Este artículo podría contener spoilers muy leves de Gurren-Lagann
Hace varios años, cuando terminé el último capítulo del anime original de Gainax Tengen Toppa Gurren-Lagann —que se abreviará como TTGL de aquí en adelante para una mayor comodidad—, me sentí vacío por dentro, como si me hubieran arrancado de cuajo una parte de mi ser. Esa desazón no solo estaba ligada al hecho de tener que despedirme de los personajes con los que había entablado una relación de afecto a lo largo de la serie, sino que se debía a algo más. Esta historia me había cambiado como individuo.
TTGL no es un anime de mechas corriente, sino uno cargado de simbolismos y alegorías. El equipo de Gainax encargado de esta obra sabía bien lo que buscaba, y lo plasmó a la perfección: una trama centrada en el concepto de la evolución y una escala majestuosa y colosal. Durante los veintisiete capítulos que dura, nunca se aparta de estos conceptos, y los explota hasta el absurdo —no olvidemos el primer enfrentamiento entre Kamina y Viral, donde el primero desenvaina su katana y esta parece medir más de tres metros—, pero Gainax siempre ha sido irreverente y ha ido de frente con sus ideas hasta el final.

Si tuviéramos que describir TTGL en una sola palabra, casi todos los que hemos visto el anime pensaríamos en el adjetivo de «épico». Sin embargo, también pienso en otro término que plasma a la perfección la intención narrativa que el estudio Gainax volcó en este proyecto. Me refiero al concepto de «evolución». Todo evoluciona en este anime. Absolutamente todo. Desde sus personajes —tanto física como psicológicamente—, hasta sus mechas y la escala de poder. Pero ahí no se queda el asunto. La historia, por ejemplo, es una metáfora de la ascensión del protagonista, Simon, y de su maduración como individuo; empieza en una aldea bajo tierra, se expande ya en la superficie terrestre y culmina aún más arriba, en el espacio exterior. No olvidemos además que el objeto insignia de Simon, la llave del Lagann, tiene forma de taladro— un aparato con el que se pueden atravesar muros e ir más allá de lo que podrías lograr sin él—. En varios momentos de la obra, Kamina le dice a Simon lo siguiente: «Tu taladro será el que perfore los cielos». Más allá de las connotaciones sexuales que pueden malpensarse de esta frase, lo que se nos quiere dar a entender es que Simon, y el ser humano, por consiguiente, es capaz de llegar tan lejos como se lo proponga y puede superar cualquier límite establecido.
En contraste con esta idea tan optimista y hasta ingenua de la naturaleza humana, tenemos a los villanos finales, que advierten de los peligros que tiene la evolución social y tecnológica humana —que, traducido a nuestro contexto actual, del siglo XXI, podemos verlo reflejado en el sobreconsumo, el agotamiento de los recursos naturales y el cambio climático—. Este choque de ideales es el que mueve gran parte de los hilos de la trama y el que da sentido a la misma. Más allá de la pelea final como enfrentamiento físico, Tengen Toppa Gurren Lagann quiere dejar un mensaje: las personas podemos cometer errores, muchos errores, pero también podemos hacer de este mundo un lugar mejor. Nuestro objetivo, por tanto, ha de ser el de luchar para lograrlo.
Otro simbolismo bastante claro es el del emblema que enarbolan los protagonistas: la espiral. Una espiral es una línea curva que se genera en un punto y se va alejando de manera progresiva del centro, al mismo tiempo que gira alrededor de él. Es una línea infinita, de expansión y evolución constante pero que siempre parece repetir los mismos patrones. Muchos sociólogos han hablado de que la historia humana es una espiral en la que vivimos momentos álgidos y momentos de decadencia, y además estos ciclos presentan grandes semejanzas. Las crisis recurrentes del capitalismo, por ejemplo, siguen esta estructura en espiral: cada vez que se produce un gran avance tecnológico —como la invención de la electricidad, el descubrimiento del petróleo o la expansión del uso del Internet, entre otros—, el mercado se rearticula en torno al mismo y en ese proceso sufre duros golpes. TTGL parece recoger esta perspectiva y alegorizarla al extremo. Los protagonistas representan el desarrollo de la humanidad, con puntos bajos y altos, pero sin rendirse ante las adversidades; los villanos, por otra parte, rechazan el desarrollo por las consecuencias negativas que puede traer para el planeta y los otros seres vivos que habitan en él. Ninguno de los dos bandos tiene la verdad absoluta, pero sí es cierto que la serie adopta un pensamiento más esperanzador, en contraste con el nihilismo que desprenden los antagonistas.

