Ping Pong the Animation, el spokon cuasiperfecto

Este artículo puede contener spoilers muy leves de Ping Pong the Animation. No te arruinarán la experiencia en absoluto, pero si quieres ver el anime sin saber nada externo, ten cuidado.

El deporte y la animación japonesa siempre han estado profundamente ligados. Desde grandes clásicos como Ashita no Joe, hasta obras más actuales como Haikyuu o Blue Lock, muchos mangakas han dedicado años de sus vidas a narrar historias a través de los deportes que practican sus protagonistas. Historias de superación, de amistad y ascenso constante o, por el lado contrario, verdaderas tragedias. A pesar de lo que se suele pensar, el género spokon —cuyo nombre viene de los vocablos «sport» y «kondo», que significa «espíritu» en japonés— ha tratado una gran variedad de temáticas desde enfoques muy diferenciados. A estas obras se les suele encasillar como «simples» o «planas», pero hacer eso es caer en un prejuicio muy negativo. En especial, porque han existido, existen y seguirán existiendo decenas de spokon que intentan desarrollar a sus personajes más allá de lo habitual y que tratan de contar una historia que nos haga reflexionar durante horas o días. Y un ejemplo de este tipo de obras es el anime del que vamos a hablar hoy: Ping Pong the Animation.

Recorte superior de la fantástica portada de Ping Pong the Animation / ©Tatsunoko Production

Ping Pong the Animation es una serie de 2014, dirigida por el archiconocido Masaaki Yuasa y animada por Tatsunoko Production. Esta obra relata la vida juvenil de Smile y Peco, dos mejores amigos unidos por su pasión hacia el Ping Pong. Sin embargo, durante los once episodios que dura el anime no solo deberán aprender a gestionar su dedicación hacia el deporte, sino que habrán de afrontar numerosos problemas que a todos, en algún momento de nuestra vida, nos han asolado: la falta de motivación, la excesiva soberbia, el miedo al fracaso, la obsesión y las expectativas desmesuradas de los demás hacia nosotros. Muchos spokon emplean una fórmula similar: a través del deporte central de la obra, se canalizan y expresan los temas que dicha historia quiere tratar. No obstante, en Ping Pong the Animation se da una diferencia sustancial. Aquí las temáticas no se abordan gracias al deporte, sino que ambos elementos —los temas y el deporte— se configuran mutuamente y se retroalimentan de forma bidireccional, hasta un extremo donde lo menos que importa es el propio tenis de mesa.

Todo esto, además, viene apoyado por un ritmo excelente, que permite que la acción nunca se estanque. Los primeros cuatro capítulos, aunque son dinámicos, funcionan como una especie de introducción para el espectador. Sin embargo, a partir del quinto, la serie aprieta el acelerador y cada episodio se vuelve más emocionante y apoteósico. Desarrollar una historia tan compleja y cargada de matices en once capítulos es una tarea casi imposible, pero esta obra logra llevarlo a cabo, y de manera magistral.

El punto central de Ping Pong the Animation, el eje sobre el que gira toda la trama, es su elenco. Cada uno de los personajes nos ofrece una serie de problemáticas únicas que irán resolviendo a lo largo de los episodios gracias a la interacción con otros y a la reflexión interna. Destaquemos los más importantes:

Smile es uno de los dos protagonistas de la serie. De carácter reservado, su infancia estuvo marcada por el bullying que recibió por parte de sus compañeros de clase. Un bullying que le favoreció encerrarse aún más en su caparazón hasta conocer al que ahora es su mejor amigo, Peco. Como deportista, tiene un estilo defensivo y técnico —simbolizando su personalidad mediante el tenis de mesa—, y su mayor problema a la hora de lidiar con el deporte es la escasa confianza que tiene en sí mismo y la falta de objetivos que le motiven a mejorar. Juega al tenis de mesa simplemente porque siempre lo ha hecho. Su viaje, por tanto, será una odisea de autodescubrimiento y desarrollo psicológico y emocional.

Smile y El Héroe, una de las figuras más emblemáticas de este anime / ©Tatsunoko Production

Peco, por otro lado, es su contraparte tanto en lo cómico como en lo dramático. Mucho más impetuoso y explosivo, se dedica en cuerpo y alma al tenis de mesa porque quiere convertirse en el mejor. Sin embargo, su arrogancia —fruto del enorme talento que posee— le limita durante gran parte del anime. Tiene un estilo ofensivo y agresivo, directo y sin cuidar su defensa. Su desarrollo se asemeja en gran medida al «viaje del héroe», aunque en este caso dicho viaje también ayuda y cataliza la evolución de otros muchos personajes de la obra. Peco, a través del tenis de mesa y de su propio carácter, enseña valiosas lecciones de vida a las personas de su alrededor.

