Este artículo contiene menciones a contenido delicado no apto para menores
El pasado 25 de julio de este año, miles de usuarios se dieron de bruces con unas novedosas medidas implementadas por cientos de páginas en relación al contenido NSFW dentro de las mismas. Los casos más flagrantes dentro de los círculos de ocio alternativo fueron que páginas como Itch.io, famosa plataforma especializada en juegos indie, o Twitter no permitían acceder a cierto contenido marcado como inapropiado. En el caso de la primera, algunos juegos no habían desaparecido por completo de los servidores, sino que aparecían como no disponibles o no se mostraban en las búsquedas, mientras que en el caso de Twitter aparecía un mensaje advirtiendo que el contenido no se podía mostrar a no ser que se verificase la edad de la persona poseedora de la cuenta. El caos se apoderó de las redes y los usuarios se mostraban molestos, pero, ¿por qué esta inesperada prohibición?
La respuesta más rápida nos relaciona todo este caso con el Online Safety Act, o la Ley sobre la Seguridad Online, que fue aprobada en el Parlamento de Reino Unido el 26 de octubre de 2023. A grandes rasgos, en ella se detalla que las empresas y entidades que operen de manera online y ofrezcan unos servicios en la web deben asegurarse de que cierto tipo de contenido «perjudicial» no sea accesible a menores de edad. Su aplicación este mes de julio ha llevado a las plataformas a activar medidas preventivas sobre el bloqueo de contenido hasta que estas puedan verificar factiblemente la edad de sus usuarios. Pese a que esta ha sido una medida exclusiva de Reino Unido, muchos usuarios externos se han visto también afectados debido a que muchas veces las plataformas han optado por una restricción más dura. Respecto a esto también debemos tener en cuenta que la Unión Europea lleva valorando desde hace un tiempo algún método de verificación de la edad de los distintos usuarios que pueblan la red, sobre todo uno que resulte igual para todos los países miembros. No hay que irse muy lejos tampoco, pues dentro de España se hicieron los primeros pinitos para la implementación del «pajaporte», nombre popular de la menos sonada aplicación Cartera Digital Beta, la cual los españoles utilizarían de una forma parecida a la ya existente Clave para poder acceder a sitios restringidos por edad. A día de hoy no se conoce con exactitud el progreso o la implementación de este proyecto, podemos decir que se quedó parado. Se habla de que este bloqueo más masivo puede darse debido a que X como empresa y otras compañías similares quieren cubrirse las espaldas en caso de que desde la UE decidan imponer también bloqueos similares.

Este tipo de medidas por parte de los gobiernos suelen tener un peso bastante significativo en cómo se desarrollan y expanden nuestros ambientes online, sin embargo el tema es plural. Una plataforma como Itch.io, la cual depende de que un porcentaje de sus usuarios quieran pagar por cierto tipo de contenido adulto, no puede permitirse unas medidas tan generales si solo fuesen implementadas por los gobiernos de ciertos países. Para tratar este tema en más profundidad debemos remontarnos hasta 2020, cuando Visa y Mastercard cortaron su relación con la plataforma PornHub debido a las, en el momento recientes, alegaciones contra la página por albergar contenido relacionado con violaciones, trata de personas y abuso a menores. Incluso con lo obvio y señalado que era el asunto previo a toda la debacle, las compañías solo movieron ficha cuando una trama más grande explotó en los medios más importantes de todo el mundo y en el momento la medida fue veladamente aplaudida por diferentes grupos. Se consideró un golpe directo y definitivo a la plataforma y por lo tanto a aquellos que se estaban beneficiando de un claro abuso a las víctimas que aparecían en los diferentes vídeos. Al final todo esto quedó en agua de borrajas y si bien es cierto que el dominio no puede efectuar sus cobros con ninguna tarjeta ni tampoco mediante PayPal, sigue en perfecto funcionamiento a través de otros métodos de pago, entre ellos Bitcoin.
