La importancia del buen comentarista

A un fan de los deportes, los juegos competitivos e incluso de ver una reyerta al UNO entre colegas seguramente le atraiga experimentar la emoción del resultado desde ese punto de vista del público, rotando entre emociones de rangos tan dispares como son apasionados. Hoy en día, tanto cuando nos adentramos en estos campos como cuando ya somos forofos de los mismos, hay una constante que se mantiene: la figura del comentarista.

Pero ¿qué pasa cuando extrapolamos esta figura a terrenos más ficticios? Podemos encontrar ejemplos de comentaristas allá donde miremos, en un espectro que comprende desde personajes presentes que gritan a pleno pulmón exactamente que está pasando a su otro extremo, narradores omniscientes que comparten no sólo su punto de vista, sino todos los entresijos de lo que ocurre con nosotros.

Ejemplo de Inazuma Eleven: Chester Horse y Chester Horse Jr, una familia entregada al comentario en cuerpo y alma / ©Level-5

Para que no haya dudas, no solo de deportes va la cosa. Pongamos uno de los ejemplos más sonados del nekketsu, un personaje leal y destacable de Phantom Blood, la primera saga de JoJo’s Bizarre Adventure. Hablamos, por supuesto, del magnífico Robert E. O. Speedwagon. Introducido como matón de tres al cuarto en los barrios más bajos de Londres, Speedwagon pronto se une a un plantel de personajes principales que está rodeado de enemigos que —sin desmerecer sus diversos méritos— le quedan grande. Es aquí cuando se posiciona en un rol que antepasados, contemporáneos y descendientes de su figura desempeñarían: se vuelve el comentarista de las peleas.

Es un rol que o bien se le otorga a un personaje que ha terminado relegado a observador por devenires de la trama o a otro que estaba predispuesto a ello desde el principio, esperando a la oportunidad de su vida para dejarle saber a los espectadores tanto dentro como fuera de la obra lo que está ocurriendo. Quizás puede sonar de manera negativa el cobrar un papel que, a primera vista, puede parecer menos importante que aquellos más involucrados, los que encarnan los engranajes hacen moverse a la trama. Pero un buen comentarista compensa lo poco que se le ve con lo mucho que se le oye.

Los torneos son solo tan buenos como el personaje que se entrega a comentarlos / ©Toei Animation

¿Pero qué pasa cuando este rol coincide con el narrador? Se puede pensar en el narrador más tradicional como una voz que relata lo que sucede de manera omnisciente y objetiva, pero es una imagen que tiende a flexibilizarse. En muchas ocasiones el narrador se frustra o emociona junto al espectador y un muy buen ejemplo de ello es Ian Sinclair en el doblaje inglés de Kaguya-sama: Love Is War, donde sus emociones mientras observa la constante estrategia entre Kaguya y Miyuki se ofrecen a la escena como un comentario desde el más profundo sentimiento.

Bien puede dedicársele un artículo propio a todos los tipos de narradores que observamos con regularidad en nuestro día a día, y seguramente en un futuro lo hagamos, pero se puede apreciar que cuando un narrador logra la suficiente presencia termina por volverse su propio personaje. Empatizamos con los narradores como comentaristas porque les vemos sentir la misma pasión por los personajes cuyas aventuras seguimos.

A veces para ubicarse solo hace falta un personaje en las gradas analizando la situación / ©Tatsunoko Production

En muchas ocasiones el espectador puede perderse en la magnitud de un sistema de magia, de habilidades o de normas deportivas. No es algo poco común ni por lo que sentirse culpable, pues en muchas ocasiones, la propia obra es consciente de que entre capítulo y capítulo pasa un tiempo en la vida de la persona que está al otro lado de la pantalla. El personaje que comenta y analiza suele reubicarnos en el contexto adecuado, aliviando el olvido de pequeños detalles sobre como funcionan los conflictos en la ambientación establecida.

Ahora, cuando se trata de remarcar sucesos en el mismo capítulo, no sirven tanto como una función de hacer memoria y recapitulación como una de recalcar lo que está ocurriendo. Y esto tanto para dejarlo más claro como para alimentar la expectación y recompensa que nos produce una escena. La información que se nos otorga resuena con nosotros, quizás reafirmándonos respecto algo que pensamos que va a pasar a continuación o, por otro lado, sorprendiéndonos cuando la astucia de uno de los «jugadores» traiciona nuestras expectativas.

En muchas ocasiones para la acción hace falta una última pieza mágica que se una a la banda sonora, los efectos de sonido o los monólogos internos, entre muchos otros factores audiovisuales, y es en estos momentos en los que el comentarista resulta ser esa figura perfecta, entre diálogo y diálogo existen para darle cohesión a la emoción del momento y hacernos ver lo que se nos podría escapar de otro modo. Sin micrófono en mano, con cuerdas vocales y pasión.

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