Reconocer el hentai como medio

El pasado 19 de marzo, el periódico conservador New York Post publicó un artículo francamente efectista, en parte por su llegada tardía en 2026, acerca del hentai: What is hentai? The niche porn that the world can’t stop watching de Reda Wigle, quien se define en la propia página del New York Post como “astróloga”. Wigle iguala el hentai a una categoría pornográfica, e incluso, al propio porno en sí. De esta manera, consigue una simplificación de ambas palabras que conlleva la desaparición del contexto industrial que las diferencia en un primer lugar. Fundamentalmente, el porno es una industria específica con unas problemáticas concretas que se han abordado en una multiplicidad de ocasiones, dejando clara su relación con la trata de personas y la explotación sexual, así como su influencia negativa en las prácticas y nociones sexuales de nuestro día a día.

Advertencia de contenido: Múltiples menciones a temáticas sexuales

Por otro lado, hentai es un término aún ciertamente indefinido, a pesar de la popularidad que sostiene. Es importante señalar que este término nace de la comunidad otaku anglosajona para designar al contenido pornográfico —entendiendo este como el que busca algún tipo de estimulación sexual— de estética anime, utilizándose la palabra de forma indistinguida para tanto el manga como la animación, e incluso videojuegos, aunque para estos existan otras terminologías más concretas como eroge. Así, para no caer en generalidades, este artículo está centrado en el audiovisual hentai, y propone además la siguiente definición de la palabra en cuestión: 

“Todo aquel contenido manganime que previamente ha sido calificado como +18 en Japón y además ha sido producido y/o distribuido por algún tipo de empresa dedicada particularmente al contenido erótico-sexual, que a su vez se ha distribuido de forma directa en el mercado de vídeo o, actualmente, en Internet.” 

Cabe destacar aquí igualmente, que al contrario de lo que señala también la publicación de New York Post, es incorrecto, al menos hasta cierto punto, hablar de hentai como un subgénero del anime, debido a que las industrias de anime y hentai están separadas, aunque hayan llegado a cruzarse en algunas producciones como el anime de Yosuga no Sora, que aunque sea principalmente producto del estudio feel., también contó con Media Blasters, entre otras, como productora, empresa que se ha encargado en numerosas ocasiones de la producción y distribución de hentai. 

Es decir, la industria del anime y la industria del hentai cuentan con sus propias empresas y trabajadores, siendo dos ámbitos separados que en ocasiones se asocian. Tal es el caso, que algunas de las personas que conjugan su trabajo en ambas industrias han utilizado pseudónimos para no ser reconocidas, aplicándose esta circunstancia especialmente a las actrices de voz, quienes no quieren que su nombre real se vea implicado en producciones hentai por el riesgo social y profesional que estos trabajos conllevan, sobre todo para las mujeres. Aún así, existen casos como Akiyuki Shinbō, reconocido director de producciones como Monogatari Series o Madoka Magica, quien trabajó en la industria del hentai entre 2002 y 2003 bajo el nombre de Jūhachi Minamizawa tras el fracaso de The SoulTaker: Tamashiigari en 2001. Se puede señalar asimismo que el propio Shinbō aún no ha abordado públicamente este tema. 

También cabe destacar, con el objetivo de defender la definición propuesta en este artículo, que existen animes no considerados hentai a pesar de su elevado y explícito contenido sexual; véase la adaptación de Gō Nagai en formato de OVA, Violence Jack: Jigokugai, de Ichirō Tano y estrenada en 1988, que contiene una secuencia en la que se muestra en pantalla una explícita y desagradable orgía que cuenta tanto con canibalismo como con necrofilia. Sin embargo, las OVAs hentai de culto Chōjin Densetsu Urotsukidōji, dirigidas por Hideki Takayama, que comenzaron a aparecer un año antes de la ya mencionada Violence Jack y aún teniendo un contenido sexual similar, sí se comprenden como hentai debido a su proceso de producción y distribución. 

