus versiones de canciones de Vocaloid subidas a diversas redes sociales y al éxito sin precedentes de su violento single Ussewa, que durante meses sonó en cada hogar nipón, Kyougen era un torpedo destinado a explotar y dejar un cráter de época. Cada una de las canciones que lo conforman podría ser el single más relevante de cualquier cantante con mucha más experiencia y su voz ya demostraba aquí ser tan capaz de notas imposibles como de pasar del registro más lírico al gutural sin apenas esfuerzo. Y para Ado esto sólo fue el principio. Después llegaría su banda sonora para One Piece Film Red, su gira mundial y su confirmación incontestable como estrella. 21 años tiene la criatura.
Amamiaynu – Amamiaynu (2019)

Un esfuerzo tan imposible como encomiable por aunar dos tipos de músicas tradicionales japonesas completamente antagónicas en lo geográfico: el upopo ainu y el shimauta de las islas Amami. Liderado por la veterana del folklore Ikue Asazaki, Amamiaynu te adentra, gracias a sus estructuras tradicionalistas y sus percusiones misteriosas, en un mundo ahora olvidado, en el que la magia aún existe.
Haru to Shura – Haru Nemuri (2018)

Nadie puede parar a Haru Nemuri. Tan pronto se saca de la manga un increíble disco de fusión new rave con las Frost Children como se pone al frente de una manifestación pro-Palestina a repartir palos contra la autoridad pertinente. Su primer álbum rezumaba a la vez energía punk y poesía reinvindicativa y pronto se convirtió en una representación indispensable de la emergente rebeldía de una juventud harta de represión, intolerancia y convenciones caducas. Desde entonces, conciertos por medio mundo, activismo consciente y combativo y uno de los mejores EP de noise rock de la década ―INSAINT―. Que alguien tenga el valor de ponerse delante de Haru, que lo arrollará con la fuerza de un camión.
Air ni ni – Hakushi Hasegawa (2019)

Aún en la edad en la que muchos están terminando su carrera universitaria, Hakushi Hasegawa puede presumir de ser la gran esperanza del nu-jazz nipón. Sus atrevidas y vanguardistas composiciones transmiten una energía exuberantemente caótica ante la que no podemos hacer otra cosa que rendirnos. Air ni ni es un collage sonoro de voces andróginas y melodías virtuosas que a veces amenaza con dejar de tener sentido, pero siempre encuentra la manera de penetrar entre tus huesos.
Kiss From the Darkness – Scandal (2020)

Nadie podía haber previsto que la que parecía la enésima agrupación de mercadillo de chicas normativas con guitarras no sólo terminaría en posesión de un Récord Guiness ―otorgado por ser la banda femenina activa durante más años con las mismas integrantes―, sino que no pararían de crecer hasta ser una de las voces más representativas de su generación. Hello World anunciaba la madurez musical de las de Osaka y tanto Honey como el Kiss From the Darkness que nos ocupa supusieron su cénit creativo. Melódicamente indiscutibles, más inspiradas que nunca en las letras y con un nivel de producción impecable, Scandal demostraron hasta a los más incrédulos cómo se hace un gran disco de rock. Y ojo, porque el reciente Luminous, sacado este año, demuestra que no han perdido ni un ápice de su toque.
Extra Terrestrial Biological Entities – EGOIST (2012)

Lo que nació en un primer momento como un simple gimmick, una banda ficticia más para poner música a Guilty Crown, un anime menor, terminó produciendo uno de los ejercicios de electropop más interesantes de su momento. El siempre genial Ryo apartaba temporalmente Supercell para aliarse con la por entonces desconocida vocalista Chelly, quien logró insuflar una vida casi alienígena a las composiciones del que había sido creador de bandas sonoras tan reputadas como las de Bravely Second o Wonderful Everyday. Desde entonces, poco más que algunos singles esporádicos y la espantada de Chelly ―ahora Reche― hacia lo desconocido, pero para el recuerdo siempre quedarán temas como Namae no Nai Kaibutsu o The Everlasting Guilty Crown.
Hidamari – Uwanosora (2017)

Siempre se siente refrescante escuchar álbumes tan marcados por el city pop tras unos años 80 que tristemente quedan cada vez más lejos. El tercer elepé de los de Nara lo abraza tanto como al ecléctico Shibuya-kei tardonoventero y se sirve de ambos y de una sensibilidad prístina para ofrecernos un viaje cálido, veraniego y elegantemente nostálgico del que es imposible no enamorarse.
Hades (The Nine Stages of Change at the Deceased Remains) – My dead girlfriend (2015)

