Alguna vez a alguien le puede haber pasado de estar ojeando estanterías en una tienda de comics y retroceder varios pasos al haber visto de reojo una portada que le atraía, de estilo artístico y colores vibrantes que hacen preguntarse a uno que ocurrirá en esta historia específica. Ese fue mi caso con Drifting Dragons, manga con arte e historia de Taku Kuwabara, cuyo estilo artístico me hizo comprarme un par de volúmenes por saber qué se me ofrecía.
Me encontré con un manga de trama simple pero con un arte precioso, que recordaba mucho a Golden Kamuy y, más particularmente, a Dungeon Meshi, por ser uno de sus temas centrales el preparado de menús usando como ingredientes a criaturas fantásticas. Pero había un algo que me incomodaba: la trama no iba a ningún sitio tras 2 volúmenes y, maldita sea la mía curiosidad, haciéndome buscar en internet información de otros lectores sobre si este manga iba a desarrollarse más allá de la repetición o no, lo que encontré fue una reflexión por la que escribo este artículo, ya que afectó en gran medida los ojos con los que veía este manga.
Drifting Dragons cuenta la historia de la tripulación del Quin Zaza, uno de los últimos buques de caza que surcan los cielos en busca de los escasos dragones que quedan en el mundo, debido a que el aceite que los mismos producen es de alta importancia para la civilización. El manga se centra en Mika, tripulante más centrado en probar la carne de los dragones en particular que en extraerles su aceite.

Con esta breve sinopsis quizás alguien más avispado de lo que yo era hará un par de años ya haya visto que algo no suena del todo bien. Y si no, este artículo está para darle luz al asunto que conduce al dilema del mismo. El 1 de Julio de 2019 —3 años tras el inicio de la publicación de Drifting Dragons— Japón retomó, después de 30 años paralizada, la caza de ballenas. Defendida como una tradición que deben preservar por los sectores más nacionalistas del país —apoyada entre otros, por el recientemente fallecido Shinzo Abe—, vista en su día como una importante fuente de comida tras las hambrunas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, pero siendo hoy en día constituyente de menos del 0.1% del consumo de carne total del país.
Todo esto conecta con Drifting Dragons de manera importante, sobre todo con el uso del aceite. Ya que el mundo de este manga es uno con tintes y estética muy industrializado, el aceite de dragón es lo que hace que los engranajes del propio mundo se muevan. Esto es un paralelismo con el propio aceite de ballena en el siglo XIX, que desapareció casi del todo a finales del mismo, y fue sustituido en sus últimos usos en 1986 por el aceite de jojoba. Se asienta así esta relación entre realidad y ficción en lo tocante a la caza y extracción de materia de seres en peligro de desaparición.
Es cierto que como consumidores de una obra no tenemos la misma responsabilidad de estar tan informados como los creadores de la misma. Es más, mucha gente sostiene el dicho de que la ignorancia es una bendición. Sin embargo, cuanto más he aprendido de experimentar obras, más estoy en desacuerdo con esa frase, pues es el hecho de conocer el contexto de lo que nos rodea lo que nos convierte en mejores críticos y lectores. Aunque ese peso de informar adecuadamente que tienen los escritores no lo tengamos quienes recibimos las obras, siempre deberíamos mantener un espíritu crítico con lo que observamos. Pese a que el contexto específico de este manga terminase haciendo que lo dejase de leer, no quiere decir que otra gente no pueda seguir disfrutando de ello de una manera crítica y analítica. Pese al intento del autor de transmitir cierto mensaje, al final es del lector de quien depende como interpretar una obra.

Al fin y al cabo, la verdadera ficción es algo que no existe. Todas las historias fantasía, terror o ciencia ficción acaban estando asentadas en la realidad, pudiendo sacar paralelismos tanto en luz positiva como negativa. Si alguien hiciera un ensayo sobre como Drifting Dragons acaba oponiéndose a la idea de la caza de ballenas como algo de lo que sentirse honrado, lo leería encantado. Es importante reconocer que la crítica de lectura es también lectura en sí, y que las obras, independientemente de su calidad, evocan otras cosas completamente nuevas: reimaginaciones, análisis, artículos, quizás un nuevo y distinto manga, libros… Leer cosas buenas y cosas malas, cosas que “están bien” y cosas que “están regular”, se dejen de lado o no, permite formar opiniones de ellas y compartirlas. No hay que sentirse culpable por aprender algo negativo sobre una obra que te haga dejarla de lado. El final de tu disfrute de un título solo significa el inicio del disfrute de otro distinta, y es tanto lo malo como lo bueno que extraemos lo que nos ayuda a ser mejores críticos y creadores.
Me alegra no ser el único que vio el paralelismo con la caza de ballenas y algo le trono impidiendo seguir la obra.
Di con el primer tomo y me había agradado, chill dentro de todo y oportunidad de crecer de los personajes y ese mundo steampunk. Que ingenuo.
Luego salió la adaptación de la N roja, ahí fue donde se me termino de desmoronar. Pero esta mañana lluviosa, luego de año y medio, decidí darle otra chance, porque estoy al divino botón claramente. Y todo me parece peor, aunque este de fondo mientras hago cosas, la serie es una cosa que va por un pozo. Sus personajes claramente pensados por un infante que fantasea como son los adultos, sin motivaciones «reales», están ahí para llenar un cupo, con escenas de sketch de los peor del anime. Luego la parte de los dragones y el claro paralelismo con la caza de ballenas. Ni un segundo, ni el personaje paria existe que diga «esto está mal, hagamos algo diferente».
Una pena, siendo que en potencia era algo muy interesante.
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