La visión orientalista respecto a la producción cultural japonesa relacionada con el sexo

Es indiscutible la relación del orientalismo con la excesiva visión negativa que se tiene de todo producto cultural con representaciones sexuales producido en Japón, así como la existencia de este mismo hecho. Es decir, los numerosos y comunes comentarios acerca de lo “guarros que son los japoneses” que leemos, escuchamos e incluso decimos en nuestro día a día, tienen un matiz de superioridad relacionado con la ascendencia europea, la blanquitud, y en este caso concreto, también con la moral católica. 

La frecuencia de las críticas sobre la existencia de lolis y shotas, o juicios acerca de si el yaoi y el yuri son sistemas de sexualización negativa de las relaciones homosexuales son síntomas de esto. Este artículo no pretende dar a entender que este tipo de comentarios no puedan ser relevantes o acertados —sobre todo en el caso de las representaciones sexuales de cuerpos infantiles—, pero sí señalar que su excesiva asiduidad es innecesaria e incluso peligrosa. Más claramente, este tipo de discursos, generalmente, dejan de lado lo que tengan que decir los propios japoneses al respecto, quienes huelga decir que se han pronunciado en numerosas ocasiones, que van desde las relacionadas con el movimiento feminista hasta el pánico social causado por los asesinatos de Tsutomu Miyazaki a finales de la década de los 80. 

Por otra parte, tampoco suele tenerse en cuenta que a pesar de la globalización siguen existiendo diferencias culturales y, como señaló a lo largo de su obra el sociólogo Mark McLelland, autor especializado en la historia queer de Japón, el sistema moral que rige la relación entre la sociedad japonesa y el sexo no es el mismo que el occidental. La razón es, en parte, la ausencia de vínculo entre sexo y religión en comparación a otras culturas. A este respecto también es relevante mencionar para evidenciar esta coyuntura que fue durante los dos procesos de occidentalización que ha pasado Japón los momentos en los que el país adoptó posturas que entendemos como más conservadoras respecto al sexo: la Era Meiji y la Segunda Guerra Mundial y la consiguiente ocupación de Japón por parte de Estados Unidos. 

Aclarado superficialmente el factor del orientalismo a la hora de juzgar productos culturales, es apreciable en relación a poder comprender lo que es realmente el hentai nombrar también la existencia del cine pinku eiga, otra categoría audiovisual japonesa basada en la relevancia de escenas de sexo explícito que tampoco conforma parte de la industria pornográfica. Es llamativo mencionar que en ocasiones las películas pinku son de un carácter políticamente subversivo, lo cual fue particularmente notable durante los años 60, cuando el pinku nace a la vez que una revolución comunista —que fue a su vez una revolución sexual—. 

De todas formas, no todas las películas producidas dentro de la industria pinku tienen un marcado carácter político o artístico, naciendo así por parte de la crítica de cine japonesa el término roman poruno para distinguir a las películas pinku que consideraban de valor artístico de las que delimitaban como mera pornografía softcore. No obstante, es imprescindible mencionar que directores como Kōji Wakamatsu, Masao Adachi, Noburu Tanaka o Atsushi Yamatoya encontraron en la industria del pinku libertad para sus mensajes revolucionarios, así como para la experimentación formal, ya que generalmente las compañías que lo producían les dejaban total libertad mientras se acomodasen al presupuesto y al número de escenas sexuales que pedían por película, habitualmente entre cinco y siete. 

Fotograma de la película pinku Go, Go, Second Time Virgin (Yuke Yuke Nidome no Shojo, Kōji Wakamatsu, 1969)/©Wakamatsu Productions

Como consecuencia de su experimentación estética, así como de las temáticas tratadas, habitualmente relacionadas con la violencia y el sexo, sobre problemáticas ligadas al género, o directamente involucradas con la lucha de clases, muchas de estas películas se consideran parte de la Nūberu Bāgu/Nūveru Vāgu, es decir, la nueva ola de cine japonés contemporánea a la Nouvelle Vague francesa.  Aún en la actualidad, algunos de los más célebres directores de cine japoneses en activo han comenzado trabajando en la industria del pinku, que durante los últimos años ha continuado siendo relevante, con alrededor de un tercio de las producciones cinematográficas japonesas anuales —dato de 2014— perteneciendo a ella. Algunos ejemplos de nombres conocidos que han trabajado dentro de esta industria son Kiyoshi Kurosawa, Yōjirō Takita, Takahisa Zeze o Masayuki Suō. 

