El rupturismo parcial de Digimon Adventure 02: The Beginning

La nostalgia vende, pero también puede ser una oportunidad para expandir horizontes y mirar hacia adelante. Esa conclusión sacamos muchos de Digimon Adventure: Last Evolution Kizuna (2020), el largometraje que cerraba definitivamente las aventuras de Tai Yagami y compañía con la que muchos nos criamos allá por el 2000. Así, se anunció una cinta sucesora basada en los personajes de Digimon 02 y con el subtítulo de The Beginning.

Este artículo contiene destripes de Digimon Adventure 02

Con Tomohisa Taguchi de nuevo a los mandos, The Beginning no supone una despedida de los niños elegidos de 02, sino un punto y aparte en la continuidad de Adventure con Davis Motomiya y compañía como acompañantes. En ningún momento pretende emular a su predecesora, y es algo que agradezco profundamente porque carecería de sentido. En primer lugar, porque los protagonistas de 02 nunca han tenido el reverencial cariño del espectador ni el tiempo en pantalla que los niños elegidos originales —Adventure, 02, Tri y Kizuna—. Su tono tampoco es comparable, pues no desprende esa melancolía tan contundente. Siendo sinceros, nunca han gozado de la misma escritura, y ahí radica la mayor debilidad de 02. Davis sigue pareciendo un crío y Cody es poco más que una comparsa. En otro nivel, Yolei y sobre todo Ken tienen un empaque mayor, siendo el último el personaje de 02 con mayor desarrollo. Partiendo de ahí, los propios mimbres son más raquíticos y tiene que esforzarse de otra forma en construir una historia sólida.

Estamos todos y la digiabuela puso un huevo en el cielo / ©Toei Animation

Digimon Adventure 02 tuvo el mismo problema que tienen muchísimas series: las comparaciones son odiosas, las secuelas no siempre aterrizan igual y los problemas de producción la castigaron con dureza. Uno de los arcos argumentales más interesantes, el de Dragomon y el Mar Oscuro —inspirado en Dagón y Cthulhu, de los Mitos de Lovecraft— quedó opacado y eliminado por su marcado cariz depresivo, afectando al desarrollo de ideas futuras y los dos últimos arcos —Daemon y especialmente MaloMyotismon—. Así, el escritor responsable de esta idea, Chiaki J. Konaka (Digimon Tamers, Serial Experiments Lain) dejó un caldo de cultivo por explorar que desembocó en… la nada. Como si de una deuda pendiente se tratase, aquí se busca retomar esa propuesta más turbia sin reutilizar los elementos que quedaron desaprovechados.

Toda esta premisa sirve para concentrar las bondades y carencias de The Beginning, la cual afortunadamente goza de un empaque mucho mayor debido a su minutaje reducido respecto al anime original. Así, la película no termina de limar los defectos de la serie original —hay diálogos planos porque los personajes en general no son particularmente sólidos—, sí se expande en las direcciones correctas en cuanto a tono y resolución de conflictos. Sabe que no puede alcanzar lo que supuso Kizuna y ahí radica parte de su éxito: en no reeditar la estructura de Digimon que ya conocemos, sino plantearnos un conflicto propio con una resolución y temas propios.

La historia se centra en la aparición de un digihuevo gigante sobre la torre de Tokio y la presencia de Lui Ohwada, un misterioso joven que afirma ser el primer niño elegido. Si bien la presentación de Lui lo enmarca en un arquetipo de edgelord no muy salvable, su desarrollo y la relación con los temas tratados en la historia le confieren una base interesante a explorar en un futuro próximo. Así, la cinta narra su conexión con Ukkomon, un Digimon capaz de conceder cualquier deseo.

Lui es el protagonista indiscutible, así como el catalizador del conflicto dramático / ©Toei Animation

Digimon Adventure 02: The Beginning versa sobre la comunicación fluida y sincera, el entendimiento entre iguales no exento de problemas y la necesidad de encontrar caminos que nos lleven adelante. Así, es Lui quien monopoliza la historia con el resto de personajes como vectores del cambio. A través de sus ojos, The Beginning contiene algunas de las secuencias más retorcidas y desgarradoras jamás emitidas bajo el nombre de Digimon. Al igual que el concepto original del Mar Oscuro, muestra que en 02 se encierran elementos mucho más oscuros de los que aparenta su coartada y su vitalismo sencillo. Un porcentaje nada desdeñable del minutero se va en mostrar sin remilgos las crueles consecuencias de una mala comunicación. Afortunadamente, aquí no cae en saco roto.

¿Qué ocurre cuando estamos cargados de rabias y frustraciones? ¿Cómo trabajamos nuestras emociones negativas cuando nos sobrepasan? Los deseos reprimidos, el dolor, la violencia y el maltrato se representan de forma cruda y creíble, y aunque el cierre de algunas ideas se siente apresurado —al final es Digimon y su tono no se excede tanto—, maneja (casi) todo lo que propone con solvencia.

He leído a varias personas leer que el clímax les ha sabido a poco y, aunque lo entiendo, creo que buena parte de ese espíritu rupturista, o del premeditado punto y aparte, que enarbola The Beginning reside también en eso. No es una cinta con mucha acción —si bien luce espectacular—, sino que el conflicto se resuelve más allá de las digievoluciones espectaculares, las piruetas y los inmortales temas que nos legó ese ángel llamado Kouji Wada. No, The Beginning, aunque presa de unos personajes que no hacen justicia a todo lo que la cinta trata de contarnos, tiene muy claras sus armas, y su ritmo concentrado en menos de hora y media sirve como el apoyo perfecto para desplegarlas.

El futuro tras Kizuna está abierto. Ese subtítulo no es baladí: la cinta se siente como un punto y aparte en Digimon Adventure y todo apunta a más material con este grupo de personajes, dejando atrás a los Tai, Matt, Izzy y compañía. Personalmente, tendría más interés en explorar las postrimerías de Digimon Tamers en vez de la ya manida continuidad de las dos series de Adventure. Pero tras una notable Kizuna y una más que correcta The Beginning, soy optimista respecto al presente de Digimon.

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