El tema del Boys Love se ha vuelto controvertido y es objeto de mucha crítica por parte de muchísimos sectores. Y es que no es para sorprenderse: no solo se trata de un género dedicado a historias románticas entre hombres, sino que supone todo un fenómeno que mueve personas y capitales, y que está traspasando de Asia a Occidente. Cuando se aborda algo ya de por sí controvertido como lo es la homosexualidad para grandes sectores de la población es de esperar que se levanten ampollas, pero encima aquí entran muchísimas otras cosas en juego como lo son la exploración de la sexualidad femenina o la manifestación del deseo.
Quizás lo curioso de este caso es que las voces críticas no sólo provienen de los sectores conservadores sino también de una parte muy vocal del progresismo occidental. Las acusaciones son varias: que son obras fetichistas, pensadas para un público heterosexual y que presentan las relaciones homosexuales como productos de consumo, entre otras como la abundancia de relaciones tóxicas en sus historias o de contenido sexual.
Es un tema bastante complejo de ahondar y se pueden entender ciertas posturas. La verdad es que hace unos años las obras que más llegaron a popularizarse en occidente no eran precisamente de una gran calidad, y cosas como la vilipendiada Junjou Romántica no resisten demasiado análisis. Sin embargo, creer que estas obras representan al BL como género, y más en la actualidad, es desconocer la riqueza muy prolífera de un fenómeno que es, a parte, transnacional, y que ha dado lugar a diferentes historias en diversos medios y formatos en toda Asia, y ahora Occidente.

También resulta algo injusto señalarlo por la presencia de historias, digamos, problemáticas, cuando estas mismas abundan en el género del romance en general. Si no asumimos que historias como Nanatsu no Taizai y Fairy Tail definen el shonen nekketsu, no hay razón para asumir que Junjou Romántica define el BL. Sin ir más lejos, la misma autora, Shungiku Nakamura, tiene otras obras bastante más interesantes y de mejor calidad, como la posterior Hybrid Child.
Como sea, lo que más llama la atención de este rechazo hacia el BL dentro de los sectores más progresistas, aparte de un marcado puritanismo que parece aborrecer la inclusión de cualquier erotismo, es la poca consideración que se tiene del contexto asiático a la hora de valorarlo, y de su impacto tanto entre la comunidad LGBT asiática como entre las mujeres. También se ignoran, quizás convenientemente, las propias autocríticas y reflexiones surgidas en el seno de la comunidad fujoshi y fudanshi —como se conoce a las mujeres y hombres, respectivamente, lectores de BL—. Esta actitud, muchas veces condescendiente y en otras hasta agresiva, raya en más de una ocasión en un racismo eurocéntrico y en posturas demasiado colindantes con la misoginia.
Por supuesto, las críticas son válidas, pero por como se plantean estas parece que al final no nos alejamos demasiado de lo mismo de siempre: la representación sólo es válida en tanto se realice en los términos occidentales y las expresiones del deseo femenino son molestas e inadecuadas. Una cosa que podría arrojar algo de luz sería pensar en los orígenes del BL en el manga y la intencionalidad de estas primeras obras y sus autoras.
Algo que llama la atención enseguida es que el BL surge a la par que el GL en las revistas shojo de los años 70. Sin duda de aquellas primeras obras las que se consideran pioneras e iniciadoras del género son Kaze to Ki no Uta —La balada del viento y los árboles— de Keiko Takemiya que tenemos publicada en España de la mano de Milkyway y El Clan de los Poe, de su amiga y rival eterna, Moto Hagio, publicada en español por Tomodomo. Ambas mangakas son importantes figuras en la historia del manga y fueron el corazón de la generación del 24, conocida por revolucionar la escena del manga shoujo durante aquellos años.