Por consiguiente, pueden verse varias similitudes entre el formato del hentai y el del cine pinku eiga: habitualmente contienen una narración, y pueden además contar con gran experimentación formal y temática siempre que contenga las escenas de sexo que la empresa productora requiera. Igualmente, la industria hentai ha recogido a trabajadores de la industria del anime en dados momentos que por razones diversas, no tenían trabajo dentro de ella, llegando en ocasiones a aportarles un espacio para la experimentación formal y desarrollo de un marcado estilo personal. Probablemente el caso más notorio sea el de Yasuomi Umetsu y sus trabajos en Green Bunny —una de las más famosas productora y distribuidora de hentai— o también el del ya mencionado Akiyuki Shinbō, y sus hentai para Discovery y AT-2. 

Hentai como objeto cultural con un medio e historia propios

Cabe destacar cómo las OVAs hentai dirigidas por Shinbō dan a entender una ironización del lenguaje audiovisual del hentai, lo que ya de por sí es una confirmación de que este género ostenta unas características particulares. Además, el carácter propio de Shinbō respecto a la experimentación formal es notorio, siendo sus hentai un manifiesto puente entre The SoulTaker y su posterior obra en el estudio Shaft. El primero de estos fue Unbalance, en 2002, que adapta el eroge del mismo nombre del año 2000 producido por la compañía Cherry Soft, y que será el que aquí se utilice para exponer la posibilidad de trabajos harto interesantes dentro del hentai, aunque ostenten un intenso contenido pornográfico. 

La estilización de Unbalance es tanto narrativa como formal: está desordenada temporalmente, dejando el relato y su posible linealidad de lado para centrarse en la psique de los personajes que aparecen y sus relaciones, las cuales llegan al extremo dramático, acercándose a su conversión hacia una extensión paródica. Esta estilización de la narrativa es muy propia de Shinbō, quien gusta de la simbología reiterativa, como las plumas y los cristales rotos, la proliferación uso de los colores primarios y sombreados exagerados en bloques negros, las imágenes aparentemente desconectadas la narración principal o también los ángulos de cámara poco convencionales, así como personajes incompresibles para el espectador, que se van revelando a medida que suceden los acontecimientos. 

Fotograma de la primera secuencia de Unbalance, donde la habitación donde se encuentra la protagonista se conforma a través de una composición simplificada/©Discovery

Shinbō aprovecha todo esto para representar a través de las imágenes esa incomprensión en torno a los personajes que aparecen en pantalla a la que el nombre Unbalance hace referencia directa, realizando una comparación entre la imagen visible —lo que se puede llegar a saber de alguien de primeras— y la oculta, siendo esto una temática que en este hentai toma especial importancia, relacionándolo directamente con el acto sexual como un momento en el que los personajes se dejan ver literal y figuradamente desnudos, dándose de esta manera a conocer tal y como son en realidad.  Los colores inconexos de los fondos y los personajes ayudan también a crear cierta sensación de inestabilidad y duda respecto al lugar donde se encuentran los protagonistas, aislados sobre escenarios negros con figuras geométricas, generando dudas e incluso incomodidad visual así como el inevitable interés del espectador. Todo esto a través de la experimentación formal que le fue permitida a Akiyuki Shinbō durante su corto paso por la industria, la cual sigue empleando y desarrollando a día de hoy en sus obras más recientes para Shaft. 

