La representación, como ya hemos adelantado alguna vez, es un prisma muy complejo. A pesar de que podemos y de hecho debemos exigirle a nuestros autores favoritos que tengan en cuenta las sensibilidades de una sociedad globalizada y que cada vez es más plural, tampoco podemos perder de vista que las obras se deben completamente a su contexto. A veces, se nos mostrará un contenido que pueda parecernos desagradable porque la sensación que se busca de la audiencia es, precisamente, una de rechazo. Asimismo, hay ciertas historias que se basan en un momento o fenómeno cultural específicos. En cierto modo y dependiendo de las circunstancias del caso, puede ser comprensible que estos supuestos no sean tan diversos como podrían serlo en una ambientación más contemporánea.
Cualquiera podría preguntarse qué tiene esto que ver con Ace Attorney. La franquicia de novelas visuales de Capcom nos presenta personajes y misterios que son exagerados y ridículos, intencionadamente rodeados de un grado de teatralidad. Pero a través de esta sátira también se deja entrever una crítica de nuestras sociedades reales, con problemáticas como la falta de garantías en un juicio, la desviación de poder o la corrupción. Este lado de la balanza, que denota cierta madurez frente a su faceta más intrascendente y abocada a la comedia, ha ido ganando peso con cada entrega. El presente artículo es un análisis de cómo The Great Ace Attorney y Spirit of Justice, dos de los lanzamientos que mejor encapsulan la recién mencionada progresión, tratan la diversidad y el intercambio culturales como sus temáticas principales. Como el lector podrá imaginarse, ambos proyectos fueron encabezados por equipos muy distintos. En consecuencia, llegan a conclusiones igualmente diferentes y que, por qué no decirlo, se ejecutan con un éxito variado.
Spoilers de todos los Ace Attorney a continuación. Si la saga os llama la atención pero todavía no le habéis dado una oportunidad, echadle un vistazo a nuestra guía de entrada.
The Great Ace Attorney: Aventures (2015) y The Great Ace Attorney 2: Resolve (2017)
No podemos, sin embargo, entrar en materia sin antes apuntar algunos antecedentes clave. Así las cosas, el trasvase cultural corre por la sangre de Ace Attorney como uno de sus elementos fundamentales, ya no solo a un nivel argumental, sino también respecto de su propia creación y ascenso al estrellato. La trilogía original de la franquicia famosamente cambió su ambientación cuando se localizó para Occidente, pasando de ocurrir en un lugar ambiguo de Japón a California, en Estados Unidos. Lo curioso de esta modificación es que, si bien la mayoría de referencias a la cultura nipona fueron suprimidas, muchas otras se conservaron como la clara inspiración del Samurái de Acero en los tokusatsu o la Aldea Kurain, donde Maya se crio. Los fanes, de hecho, solemos llamar cariñosamente al hogar de nuestros abogados favoritos «Japanifornia«.

Janet Hsu, jefa de localización de estos juegos en Capcom, ha hablado en alguna ocasión del porqué de este cambio. Mientras que, para un juego de acción, la estética japonesa nunca va a influir en la habilidad del jugador, diseñar puzles de lógica exige un mínimo grado de familiaridad cultural, para que así todo tipo de audiencia sea capaz de resolver los misterios presentados. Sin embargo, en aquella época —la localización de los primeros Ace Attorney data de 2005 y 2006 para las versiones de Norteamérica y Europa, respectivamente—, no existía un sentimiento de curiosidad hacia las tradiciones de Japón tan extendido como el que sí podemos ver actualmente. Asimismo, para conservar el punto humorístico, hacía falta readaptar los nombres de todos los personajes a bromas diferentes. Es razonable asumir que este fue uno de los motivos por los que The Great Ace Attorney —entonces se titulaba Dai Gyakuten Saiban—, título ambientado en la era Meiji, originalmente era exclusivo de Japón. Esto es, aparte de ciertas rencillas con la familia de Conan Doyle por los derechos de autor de Sherlock Holmes.
