«La música es el lenguaje universal de la humanidad, uno que traspasa toda frontera». De una u otra forma, esta conocida frase representa de forma concisa y certera la idea más extendida sobre el cuarto arte. Tomarla de manera absolutamente literal es una exageración. Cada cultura tiene sensibilidades particulares y aproximaciones diferentes en su producción musical, ya sea en escala, forma o ritmo. Sin embargo, sí es cierta en su nivel más primario. No importa cuándo o dónde, allá donde esté el ser humano habrá música.

No es por ningún tipo de globalización o un contagio entre diferentes culturas a lo largo de la historia, es algo innato. Ya nos fijemos en civilizaciones aisladas del resto, con cánticos y danzas propios, o en un infante sin conocimiento del mundo que le rodea dando palmas en el suelo, creando un ritmo. Aún separados por barreras culturales o idiomáticas toda persona puede amar la música. No importa que no entendamos el idioma de una canción en lo más mínimo, sí que podemos entender las emociones que quiere comunicar. Alegría, tristeza, miedo, ira, euforia, amor; incluso melancolía o esperanza. Nos conecta a un nivel primario en el que no necesitamos las palabras para transmitir.
La percepción del sonido es una de nuestras principales formas de relacionarnos con el mundo. Podemos notar los cambios en nuestro entorno y reaccionar a ellos, aunque no los veamos. La capacidad de oír es, en su nivel más básico, un mecanismo vital de supervivencia. Una vez el miedo y la tensión se van, y conocemos el origen de ese sonido, llega la relajación. El sonido, que servía para percibir los cambios del entorno, se convierte en el protagonista. Y es reformulado, pasando de ser una función a una forma de creación.
Así, la creación de los musicales era inevitable. Género originalmente exclusivo del teatro cuya principal característica era, y es, el desarrollo de la acción mediante canciones y bailes para expresar los pensamientos y sentimientos de sus personajes. De esta manera la música se vuelve un elemento indispensable para el desarrollo argumental de la obra. El teatro musical como hoy lo conocemos no florecería hasta bien entrado el siglo XIX; pero tenemos ejemplos previos en otras culturas de la fusión entre el arte escénico y el musical. Ya sean el Kabuki y el Noh en Japón o las obras de teatro de Lope de Vega, que recuperaron una vocación lírica en el teatro español de su época.

Viendo la importancia de la música y de los musicales como género teatral no es de extrañar que la primera película con sonido de Hollywood fuese un musical en el que solo las canciones tenían audio. Siendo un género presente desde prácticamente los orígenes del séptimo arte. Era la mejor forma de presentar esa nueva característica al gran público.
La música había sido inseparable del cine desde sus inicios, siendo tocada en directo para las exhibiciones de cortometrajes y largometrajes como un acompañamiento para las acciones representadas en la gran pantalla. Los musicales se convirtieron en uno de los géneros cinematográficos más populares durante décadas, e incluso actualmente hay varios destacados cada año que cuentan con reconocimiento tanto de crítica como de público. Desde clásicos como Cantando bajo la lluvia, El Mago de Oz—también podría contarse The Wiz, su estupenda versión de 1978 basada en el musical del mismo nombre—, La pequeña tienda de los horrores o la West Side Story original; hasta otros más recientes como La La Land, Rocketman, Chicago o High School Musical 3. Destacable una notoria cantidad de películas pertenecientes a Disney, que ha sido una compañía omnipresente en la animación desde hace casi un siglo y una gran impulsora de los musicales por toda su filmografía.
La animación japonesa, al igual que el cine, ha estado relacionada desde sus inicios con la música. Con secuencias de apertura y créditos—opening y ending—que siempre van acompañadas de una canción. Estos segmentos suelen encarnar los valores generales de la obra. También son de las partes elaboradas con más cuidado, tanto a nivel visual como sonoro, ya que serán la primera impresión que tendrán los espectadores de la serie y estarán presentes en cada uno de los episodios. Es tan definitorio que «canción de anime» es un género musical en sí mismo, abarcando a toda canción destinada a anime. Esto incluye los mangas, videojuegos, CDs y demás productos provenientes de los mismos.
El origen del género se fecha en 1963, con la emisión de Astro Boy, que tuvo la primera canción creada para su animación. Hasta ese momento opening y endings eran cantados por coros de infantes o por alguno de los actores del elenco principal. Además de eso, como curiosidad, hay que destacar a Astro Boy como la serie que demostró en Japón que era viable emitir episodios animados con una duración cercana a la media hora en televisión, todo gracias al ingenio de Osamu Tezuka. Durante la década de los 70 hubo numerosos artistas que se especializaron en la realización de canciones anime y desde los 80 artistas externos al medio comenzaron a participar en la elaboración de los temas principales. En los años siguientes el mercado evolucionaría hasta que, con la llegada del nuevo milenio, comenzaría la subida de popularidad de los actores de doblaje en Japón, que vino acompañado de un crecimiento gigantesco en la industria de idols.