Se suele decir que no se debe juzgar a un libro, o en este caso a un disco, por su portada, pero la portada de Hades no hace más que invitar a cualquier incauto oyente a subirse al tren de emociones que representa su escucha. Un viaje conceptual sobre el duelo y la pérdida transportado por un denso carruaje de reverberantes guitarras shoegaze y cuidadas armonías vocales.
Image – Maison Book Girl (2017)

Quizás muchos no se atrevan debido a toneladas de prejuicios, pero una vez entramos en el inabarcable mundo idol podemos encontrar auténticas joyas musicales. Ray podrían mirar de tú a tú a las mejores bandas de la escena dreamy, Phantom Siita se están convirtiendo en el nuevo conjunto de moda gracias a sus armonías y su temática de horror retro y Takane no Nadeshiko han empezado a triunfar allá donde van gracias a las composiciones de sus padrinos, los melódicamente superdotados Honeyworks. Las ahora disueltas Maison Book Girl fueron otro grupo idol que se salía del erróneamente estereotípico pop facilón y se atrevía a interpretar composiciones barrocas que podríamos identificar directamente con proyectos de art pop y con estructuras y compases ―¿13/8? ¿7/4? Lo que quieras― mucho más propios de Pink Floyd que de Akiba48.
Persona – Miraidempa (2020)

Miraidempa es un proyecto apenas conocido y a veces difícilmente comprensible. Aparte de grabar todos los instrumentos, Yuto Utsuki, único integrante del grupo, también canta todos los temas, modulando su voz digitalmente para dar forma a todo un abanico de variedad vocal. Sus guitarras sucias y sus percusiones ahogadas acogen una ciudad de letras provocadoras que en ocasiones surfean de lo deprimente a lo gamberro y otras rozan voluntariamente ―madre mía, EX-FRIENDS― el mal gusto. Lo innegable, sobre todo esto, es que Miraidempa ha logrado componer algunos de los discos de noise rock más inspirados y pegadizos de los últimos años. Que siga la fórmula.
Jackson – Korekyojinn (2006)

Podríamos decir sin mucho miedo a equivocarnos que es probable que Tatsuya Yoshida haya tocado con más bandas y artistas que Dave Grohl, Bill Brufford y Eric Clapton juntos, pero también que ha sido en Korekyojinn en donde el genio de este baterista y compositor ha alcanzado cotas más altas. Junto a Mitsuru Nasuno y Natsuki Kido nos ha dado siete álbumes estratosféricos de brutal prog. En Jackson las influencias del rock matemático están más patentes que nunca, pero cimentadas siempre sobre sus raíces jazz y progresivas. Ostentosamente megalítico.
Ultra Blue – Hikaru Utada (2006)

Nacide en Estados Unidos, residente en Londres pero con la mayor parte de su exitosa trayectoria profesional inseparable del mercado nipón, Utada es al pop japonés lo que Lady Gaga o Celine Dion al anglosajón y sus más de 50 millones de discos vendidos pueden dar fe de su dimensión. Ultra Blue era un trabajo lleno de influencias R&B, melodías directas y un ejercicio vocal digno de una diva entre todas las divas. Recientemente confirmada como persona no binaria y convencida luchadora por los derechos de las personas LGBT, por si no lo recordáis, no hace tanto su maravillosa One Last Kiss fue elegida como tema final de la película Evangelion: 3.0+1.0 Thrice Upon a Time.
Re.sort – Sora (2003)

Si tuviésemos que definir este álbum con una imagen sería la de un televisor arcaico, de los que funcionaban con un tubo de rayos catódicos, abandonado en la bajamar de una playa plagada de palmeras de las que cuelgan cascabeles. Glitch folk atrevido pero pacífico, deliciosamente envolvente y marcadamente retrofuturista.
Reborn Superstar! – Hanabie (2023)

El harajukucore, como estas chicas denominan cariñosamente su estilo, es la versión definitiva, al menos en lo estético, del electronicore, la mezcla juvenil y perfecta de la potencia más bruta del metalcore y la música electrónica más fiestera. En Occidente los Electric Callboy ―que le sonarán a cualquiera que no haya vivido dos años en una cueva― dominan el género con mano de hierro, pero Japón es territorio de Hanabie. Y tras una reciente gira que les ha llevado a actuar en festivales tan reputados como el Resurrection Fest no descartemos que conquisten también Europa y las américas. Las guitarras pesadas y los melódicos coros de Matsuri se alternan con los afilados y sobrenaturales guturales de Yukina y los sintetizadores más pachangueros para ofrecernos una ristra de canciones tan llenas de violencia como de buen humor y unos breakdowns que ya le gustarían a Parkway Drive. Imprescindible para pegar unos buenos brincos.
Her abiding memory – Pitcher56 (2008)