Por otra parte, más allá de los mensajes de la obra, también se puede observar esta evolución y ascensión en el ritmo narrativo; los primeros capítulos son lentos, en los que conocemos al grupo protagonista y somos testigos de diversas historias autoconclusivas, pero conforme pasan los episodios, la trama se agiliza hasta alcanzar una velocidad vertiginosa. A pesar de todo, la serie logra encontrar sus momentos de calma en los que desarrollar algunos elementos narrativos o los arcos de sus personajes.
Y ya que hablamos de los personajes de TTGL, decir que tiene «un buen elenco» es quedarse corto. Todos, tanto principales como secundarios, son extremadamente carismáticos y desprenden un aura distintiva. Muchos de sus arcos, como el de Viral, están ejecutados con maestría, y ya no hablemos del protagonista. Simon es un personaje único, con un desarrollo excepcional a lo largo de la serie. Comienza siendo un niño a la sombra de Kamina, su «hermano mayor», y nadie cree en él salvo el propio Kamina. Sin embargo, tras ciertos sucesos de la trama, es Simon el que se erige como líder y protagonista indiscutible. Supera graves baches emocionales gracias a la ayuda de otros personajes —en especial, quisiera destacar el papel de Nia, con quien forma una de las parejas más sólidas que he visto en un anime alejado del género romántico— y se convierte en la mejor versión de sí mismo. Comete errores, no es perfecto y madura a lo largo de los episodios. Como relataba antes, su viaje resulta fascinante de analizar.
Este artículo surge en mi afán por demostrar que Tengen Toppa Gurren Lagann no es el anime simple que muchas personas creen. Tiene una simbología profunda, muchas de sus escenas muestran con sutilezas futuros giros de guion. Siempre se me viene a la mente las decenas de ocasiones en las que se muestra la luna llena por encima de los personajes cuando cae la noche, y cómo esta luna acapara gran parte de la pantalla, dando la sensación de que el satélite está observando las acciones de los personajes. Quien haya visto el anime comprenderá entonces a qué foreshadowing me estoy refiriendo ahora.
Este anime tiene pretensiones claras, sabe a la perfección qué temas quiere tratar y cómo quiere hacerlo. Para ello, se vale de grandes personajes, una trama sólida durante sus veintisiete episodios y una animación y banda sonora trepidantes, que elevan aún más el tono épico y alocado de la serie. Por poner un ejemplo, la canción Libera me from hell es considerada como uno de los temas más épicos jamás escritos para una serie de animación japonesa, y el equipo de Gainax se las ingenió para que dicha canción encajara como anillo al dedo en la escena donde suena.

El trabajo para crear TTGL fue delicado y firme como el arte de un carpintero. Todos sus elementos cuadran sin fisuras y se interrelacionan a la perfección para conformar una obra demoledora que te atrapa y te emociona a partes iguales. Como autor, comprendí que puedes escribir una gran aventura centrándote en unos pocos elementos y explotándolos al máximo, y también entendí el valor de los símbolos y las metáforas a la hora de contar una historia. Por eso mismo, y por todas las demás enseñanzas que me legó, es por lo que terminar Tengen Toppa Gurren Lagann me dejó un profundo vacío en mi interior. Un vacío que solo puedo llenar ligeramente cuando visito de nuevo esta obra y me vuelvo a encontrar con sus personajes.
Pues me suscribo a todo lo que has comentado.
Gurren Lagann es una de esas series que salen cada decenio y que marcan muchísimo a una generación. Recuerdo pasar una mala época y ver una imagen de Yoko, buscar información sobre el personaje, oír hablar por primera vez de Gurren Lagann, que estaba hecha por los de Gainax… Y bueno, el resto es historia: me vi esta serie y me enamoró, y lo que es más, no me curó del todo pero sí me ayudó a pasar esa mala racha. Lo de que cuando la acabas te deja con melancolía, eso también es notable, incluso cuando te la vuelves a ver años después, como yo hice, viendo mayores defectos de ella que quizá pasaste por alto, pero a la vez, pillando muchas más virtudes.
Gracias por recordarme esta seriaza con esta genial entrada.
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