Además de nuestros protagonistas, Ping Pong the Animation también cuenta con un buen elenco de personajes secundarios que no tienen nada que envidiar —ni en desarrollo ni en importancia— a Peco o Smile. Quisiera destacar a Kong, una promesa fallida del deporte en su país natal, China. Al comienzo de la serie, se explica que el chico acude a Japón para intentar ganar renombre y poder aspirar a participar en su selección nacional. Sin embargo, una serie de derrotas inesperadas truncan su plan, alejándole aún más de su sueño. Su evolución viene marcada por la nostalgia de su hogar, por la tristeza y la culpa de no haber alcanzado ese objetivo para el que creía haber nacido. Kong debe aceptar su vida actual y seguir creciendo, no tanto como deportista, sino como ser humano.

Otro gran personaje secundario es Kazama —apodado como Dragon—, quien debe cargar con el peso de su familia y para ello ha de consagrarse en el tenis de mesa como uno de los mejores jugadores del mundo, sin importar a qué coste. Dragon sufre una obsesión clara por la victoria, hasta el punto de odiar el deporte por considerarlo una carga y no una afición placentera.

Por último, quisiera destacar a tres personajes que durante parte de la serie pasaron desapercibidos pero que también pudieron desarrollarse y encontrar su clímax narrativo. Me refiero a los mentores de Peco, Smile y Dragon. Los tres personajes, ya ancianos, antaño fueron grandes amigos y rivales en el tenis de mesa. No obstante, algunos malentendidos y el paso del tiempo lastraron esa amistad. Precisamente, de la misma forma que sus aprendices habrán de romper con sus rivalidades, los tres mentores deberán elegir entre superar el pasado, con todas las complicaciones que eso pueda conllevar, o aferrarse a él.

Con el contexto adecuado, esta imagen puede ser tan dolorosa como un puñal en el estómago / ©Tatsunoko Production

Con todo, más allá de su trama y sus excelentes personajes, Ping Pong the Animation destaca a ojos del público por su animación poco convencional. Es evidente, dado que el apartado visual es el primer estímulo que captamos de un anime, que la impresión inicial con esta serie puede ser un tanto extraña —por no llamarla directamente negativa—. Los trazos, el estilo poco ortodoxo de dibujo y los diseños de los personajes se aúnan para conformar una animación que en su tiempo fue tildada de «pésima», pero con el tiempo las críticas cesaron y, de hecho, se empezó a apreciar el valor artístico que subyace a este estilo. Los dibujos pueden ser más o menos amorfos, pero está claro que Ping Pong the Animation cuida, por encima de todo, una animación fluida y una dirección brillante hasta el punto de alcanzar unas cotas de originalidad muy superiores a la media. Por ejemplo, en los partidos, hay momentos donde la acción se mueve de tal manera que tus ojos acaban ladeando de izquierda a derecha, y de derecha a izquierda, como si nuestra vista siguiera el trazo de una pelota de tenis de mesa. Este es solo uno de los múltiples ejemplos en los que este anime demuestra estar, no solo a la altura, sino muy por encima de lo habitual en su medio. Ping Pong the Animation no apuesta por un apartado artístico hermoso, sino por un movimiento fluido y una animación que consiga trasmitirte y remover tanto tus sentimientos como la propia historia.

En cualquier caso, si hay un elemento que destaca en esta obra y que no puedes parar de rememorar cuando la acabas —más allá de los personajes— es la banda sonora. Compuesta por Kensuke Ushio, está conformada por variedad de temas que logran plasmar a la perfección los diferentes aspectos que trata la obra: la soledad, la obsesión, la desesperación y la esperanza. Ushio hace un trabajo magistral en el uso de múltiples instrumentos electrónicos, a los que consigue ensamblar con una gran facilidad. Un ejemplo de esto es la canción «Ping Pong Phase2», donde logra articular toda la música con una base compuesta por el sonido de las pelotas de tenis de mesa al golpear la tabla o la raqueta. De esta manera, la canción suena, literalmente, como un partido de ping-pong.

Si sumamos la banda sonora a la dirección magistral, cada partido de ping-pong se convierte en un viaje de emociones caótico y espectacular / ©Tatsunoko Production

Como ya hemos comentado con anterioridad, esta obra no se limita a contar una historia a través del tenis de mesa, sino que su objetivo es hablar de la vida de sus protagonistas, sus problemas y sus tribulaciones, mientras lidian con ese deporte que les libera y encadena al mismo tiempo. Ping Pong the Animation es una obra maestra porque hace un esfuerzo en explorar más allá del deporte e incide con profusión en la psicología y el desarrollo de todos y cada uno de sus personajes. Nadie acaba igual que al inicio de la serie. Ni siquiera nosotros, los espectadores. Con el paso de los capítulos, nos sentimos más y más unidos a los protagonistas. Nos vemos reflejados en sus preocupaciones, en sus miedos. Y solo entonces descubrimos la verdad detrás de Ping Pong the Animation. Este no es un anime de ping-pong. Es un anime sobre la vida.

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