Ambas obras presentan varios de los tropos que caracterizan al shojo de la época, lo mismo que, en general, a los relatos que abordaban la homosexualidad, tanto en Oriente como Occidente. Una estética preciosista, una narrativa muy emocional, historias situadas en contextos europeos y distantes y la inclinación hacia la tragedia. Sin embargo, a pesar de su antigüedad, ambas son obras perfectamente disfrutables hoy en día, que abordan eso sí temas muy densos como el clasismo, el racismo o la homofobia, en el caso de Kaze to Ki no Uta, y las relaciones familiares corrompidas, así como reflexiones profundas sobre el tiempo y la propia identidad, o la pérdida de la humanidad, en el caso del Clan de los Poe.
Estamos hablando de mangas que fueron y son considerados obras maestras, que cautivaron los ojos de miles de lectores y que introdujeron temas nunca antes tratados de esa forma en las historias para chicas. La sexualidad y la sensualidad, la tragedia, la pérdida, el duelo o la discriminación son algunos de los tópicos que encontramos retratados en sus bellas páginas, y, cabe destacar, siempre desde un abordaje empático hacia sus personajes. Por eso no es equívoco decir que el BL tuvo un origen combativo y revolucionario, que abrió nuevos espacios tanto formal como temáticamente en el manga, y que ofreció a los autores y lectores una nueva libertad gracias a su rotundo éxito. Incluso Osamu Tezuka, no mucho después, publicó la fabulosa MW —publicada por Planeta en España—, una de sus obras más aclamadas en la cual narra la retorcida relación entre un sacerdote y un asesino serial y que sirvió de inspiración para Monster de Naoki Urasawa.
Si bien más adelante muchas de las obras de BL fueron dejando de lado sus aspectos más combativos, tampoco sería justo decir que estos abandonaron del todo el género, y siempre se han podido encontrar dentro de este títulos que, de una forma u otra, responden a ese inicio. El solo hecho de generar espacios queer y femeninos en la narrativa que permitieran la aparición de otras narrativas dentro de las historias shojo ya fue en sí mismo transformador. Y aquí quizás cabría aclarar aclarar uno de los mitos más extendidos sobre el BL y es que está realizado por y para mujeres heterosexuales. Si bien el BL comenzó publicándose en revistas de demografía femenina y las mujeres han constituido una mayoría dentro de sus lectores y autores, es mucho aventurar decir que la totalidad de estos son público heterosexual.
Es difícil obtener estadísticas precisas sobre este tema en los países asiáticos, y sobre todo los autores son muy privados con su información personal, pero todo parece apuntar que tanto allá como acá, el público LGBT del BL es cercano a la mitad o más. En el caso de Tailandia, que es de donde se tienen datos más precisos, a parte, se ve una paridad similar entre los autores, muchos de los cuales son hombres aquileanos. También es interesante el testimonio de la Dra. Akiko Mizoguchi, una teórica sobre la cultura visual queer procedente de Yokohama y que ha realizado importantes estudios sobre el BL y su impacto en la cultura. Mizoguchi cuenta como para ella el BL fue clave en descubrir su propia orientación sexual como lesbiana, y que del mismo modo ha tenido un impacto similar en muchísima de la población LGBTIQ+ japonesa, e incluso contribuyó a la generación de espacios seguros para la comunidad, así como para las mujeresen general.

Otro punto importante que aporta Mizoguchi es sobre como el BL ha ido evolucionando en conjunto con la comunidad que lo consume, respondiendo a nuevas sensibilidades y necesidades, y como muchísimos autores encontraron también dentro del género un espacio para el activismo LGBTIQ+, como pueden ser por ejemplo la perturbadora y maravillosa Asumiko Nakamura —cuya obra es publicada en España de la mano de Milkyway y Tomodomo— o el aclamado Kazuki Minamoto —cuyo manga Un Jefe de Cuento de Hadas está anunciado por Kitsune Books—, uno de los referentes del activismo LGBT en Japón. También, referente al fandom, Mizoguchi cuenta como la palabra “fujoshi” —literalmente: chica/mujer podrida— surgió como una forma despectiva y con una fuerte carga misógina para referirse a las lectoras de BL, siendo su equivalente masculino “fundashi”. Este insulto fue reapropiado por la comunidad de lectores de BL, y el hecho de denominarse a sí mismas de este modo tiene no solo un aspecto reivindicativo sino incluso feminista.
La Dra. Kristine Michelle “Khursten” Santos, profesora en el Departamento de Historia y Programa de Estudios Japoneses de la Universidad Ateneo de Manila, y que ha realizado varios ensayos y estudios entorno al género y la Historia de las culturas queer y juveniles en Asia, aporta una experiencia parecida en Filipinas, donde el BL sirvió para la apertura de espacios seguros tanto para mujeres como personas LGBTIQ+. Destaca especialmente en este caso la realización de eventos y convenciones. Una experiencia similar se puede encontrar en Tailandia donde, a parte, se habla de un impacto positivo y muy notorio en el cómo la población general concibe a la comunidad LGBTIQ+ , dando lugar a una naturalización de las identidades queer.
En Corea por su parte también se registra un impacto positivo, tanto entre la comunidad LGBT como entre las mujeres que fueron encontrando espacios para explorar su propia sexualidad. Una cosa interesante del caso coreano es como se ha producido con el tiempo una relación tirante entre el BL como género y parte del movimiento feminista que, si bien celebra la búsqueda de una expresión del deseo femenino en la ficción, rechaza el hecho de que las mujeres busquen identificarse con cuerpos masculinos. Este argumento, un tanto tránsfobo en opinión de una servidora, es curiosamente parecido a los argumentos que se encuentran en contra del BL en parte del feminismo TERF anglosajón.