Tras el ecuador de la década de los 2000 el heterogéneo Shibuya-kei terminó como un género menor, pero continuaron apareciendo de cuando en vez obras notables. El segundo, y por ahora último, disco de Pitcher56 fue una de ellas. Que melodías electrónicas tan adorables y hermosamente enhebradas suenen como grabadas en un desguace de camiones utilizando un Nokia 3210 sólo le añade más encanto al asunto.
Togeari – Togenashi Togeari (2024)

El mejor LP de rock de 2024 nos lo trae un grupo inicialmente ficticio para la banda sonora de un anime musical. Girls Band Cry conquistó a propios y extraños, pese a la inicial desconfianza causada por su animación digital, gracias a una dirección de lujo, unos personajes entrañables y una música portentosa. Suena fresco, relevante, melancólico y poderoso. Sólo podemos esperar que la banda siga adelante más allá de la serie y nos sigua entregando producciones de este calibre.
Shibuboshi – Shibusashibazu (2004)

Daisuke Fuwa lleva casi tres décadas al frente de una de las bandas de jazz experimental con más renombre del espectro internacional. Desde su descomplejado primer trabajo, Be Cool, hasta el más reciente y fastuoso JUJU, la discografía de esta numerosa banda atesora rebosa melodías complejas, improvisaciones imposibles y alardes de técnica sin igual. La joya de esa corona, sin lugar a dudas, es un Shibuboshi que los puso por fin en el radar de la crítica especializada y que aún hoy podríamos considerar uno de los ejercicios de jazz fusión más atrevidos y grandilocuentes de lo que llevamos de siglo.
Just a Moment – Ling Tosite Sigure (2009)

Todos conocemos el trabajo en solitario de TK gracias a su inolvidable Unravel, pero su banda madre, a la que aún pertenece, lleva una carrera aún más consistente y relevante, que le ha aupado al olimpo del post-hardcore. Just a Moment les abrió las puertas del mainstream de la mano de Sony y el trabajo que entregaron los de Saitama no decepcionó. Las influencias del j-pop comercial que los llevaron a las estaciones de radio están ahí, pero también la velocidad, la garra y la pasión.
Sentimental – Mikazuki BIGWAVE (2020)

Resultaba hasta paradójico que los representantes más famosos de un género tan dependiente de sus influencias japonesas como el future funk fueran casi siempre estadounidenses ―Yung Bae, Saint Pepsi― o latinoamericanos ―Macross 82-99, Proux― así que la presencia creciente de Mikazuki BIGWAVE se antoja algo contextualmente necesario. Su segundo trabajo es probablemente el más inspirado de su aún prometedora carrera y en él la de Yokohama nos despacha beats que suenan a pura quintaescencia del género, arreglos ingeniosos y muchas, muchas ganas de bailotear.
For Long tomorrow – Toe (2009)

Si con The Book About My Idle Plot on a Vague Anxiety el cuarteto tokiota sorprendió al mundo del post-rock instrumental con su propuesta, con For Long Tomorrow se confirmaron como una de las grandes esperanzas del país en lo tocante al math rock más melódico, con alguna colaboración de lujo. Pura artesanía sonora con un nivel de cuidado y composición sin parangón.
Gogo Denpa – Denpagumi Inc (2016)

Reducir todo el universo de la música denpa a Dempagumi Inc es un poco como poner de único ejemplo a Death para hablar de death metal ―buenísimo su Humans, por otro lado―, pero tampoco hay espacio para cien mil bandas en este artículo. En Gogo Denpa, las seis integrantes del grupo estaban en su cénit interpretativo y hacen brillar con luz propia la quincena de canciones compuestas por gente de la talla de Hyadain, Tom-H@ck o Takashi Asano. Quirky, sí, por supuesto, pero lleno de encanto.
Dawn – Aimer (2015)

Es muy meritorio que a un disco de pop de una hora no le sobre ni una sola estrofa, pero es que este es el caso, sin lugar a exageración. Una Aimer de la que apenas conocíamos aún su rostro despegaba por fin ante las masas con un trabajo que podría ser la envidia de cualquiera de las grandes figuras del género. La fascinante y personal voz de la tokiota, actualmente omnipresente en el mundo otaku con sus canciones para Vinland Saga o Kimetsu no Yaiba, nos dejaba temas a veces melancólicos, otras llenos de fuerza y optimismo, pero siempre excelentemente interpretados.
Aratamemashite, hajimemashite, Midori desu – Midori (2008)

