Vampiros, crucifijos y caídas al vacío: la historia de Castlevania es larga y su sombra, así como la de sus desarrolladores, muy alargada. El año pasado publicamos un artículo similar con la saga Persona, analizando individualmente cada título y su función como hipotética puerta de entrada en una de las sagas JRPG del momento. Como Castlevania abarca diferentes épocas, estilos y plataformas, he seleccionado entregas que considero relevantes por contexto, nombre o representación de cada época, así como su papel dentro de la idiosincrasia de la vampírica saga de Konami. Tras el estreno de la magnífica Castlevania: Nocturne, muchos son los nuevos acólitos deseando saber más. Espero que esta lista resuelva vuestras dudas y os evite maldiciones en noches horribles.
Castlevania (NES, 1986)

El primer juego de una franquicia tan veterana no acostumbra a ser el punto de partida ideal, pero su mayor virtud radica en lo directo de su propuesta. Si bien es accesible a través de la Anniversary Collection, se trata de un plataformas de NES con la despiadada dificultad que eso conlleva. No es tan ágil ni variado como otros juegos aquí listados, pero su banda sonora inmortal, sus seis niveles, apretando poco a poco el acelerador a base de trampas, jefes y puñeteros hombres-pulga y su sensación de periplo siguen siendo muy recomendables. No es el mejor Classicvania para comenzar, pero tampoco pasa nada por hacerlo si os interesa la arqueología.
Super Castlevania IV (SNES, 1991)
Tras dar el salto a la máquina de 16 bits de Nintendo, Castlevania se reinventa con una entrega que es, al mismo tiempo, cuarta iteración y remake de la original. Un lavado de cara y mecánicas tan profundo como los valles de Valaquia: SCIV nos lleva de la mano de Simon Belmont, una vez más, contra un bestiario más variado y profundo, así como situaciones que amplían y mejoran la sensación de desafío del original, suavizando su propuesta. Las nuevas propiedades del Vampire Killer, que nos permiten balancearnos como parte de la progresión y reto plataformeros, así como la profundidad de los escenarios, convierten al cuarto Classicvania numerado en un ejercicio de estilo. Además, el salto técnico permite mostrar una ambientación más tétrica que potencia las virtudes artísticas de la obra, incluso viniendo de una tercera entrega que ya exprimía magistralmente NES en ese aspecto.
Si lo que buscas es un Classicvania, posiblemente sea el más indicado para empezar. Forma parte de la Castlevania: Anniversary Colection.
Rondo of Blood (TurboGrafx-CD, 1993)
Ampliamente considerado como la joya dorada de la primera etapa de la saga, Rondo of Blood goza de una puesta en escena que quita el hipo: la música, los sprites y sus añejas cinemáticas elevan lo que suponía Castlevania en aquella época. En lo puramente jugable, el enfoque «regreso a las raíces» nos devuelve a los Classicvania más puros. Los niveles son algo más lineales —con alguna bifurcación, aunque no muchas— y algunas mecánicas de SCIV desaparecen en beneficio de una aproximación más directa del plataformas de acción. En su beneficio, los jefes son más épicos, complejos y juguetones que nunca. Richter tendría que esforzarse a fondo para superar este juego.
Recomendaría antes Super Castlevania IV, tanto a título personal como por suponer un reto más amable, pero ser parte del recopilatorio Castlevania: Requiem, así como precuela del siguiente juego a tratar, le da muchos puntos.
Symphony of the Night (PSX, 1997)
Uno de los mejores videojuegos de todos los tiempos. Un clásico imperecedero. La obra que encumbró al trío creativo Koji Igarashi, Ayami Kojima y Michiru Yamane. Curiosamente, no tan apreciado en su época por mantener el sprite art en detrimento de unos modelos 3D que ya empezaban a ser la norma. Es el ABC del diseño Metroidvania, que ya asomó con timidez en el atípico Simon’s Quest (1987) y explotó definitivamente aquí. Con herencia de la saga de Nintendo, agregando una importante dosis de sistemas RPG, Koji «IGA» Igarashi reinventó la saga como nunca antes, creando una nueva estirpe que los seguidores han tenido a bien denominar «Igavania». Además, los Belmont cedían protagonismo a un viejo conocido de la saga: Adrian Fahrenheit Tepes, el mismísimo Alucard.

Symphony of the Night es EL Castlevania. A poco que te interese la saga, especialmente en su vertiente Igavania, se trata de la puerta de entrada por excelencia. Si bien su versión más moderna tiene un doblaje técnicamente mejor (aunque menos memorable), cualquier versión es buena para degustar semejante maravilla.
Aria of Sorrow (GBA, 2003)
Tras dos entregas en Game Boy Advance, Konami dio este puñetazo en la mesa llamado Aria of Sorrow, que trasladaba la cronología de la saga al futuro: 2035. Tras la derrota definitiva de Drácula en 1999, un extraño eclipse traslada al joven Soma Cruz a una nueva versión del castillo del Señor Oscuro, quien reclama a su nuevo señor.
Aria of Sorrow introduce un sistema de almas que amplía las posibilidades del combate desarrollado en SotN con más magias, proyectiles y habilidades pasivas. Además, visualmente se trata de uno de los trabajos más impresionantes e la portátil de Nintendo, mejorando por mucho lo mostrado en Circle of the Moon y Harmony of Dissonance. Su historia también es de las más apasionantes de la saga, con el bueno de Soma Cruz como eje de su propuesta.
Su secuela, Dawn of Sorrow, cuenta con el doble honor de haber sido tanto mi primer Castlevania como mi favorito. Aria no solo sí está disponible en plataformas actuales, sino que argumentalmente también es recomendable como inicio. En cuanto a Aria of Sorrow, disponible en la Advance Collection, es un punto de partida espectacular. Echadle el guante, si es hoy, mejor que mañana. No os arrepentiréis.

