Desde 2019, la Weekly Young Jump ha apostado por un manga que, aún a día de hoy, sigue levantando pasiones entre detractores y defensores de las no monogamias. La obra de comedia escrita por Rikito Nakamura, ilustrada por Yukiko Nozawa y protagonizada por Rentaro Aijo y sus cien novias —a fecha de redacción este artículo, treinta y seis— es uno de los romances en alza en las islas niponas y este verano recibirá su tercera temporada de anime de parte de la productora Bibury Animation Studios.
Para quien no lo conozca, Mis 100 novias que me quieren mogollón, mogollón —licenciado con ese título por Ivrea en España y como Mis 100 novias que me quieren mucho, mucho en Latinoamérica— se publicita como un harén en el que no hay heroínas perdedoras. Rentaro, un estudiante de bachillerato, ha sido agraciado —o maldecido, según se mire— con cien almas gemelas a las que no podrá rechazar debido a ciertas normas, por lo que nuestro protagonista irá añadiendo ovejas al redil de la “familia Rentaro” hasta llegar a la centésima afortunada. Aparte de las novias, que tienden a ser extravagantes porque hay que escribir una centena de personalidades y físicos diferentes e interesantes, otras bazas de la historia son las interacciones entre ellas —con mucha presencia del espectro bisexual— y ver al bueno de Rentaro dándolo todo en las más arduas y extrañas tareas para hacer felices a sus parejas.

La sinopsis es muy simple, como podemos ver. Ahora bien, cualquier persona no familiarizada con las no monogamias que intente imaginar la puesta en práctica de la trama podría tener ciertas dudas: “¿Qué piensan las novias al respecto?”, “¿Cuál es la novia real, la imagen de la portada de la serie?”, “¿Hay celos y rivalidades?”, “¿Hay favoritas?”. La práctica no monógama puede generar muchas preguntas pero, por suerte, Nakamura ha puesto especial cuidado en retratar de una manera fiel y ética el poliamor. Tratándose de un tema que puede ser tan controvertido, consigue despejar las malas sensaciones que pudieran surgir y mantener la historia en un tono cómico, romántico y sin drama.
Los primeros capítulos son vitales para comprender cómo se va a desarrollar el poliamor —es decir, los noviazgos simultáneos entre el estudiante y sus novias— en el manga. Nakamura esquiva la bala de “la novia de verdad” estableciendo que el primer puesto sea doble. Hakari Hanazono y Karane Inda son dos chicas de las que nuestro protagonista se enamora a la vez y las trata en igualdad de condiciones aun siendo personas muy diferentes. Son ellas las primeras que se enfrentan a la situación de “compartir” a su chico, sobre todo Karane, que hace de voz de la razón y se muestra reticente en un primer momento. Pero él les demostrará que no va a dar la mitad a cada una, sino que se va a esforzar hasta el límite por cada una por separado. Hakari entonces se abre más a la idea porque, si eso significa poder estar con Rentaro, no le importa que él esté con alguien más. Ambas terminan accediendo a ser sus novias.
Hasta aquí todo claro. No vamos a tener una primera novia, una favorita, la “novia de la portada”, porque ambas ocupan un lugar junto a Rentaro, pero en la práctica se presentan otros temas que parecen más difíciles de resolver. Este es el caso del primer beso. Él se devana los sesos para hacerlo justamente y ellas examinan los planes para no quedarse atrás; está en juego la fiabilidad poliamorosa de la trama y los propios personajes se la toman muy en serio. Al final, augurando el trasfondo bisexual de tener a tantas mujeres halorrománticas pasando tiempo juntas, el primer beso se resuelve como un beso a tres.

La búsqueda de la igualdad entre novias en los primeros capítulos establece el barbecho para ir aumentando el número de relaciones. Las bases deben ser claras; las novias asumen que Rentaro estará con otras chicas, ninguna intentará conseguir algo de él que otra no pueda tener y nuestro protagonista se esforzará hasta límites insospechados tanto en las citas individuales como en las grupales con cada una de ellas para que se tomen su amor en serio. Al sentir el flechazo mutuo con una chica, Rentaro le informará en algún momento de su situación —“tengo otras catorce novias”— y a esto le seguirá la fórmula “tiempo a solas-presentación al resto de novias-beso” que admite ligeras variaciones en el orden. Por último, se le suman los lazos que se establecen entre ellas, relaciones de lo más pintorescas y curiosas entre personas muy diferentes.
Estas bases, tratadas como parte de la comedia de la serie, generan un código de conducta no escrito en todos los implicados que salvaguarda que las chicas no se sientan desplazadas, solas, ni otros sentimientos negativos que surgen de los celos —inseguridades, miedos, tristezas…—. Es más, en la presentación de cada novia, todas deben dar el visto bueno a la nueva miembro —siempre desde una mirada positiva inicial por tratarse de alguien a quien Rentaro ha elegido— para que pase a formar parte de la familia. Después de esto, la novia será una miembro más del grueso del grupo, con sus mismos derechos, con nuestro abnegado protagonista preocupándose tanto de ella como del resto y sin ningún tipo de favoritismos ni jerarquía por el orden de llegada.
Salvando las distancias existentes entre una comedia de gags como es Mis 100 novias y la compleja realidad de las relaciones humanas, estas particularidades de la trama son situaciones por las que también pasa una relación no monógama ética en la práctica. Antes de establecer la relación o vínculo, las personas implicadas informan de lo necesario a la potencial pareja —“tengo otras parejas/vínculos”, “practico este tipo de orientación relacional”— para evitar malos entendidos y asegurarse de que el otro sabe realmente qué esperar de la futura relación. También son importantes las citas entre ambos y conocer a la persona por separado ya que, en el caso de una relación a dos, el vínculo es entre ellos aunque ambos tengan otras relaciones en ese momento.

Además, se establecen los acuerdos necesarios dentro del vínculo ya existente antes de empezar la nueva relación. Rentaro informa a sus novias de cómo conoció a la chica y les pide permiso para empezar a salir con ella. Las anteriores chicas tienen una breve interacción con la nueva para conocerla e informan de si la han aceptado en la familia Rentaro o no. Es entonces, y solo entonces, cuando la novia pasa a formar parte del grupo. Este ritual es una sucesión de acuerdos que Rentaro estableció con sus novias para cuando decidiera iniciar una nueva relación con otra chica. Está claro que no en todas las polículas se hace una presentación como esta, pero es la forma en la que las novias del protagonista y él surfean las olas de la no monogamia y es perfectamente válida. Lo importante es que cada relación establezca unos acuerdos cómodos para todos y que estos sean revisables según las necesidades de cada uno1.
En definitiva, Mis 100 novias plantea de una forma bastante consecuente con la realidad cómo es la puesta en práctica de las relaciones no monógamas. En una época en la que las orientaciones relacionales alternativas tienen más visibilidad que nunca, se necesitan ejemplos de prácticas éticas en las no monogamias que busquen activamente desligarse de otras conductas no éticas que puedan resultar perjudiciales para los implicados. La historia de Rentaro y sus cien novias, si bien extravagante y cómica, nos recuerda cómo deben hacerse las cosas para mantener la armonía en las relaciones humanas. Porque todo esto no es solo aplicable a ser considerados con las emociones y sentimientos en el plano romántico, sino que también podemos ponerlo en práctica en cualquier tipo de relación que sea importante para nosotros.
1 De hecho, Nozawa, la incansable dibujante, también ha tenido que “actualizar sus acuerdos” debido a la cantidad de personajes y cambiar el estilo de las presentaciones para que aparezcan todas las novias.