Podemos decir que este fue uno de los primeros golpes del duopolio hacia este tipo de contenido, sin embargo no podemos decir que haya sido el único hasta sus vueltas a las andadas estos días. En tierras japonesas, DLSite es una plataforma que podríamos comparar a Steam y a su presencia en Occidente. Como usuarios tenemos a nuestra disposición una amplia serie de archivos, vídeos, juegos, libros y obras que van desde propuestas indies o doujin hasta obras más comerciales de empresas más asentadas. Podemos encontrar entregas recientes de aclamados juegos del género de las visual novels o podemos también encontrar un ASMR NSFW subido a la plataforma por un artista independiente. Lo que generalmente hace destacar a DLSite frente a otras plataformas es la libertad que ofrece a sus creadores a al hora de publicar contenido, NSFW o no. En este caso ni siquiera estamos hablando de media que haga uso de la imagen real de nadie, sino que por lo general son representaciones ficticias. Pese a los diferentes intentos por parte de la plataforma de esquivar las prohibiciones de las empresas de gestión de pagos, como por ejemplo cambiando el nombre de las etiquetas con el contenido más delicado, en 2024 estas cancelaron su asociación con el sitio y tras ello ya no era posible pagar con Visa, Mastercard ni American Express. Actualmente parece que se han retomado los servicios normales de pago en la plataforma debido a un cambio de gestor. Pero ya es preocupante de por sí que las empresas emisoras de las tarjetas decidan unilateralmente cortar relaciones con una plataforma que aparentemente no estaba rompiendo ninguna de las condiciones de su posicionamiento frente al abuso. Pese a que algunos juegos pudieran representar realidades duras e incómodas, esto era simplemente una representación ficticia de los mismos., a diferencia de la explotación de personas reales que sí se daba en el caso de PornHub.
Así pues, llegamos a la situación actual, donde estamos siendo espectadores del nuevo movimiento de las empresas contra todo aquello que consideran «problemático», como ellas mismas han dicho. Fuera de sus proclamas iniciales allá por 2020, no sabemos oficialmente qué temáticas concretas están siendo vetadas por las compañías. Se han lanzado una serie de tuits y publicaciones con información de dudosa procedencia o directamente generados con IA sobre lo que las compañías de procesamiento de pagos están cazando. Aún así, a estas alturas no hay nada seguro y de haberlo posiblemente no se filtrará al público hasta más tarde. Lo que sí que podemos sacar en claro es que tanto Visa como Mastercard están llevando a cabo una clara cruzada con todo aquello que caiga en la categoría de contenido adulto, generalmente de ámbito sexual. Pese a que está siendo relativamente más sonado el problema con Itch.io, Steam también sacó recientemente una noticia donde avisaban que endurecerían sus políticas respecto a este tipo de contenido. No es casualidad que la plataforma que previamente dio un volantazo a la permisividad haya dado otro al lado contrario una vez que las empresas que manejan el dinero se hayan puesto firmes en sus convicciones de dudoso origen.
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Algunos medios teorizan que todo este problema se debe al ruido que hizo hace unos meses el caso del juego No Mercy, debido a su contenido sexual relacionado con el incesto y el abuso sexual. A pesar de que el título fue retirado de las plataformas mencionadas, parece ser que desde diferentes grupos se presionó a las empresas para que dejasen de trabajar con aquellas plataformas que, como ya pasó con PornHub, promoviesen o permitiesen la publicación de cierto tipo de contenido. Si bien no podemos señalarlo como el germen definitivo, seguramente las empresas ya anduviesen buscando algún chivo expiatorio para poder mover ficha frente al contenido adulto. Los movimientos de las grandes empresas en estos ámbitos siempre han sido ambiguos. Si hablamos de Steam, por ejemplo, hace ya años que es un secreto a voces que la vara de medir del contenido adulto no es igual para todos. Mientras que juegos pornográficos realizados con Unity plagan la página y la sección de novedades, novelas visuales como Slow Damage están prohibidas en la plataforma. Por no decir que muchas otras deben sacar versiones diferenciadas sin ningún tipo de contenido adulto para poder venderse desde la web.
Debido a la controversia, Itch.io decidió pronunciarse y actualizar sus reglas dentro de la misma página dedicada a lo que los creadores pueden y no pueden publicar. En esta lista, no exhaustiva ni limitante, ha dejado claro que obras que incluyan estas temáticas pueden ser eliminadas de la plataforma por incumplir las reglas. Hacemos hincapié en el uso de la palabra temáticas. Cosas como relaciones sexuales no consentidas, incesto o pseudo-incesto, revenge porn o el uso de fluidos corporales como el vómito no están ya permitidas dentro de la página.