Curse of Darkness (PS2, Xbox, 2005)
Ubicado cronológicamente tras Castlevania III: Dracula’s Curse, CoD adapta la estructura Metroidvania de los juegos de Igarashi a las 3D, en una aventura donde priman tanto el combate y la exploración como el backtracking y los elementos RPG. Tomando y potenciando el sistema de hechizos y familiares de los Sorrow, Curse of Darkness expande y pivota sobre dicho concepto. Así, encarnamos a Hector, un forjador de demonios que se ve obligado a regresar a los dominios de su antiguo maestro, Drácula, en un viaje de venganza contra Isaac.
Se trata de la entrega 3D más afín a los postulados clásicos de la etapa IGA: acción gótica, exploración —si bien esos pasillos larguísimos y el movimiento algo lento le restan enteros— y una trama muy resultona.
¿Es un buen lugar para empezar? Si lo que buscas es un Castlevania más tradicional, no. Personalmente, siempre empezaría por la saga 2D. Ahora bien, teniendo en cuenta que no es accesible en ninguna plataforma moderna, con todo lo que eso conlleva… es el 3Dvania que mejor representa los intangibles de la saga, amén del favorito de nuestro querido Drazz. Eso y que, si venís de la serie de Netflix, os va a llamar la atención lo distintos que son Hector e Isaac (mucho mejores en videojuego y adaptación, respectivamente).

Order of Ecclesia (NDS, 2008)
El último de la trilogía de Nintendo DS, Order of Ecclesia se distancia de otros juegos de la franquicia por su combate orientado 100% al empleo de hechizos y la combinación entre estos. Proyectiles, imitación de armas de corto rango y un ágil sistema basado tanto en la alternancia de dos botones de ataque como en maximizar el daño, Order of Ecclesia nos permite encarnar a Shanoa, una de las mejores protagonistas de la franquicia, en una época marcada por la desaparición del Clan Belmont y su mayor enemigo: Drácula. Si bien el diseño de niveles partido no le permite sacar tanto jugo de la exploración y el backtracking que atesoran otras entregas, el combate y la historia hacen que OoE luzca con muchísimo ímpetu.
¿Recomendable para empezar? Siendo el Igavania más difícil, recomendaría tener un poquito de callo con la saga antes. De la misma forma, ahora mismo no está disponible en ninguna plataforma actual. No obstante, se trata de una de las entregas más potentes de la franquicia y ningún amante de la caza de criaturas nocturnas debería perdérsela.
Lords of Shadow (PS3, XB360, PC, 2010)
El estudio español Mercury Steam reinventó el concepto del Castlevania 3D tomando ideas obvias de uno de los —entonces— Hack & Slash del momento, God of War. Mezclando las clásicas aventuras de acción en 3D con un combate agresivo y frenético, Lords of Shadow es un reboot de la mitología de la saga a través de los ojos de Gabriel Belmont y su doble viaje: interno y externo. Aunque dividió y alienó a los fans más tradicionales, fue todo un éxito en crítica y ventas.
La subsaga Lords of Shadow tuvo su continuación en dos entregas sucesivas: Mirror of Fate, una aventura de acción 2D con puntos en común con la etapa Igavania, y Lords of Shadow 2, el irregular cierre argumental del arco de Gabriel Belmont.

Un reboot tal vez no sea la mejor forma de empezar la saga, pero al mismo tiempo ofrece una perspectiva diferente, más occidental, en una entretenida muestra de los Hack & Slash de su época.
Bonus track:
Bloodstained: Ritual of the Night (PC, Switch, PS4, Xbox One, 2019)
No se llama Castlevania, pero lo es. Koji Igarashi anunció un Kickstarter en 2015 para demostrarle a Konami que el género seguía teniendo hueco en el corazón de los jugadores. Así, Ritual of the Night es la culminación de un sueño conjunto, donde creativos y fans consiguieron revivir una saga venerada y venerable. Pero no solo de la nostalgia vive la obra: RotN evoluciona la fórmula vista en Symphony y los Sorrow para entregarnos una historia completamente nueva, con las señas reconocibles de Igarashi. El arte de Ayami Kojima y las partituras de Michiru Yamane componen un videojuego a la altura de su legado inmortal. No hay palabras que expliquen lo que sentí a los mandos cuando le eché el guante. A día de hoy siguen sacando contenido gratuito, en un ejercicio que demuestra que hay creativos de renombre con mejores intenciones.

En algún momento la historia de Miriam recibirá una continuación, pero por ahora nos conformamos con este y los dos Bloodstained: Curse of the Moon, herederos de la tradición plataformera de la saga.
¿Es un buen punto de partida? Sí, rotundamente sí. Es el Igavania más moderno, y si bien su diseño es intencionadamente añejo, sigue siendo un videojuego espectacular. Una cápsula del tiempo de la época de esplendor de la saga que neófitos y veteranos pueden apreciar.
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