Es innegable el reconocimiento estético que la figura autoral de Shinbō ha logrado a través de diversas sentencias que pueden apreciarse enormemente en Unbalance: símbolos y metáforas visuales —como lo son los cristales rotos en los que se reflejan los personajes, que ya había utilizado con un significado similar en The SoulTaker—, juegos constantes con el espectador, así como composiciones por capas y solapamientos que tratan de ser lo más evidentes posibles, o el uso de posiciones de cámara que deforman el dibujo.  Pero el recorrido del hentai se puede seguir hasta más allá de las fuentes que adapta directamente, como el caso de los eroges. El arte de estampas shunga y el hentai están íntimamente entrelazados más allá de lo temático, pues visualmente los conecta la teoría Superflat del artista Takashi Murakami, en la que este sostiene lo identitario del plano y la bidimensionalidad exagerada del arte japonés, donde la perspectiva lineal renacentista europea no existe, los colores son generalmente planos y las líneas que delimitan las formas son claramente visibles. Murakami realiza una conexión entre el arte del periodo Edo y lo contemporáneo, principalmente con el manga y el anime, que cumplen también las características de lo plano: sin perspectiva lineal, con líneas definidas y colores que rellenan los espacios sin sombreados trabajados. No es de extrañar que en un principio Murakami tratase de convertirse en animador y además estudiase particularmente el estilo y la técnica nihonga, a partir de lo cual comenzó a desarrollar su teoría Superflat, que comparaba esta última con las animaciones del pionero animador de anime Yoshinori Kanada y con ello deshaciendo los conceptos de alta —pinturas del periodo Edo— y baja cultura —anime— japonesas, fundiendo todo en uno solo: Superflat

Si el ukiyo-e y el anime están directamente relacionados en el uso de lo plano, el shunga y el hentai también lo están, entrando además en la temática concreta de lo erótico/pornográfico. Los motivos que ahora se pueden ver en el hentai ya estaban además presentes en el shunga: El sueño de la esposa del pescador (Tako to ama) de Katsushika Hokusai de 1814 es un conocido caso en el que aparece la temática de los tentáculos, tratándose esta de una famosa categoría propia del hentai de la que probablemente el ya mencionado Chōjin Densetsu Urotsukidōji es el ejemplo que más presencia ha tenido en Occidente. 

Aunque los tentáculos sean probablemente el ámbito particular del hentai que más se reconoce como estereotípico en Occidente y del que se ha establecido previamente la relación con el shunga, existen más conexiones temáticas, como los personajes que representan las figuras femeninas. Se puede observar aquí una estampa anónima llamada Jogakusei to haikara, título que puede traducirse como Estudiante y dandi, (1894-1905), que muestra a una estudiante, personaje femenino habitual en el hentai y que conforma incluso una categoría propia como fetiche del que se puede trazar un profundo recorrido histórico. Lo mismo ocurre con la figura de la enfermera, personajes femeninos que han conformado imágenes con una notable presencia en el shunga de la Era Meiji, por lo que podría llegarse a realizar un recorrido histórico de la semiótica del hentai. 

Jogakusei to haikara, artista no identificado/©British Museum

Es semejante lo que ocurre con acciones además de elementos, como son los tentáculos o genitales de gran tamaño, que tienen presencia en ambos casos, o personajes concretos —como las colegialas y las enfermeras—. Entre las acciones con antecedentes históricos de representación está por ejemplo lo relacionado con el shibari y el bondage, del que a menudo se relaciona su origen con el periodo de los reinos combatientes (476 a. C. – 221 a. C.), teniendo también una clara asiduidad histórica y cultural que continúa en la contemporaneidad, donde se podrían incluir sus representaciones contemporáneas en el hentai. Asimismo, el shunga es en ocasiones narrativo, siendo las propias imágenes acompañadas de textos que ponen en situación lo representado, en ocasiones incluyendo diálogos entre los personajes que aparecen otorgándoles algún tipo de característica para ser identificados por el espectador. Esta narración a través de imágenes pornográficas acompañadas por texto recuerda al hentai, que siempre cuenta con algún tipo de narrativa, y a menudo incluso con un desarrollo de los personajes que aparecen, así como del mundo imaginario en el que suceden los acontecimientos, creando un contexto para la acción sexual. 