Podemos decir que la debacle actual en redes se origina principalmente desde estos dos frentes. Por una parte, las propuestas de los gobiernos por, aparentemente, mantener a los menores alejados del contenido no apto y por otra el posicionamiento dudosamente heroico de las compañías de tarjetas. Pero, ¿son las razones de ambos realmente tan loables como aparentan? Si bien ya hemos comentado que la decisión sobre PornHub se recibió con vítores, realmente no han supuesto ningún tipo de golpe a problemas mayores de trata o de abuso de menores y si es por cierto tipo de contenido, servicios o bienes, las empresas de procesamiento de pagos y bancos ya los prohíben en sus propias condiciones de uso. Las mismas redes sociales tienen reglas asociadas al contenido adulto y al uso que los menores pueden hacer de las plataformas, por lo que la nueva legislación puede resultar algo redundante en este aspecto, más actuando para poner trabas o imponer un mayor control que quizás deberían estar realizando los padres con la educación y los medios necesarios que ya están disponibles en los dispositivos de sus hijos. Por no decir que antes de una prohibición plena se podrían poner muchas y diferentes medidas para diferenciar este contenido del apto para menores dentro de las plataformas, empezando por una moderación adecuada de lo que se publica.
Lo que en primera instancia puede parecer motivo de celebración debido a que gran parte de este contenido puede resultar abusivo o desagradable, no tarda en tornarse un motivo de gran preocupación en términos de libertad individual y de expresión artística. Para empezar, si estamos hablando de temáticas y no de hechos perjudiciales completos puede que no solo se condene al juego con representaciones gráficas de abuso, sino que aquel que lo trata desde una perspectiva narrativa pueda ser también un objetivo a eliminar. Esto mismo ha pasado con cientos de juegos dentro de ambas plataformas, los cuales han sido arrastrados al igual que otros que tacharíamos de fetichizantes. Cientos de desarrolladores están buscando alternativas de acceso a sus juegos debido a que han sido desindexados, ya que de esta misma manera, por poner un ejemplo, incluso obras como The Hundred Line-Last Defense Academy– podrían ser prohibidas por contener numerosas bromas relacionadas con el vómito, si llevásemos estas normas a su máxima expresión. La línea de aquello que es aceptable y aquello que no es fina y más si estamos hablando del mundo del kink o la expresión sexual de conductas que se salen fuera de la norma, todo ello hablando por supuesto de ambientes donde los hechos representados son ficticios y ningún ser vivo haya sido afectado directamente durante su creación.

Tampoco es un movimiento muy inteligente fiarnos ciegamente de que el gobierno o ciertas empresas multimillonarias tengan realmente en mente nuestro bienestar. No podemos evitar que estas medidas nos evoquen tiempos pasados en los que la censura se utilizaba como pretexto para proteger la moralidad de la población, siempre con los niños como un concepto superior y sagrado en la boca y como motivo de cientos de quemas de libros. Si bien es verdad que las juventudes se están viendo mucho más afectadas por el cada vez más temprano consumo de porno, una caza de brujas masiva donde el gobierno y diferentes empresas se hagan con datos sensibles de sus usuarios para ver si pueden ver o no el dibujo de un pene es algo bastante preocupante. Al contrario que irse a la discoteca un viernes por la noche, aquí no le enseñas dos segundos el DNI a un portero que se va a olvidar de todos tus datos en cuanto te deje pasar, sino que hablamos de una copia digital de tu documento de identidad puede pasar por muchos filtros, servidores y aplicaciones. Pese a que las empresas puedan parecer muy trasparentes, nunca sabremos si realmente esos datos no están siendo usados para otros fines. Ya hemos visto casos en los que en EEUU una aplicación de control de la menstruación se usaba para identificar a mujeres que podrían haber abortado. Fiarse de la buena fe de empresarios y gente que saca provecho y tajada con nuestros datos no es sino pecar de ilusos.