Y sin embargo, cuando la bilogía finalmente nos llegó con la recopilación Chronicles en 2021, los juegos quedaron prácticamente intactos a nivel de referencias culturales. A través del inteligente retcon por el que se establecía que la familia de Phoenix emigró a Estados Unidos, estábamos a los mandos de su antepasado, Ryunosuke Naruhodo. Tras la firma de un tratado decisivo con el Reino Unido a principios del siglo XX, las relaciones entre ambos Estados eran cada vez más fructíferas, pero también existían voces discordantes que mostraban su descontento por estas negociaciones, de un lado y de otro. Una cláusula muy importante de estos acuerdos era la realización de programas de intercambio, de modo que estudiantes de la Inglaterra victoriana viajaban a Japón para aprender sus tradiciones y viceversa. Nuestro protagonista, por casualidades de la vida, acaba formando parte del proyecto y es enviado a Londres, pero su recibimiento no es cálido que digamos. A las escasas horas de llegar, Ryunosuke debe defender casi inmediatamente a Magnus McGilded por presuntamente haber asesinado a un sombrerero. El fiscal asignado al caso es Barok van Zieks, una leyenda de los tribunales londinenses también conocido como la Parca de Old Bailey —pues todos los acusados de los juicios en los que participa, pasado un tiempo, pierden la vida bajo misteriosas circunstancias— y que, por motivos que desconoceremos durante un buen tiempo, es extremadamente hostil con nosotros. Tanto así, que se mofa de la procedencia de nuestro protagonista y achaca a la misma su ignorancia de las particularidades del sistema judicial inglés.

En el seno de la comunidad de Ace Attorney, la actitud de Barok ha sido tachada de racista y no han sido pocas las críticas que los propios desarrolladores han recibido por retratar este tipo de conductas. Asimismo, también se ha montado cierto revuelo por el uso de una expresión en específico por el personaje para referirse a McGilded, «shylock«, que puede considerarse como un insulto antisemita y que se traduce en algo así como «estafador». En primera instancia, no se trata solamente del fiscal van Zieks, pues Ryunosuke es objeto de prejuicios constantemente por la mayoría de personajes una vez se ha celebrado el juicio de McGilded. Tras haber observado que la enviada de Reino Unido, Jezaille Brett, era tratada con sumo cuidado y respeto por las autoridades japonesas a pesar de que literalmente era sospechosa de haber cometido un delito, cualquier jugador que haya prestado la suficiente atención a la historia debería darse cuenta de que esta disparidad es intencionada. Tras un primer par de episodios que, pese a tener una carga emocional innegable, sirven para situarnos en la nueva ambientación y mecánicas, el tercer caso y nuestra primera asistencia letrada en Londres es en defensa del verdadero asesino, algo que solo había ocurrido una única vez anteriormente en la saga. Hay una intención de hacer que nos sintamos como si hubiéramos cometido un grave error, así como de presuntamente justificar la hostilidad hacia el estudiante de origen nipón.
Con ánimo de aportar algo más de contexto, es preciso reseñar que Shu Takumi —creador original de la franquicia— y su equipo colaboró con Level-5 para traernos, en 2012, un crossover con los juegos de la saga Layton. En este título, que claramente influyó en el posterior desarrollo de Dai Gyakuten Saiban, Phoenix y Maya específicamente sienten una gran alienación derivada de su poca familiaridad con los juicios de brujas. Comparativamente, al profesor y a Luke no les debe resultar tan extraño toparse con la ciudad de Labyrinthia, pues se trata de una ambientación más o menos semejante a la de sus pasadas aventuras. Se puede establecer cierto paralelismo, salvando las distancias, con la situación de indefensión de Ryunosuke y Susato al llegar a Londres.
