Castlevania y el nuevo canon

Portada de la serie / ©Frederator Studios

Las adaptaciones animadas en los videojuegos son de todo menos extrañas. Ya en los 90 era común ver animes basados en franquicias como Street Fighter o caricaturas para un público más niño como el mismísimo The Legend of Zelda, aunque la calidad y su influencia en el producto madre era otra historia. Esta tendencia no ha dejado de crecer y ganar popularidad, y a día de hoy hasta Netflix tiene una serie animada basada plenamente en el popular League of Legends y otra en producción de un indie de éxito como es Cuphead, algo que desde luego pone en evidencia la buena salud de esta práctica y la confianza de la compañía de cara a seguir haciendo estas producciones.

En los últimos años han coqueteado con Magic The Gathering, Dragon’s Dogma o Resident Evil, franquicias nada desdeñables, desde luego, pero de entre todas estas ha habido una serie que ha quedado en el poso de la gente y que pertenece a una franquicia bastante conocida: Castlevania. Y es que aunque Konami ya no es lo que era y esté más preocupada en sacar ingresos de sus gachas antes que en crear un producto de calidad, las aventuras del linaje de los Belmont contra Drácula no es una idea moribunda a la que darle sepultura, afortunadamente.

Netflix decidió darle una oportunidad a la idea. Ante este tipo de productos se presenta un dilema de dos caminos: hacer una adaptación totalmente fiel a la saga de videojuegos o una interpretación más libre. En vez de eso la compañía pensó “que le den, escojo los dos” y con ello ha dado lugar algo de lo más interesante. Esta mezcla de los dos mundos se apoyaría bastante en el material original, pero reescribiría en buena parte los mitos que cimientan uno de los padres del Metroidvania para contar algo nuevo y más acorde a los tiempos de hoy en día. Todo esto sin obviar el respeto a su idiosincrasia, pero no por ello cayendo en la timidez de tocar lo menos posible para no “fastidiar” el canon actual, por temor a que ello produzca más de 100 hilos de discusión en reddit por segundo.

Sobre el tono escogido, la saga Castlevania se apoya mucho en lo oscuro y el terror, sin abandonar las sensaciones de aventura que tenían los juegos. No penséis que esto significa que la obra haya virado hacia un género tan dispar como es el miedo, porque sigue teniendo ese corazón de juego de plataformas de acción con todo lo que eso conlleva.

La primera temporada tiene solo 4 episodios y actúa como una suerte de prólogo de lo que está por venir, sintiéndose más como un piloto extendido para ver si la idea cuaja, pues justo termina cuando el trío protagonista Trevor, Sypha y Alucard— se acaba reuniendo. El comienzo nos abre con una mujer llamada Lisa, que está frente al castillo del conde Drácula, uno de los vampiros más poderosos de Valaquia y de toda Europa, y, una vez dentro, es recibida con la grandilocuencia y peligrosidad típicas del chupasangre en un intento de asustarla y así poder echarla de su castillo. Contra todo pronóstico ella no se siente ni un ápice terror, y se limita a hablarle de igual a igual explicando el motivo de su visita que no es otro que investigar los avanzados objetos que tiene en posesión el propio conde para usarlos en la medicina, lo cual hace que el mismo muestre interés en la humana, paradójicamente.

El trío protagonista: Sypha, Trevor y Alucard. / ©Frederator Studios

Se hace un salto en el tiempo y Lisa está ahora casada con Drácula, teniendo un hijo llamado Alucard. Marido y mujer combinan sus esfuerzos para crear avances que ayuden a la gente, algo que la iglesia no le hace ni ápice de gracia, con lo que deciden tomar este asunto de forma personal. Un día, cuando ella estaba ayudando a una anciana con un dolor, varios sacerdotes aparecen en su puerta junto con un obispo, estos le exigen ver qué esconde en su casa y con una crueldad inusitada al ver los aparatos que porta para crear medicinas, deciden quemarla por bruja. Drácula descubre esto con horror y demasiado tarde, siendo incapaz de llegar a tiempo a salvarla, provocándole la tragedia una rabia y odio sin precedentes hacia la humanidad.

