El público aficionado al anime tiene muchísimo recelo y reticencia ante los live-action, y no es para menos. En muchas ocasiones, la adaptación live-action de un manga o anime resulta ser un auténtico despropósito en el que se desvirtúan totalmente los personajes, la historia y el mensaje original de la obra; en esta misma web ya os hablamos de este aspecto, centrándonos en el caso de la infame versión de Netflix de Death Note.
Sin embargo, en los últimos años parece existir una deriva hacia la recuperación de la confianza por parte de los fans hacia las adaptaciones live-action, pues nos encontramos con obras que captan muchísimo mejor el espíritu de la serie en que se basan. Se nos viene a la cabeza, por supuesto, One Piece, con la que parece que Netflix aprendió la lección y decidió volcarse en crear una serie que transmitiera las mismas sensaciones que la original de Eiichiro Oda, pero, al mismo tiempo, siendo su propia cosa. En este otro artículo también enumerábamos un puñado de live-actions que merecen la pena y que no son tan conocidos.
Es, por tanto, esperanzador ver que la tendencia cambia de esta forma hacia una mejor comprensión y respeto del material original. Sin embargo, cabe plantearse dónde reside el quid de la cuestión, qué es lo que hace verdaderamente buena a una adaptación live-action, tanto para quienes ya conocen el manga o anime en que se basa como para aquellos cuya primera toma de contacto con la obra en cuestión es la serie o película de imagen real. ¿Es fundamental que sea extremadamente fiel al original? Si bien es un punto positivo el que se tenga en cuenta la obra original y se respete, por otro lado, parece totalmente innecesario hacer un calco 1:1 pero con actores en vez de con animación. También, en su momento, ya reflexionamos sobre la necesidad o no de la fidelidad de una adaptación live-action, así que no desarrollaremos mucho más sobre este tema concreto.
Sin embargo, sí que podemos hablar sobre un aspecto: y es que, independientemente de lo que hace buena o mala a una adaptación, cabe preguntarse si existe un live-action que supere a la adaptación animada. Aunque parezca una locura, no lo es, pues en algunos casos la adaptación live-action está más cerca de lo que quiere transmitir el manga original que su versión animada; puede que sea el caso de Golden Kamuy; y es precisamente la adaptación a imagen real del manga de Satoru Noda la protagonista de este artículo. Si bien la mayoría de la gente tiende a optar por la versión animada, en este caso creemos y defendemos que la versión live-action es superior a esta y más coherente con el manga, así que intentaremos con estas líneas convencer a nuestros lectores para darle una oportunidad comparándola con el anime y exponiendo todas sus bondades.

Lo cierto es que, siendo justos, la adaptación animada de Golden Kamuy no empezó con muy buen pie que digamos; en su momento fue muy criticada la animación de la primera temporada, sobre todo el uso del CGI en algunos momentos, como para los animales, especialmente los osos contra los que se enfrentan nuestros protagonistas. Así pues, la primera temporada hizo arquear la ceja a quienes ya venían de leer el manga. Sin embargo, todo hay que decirlo, el anime remonta bastante y la segunda temporada es mucho mejor, aunque cuando alcanza su pico álgido es con la tercera, que es una maravilla y una adaptación increíble del arco de Sajalín.
Pese a su mejora, la adaptación animada es inconsistente y falla en algunos momentos, a lo que también afecta el cambio de estudio para la cuarta y quinta; si bien las tres primeras corren a cargo de Geno Studio, Brain’s Base se encargó de adaptar las dos últimas. No obstante, esto no es la peor falla del anime de Golden Kamuy: y es que aún más criticable nos parece el hecho de que decidieran saltarse algunos arcos breves del manga para, posteriormente, adaptarlos en forma de OVA, algunas de las cuales no podemos ver de forma legal en Occidente. Si bien podría argumentarse que estos arcos no son necesarios para entender la trama, en algunos de ellos los personajes se hacen con alguna piel tatuada, que al final es el hilo conductor de toda la trama de la serie, por lo que consideramos un error eliminarlos o adaptarlos como algo accesorio que mucha gente acabará por no ver. Además, por ejemplo, casi al final de la obra, cuando Sugimoto le pregunta a Boutarou cómo es que sabe conducir, este le responde que conoció a un estadounidense llamado Eddie… haciendo referencia precisamente a uno de esos arcos que no adaptaron en la serie originalmente.

En cuanto al live-action, desde el principio las sensaciones son muy buenas, empezando ya por el reparto y la caracterización de los actores. Lo cierto es que la mayoría de los personajes son perfectamente reconocibles, salvo quizás el caso de Tsukishima. No cabe duda de que una buena caracterización es importante a la hora de crear un buen live-action; aunque más que hacer que los personajes sean idénticos a su versión animada, lo ideal es conseguir que los actores sean creíbles interpretando a ese personaje, y eso ocurre exactamente con Golden Kamuy.
Otro punto positivo a favor del live-action es que, según nuestra humilde opinión, capta mucho mejor el tono humorístico del manga original que el anime. Lo cierto es que el humor de Noda muchas veces deriva de su habilidad para dibujar expresiones caricaturescas que nos sacarán una carcajada. Sin embargo, en el anime, en diversas ocasiones las expresiones de los personajes no son tan exageradas ni están tan conseguidas como en el original. En el live-action, en cambio, precisamente por estar viendo a actores reales, resulta mucho más gracioso y divertido ver a personas de carne y hueso adoptando ese tipo de caras.
En general, sorprende lo bien que capta la obra de acción real el espíritu del manga de Noda; muchos live-action fallan precisamente en esto, pero Golden Kamuy da totalmente en el clavo, respetando fielmente esa mezcla de humor y drama que tanto nos gusta (aunque, por poner una pega, es cierto que los momentos dramáticos no están tan conseguidos como en el manga original).

A diferencia del anime, el live-action también adapta arcos que la serie animada se saltó para adaptar en forma de OVAs, como ya hemos comentado; un buen ejemplo de esto es el arco de los yakuza y los osos, que en el anime no se adaptó inicialmente, pero el live-action sí se encargó de incluirlo. Por lo tanto, se aprecia un mayor interés por dar forma a toda la obra original en forma de adaptación, incluso los arcos que no son tan relevantes para entender la historia principal.
Sí es cierto que hay algo negativo del live-action, y eso es la alternancia entre película y serie de televisión. Aunque solo es una suposición, imaginamos que en un principio querían probar con una película si tenía buena acogida y, como en general gustó bastante, decidieron seguir adaptando la historia en forma de serie. No obstante, esto puede hacer que los espectadores pierdan un poco el hilo al encontrarse la obra en diferentes formatos. Por otro lado, también es incierto el futuro del live-action; no ha adaptado todo el manga, a diferencia del anime, que está en su última temporada adaptando ya los últimos arcos de la obra de Noda. Pero siendo que el live-action parece haber tenido buena acogida, esperamos que en el futuro podamos tener el manga entero versionado en este formato, aunque de momento se trata solo de un deseo.
Independientemente de que acabemos teniendo todo Golden Kamuy adaptado en forma de live-action (ya sea lo que queda como películas o como serie), lo cierto es que merece la pena verlo, incluso aunque ya hayamos visionado el anime previamente. En cuanto a tono y fidelidad es probable que constituya una mejor adaptación de la obra de Satoru Noda que la versión animada, conservando, al mismo tiempo, su propio espíritu: quizás eso es lo que convierte a una adaptación en buena y digna de elogio, como comentábamos al principio de este artículo.