Dentro de la animación japonesa hay infinidad de obras con la música como uno de sus temas centrales. Muchas comparten géneros como el dramático o el slice of life; pero podemos encontrar gran variedad de propuestas. Ya sea Beck, K-On!, Zombie Land Saga, Idolish7, Given o la reciente Bocchi The Rock. Todas ellas se centran en la propia música o la usan como vehículo narrativo para sus personajes. Muestran lo difícil que puede ser llevar una banda, los conflictos a la hora de aunar los deseos creativos de todos los miembros, el uso de la música como un medio para desahogar sus inquietudes o frustraciones, para conocer mejor a quienes les rodean o para lidiar con sus demonios internos. Porque todos cargamos con una herida, una que nos pesa, pasamos la vida buscando personas que nos ayuden a cargar con ella y, a su vez, cargar nosotros con las suyas. Así, la música se plantea como una vía de escape, de liberación y de expresión. Algo capaz de conectar con los demás a un nivel al que las palabras no podrían llegar con tanta certeza, fuerza y claridad.
Creo que el corazón es similar a estas cuerdas. Cuando el dolor es insoportable y sientes que no puedes respirar, duele, como si estuvieras a punto de romperte. Como cuando sigues tocando y llevas las cuerdas al límite, a veces se rompen. Y tal vez llegues a sentir que nunca podrán ser reemplazadas. Pero si alguien reemplazara tus cuerdas, así… Siento que tus heridas podrían sanar un poco.
Ritsuka Uenoyama — Given
Hay dos obras que son rara avis dentro del género musical en el anime. Los musicales suelen tener canciones compuestas para ellos y estas no ocupan la totalidad de la obra, sino que están separadas por escenas con diálogos no musicalizados. Estos dos casos están basados en álbumes previos a partir de los cuáles se crea un mundo y un hilo argumental que acompañará a las canciones. No hay ningún tipo de diálogo y toda la acción se desarrolla al ritmo de la música. Podrían verse como videoclips que abarcan todo el álbum en vez de limitarse a una canción específica.
Interstella5555
En el año 2021, tras 28 años haciendo música, el dúo francés Daft Punk anunció su separación. Toda su trayectoria es destacable, sin ningún mal álbum a su nombre y con gran importancia en el desarrollo musical durante finales de los 90 y principios de los 2000. Además de sus álbumes propios y otros trabajos como la banda sonora de Tron Legacy y colaboraciones con otros artistas, su obra más desconocida probablemente sea Interstella 5555: The 5tory of the 5ecret 5tar 5ystem.