Por si todo esto no fuera lo suficientemente claro, la presencia de Soseki Natsume —del cual, por cierto, ya os hablamos una vez en Futoi Karasu— en la obra cimienta el mensaje que se nos quiere transmitir. Es un dato relativamente conocido que la estancia del autor en Inglaterra no fue nada agradable, lo que incidió en parte en los subtextos deprimentes de sus creaciones más destacadas. Esto se puede ver en The Great Ace Attorney, aunque con una caracterización mucho más humorística. Se pone sobre la mesa sin lugar a dudas que existe una relación desequilibrada entre ambos países, donde uno se está sometiendo a lo que el otro le impone, circunstancia que evidentemente conduce al malestar y el conflicto. Esta reflexión no solo es válida respecto de la época concreta en que se ambienta la historia, sino también de la actualidad en la que vivimos, pues Europa está afrontando desde hace unos años unas presiones migratorias inmensas, lo que ha conducido a discursos neoliberales y fascistas antiinmigración y que culpan al extranjero de, francamente, todo lo malo que nos pueda ocurrir. Así pues, no solo es correcto que se dé visibilidad a las incomodidades que una persona puede experimentar al viajar a un país que no es su lugar de origen, sino que resulta absolutamente imprescindible a la vista del contexto social en el que nos encontramos.

Volvemos a incidir en ello: que se retrate algo malo en el arte no significa que los autores estén de acuerdo con ello ni que lo promuevan, es más, ese punto de fricción puede emplearse precisamente para que la audiencia empatice con las víctimas reales y comprendan sus problemas. Esta es una de las formas en que el videojuego se sirve de sus cualidades inmersivas para transmitir un mensaje con cierta incidencia política. No se trata ni siquiera de la primera vez que ocurre algo así en Ace Attorney, pues Godot también ha sido muy malentendido por la comunidad en el pasado, al tachar su actitud de apego con Mia y la consiguiente aversión hacia Phoenix de machista, ignorando que estos elementos simplemente se están utilizando para acentuar la tragedia que lo rodea. Pero lo más extraño del caso de Barok van Zieks en específico es que su actitud racista se señala explícitamente en la obra y, llegado cierto punto, el propio personaje pide disculpas por sus actos e intenta enmendarlos.
Cuando Barok era joven, su hermano Klint van Zieks ocupaba el puesto que ahora él tiene en la Fiscalía y la suya era, por tanto, una figura de cierto renombre en Londres. Por aquel entonces ya había intercambios culturales con Japón y, de hecho, uno de los visitantes entabló una amistad íntima con la familia van Zieks, Genshin Asogi. Los años de estancia transcurrieron pacíficamente hasta que, dando culmen a una misteriosa cadena de asesinatos que se venía produciendo en la ciudad, Klint falleció trágicamente a manos de Genshin, a quien se atribuirían a posteriori los demás crímenes. Titulado desde entonces como «el Profesor», se le condenó a la pena de muerte y el programa se canceló inmediatamente, con el envío de sus dos compañeros y de las pertenencias del presunto culpable de vuelta a tierras niponas. Barok, quien sentía también una profunda admiración por Genshin, no supo cómo reaccionar ante esta noticia y sufrió secuelas por muchos años. Toda Londres pasaría, desde aquel momento, a desconfiar de los japoneses.
Hay quienes afirman que el pasado trágico de la Parca de Old Bailey es una forma de «justificar» su conducta y esto es absolutamente erróneo. El caso del «Profesor» vuelve a ser relevante durante la estancia de nuestros protagonistas y, como resultado de ello, se destapa que Genshin simplemente detuvo los actos criminales de Klint, quien era el verdadero culpable de las tragedias que habían precedido a su muerte. Las autoridades que controlaban toda esta situación desde las sombras, a modo de lograr sus propios objetivos, crearon específicamente una narrativa de rechazo a los nipones para contentar a las masas y crear un enemigo en el que pudieran enfocar todo su odio y confusión. La discriminación realizada por Barok y por toda Londres se basa, en definitiva, en desinformación y generalizaciones aducidas por una minoría que tiene interés en que la crispación se perpetúe. Se trata, literalmente, de un calco de los argumentos racistas y xenófobos esgrimidos por un sinfín de políticos actuales, quienes critican a los inmigrantes de aprovecharse de los recursos propios y cometer delitos cuando, si se echa un vistazo a las estadísticas oficiales, se puede observar que quienes más delinquen y «perjudican a su país» son típicamente sus nacionales. Y esto es sin entrar en los análisis que relacionan la criminalidad con la situación de exclusión social y, por tanto, con las dificultades sociales sufridas por ciertos colectivos que pertenecen a minorías por razón de su raza o nacionalidad.