Lamentablemente es muy difícil obtener datos de China a pesar de su gran producción de danmei —BL chino— tanto en novelas como en adaptaciones animadas, live-action y al cómic de estas mismas. Si Japón o Corea son opacos en cuanto a ciertas cifras y datos, China lo es aún más. Sin embargo, una cosa quizás relevante es cómo las novelas chinas suelen incluir géneros y temas muy variados al margen del amor entre chicos de sus historias, dando lugar a una variedad de géneros notable. También cabría destacar, porque semeja importante, que uno de los autores de danmei más conocidos y aclamados por los lectores chinos es Fei Tian Ye Xiang, autor de obras muy queridas como Dinghai Fusheng Lu o Seizing Dreams. Se trata de un hombre gay que ha declarado que su razón para escribir danmei es tener historias de los géneros le gustan —artes marciales, fantasía, ciencia ficción, etc— protagonizadas por personas como él, y en más de una de sus obras aborda temas LGBT desde un enfoque más activista. En este apartado que entra de lleno en el activismo también destacan historias como Here u Are, publicada en webtoon bajo el título de Te encontré en español, de DJun, que cuenta la historia de un grupo de universitarios aquilianos lidiando con la realidad social de su país.
El BL, al final, es un género, y como género incluye todo tipo de obras, mejores o peores, así como mejores o peores autores. Como en todo género aparte, hallamos un fandom diverso en el cual caben tanto las actitudes nocivas como la autocrítica, el autoanálisis y la reflexión. Lo que es un hecho, es que su impacto para las mujeres y la comunidad LGBTIQ+ asiática es mayormente positivo y que contiene obras maestras que han aportado de manera invaluable a las narrativas de varios países. Sería extremadamente arrogante por nuestra parte desconocer todo esto sólo porque no todo lo que se escribe dentro del género es de nuestro gusto o corresponde a nuestros cánones y exigencias occidentales.
En una época donde un beso lésbico de dos segundo en una película de Pixar levanta ampollas de forma tan generalizada, lo último que necesitamos es condenar de forma ignorante a toda la riquísima narrativa que nos proporciona el BL, donde encontramos cosas para todos los gustos, y en todos los formatos. Podemos leer historias terribles y retorcidas que ahondan en la oscuridad humana, historias cómicas sobre un primer amor tímido, testimonios sobre cómo es la vida para alguien LGBT en Asia o historias de aventuras y rebeldía . Tenemos a parte una variada producción de diferentes países, entre los que se cuentan Japón, Tailandia, Corea, Filipinas, Indonesia, China y Taiwan, cada uno aportando diferentes tropos y matices culturales, visiones del mundo diferentes, y maneras distintas de entender el amor, la sexualidad y la identidad.

Quizás, eso sí, la tarea pendiente que nos queda es revisar cómo nos relacionamos con el BL en Occidente. Parte del problema, y de lo que ha generado tantas polémicas por aquí, ha sido el modo en que accedemos a estos títulos: en internet, piratas, y sin ningún tipo de filtro. Esto, por supuesto, ha causado que personas menores e influenciables hayan tenido sus primeros contactos con estas narrativas a través de obras poco adecuadas para ellas, y sin la debida guía de un adulto.
Es una suerte que la comunidad de fujoshis y fundashis esté demostrando una mejoría y más consciencia en este apartado, haciendo cada vez más y mejor uso de las advertencias y etiquetas. Sin embargo, es indudable que queda un enorme trabajo que realizar y que, probablemente, este cruce por abrir las conversaciones al respecto y que el material BL se vuelva más accesible por canales legales y regulares. Esperemos que con la creciente cantidad de títulos que llegan a nuestro país, y que con la implementación de una educación respecto a las relaciones sexoafectivas y su diversidad en los colegios y hogares, estas tareas pendientes puedan completarse.
Con todo, es necesario entender que el BL tiene un valor, tanto por las increíbles obras que pertenecen al género como por lo que supone su existencia en Asia y en el mundo. Su impacto, aunque haya quien no quiera creerlo, está lejos de ser negativo.
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Un pequeño apunte: se escribe ‘fudanshi’, no ‘fundashi’. Y también existe el término ‘fujin’ para las personas no binarias.
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De hecho si es fundashi, el término fudanshi es un efecto mandela
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