Tras la salida de Discovery en el año 2001, el dúo francés quería crear un acompañamiento visual para el mismo y decidieron realizar una película. Para ella contarían con Leiji Matsumoto, creador de animes como Capitán Harlock, Uchuu Senkan Yamato o Cosmo Warrior Zero. En una entrevista realizada para Cartoon Network dijeron que Capitán Harlock era uno de sus animes favoritos así como una sus principales influencias durante la infancia. Quisieron contactar con Matsumoto para el proyecto, y tiempo después este respondió afirmativamente.
Vimos mucha animación japonesa de niños. Pienso que es uno de los más grandes recuerdos tanto para nosotros como para franceses de nuestra edad. Queríamos hacer algo con ese estilo porque nos resultaba extremadamente agradable, como si hiciésemos realidad un sueño de la infancia. Sabíamos que podía ser lo mismo para otras personas y esperábamos que pudieran identificarla con la animación japonesa con la que crecimos.
Daft Punk
Ellos serían los productores y escribirían el guión mientras Matsumoto y Kazuhisa Tekenouchi—director y encargado de los guiones gráficos en animes como Slam Dunk o Sailor Moon—dirigirían el proyecto.
En esta película seguimos la historia de una banda alienígena que es secuestrada por una organización militar dirigida por un manager que secuestra artistas de éxito y los obliga a trabajar para él con el objetivo de ganar premios. Desde ahí todo va ascendiendo hasta alcanzar una escala cósmica.
Toda la animación está perfectamente sincronizada con todas las canciones del álbum, siguiendo cada movimiento de los personajes, de la «cámara» y enfatizando las escenas, por ejemplo, haciendo que efectos ya presentes en el álbum suenen en momentos clave.
Es una película imprescindible si se es fan de la banda. O, si nunca se ha escuchado ninguno de sus trabajos previos, una fantástica manera de experimentar Discovery por primera vez.
Sound & Fury
Sturgill Simpson es cantante y líder de una banda de country, apodado como «El renegado de Nashville». Proviene de sus ganas por destapar toda la falsedad que el country llevaba arrastrando desde hacia años. lleno de un brillo superficial y un estilo desabrido que dejaba muy poco a la imaginación. Se le ha definido como un antídoto para esas malas costumbres y un soplo de aire fresco que varía lo ya mil veces visto.

Para su cuarto álbum el artista quería seguir experimentando con distintos géneros y probar distintas combinaciones. Además de eso, tuvo la idea de viajar a Japón con su banda e intentar reunir al grupo más talentoso posible de animadores con el fin de ver quién animaba el segmento más impresionante, esa idea culminó en animar el álbum en su totalidad.
Lo anterior nos deja con el mediometraje de Sound & Fury, de unos 40 minutos de duración. Simpson escribió el guión y dejó al legendario Kouji Morimoto—asistente de dirección en Akira, animador en películas de Ghibli y Studio 4ºC así como director de varios cortometrajes de calidad incuestionable—a cargo de la dirección, ayudado por otros de increíble talente como Junpei Misuzaki—productor de varias temporadas de Jojo’s Bizarre Adventure—o Michael Arias—encargado de efectos especiales en producciones como El viaje de Chihiro o La Princesa Mononoke—.
¿El resultado? Una historia sobre la venganza de una samurái en un mundo postapocalíptico que mezcla iconografía que asociamos al Japón feudal con elementos dieselpunk y una pizca de atompunk. Llena de flashbacks y flashforwards que se suceden en orden no cronológico a un ritmo vertiginoso. Todo siguiendo perfectamente el ritmo de un disco muy bien producido que merece ser escuchado.

Muchas veces se ha criticado al musical por ser plano en sus narrativas. Ya sea por contar historias con un escenario general simple o por verbalizar y escenificar sentimientos complejos a través de las canciones. Pero es un género que destaca por su forma, por su presentación y por contar historias auténticas y fascinantes que aluden directamente a la condición humana. Además, experimentos únicos como los dos anteriores demuestran que se puede adaptar a cualquier contexto y aún quedan millones de historias por ser contadas.
Porque hasta que nuestras voces no se apaguen seguiremos aquí, entonando nuestras melodías. Y así, tal vez, solo tal vez, alguien las escuche algún día y nos devuelva una respuesta.
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