Opinión: en defensa de Hananoi-kun y las ruinas emocionales

Hay un romance en particular que genera malas opiniones. De hecho, cuando se habló del anime en esta misma web, el comentario siguió la tónica de otras reseñas en Internet: su protagonista es algo rarito y la historia linda con lo tóxico. A este chico le pasa algo, porque no es normal —ni sano— cortarse el pelo por un comentario de su novia, ni cambiar su forma de ser, ni enamorarse tan perdidamente al ver a alguien por primera vez, ni mucho menos entregarse en cuerpo y alma a una sola persona. Efectivamente, Hananoi-kun, el protagonista de Una enfermedad llamada amor, no es un personaje normal, pero aun así es, en la opinión de una servidora, uno de los protagonistas más entrañables que haya visto.

Vayamos por partes. El romance es un género que, con una premisa generalizada simple —el desarrollo de dinámicas amorosas—, permite muchas variantes diferentes. Los hay para todos los pareceres, y unos gustan más y otros menos. Sin embargo, en general, creo que se puede ver una tónica común: los personajes tienen formas de ser bastante aceptadas socialmente. Tamon, de Tamon-kun Ima Docchi!?, es introvertido y en el fondo es un yandere, pero no deja de ser guapo, amable y con una personalidad atractiva para los lectores y la gente de su alrededor; el novio guaperas introvertido con el que muchos sueñan. En Yamada-kun to Lv999 no Koi wo Suru Yamada es independiente y tiene la cabeza bien amueblada. Toki Ninomae, de Koiseyo Mayakashi Tenshi-domo, es prácticamente perfecto. Incluso Miyamura, con todos sus complejos, es un amor de chico en Horimiya. Por muy extravagantes que se presenten, llega un momento en el que dejan de serlo, se estudia a fondo su personalidad y resulta que son personas bastante normativas. En estos casos nos parece perfecto que se cuenten sus historias.

Ahora bien, imaginad una persona tan destruida por dentro que no tiene integradas las normas más básicas de socialización. Alguien con traumas complejos, que ha visto a la gente que supuestamente le debería querer abandonarle una vez tras otra y que no sabe lo que es abrirse a alguien sin que lo rechacen. Pensad en cómo actuaría, qué diría y cómo sería. El nivel de apego ansioso que podría llegar a tener y la forma de actuar tan irritante que mostraría. Un personaje cuyo momento de ser normativo no tiene lugar, porque cuando se explora el fondo de su personalidad, lo que hay son ruinas. Pues bien, todo eso es Saki Hananoi.

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Nuestro protagonista no tiene amigos porque no quiere tenerlos. No quiere depender emocionalmente de nadie porque sabe que, en algún momento, esa persona se irá. Sin embargo, una pareja es otro tema, porque en principio te antepondrá a sus amigos y familia; serás la persona más importante para ella. Además, te va a querer mucho, ¿verdad? Un plan sin fisuras, Hananoi. Su meta en la vida va a ser buscar una pareja que le dé lo que necesita y nunca ha tenido y dejarse de amigos y familia.

Con todo, el pobre Hananoi no encuentra eso, ya que las parejas que tiene ni lo anteponen a sus otras relaciones ni parecen entenderlo y ni siquiera parecen quererlo de verdad, porque, una vez lo conocen de verdad, se van. Todo esto hace que el chico aprenda a ser complaciente; cuanto más, mejor. Si a tu pareja le gusta el pelo corto, te lo cortas. Si se le pierde algo bajo la nieve, vas a buscarlo. Darías tu vida por esa persona, porque la realidad es que no te valoras. Muy en el fondo, ni siquiera crees que merezcas el amor de alguien y ya no te importa que no te lo den, pues te basta con que no se vayan de tu lado. Este es el chico al que vemos cuando llega en el primer capítulo de la serie a la vida de Hotaru, la protagonista femenina.

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Es aquí donde yace el verdadero sentido de Una enfermedad llamada amor —cuyo título original en japonés es «Hananoi-kun y la enfermedad del amor«—. Hananoi puede ver cumplido su deseo con una pareja que lo anteponga ante todo, que no vea mal que se anule como persona para hacerla feliz y que le permita seguir con su enfermiza forma de vivir. Por otro lado, puede toparse con alguien que de verdad se preocupe por él y que mire por su bienestar, con todo lo que eso conlleva. Lo especial de esta historia es ver el desarrollo del personaje de Hananoi a través de la relación que mantiene con Hotaru, quien aporta justo lo que el protagonista necesita —aunque de un modo diferente del que le gustaría—, pero a la que él también apoya en sus traumas emocionales.

No sé si esto resuena con vosotros, pero, en mi caso, lo hizo muy intensamente. No es que estuviera pensando en ninguna experiencia en particular, sino que fue más bien por cómo estaba escrito todo. Los problemas de Hananoi no se descubren en un principio; pasa un tiempo hasta que se entiende cuál es la raíz del asunto y por qué él es como es. Y esto se va vislumbrando en ciertas escenas, reacciones y palabras. En mi caso, leer esta historia fue como si me hubieran puesto un regalo envuelto entre las manos, y conforme van pasando cosas, se va desenvolviendo el papel colorido hasta descubrir que dentro hay una caja gris. Megumi Morino desarrolla la historia de un modo tan exquisito que se me hizo casi como una experiencia trascendental descubrir lo que se escondía bajo las conversaciones y las emociones de los personajes, además de ver cómo las cosas van cambiando y en qué dirección lo hacen.

Atender el dolor interior es menos importante que mantener a Hotaru a su lado. /©Kodansha

Se agradece, y mucho, que haya personajes que empiezan desde lo más bajo, porque no todo puede ni debe ser perfecto. Aun así, también reconozco que se necesita mucho valor para mostrar la miseria emocional enfermiza y poco normativa en una historia serializada dentro del romance mainstream. Es arriesgarse bastante, porque no todo el mundo está preparado para ver a personajes problemáticos hacer cosas feas —es decir, actuando de modo realista—, o simplemente no les gusta ese tipo de historia. Sin embargo, de vez en cuando surge el milagro y supone un soplo de aire fresco. Aunque cabe aclarar que no todos los problemas que le atribuyen a Hananoi tienen que ver con su personalidad, pues a veces simplemente el artífice de la crítica se ha quedado en los primeros capítulos y no ha seguido desentrañando los misterios de la historia, que cuenta con varios giros y sorpresas.

Con este texto quería aclarar las malas impresiones que genera Hananoi en sus primeros compases, pero también reivindicar la presencia de personajes con heridas emocionales en el manga. No he podido encontrar ninguna reseña en español parecida a esta y era algo que necesitaba escribir, porque resulta sorprendente no solo que no se hable más de esta obra ni de su protagonista, sino que la gente la malinterprete y salga espantada tras los primeros capítulos1. Para mí, Hananoi ha sido y es uno de los personajes a los que más cariño le he cogido en la ficción y cuya historia me parece que puede aportar muchísimo a los lectores. Lo considero un ejemplo realista de cómo se manifiestan realmente los traumas enraizados, sin endulzar el malestar y los problemas que viven quienes los sufren. No obstante, su historia también indica que podemos encontrar personajes en el manga con un desarrollo a nivel emocional y psicológico que no tienen nada que envidiar a los protagonistas de la literatura narrativa.

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  1. Como el meme del señor picando piedra que abandona su trabajo justo cuando va a toparse con diamantes. ↩︎

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