Ahora bien, este contexto es una variable desmesurada, ya que en el hentai hay tanto obras que podrían definirse como principalmente narrativas y que contienen escenas de sexo —de forma similar a una película que podría irse a ver al cine—, como otras que podrían calificarse como meramente pornográficas, aunque también estas son calificaciones que varían individualmente según el espectador. Es decir, a pesar de todo el interés que pueda encontrarse en los valores formales de Unbalance, casi todas sus secuencias son sexuales, y aunque estas tengan unas pretensiones mayores que la estimulación sexual pura, si el espectador no está abierto y dispuesto a considerarlas, probablemente no las encontrará. 

En definitiva, es difícil realizar una valoración global del hentai, ya que es un medio con una enorme variedad de obras que, además, apenas han sido estudiadas y analizadas en profundidad, ni por la comunidad fan ni mucho menos aún por la académica. Existe una enorme cantidad de obras necesarias de problematizar por su carácter misógino, pero también otras de imprescindible admiración, como lo es A KITE, de Yasuomi Umetsu, una animación de 1998 de inmensa calidad que realiza una crítica hacia las figuras de autoridad y el abuso de poder, y que además cuenta con una protagonista que lucha con el objetivo de obtener una agencia propia. 

No cabe duda de que el caso de A KITE es uno muy concreto, ya que es uno particularmente conocido y del que se tiene bastante información en comparativa con otra inmensa mayoría. Se sabe entonces, como ha explicado el propio Umetsu, que la historia que se relata no era una que él quisiese realizar en un principio dentro de la industria de la animación erótica, aunque ante la posibilidad de no poder llevarla nunca a cabo decidió que podía tomar ese formato. Resulta lógico entonces preguntarse cuántos hentai más habrán nacido de situaciones similares y por tanto hasta dónde puede llegar su comparación industrial con el pinku

De todas formas, existe también al menos un hentai que ha sido creado en una circunstancia casi contraria a A KITE, Dream Hunter REM, unas OVAs producidas entre 1986 y 1987 de la mano de Anime R que comenzaron con un primer episodio con escenas pornográficas utilizadas como reclamo para vender más cintas de vídeo. Pero, en este caso, su éxito le permitió dejar el contenido sexual de lado y continuaron con otros dos episodios que carecían de estas representaciones, así como, y más sorprendentemente, llegaron a ofrecer una versión posterior del primero en la que se eliminó todo contenido no apto para menores. Cabe igualmente destacar que Dream Hunter REM llegó a convertirse en una franquicia. 

Conclusiones: el hentai como industria inexplorada

Ante todo, lo más importante es despenalizar moralmente el contenido sexual y comprender que su existencia per se no es perjudicial, y que, como es el caso de Unbalance, puede resultar en una obra interesante a varios niveles, pero que aún así, igualmente pueda seguir siendo criticada por su contenido misógino, hecho que, en cualquier caso, no ocasiona su completa devaluación. Generalmente, todas las obras, no sólo las hentai, poseen tonalidades grises e incluso contradicciones, por lo que tampoco se pretende poner aquí de manifiesto que el hentai sea algo que todo el mundo debería ver, pero sí señalar la existencia de tenencias estéticas y narrativas interesantes y apreciables dentro de esta industria, la cual sigue siendo enormemente inexplorada por parte de la comunidad otaku occidental más mainstream. 

Es complicado realizar una linealidad de la historia del hentai y rastrear obras y trabajadores dentro de esta compleja industria, pero vale la pena no descartar por esta etiqueta a todas las producciones que se adhieren a ella y darse una oportunidad para explorarla, ya que está llena de curiosidades y de trabajos interesantes que indagan en las posibilidades de la animación limitada y la experimentación formal. Sin ir más lejos y por cerrar este alegato, la trilogía Animerama (1969-1973) de Mushi Production, se compone de tres películas de animación erótica experimental firmadas por los mismísimos Osamu Tezuka y Eiichi Yamamoto que cuentan con un enorme reconocimiento en los círculos cinéfilos occidentales, al mismo tiempo que son considerados como el aparente origen y primer pilar de la animación erótica japonesa. 

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