Tampoco sería apropiado afirmar que The Great Ace Attorney señale estas conductas con una rotundidad y de una manera tan nuclear para entender la obra como sí podemos ver en, por ejemplo, Disco Elysium. Ya lo apuntábamos antes, pero es necesario recordar que la saga de Capcom adereza sus tramos más serios con un sabor de comedia y romanticismo jurídico al más puro estilo de series como Suits. Asimismo, es preciso apuntar que, aunque con esta bilogía se nos quiera trasladar a un momento histórico de incertidumbre para los japoneses y prosperidad para el Reino Unido, no hay pretensiones de contar una narrativa que sea históricamente correcta. Janet Hsu también incidía en ello a través de, véase, el diseño de personajes, que añade ciertos elementos de modernidad sobre una base que es más acorde al momento. Por ejemplo, la indumentaria tanto de nuestro protagonista como de su amigo Kazuma nos recuerda a los uniformes del Japón imperialista de la era Meiji —quizás os suene si habéis leído mangas situados en esa época como Golden Kamuy—. No se trata de que Capcom esté haciendo apología de esta ideología, como algunos han llegado a apuntar. Consiste en un mero elemento estético que nos sirve para la puesta en escena.
Quizás cabría predicar lo mismo respecto del ya referido uso de la expresión «shylock» por parte de Barok en el juicio de The Adventure of the Runaway Room. En un contexto actual, nadie duda de que sea una expresión de mal gusto, pero no es la única muestra de cómo el equipo de localización aprovecha el texto para situarnos en el contexto de los personajes. Prueba de ello es la forma en que Ryunosuke y Susato solo utilizan los honoríficos japoneses cuando están a solas o rodeados de otras personas de su mismo país, lo que nos indica en cuáles escenas hablan en su propio idioma y en cuáles se comunican en inglés. Sin embargo, no vamos a ahondar más en este asunto específicamente, puesto que quizás es lindante con problemáticas que van mucho más allá de lo que se quiere tratar en este artículo y cabe la posibilidad de que algunos expertos en historia o filología tengan una perspectiva más matizada y completa.
A modo de concluir esta parte de nuestro análisis, queremos señalar lo siguiente: que no existan unas pretensiones de dar un mensaje político sobre inmigración no es óbice para que se malentienda lo que está claramente plasmado en la obra de Capcom. The Great Ace Attorney ha sido objeto de una gran cantidad de críticas por cómo trata una serie de temas que, si se ve la obra con un ojo analítico de verdad, la propia obra apuntala con orgullo, delicadeza y un inmenso cariño hacia las culturas que representa. Cada cual es libre de sentirse incómodo con las historias a las que se acerca y, como seguidamente veremos, este es un sentimiento que claramente puede interponerse en nuestro disfrute de las mismas. Sin ir más lejos, abordamos una serie de cuestiones similares cuando, hace un tiempo, hablamos de las implicaciones éticas de la saga Monster Hunter, de la misma desarrolladora. Ahora bien, es importante distinguir cuándo esta incomodidad deriva de una proyección de las conductas nocivas de los autores y cuándo, por su parte, se está empleando como recurso para comunicarnos algo que va un paso más allá.

