No cabe duda de que Capcom se está dejando la piel con los remakes de Resident Evil en un intento por unificar la historia y modernizar los títulos antiguos para que estén disponibles con gráficos y jugabilidad modernos, haciéndolos así más accesibles para el público generalista actual.
Sin embargo, no es oro todo lo que reluce y el remake de Resident Evil 3, que vio la luz en 2020 (año aciago, por otra parte, todo hay que decirlo), ha recibido críticas muy duras por parte de los fans que amaban el original; tanto es así que se ha convertido no ya en el más despreciado de los remakes, sino en una especie de oveja negra de los juegos modernos de la serie.
Pero ¿es realmente este juego tan malo? ¿Merece los palos que le caen? Nosotros, aprovechando el trigésimo aniversario de la saga, hemos jugado a la entrega de la trilogía clásica, Resident Evil 3: Nemesis, y también al remake para compararlos y resolver esta pregunta. La respuesta corta es que no, el remake no es ni por asomo un juego infumable como parece ser la opinión generalizada. La respuesta larga la desarrollaremos a continuación en los siguientes párrafos de este artículo.
Lo cierto es que, para cualquiera que haya tenido la oportunidad de tocar ambos juegos, el original y el remake, la revisión de 2020 tiene grandes carencias que saltan a la vista; eso es innegable. Sin embargo, lo que mucha gente pasa por alto son los aspectos positivos de este título, que también los tiene, y no solo eso: nos atrevemos a afirmar que algunas cosas las hace mejor que el Resident Evil 3 de 1999.

Uno de los aspectos que han recibido más críticas del remake es su brevedad y el hecho de que eliminaran algunos de los lugares icónicos del querido juego. Todo el mundo coincide —y nosotros estamos de acuerdo— en que la pérdida más grande es, sin duda, la torre del reloj de Saint Michael. La torre del reloj es el escenario más icónico del juego de 1999, porque, pese a su reducido tamaño, no puede evitar recordar a la mansión Spencer de la primera entrega de la saga. Es lógico que se eche en falta un edificio de este calibre, sobre todo cuando en el remake peleamos contra Némesis en la plaza que está justo delante de la torre y, además, podemos recoger ahí mismo un folleto informativo sobre el monumento, lo que hace pensar que en un principio quizás ese escenario estaba planeado en el juego de 2020, pero acabó desechándose la idea o no hubo tiempo de incorporarlo.
Otro de los escenarios que más se suelen echar en falta en el remake es el parque y el cementerio, y la correspondiente pelea contra el Grave Digger, el gusano gigante que constituye el único otro jefe en el juego original además de Némesis. Es cierto que en el remake quedaría raro introducir a este jefazo sin que desentonara, y es que estos no son los únicos escenarios eliminados, sino que la mayoría del juego original son sustituidos por otros distintos, hasta tal punto que el remake es, a todas luces, un juego totalmente diferente, siendo así el título que más se diferencia con respecto al juego que reinterpreta. Tanto es así que los únicos escenarios en común entre ambos juegos son el hospital, la comisaría (y en el original jugamos con Jill y no con Carlos) y un poco la ciudad.
No obstante, en las calles de Raccoon City podemos reconocer algunos de los escenarios que vemos en el original, como el almacén en el que nos encontramos a un asustado ciudadano o el parking, aunque no podamos interactuar con ellos de la misma forma en que ocurría en el original.
Otro de los cambios más comentados es Némesis, el persistente enemigo, uno de los monstruos más icónicos de la saga. Se esperaba que en el remake tuviera mucha más presencia, pues en el juego de 1999 no dejaba a Jill ni un solo momento de tranquilidad, mientras que en el remake sus apariciones se limitan a una serie de encuentros guionizados y las correspondientes peleas de jefe, por supuesto.