Ya podemos ir un paso más allá, está claro que lo primero y más sencillo de bloquear es aquel contenido que a ojos de la mayoría de la población es tachado de cuestionable, pero nadie nos asegura que el siguiente movimiento no sea ir a por aquel que las empresas mismas consideren arbitrariamente como malicioso. Es totalmente factible que una vez introducidas estas medidas se pueda juguetear con la opción de bloquear contenido LGTB o relacionado a la salud sexual todo en pos de la moralidad y del beneficio de nuestros menores. Además de que si se registra el acceso de los usuarios a cierto tipo de contenido, se podría hacer un uso malicioso del mismo, tanto por parte de terceros como por parte de las autoridades locales. Por lo tanto, este movimiento no es para nada en beneficio del usuario medio de internet y desde luego debería preocuparnos aún si no somos consumidores ni habituales ni casuales de las páginas o productos picantes dentro de la web.

Pese a que es sencillo hablar de las medidas que se están tomando y localizar el origen de por qué están pasando estas cosas, el delimitar las razones es más complicado. Si bien se habla de presiones por parte de lobbies religiosos y más puritanos, muchas veces esta información puede venir enturbiada con contenido conspiranoico. Lo que sí podemos decir con certeza es que estos movimientos irán casi con toda seguridad motivados por la reciente ola de puritanismos que empaña la cultura. No solo hemos presenciado un revival de movimientos como la religiosidad más rancia y retrógrada, sino que también hemos podido ser partícipes de modas variopintas que tienen como telón de fondo el promover ideologías más propias de la posguerra. El movimiento tradwife o los memes de «I’m just a girl» son síntomas de una enfermedad mayor a la hora de propagar ciertas ideas sobre feminidad tradicional, que a su vez van de la mano con volver a ver conductas disidentes como alienígenas e incluso censurables. El rechazo general del sexo, la sexualidad y todo aquello que quede fuera de ser vainilla ha dado como resultado un puritanismo casi exacerbado, donde jóvenes realizan extensas cazas de brujas y juicios de moral a toda aquella representación artística que pueda ser vista bajo una lente no tan positiva. Ni siquiera es posible escaparse de este sesgo aunque se mantenga una postura más o menos positiva, ya que todo acto se puede considerar problemático debido a que la moralidad no es universal. Este movimiento, que parecía estar bastante concentrado en espacios de fandom donde la gente no tenía demasiado poder más allá de un hilo de Twitter, ha comenzado a extenderse de manera preocupante a muchos más aspectos de nuestra vida. Todo en pos de generar un contenido digerible por aquellos grupos en posiciones de poder que no ven con demasiados buenos ojos las prácticas disidentes. Para dejar algo más claro esto, no podemos esperar que haya miles de personas repitiendo discursos como «Hago esto porque soy mujer, soy solo una chica» y que no acabe calando en la sociedad aún si la gente tiene unas visiones progresivas relativamente firmes. Tampoco podemos esperar que las obras de arte sean nuestra biblia moral y que no enseñen en ningún momento ningún tipo de contenido señalable. Actualmente parece muy fácil equiparar lo que se muestra en una obra a la ideología del autor en cuestión, sin pararse uno mismo a pensar más de dos segundos en qué es lo que se nos muestra y con qué intención se hace.
Todo este movimiento, hostigado en su gran mayoría por grupos conservadores y retrógrados, ha calado en los jóvenes y en los no tan jóvenes a una velocidad propia del presente en el que vivimos. Así pues, no es de extrañar que tras la normalización de cierto tipo de conductas y la vuelta atrás en materia de pensamiento, las empresas se sientan mucho más cómodas lanzando estas medidas e incluso quitándose la bandera LGTB del icono en Twitter, por poner un ejemplo más llano. Poco a poco, las acciones suman y raramente son casos aislados. Podríamos estar hablando incluso de un atentado en potencia contra nuestra identidad y libertad como individuos.
Dicho lo cual, no solo tenemos problemas de conservación, debido a que más y más videojuegos o documentos se perderán de una manera u otra por esta censura, sino que como personas con un derecho a la privacidad online deberíamos informarnos al respecto. En muchas ocasiones es complicado delimitar formas de actuación frente a los gigantes corporativos, sin embargo, el primer paso es ser conscientes de lo que está pasando. Nunca está de más tener presente que los primeros afectados siempre son otros, pero luego en cualquier momento podemos ser nosotros.
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