Antes de sus escarceos como DJ e incluso cantautora de folk pop, la carismática Mariko Goto lideraba la banda de punk más interesante y creativamente ambiciosa de los 2000. Aratamemashite no sólo es un derroche de rabia maníaca, directa y gutural, sino que sus pretensiones de trascender artísticamente llevan al grupo a abrazar influencias venidas desde el jazz más caótico y una infinidad de contrastes traducidos en estrofas que tan pronto parecen tentar al incauto oyente con lo-fi kawaii como oscilar a toda velocidad sobre una tempestad de ruido experimental.
Roman to Mizuiro no machi – Moon in June (2023)

Un soplo de aire fresco en la más reciente hornada de dream pop. Moon in June llevaban algunos años fogueándose sobre los escenarios y dejándonos por el camino algún EP tan reseñable como Evergreen y el año pasado sacaron su primer trabajo de larga duración. Las melodías cuidadísimas y contagiosas son la base perfecta para que la voz de Miho nos lleve de viaje entre las nubes. Sin lugar a dudas, una de las bandas más prometedoras de su género.
World is yours – Mass of the Fermenting Dregs (2009)

Habitual integrantes de listas y conversaciones sobre los álbumes con portadas más duras, World is yours es también un disco corto ―apenas seis canciones―, directo y poderoso de noise rock. El toque repetitivo y atmosférico de las guitarras y las percusiones poderosas sirven de excelente colchoneta para los saltos vocales de una Natsuko Miyamoto en estado de gracia. Una excelente puerta de entrada al género.
Koibito e – Lamp (2004)

Delicada y sofistacada electrónica con influencias venidas de lugares tan dispares como la bossa-nova. Lamp fueron uno de los grupos más importantes del Shibuya-kei de comienzos de los 2000 junto a Cornelius y Serani Poji y han aguantado estupendamente el paso de los años hasta reinventarse como un proyecto que gira más en torno al jazz-pop. Nostálgico y consistente.
Buiikikaesu – Maximum the Hormone (2007)

Mientras en Occidente bandas como System of a Down o Linkin Park se repartían el pastel dentro de ese cajón de sastre alternativo mal llamado nu metal, en Japón explotaba un ciclón llamado Maximum the Hormone gracias a What’s Up, People?, su destructor opening para Death Note. Lejos de conformarse con un éxito de anison, su tercer álbum fue una supernova demente que tan pronto nos ametrallaba con guturales enajenados como, sin vergüenza alguna, nos despachaba algunos de los estribillos más pegadizos que jamás nos ha dado el metal nipón. Zetsubō Billy, Shimi ―su remake actual junto a Atarashii Gakko! es incluso mejor― o Koino Mega Lover, cada uno de los temas de Buiikikaesu es un torpedo arrasador que sólo gana con las escuchas.
Platonic Planet – KOTO (2015)

Que una cantante regrese de su jubilación para celebrar el décimo aniversario de su debut en solitario es algo no suele ocurrir cuando la citada vocalista tiene 26 años, pero así es el mundo idol. Al margen de su aventura en agrupaciones como XiaoChaiPon, a Kotono Saito el éxito le llegó con su primer trabajo de solista, Platonic Planet. Que no os deje engañar su juventud, la música compuesta por Kissa Sasaki se aúna con las letras de la propia KOTO y su sólida interpretación vocal para formar un elepé de electropop ―y… happy hardcore― lleno de energía, buen rollo y optimismo.
Stories That Last Through the Sleepless Nights – Foreground Eclipse (2013)

El mundo de Touhou es inabarcable, así como todo lo relacionado con sus bandas sonoras y músicas derivadas ―por ahí hay como 25 volúmenes de Touhou Eurobeat― y nos ha dado proyectos verdaderamente alucinantes. Foreground Eclipse se dedicaban a reinventar melodías clásicas de los juegos de Touhou para convertirlas en poderosas piezas de electronicore y su último ejercicio, estrenado en la 85ª edición de la Comiket, está directamente entre lo mejor que jamás nos ha ofrecido tal género musical gracias a revisiones y acabados mucho más profesionales de las que ya eran sus propias covers. La melódica voz de Meramipop se acompasa con los rasgados de Teto, las guitarras apresuradas y los teclados EDM para convertir clásicos como The Venerable Ancient Battlefield o U.N.Owen was Her? en auténticos bombazos como Dear, Are You Getting Sober o Truths, Ironies, The Secret Lyrics.
Parallel World – Risa Takeda (2024)

Más conocida por sus impresionantes, vanguardistas y numerosas improvisaciones instrumentales junto al antes mencionado Tatsuya Yoshida, la carrera en solitario de Risa Takeda se aleja levemente del jazz progresivo para estacionarse en el desorden ordenado de un glitch pop eléctricamente psicodélico pero amable. Un delicioso caos.
T H E – Tricot (2013)