Un detalle curioso de Némesis es que, durante sus persecuciones, podemos derrotarlo temporalmente, aunque son combates opcionales, y de hecho, en el original, si nos enfrentábamos a él, nos dejaba tranquilos, al menos durante un rato. En el remake también podemos aturdirlo, pero no resulta tan satisfactorio ni gratificante como en el original, quizás porque sus encuentros están guionizados y aunque huyamos de él desaparecerá, a diferencia del original, donde nos perseguía por esas secciones del juego a menos que lo derrotáramos.
En cambio, un detalle digno de aprecio incluido en el remake es que al principio podemos ver unas pequeñas escenas introductorias en las que vislumbramos el proceso de creación de Némesis, cosa de agradecer para los hambrientos por descubrir más lore de la saga.
Los fans de la entrega de 1999 también echan en falta las elecciones, un novedoso (para la saga en aquel momento, claro) sistema en el que en algunos puntos se presenta al jugador una serie de opciones como si de una visual novel se tratara, y dependiendo de la elección escogida la historia cambiaba visiblemente. Si bien es un sistema interesante que fomentaba la rejugabilidad para ver todas las escenas, aquí nosotros debemos romper una lanza a favor del remake, pues, aunque su historia es completamente lineal, también es más coherente y cohesiva.
En la historia del remake tiene mucha más presencia la vacuna del virus T, y también Nicholai como villano. En general, todo lo que rodea a la trama de la vacuna está mucho mejor hecho en el remake; mientras que en el original Carlos se la encontraba simplemente investigando el hospital, en el remake se nos habla del científico que la creó y es prácticamente el eje de la trama junto con la huida de Jill y el trauma que pesa en ella tras el incidente de la mansión Spencer.
Precisamente en el remake también está mejor abordado el trauma de Jill gracias a unas escenas en las que sufre alucinaciones en las que ve cómo ella u otras personas se convierten en zombis, aunque nos habría gustado que esto tuviese mucho más peso a lo largo de la historia en vez de reducirse a unos momentos puntuales.
Es cierto que muchos de los escenarios del remake son una decepción tremenda si los comparamos con los originales. Varios de ellos son un poco reciclados del remake de Resident Evil 2, como la fase de las alcantarillas, y la fábrica del final del original fue sustituida por NEST 2, otro laboratorio subterráneo secreto de Umbrella. No obstante, este cambio no es tan molesto porque, siendo sinceros, tiene bastante más sentido para la trama el laboratorio del remake.
No obstante, hay un nivel en el juego de 2020 que mejora muchísimo al original, y ese es el hospital. La parte en que jugamos con Carlos en el hospital en el juego original puede que sea la más aburrida del título, pero en el remake hicieron que fuese aterrador, mucho más orientado al survival horror.
En general, todo lo relacionado con Carlos Oliveira como personaje es muchísimo mejor en el remake. En el original, este personaje era un aliado de Jill y, aunque tenía sus segmentos en los que jugábamos con él, su presencia se reducía a eso. En el remake, en cambio, lo han convertido prácticamente en el deuteragonista del juego. Su sección jugable es más amplia y, además, es un personaje radicalmente distinto, pues su conflicto interno por trabajar para el cuerpo UBCS de Umbrella se hace patente cuando descubre que la compañía farmacéutica es la responsable de la catástrofe de Raccoon City.

No obstante, no estamos del todo de acuerdo con la decisión de hacer que Carlos visite la comisaría en lugar de Jill; al ser ella miembro de STARS, habría tenido mucho más sentido que fuese en el remake igual que en el original, y además nos hemos quedado sin conocer los comentarios que habría hecho de haber estado Jill en el emblemático edificio.
Otro cambio que no termina de encajar es la muerte de Brad Vickers, compañero de Jill de STARS y, junto con ella, el único otro miembro que quedaba vivo en la ciudad. El problema es que, en el remake, al ser Carlos quien va a la comisaría, Némesis nunca mata a Brad, sino que simplemente se convierte en zombi y es Carlos quien tiene que acabar con él ya transformado en la criatura.
No obstante, y aunque parezca una obviedad, hay que decir que el remake es más divertido y rejugable. Evidentemente, la jugabilidad, al ser moderna, resulta más cómoda, y la brevedad del título hace que sea muy fácil y rápido volver a revisitarlo cada cierto tiempo. Por otro lado, también tenemos que aclarar que los controles de tanque y las cámaras fijas del original tienen su encanto y es fácil acostumbrarse a ellos pasados unos minutos.
Tras todo lo expuesto, no cabe duda de que el remake es un juego prácticamente distinto al original. Eso significa que no es un sustituto del título de 1999 y que lo ideal sería jugar ambos como experiencias complementarias para tener todo el contexto de Resident Evil 3. Si juzgamos el juego de 2020 en cuanto a fidelidad con respecto al original, entonces no, no es un buen remake; sin embargo, lo ideal es ir más allá y evaluar tanto los aspectos negativos como los positivos. Se trata de un juego con luces y sombras que, desde luego, no es tan rematadamente horrible como se lo suele pintar en el discurso popular. Sí, recorta y cambia muchos aspectos del original, pero también hace otras cosas mejor que este, como los personajes y algún que otro escenario. Por ello, sigue siendo una experiencia digna de experimentar, sin olvidarse, por supuesto, de visitar también el original.