Phoenix Wright: Ace Attorney – Spirit of Justice (2016)
Tras el fracaso en ventas de Apollo Justice: Ace Attorney, la franquicia de novelas visuales experimentó un declive que iría en aumento con los spinoffs Miles Edgeworth: Ace Attorney Investigations, a tal punto que el segundo no tuvo una versión localizada hasta la recopilación de 2024. Shu Takumi abandonó su proyecto de hacer una segunda trilogía y, como ya hemos relatado en profundidad, pasó a trabajar en El profesor Layton vs. Phoenix Wright: Ace Attorney y The Great Ace Attorney. Pero Capcom no se había rendido del todo con la continuidad de Phoenix, Apollo y compañía, de modo que ascendió al equipo de los Investigations y les encargó que prosiguieran con la línea principal de juegos. El resultado fue Dual Destinies, lanzado para la Nintendo 3DS en 2013. La entrega funcionaba como una especie de segundo reboot, pues había muy poco que se continuara explícitamente de Apollo Justice y el personaje homónimo había sido reducido a un miembro más de la Agencia Polivalente Wright, ahora encabezada por Phoenix, quien había recuperado su profesión. A ellos se sumaba Athena Cykes, una abogada especializada en psicología jurídica. El título fue un éxito de ventas —aunque en Occidente no nos llegara una edición física—, si bien existe una opinión generalmente tibia respecto del mismo dentro de la comunidad de fanes, debido precisamente a cómo echó por tierra las ideas presentadas por su predecesor. En 2016, recibiría una secuela directa titulada Phoenix Wright: Ace Attorney – Spirit of Justice.
El principal reclamo de esta entrega es su estructura dual. Una mitad del juego se corresponde con la fórmula tradicional de Ace Attorney y está protagonizada por Apollo y Athena —sobre todo el primero—, quienes resuelven casos de lo más variopintos en la ya familiar tierra de «Japanifornia«. La otra parte narra el viaje de Phoenix al Reino de Khura’in, un Estado ficticio que se ubica en algún lugar del Himalaya y donde, desde hace unos años, Maya Fey ha estado entrenando sus poderes espirituales para convertirse en la matriarca de su clan. La temática principal de la historia, a modo de continuar la narrativa de Dual Destinies sobre el derrumbamiento de la justicia, es la revolución desde los tribunales. El pueblo khura’inés está pasando por un momento muy oscuro, pues casi todos los abogados de la nación han huido debido a una ley que, de perder en juicio, les castiga con las mismas penas que a sus defendidos. Asimismo, un grupo terrorista llamado los Defiant Dragons amenaza con derrocar el régimen actual y sumir a todo el país en la anarquía más absoluta. Takeshi Yamazaki, director del título, explicaba que esta ambientación tan disparatada es, en realidad, un reflejo de lo que ocurre en los juicios de la saga. Al fin y al cabo, la franquicia siempre ha tratado de «revolucionar» nuestra posición de indefensión frente a una serie de circunstancias que, a simple vista, ponen todo en nuestra contra.

Con independencia de lo caricaturesco de la situación, la impronta política y reivindicativa del título es, en este caso, mucho más notoria todavía que con The Great Ace Attorney. Un debate muy típico a la hora de hablar de la labor de un defensor es qué ocurre cuando tienes por cliente a alguien que sabes que está haciendo las cosas mal y Spirit of Justice se posiciona rotundamente a favor de la asistencia letrada. Los abogados en el orden penal suponen un contrapeso necesario para que, si la Fiscalía, las demás acusaciones y el juez hacen su trabajo adecuadamente, se adopte una decisión justa y habiendo aportado todas las garantías posibles al acusado. No se trata de que las susodichas garantías sustraigan a los criminales de la acción de la justicia, sino que son precisamente el fundamento que habilita su castigo. La administración de Khura’in sigue un sistema claramente inquisitivo y arcaico, que prefiere apresar a todos quienes delincan incluso si, en el camino, también se arrasa con algunos inocentes. Esto se entrelaza bien con el otro punto nuclear de la trama, el uso de los aparatos informativos para tergiversar los discursos del contrario. Al debido tiempo, se nos revela que los Defiant Dragons solo quieren que el pueblo recupere los derechos que el gobierno les ha arrebatado y, aunque sus métodos puedan llegar a ser violentos, hasta nuestros protagonistas acaban poniéndose de su parte porque se trata de la única forma de cambiar el status quo.
