Y no quedó ninguno: Cuando Umineko se encontró con Agatha Christie

El 6 de noviembre de 1939, Agatha Christie publicó por primera vez Y no quedó ninguno, novela anteriormente conocida como Diez negritos, pero cuyo título ha sido modificado tanto en inglés como en español por las connotaciones racistas del original. La obra se convirtió en una de las historias de misterio más queridas y respetadas, tanto es así que ha dado lugar a múltiples adaptaciones y referencias en la cultura popular.

La influencia de Christie en general y de Y no quedó ninguno en particular llega tan lejos que ha influenciado incluso a obras de ficción japonesas, siendo una de ellas la celebérrima visual novel Umineko No Naku Koro Ni —titulada Umineko When They Cry en la versión para Occidente—, si bien Umineko toma la base de Y no quedó ninguno para hacer otra cosa diferente.

Es por eso que consideramos interesante hacer un artículo de literatura comparada (por decirlo de alguna forma) en el que analicemos ambas obras en paralelo. Por supuesto, cabe señalar antes que nada que este artículo contendrá spoilers de ambas obras, por lo que os recomendamos que no sigáis leyendo si no queréis detalles del argumento, el final y los personajes de estas.

Lo que hace sumamente atractiva a Y no quedó ninguno como novela de misterio es su ambientación y todo lo que rodea al misterio en sí: una isla aislada a la que solo se puede acceder en barco, una tormenta que impide que nadie entre ni salga de la susodicha isla y asesinatos que comienzan a producirse rápida y sucesivamente sin que haya un sospechoso claro porque solo tenemos a los diez personajes encerrados en la mansión y la isla. Es, por tanto, un asesinato de habitación cerrada a gran escala. Además, todos los crímenes ocurren siguiendo la letra de una siniestra canción infantil, por lo que desde el principio somos conscientes de cómo va a morir —más o menos— cada uno de los personajes, así como del final: mueren absolutamente todas y cada una de las diez personas que se alojan en la mansión; como consecuencia, parece imposible que el asesino se encuentre entre ellos. ¿O no?

Una de las múltiples ediciones en español de la novela de Christie

Umineko toma esta premisa e imita varias de las circunstancias en las que ocurren los asesinatos de Y no quedó ninguno, pero añadiendo un trasfondo más complejo e interesante: en este caso, una familia rica y extravagante se reúne en la isla privada del patriarca, Kinzo Ushiromiya, para discutir cómo repartir la herencia una vez que el anciano fallezca. Al igual que ocurre en la novela de Christie, en Umineko tenemos una isla aislada y un tifón que comienza a las pocas horas de la llegada de la familia a la mansión Ushiromiya. Por supuesto, también comenzarán a producirse inquietantes asesinatos. Sin embargo, la sombra de lo sobrenatural rodea a la mansión Ushiromiya, y las leyendas y los rumores dicen que los asesinatos han sido cometidos por la bruja que gobierna la isla durante la noche, Beatrice, una bruja con más del mil años que puede cometer crímenes gracias a su magia.

Mientras tanto, en el relato de Agatha Christie hay poco espacio para lo sobrenatural, aunque durante la lectura el lector puede llegar a preguntarse si es posible que la sombra de algo inhumano haya podido cometer los crímenes, ya que parece imposible que alguien dentro de la isla y de la mansión pueda ser el asesino; no obstante, nada en la narración de la autora hace pensar que esa pueda ser una posibilidad siquiera, mientras que en Umineko se plantea así desde el principio y se juega con esas dos posibilidades: ¿los asesinatos los ha cometido un humano o, por el contrario, son obra de la magia?

Sin embargo, no conoceremos a la bruja Beatrice hasta el segundo capítulo de Umineko, donde esta se enzarzará en una batalla contra Battler, el protagonista, por determinar si los asesinatos son cosa de magia o no. Durante los siguientes capítulos asistiremos a diferentes versiones de los asesinatos en Rokkenjima, sin que verdaderamente sepamos qué versión de la historia es la real.

Y no quedó ninguno aparece directamente referenciada en Umineko / © 07th Expansion

Lo cierto es que, aunque en principio puedan ser muy similares y encontremos parecidos, la naturaleza de la historia de Christie y de Umineko son muy distintas. Si bien Y no quedó ninguno es una historia de misterio hecha y derecha, de principio a fin, lo cierto es que Umineko se presenta como tal, pero no es realmente una historia de misterio; al menos, no al uso.

Todo misterio consta de tres elementos básicos: quién, cómo y por qué. Es decir, la identidad del asesino, el modus operandi (cómo llevó a cabo el asesinato o asesinatos) y el motivo. Además, aunque esto es quizás ya una apreciación más personal, el misterio es un género que se beneficia de la brevedad porque una historia breve puede mantenerte enganchado y en tensión a la espera de la resolución mientras el receptor de la misma elucubra y se forma sus propias teorías. Uno de los aspectos que juegan en contra de Umineko es precisamente su longitud: con un total de 120 horas aproximadas de duración y un millón de palabras (de las cuales hay que leer todas, pues es una visual novel sin rutas), se trata de un hueso duro de roer. Además, como decimos, el juego mantiene al jugador-lector en la creencia de que Umineko es una historia de misterio enrevesada, cuando realmente este no es tan importante. Por el camino, deberemos tragarnos muchas conversaciones aparentemente intrascendentes y además repetitivas (recordemos que el juego ofrece diferentes versiones de un mismo suceso, los asesinatos en masa de Rokkenjima) que pueden derivar en que uno pierda la paciencia, sobre todo si se espera una resolución de misterio al uso porque, como ya hemos anunciado previamente, no es así.