Todo esto mueve los engranajes de una guerra total contra los humanos, que junto a sus consecuencias se vuelve el punto central de la historia, abarcando las cuatro temporadas que posee la serie. Y quizás de los futuros spin-off, pero eso ya entra en el terreno de la especulación. Y es en la segunda temporada donde se aleja esa sensación de presentación de personajes y temas para poner la carne en el asador con un elenco ya oficializado y una trama que decide abordar dos versiones de la misma: la del trío protagonista buscando una forma de destruir a Drácula y la del propio villano intentado llevar la guerra y buscar un genuino significado a todo, convergiendo ambas en unos últimos episodios de órdago donde todas las piezas encajan y en los que además se dejaban algunas sueltas para lo que estaba por venir.

El juego original contaba de forma muy vaga algo similar al prólogo de la serie: Drácula se enamora de una humana, esta es “ajusticiada” por la Iglesia y de su venganza brota la semilla de la guerra para extinguir a la especie que mató a su esposa. La mayor diferencia con la serie se encuentra en los detalles y el desarrollo pues, en la versión de Netflix, el vampiro presenta una personalidad multidimensional, más gris y trágica que su contraparte original, en comparación con lo visto en la mayoría de los juegos, donde simplemente es el jefe final a derrotar, cuyo desarrollo sobre sus motivaciones o el porqué de su existencia son mínimos en el mejor de los casos. De hecho, lo de su mujer asesinada por la religión se muestra abiertamente en Symphony of the Night, 11 años después de la primera entrega.

Este es un ejemplo de otros tantos que se suceden en la serie, porque no solo aplica al villano principal. Los protagonistas tienen un trato similar, como Trevor Belmont o Sypha Belnades. Estos dos, héroes principales de Castlevania 3 Dracula’s Curse, han sufrido una transformación, hasta cierto punto polémica para algunos fans, como en el notorio caso del primero: de héroe de leyenda prototípico y adalid de la lucha contra Drácula a borracho cínico y desesperanzado, sin rumbo ni destino. Lo cierto es que esta visión le hace un bien mayor a la larga, pues se nota cómo va evolucionando Trevor hasta aceptar su destino como cazavampiros. Sypha, por su parte, tiene un trabajo más de desarrollo general que de deconstrucción, pues el personaje original apenas tenía trasfondo y actuaba más como una hoja en blanco con apenas retazos del lore —maga poderosa que es la esposa de Trevor y poco más—, y quizás sea la más destacable de los dos por sus poderes mágicos y su personalidad directa y crítica con lo que le rodea.

Drácula / ©Frederator Studios

Sobre la animación, sé que es un punto algo polémico en ciertos círculos pues aunque imita en buena parte ese estilo “anime” que ha ido adoptando la propia saga a lo largo del tiempo, no está exenta de algunas secuencias o artes algo inconsistentes. Pero en términos generales está a un buen nivel técnico y nos deja escenas para el recuerdo como la pelea entre Trevor y Alucard o la increíble entrada al castillo de Drácula —con el incombustible tema orquestado de Bloody Tears sonando de fondo—. En conjunto, ese nivel técnico del que hace gala está por encima de la media y mejora considerablemente conforme pasan las temporadas. Puede gustar más o menos ese estilo amerimanga que tanta tinta y quejas llega a aportar, pero es fácil encontrarlo más que solvente en sus premisas y su estilo de aventuras para un público más crecidito.

Las dos primeras temporadas son un ejemplo magnífico de adaptación que construye y expande, en vez de ser un mero ejercicio de marketing ramplón que podría haberse limitado a contar de forma aguada varios de los acontecimientos que cuenta la saga. Es un golpe en la mesa a la hora de contar una historia ya hecha y darle el giro justo para que se sienta como nueva sin que termine siendo otra cosa. Y aunque es cierto que la tercera temporada pierde un poco el rumbo a la hora de seguir la estela de lo contado — algo que cubriré también en un artículo futuro junto con la cuarta—, Castlevania es más que una fiel representación de una famosa saga de videojuegos, es la historia de la humanidad y su deseo de sobrevivir y aprender a pesar de todos los errores que comete.

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