Los problemas aparecen cuando consideramos la participación de Phoenix, Apollo y compañía. El poema La carga del hombre blanco, de Rudyard Kipling, introdujo un término que a posteriori ha sido empleado por numerosos divulgadores antirracismo: el salvador blanco o «white savior«. Viene a describir aquellas situaciones en las que un país se halla en un entuerto político o gubernativo que no se resuelve por los actos realizados por su propio pueblo, sino por un grupo de extranjeros —occidentales o, en definitiva, provenientes de un lugar que se considera generalmente más «avanzado culturalmente»— a los cuales se les debe rendir benevolencia. Lo que a priori puede parecer una cuestión banal ya que, a fin de cuentas, el problema de que se trate se soluciona igualmente, redunda en conductas de paternalismo fronterizo con un sentimiento imperialista y de superioridad cultural. Ya se trate de la versión en la que los personajes de Ace Attorney proceden de Japón o, por su parte, aquella en la que originan de Estados Unidos, lo que está claro es que la revolución de Khura’in está parcialmente impulsada por un grupo de personas a las que no les corresponde encabezar esa lucha.

Hagamos un pequeño inciso para abordar ciertas cuestiones de índole un poco más técnica. Obviamente, cabe la posibilidad de que personas con un conocimiento especializado sobre la materia analicen este caso con un grado de ahondamiento mucho mayor y que, como resultado, lleguen a conclusiones muy distintas de las aquí vertidas. Asimismo, es importante reseñar que la generalización practicada por las poblaciones occidentales hacia culturas como la de Japón o China no es idéntica en todos sus rasgos a la xenofobia que puede llegar a existir entre los distintos pueblos de Asia. Sin embargo, parece razonable afirmar que algunos escritores de Capcom, muy probablemente de manera inconsciente e inferida a lo largo de las generaciones, han plasmado en su título conductas que son asimilables al orientalismo. Ello aunque Khura’in se inspire en elementos principalmente extraídos del folclore japonés que podemos ver en otros títulos de la desarrolladora como Kunitsu-Gami: Path of the Goddess. Si se compara el diseño de Rayfa, la princesa del Reino, y de la sacerdotisa Yoshiro —personaje del ya mencionado título de 2024—, es fácil detectar sus semejanzas, pues ambas se inspiran en las monjas miko y su distintiva indumentaria. Cabría destacar, todo sea dicho, que incluso esta decisión puede resultar cuestionable, ya que se está imponiendo una tradición mayoritaria sobre un área geográfica que es, en realidad, muy diversa. Sin embargo, tampoco vamos a sentenciar rotundamente en este sentido, pues esta materia requeriría un examen mucho más pormenorizado que el que se pretende para este artículo.
Ahora bien, estaríamos faltando a la verdad si dijéramos que esta es una cuestión de binarios que, o se da totalmente, o no se percibe ningún tipo de traza. Precisamente de ello deriva la idea de que caer en este tipo de clichés probablemente no sea como parte de un ejercicio consciente de proselitismo, sino que se recae subconscientemente sobre problemáticas estructurales de nuestras sociedades y que, desde luego, no deben discutirse de forma seria desde la óptica de un videojuego. Insistimos en ello porque, a fin de cuentas, el pueblo de Khura’in no pierde toda su agencia totalmente como sí ocurre en otros casos muchos más evidentes de white savior. El sentimiento de descontento por el régimen de Ga’ran ya existía antes de que Phoenix llegara al país, sin ir más lejos, a través de los propios Defiant Dragons y su líder, Dhurke Sahdmadhi, quien llevaba años operando desde las sombras para reunir influencias y persuadir al pueblo. Ahora bien, también sería errado decir que nuestro abogado con pelo de pincho favorito no fue el verdadero catalizador del debate y su sucesiva crispación, ya que su aparición puso fin a una ausencia de abogados de casi dos décadas en los tribunales de la nación.