Con respecto a la resolución, Agatha Christie allana el terreno para que el lector intente resolver el misterio, pero, si no es capaz, ofrece un epílogo en el que, a través de un mensaje del propio asesino, se nos desvelan los tres aspectos del misterio: quién, cómo y por qué. Y nos sorprende con la revelación de que el asesino es el juez, quizás el personaje que más podía costar creer capaz de matar al resto. Pero una vez explicado, todo tiene sentido y las piezas del puzle encajan, tanto es así que, si volvemos atrás, podremos ver cómo efectivamente todo estaba pensado de antemano. El juez resultó tener un macabro sentido de la justicia y por eso ideó una trama para reunir a diferentes personas que se las habían ingeniado para esquivar la ley en el pasado y matarlas. Para que nadie le acusara de ser el asesino, fingió su propia muerte y, posteriormente, asesinados el resto de personajes, procedió a suicidarse haciendo uso de una pistola y un complejo mecanismo para que pareciera que le habían disparado externamente.

Por otro lado, mientras que Y no quedó ninguno ofrece una resolución muy satisfactoria para el lector, en el caso de Umineko no hay una resolución clara: es todo muy confuso y enrevesado, al menos en la visual novel original, no así en la adaptación a manga. Como la obra de la que bebe, Umineko hace referencia al truco de revelar cosas en botellas, solo que en este caso son historias ficticias sobre la masacre ocurrida en Rokkenjima que tapan la realidad. A diferencia de la novela de Christie, donde no hay supervivientes, en Umineko sobreviven Eva y Battler, además de Ange, que no estaba presente en la mansión en el momento de la tragedia. Pero Battler perdió la memoria y Eva murió años después por enfermedad sin desvelar nunca la verdad, lo que dio pie a numerosas teorías. Para empezar, todas las variantes de los asesinatos son obra de Beatrice, que evidentemente no es una bruja en realidad. No podemos explicar todo el trasfondo del personaje porque ocuparía demasiado, pero quedemos en que Beatrice es la descendiente de Kinzo Ushiromiya y que sus traumas y su gran imaginación la llevaron a crearse diferentes personalidades (entre ellas, las de los sirvientes Shannon y Kanon) y a imaginar cómo asesinaba a toda su familia.

Las diferentes historias sobre el misterio de Rokkenjima fueron lanzadas al mar dentro de botellas / © 07th Expansion

Sin embargo, la realidad es menos fantasiosa y más triste, pues se supone que fueron Kyrie y Rudolf quienes masacraron al resto de la familia en una disputa por el oro de Kinzo. No obstante, lo cierto es que, llegado el final, el juego da muy poco peso al quién, el cómo y el por qué (que, recordemos, son los elementos principales de todo buen misterio) y trata al jugador con cierta condescendencia, porque si a estas alturas no lo has averiguado, es culpa tuya. Además, realmente se centra menos en revelar la verdad que en la reconciliación de Ange con el pasado y el romance de Battler y Beatrice; por esto decíamos antes que realmente Umineko no es una historia de misterio como tal. La conclusión es que gran parte del misterio da exactamente igual porque no era el propósito de la visual novel todo el tiempo. Pero, entonces, ¿por qué intentar convencer al lector de que sí lo es? ¿Por qué este se ve irremediablemente atrapado en las garras de la historia solo por querer conocer el final para que den igual todas las preguntas que se hace a sí mismo? Quizás habría sido más interesante si la aproximación que Umineko hace sobre sí mismo la hiciera de forma más sincera, aunque esto lo dejamos como reflexión para nuestros lectores.

Lo cierto es que hay que reconocer que Umineko hace cosas arriesgadas y tiene planteamientos únicos, pero por eso mismo también es comprensible que deje con mal sabor de boca a aquellos que busquen una historia de misterio más al uso. Mientras que la obra de Christie va al grano y aprovecha su brevedad para mantener al lector intrigado y ofrecer un misterio incomparable, Umineko toma Y no quedó ninguno como base para hacer algo distinto y aparentemente innovador. Que satisfagan más o menos depende enteramente del lector y sus expectativas al respecto: si lo que este busca es una historia de misterio más tradicional, sin duda la novela de Christie hará las delicias de los lectores. En cambio, si se busca una aproximación distinta, en la que realmente el peso no recae en el misterio en sí, quizás Umineko acabe convirtiéndose en una de sus obras favoritas.

Un comentario en “Y no quedó ninguno: Cuando Umineko se encontró con Agatha Christie

  1. A mi me dejó mal sabor de boca el final. Porque el escritor está durante toda la narración divagando sobre que una historia de misterio es un juego donde es muy importante la confianza del lector. Pero luego termina por traicionar esa confianza. A mi parecer, habría sido mucho más razonable si, en esa elección al final, uno de los finales hubiera sido historia de misterio al uso, y el otro final el «verdadero» ya fuera de ese marco.
    OrigamiArturo.

    Me gusta

Deja un comentario