No sería temerario calificar el primer LP de Tricot como el mejor debut que hemos visto de una banda de math rock. Tampoco suena exactamente a lo que esperaríamos del género, porque la banda bebía por entonces de claras raíces indie y porque jamás tuvieron pretensión alguna de presumir de su técnica musical, simplemente ellas eran así de buenas con sus instrumentos. Es complejo pero no hostil, artsy pero no presuntuoso, virtuoso pero no autoindulgente. Y como guinda del pastel, la voz de una Ikkyu Nakajima que nunca ha estado tan en forma.
Modal Soul – Nujabes (2005)

En los apenas ocho años que duró su carrera musical antes de su prematuro fallecimiento, Nujabes tuvo tiempo de componer la colosal banda sonora de Samurai Champloo, inventar el lo-fi hip hop y producir un álbum tan adelantado a su tiempo y tan capital para el rap japonés como fue Modal Soul. Una concatenación de beats otoñales, melodías soul y pianos ensoñadores. Cada tema que en su día fue revolucionario hoy suena añorante, lo que no hace más que aumentar su mística, y cada voz invitada es un auténtico lujo.
The Millenium Parade – Millenium Parade (2021)

Daiki Tsuneta no estaba conforme con King Gnu. No le bastaba con ser guitarrista de una de las bandas de pop rock más importantes de la radiofórmula nipona y haber participado en la composición de temazos de la talla de Kick Back ―titánico opening de Chainsaw Man― junto a Kenshi Yonezu. Su ambición le llevaba a querer aún más, y así nació Millenium Parade, o ꉈꀧ꒒꒒ꁄꍈꍈꀧ꒦ꉈ ꉣꅔꎡꅔꁕꁄ, un proyecto enorme que bebe tanto del j-pop y del viento metal como del rythm and blues americano contemporáneo y el rap. Su primer LP ha sido más que notable ―y su colaboración con Ringo Shiina en Work es aún mejor―, pero está por ver si el futuro acompaña al bueno de Tsuneta tras una ávida gira mundial que recientemente ha tenido que ser cancelada.
Hotel Insomnia – For Tracy Hyde (2022)

El disco que sirvió como canto de cisne de la mejor banda contemporánea de shoegaze venida de Tokio fue también su trabajo más completo e inspirado. Natsubot, Eureka y compañía nos tenían acostumbrados a plantear sus elepés como si de una película se tratase, pero aquí tomaron un camino menos conceptual y más musicalmente puro y se dedicaron a despachar grandes canciones, una tras otra, que dejaban entrever no sólo las influencias de cada miembro de la banda, sino los caminos que tomarían tras separarse. The First Time (Is the Last Time), Milkshake o Subway Station Revelation son temas fabulosos que despiden por todo lo alto una carrera estelar que debería haber durado mucho más.
Saijiki – 3776 (2019)

3776 es un proyecto peculiar. Aparentemente es un grupo idol, pero sólo cuenta con una única integrante, Chiyono Ide, y todas sus canciones, compuestas por el productor Akira Ishida, suelen ser un derroche art-pop de polirritmos imposibles y fusión de música clásica, casi siempre con el Monte Fuji como elemento temático central ―el propio nombre del grupo referencia su altitud―. Saijiki, su segundo álbum, fue un experimento tan valiente como desconcertante. Un viaje irrepetible a través de las estaciones en las faldas, laderas y cumbres de la montaña más famosa del panorama nipón, alternando estructuras vocales vanguardistamente reiterativas con melodías populares infantiles y música clásica. ¿Quieres escuchar a la idol más adorable del mundo rapeando sobre un sample de la Sonata para piano n.º 14 de Beethoven para inmediatamente dar paso a un segmento de rock progresivo que sigue la melodía del equivalente japonés del «corro de la patata» mientras Ide recita de fondo los días de la semana? Este es tu álbum. Una de las experiencias musicales más únicas e increíbles que podrás encontrar.
Y hasta aquí nuestra breve lista de álbumes que no deberíais dejar escapar. Como posdata, si por cualquier motivo os ha resultado pesado tener que clicar en los enlaces que os hemos proporcionado para escuchar un poquito de cada uno os hemos dejado aquí mismo una playlist de Spotify con algunos avances de la gran mayoría de ellos. Sólo tened en cuenta que ciertos álbumes, como Saijiki, de 3776, o Jackson, no están disponibles en la plataforma, pero os invitamos a buscarlos igualmente en otros servicios.
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