La cuestión se complica más todavía si consideramos que, para el episodio final de Spirit of Justice, Apollo también toma cartas en el asunto. A lo largo del juego y a modo de continuar los hilos que quedaron pendientes en Apollo Justice: Ace Attorney, se nos revela que este personaje se crió en Khura’in tras la muerte colateral de su padre biológico, Jove Justice, en el mismo momento que se creyó que se había asesinado a la anterior reina. Adoptado a la postre por Dhurke, creció junto a su hermano Nayuta —el fiscal del juego que, como dato curioso, fue diseñado específicamente con la intención de trascender el género— y, tras ciertos desentendimientos, se fue a vivir a «Japanifornia» y perdió todo contacto con su familia de acogida. Es evidente que este trasfondo no es el que Shu Takumi concibió en un primer momento, pero no solo sirve como buen resorte en el que apoyarse para que todo lo que ocurre hacia el final del juego tenga una carga emotiva importante, sino que relativiza todo lo que venimos diciendo sobre el white savior. Aunque Apollo no sea técnicamente originario de Khura’in, ¿no sería razonable entender que su lucha por la prosperidad del Reino es legítima y que tiene encaje dentro de la agencia de su pueblo? Para mayor inri, el epílogo del título nos muestra cómo, para continuar con el legado de su padre adoptivo, el abogado de las cuerdas de acero decide abrir su propio bufete en su viejo hogar para ayudar a la transición hacia un sistema más justo. Como venimos indicando, no es una cuestión del todo clara.

Conclusiones
Al principio del artículo comentábamos que Ace Attorney, dentro de unos mimbres de comedia, aprovecha su formato para apuntar alguna que otra cuestión un poco más seria sobre nuestros sistemas judiciales o políticos reales. Lo que omitimos, porque se daba por entendido, es que no se trata de un fenómeno lineal y cuadriculado. El arte pretende influir la misma sociedad de la que bebe y siempre cabe que, de un modo razonablemente imperfecto, se critiquen ciertas tendencias mientras que, en paralelo, se esté adoleciendo de otras que son igualmente dignas de quita. A modo de nota personal, el autor de este artículo es un fan muy apasionado de todo lo que Spirit of Justice pone sobre la mesa y considera con rotundidad que, si esta realmente fuera la última entrega principal de la saga, se trataría de un cierre prácticamente inmejorable de las aventuras de nuestros abogados de confianza. Pero es importante que este sentimiento esté en comunión con una crítica sana y lo suficientemente distanciada de aquellos aspectos que puedan resultar más cuestionables para, así, alimentar el debate y permitir que nuestros creadores favoritos puedan seguir aprendiendo, mejorando y creciendo como artistas.
Esto es algo de lo que, salvando las más que evidentes distancias, ya hemos discutido alguna vez al tratar la idea de «no confundir creador con creación» en relación con el caso de Nobuhiro Watsuki y Ruroni Kenshin, aunque obviamente con un contraste mucho más drástico que en el presente supuesto. Pero tampoco nos hace falta irnos muy lejos, pues la propia saga de Capcom también tiene una relación muy extraña con la feminidad ya que retrata a una buena parte de sus mujeres de manera que están supeditadas a un personaje masculino. Dentro de que este tema daría para su propio texto, lo cierto es que se puede contrastar con lo genuinamente bien escritas y dotadas de agencia que las chicas de esta saga pueden llegar a estar, generando así una más que razonable confusión. No obstante y reconduciendo de nuevo el asunto a The Great Ace Attorney, también tenemos una responsabilidad como audiencia de abstraernos y poner en consideración el contexto de aquello que se nos presenta. No podemos tomar siempre el arte como lo que literalmente es, incluso si en el proceso de análisis acabamos dando con un significado que vaya mucho más allá de lo originalmente pensado por los autores. Este tipo de contradicciones son, en cierto modo y al igual que en los tribunales de la franquicia, el sino del proceso artístico.