El 8 de junio de 1949, George Orwell publicó su celebérrima novela 1984, pilar de la ciencia ficción distópica del siglo XX que narraba la vida bajo un estado opresor y represor que usaba la figura del Gran Hermano para controlar a sus ciudadanos. El Gran Hermano como metáfora es lo que nos interesa precisamente, debido a que a efectos prácticos pueden establecerse paralelismos con la mirada masculina —que en inglés se conoce como male gaze—. La mirada masculina, como el Gran Hermano, también es omnipresente e hipervigilante y no es nadie concreto y particular; la mirada masculina no es un hombre cisheterosexual, es una herramienta sistemática que sexualiza a mujeres en la ficción y, por tanto, un brazo ejecutor de la opresión machista y misógina del patriarcado.
Es muy difícil escapar de la mirada masculina en ficción, aunque, afortunadamente, cada vez se aboga más por personajes femeninos bien escritos, que encajan narrativamente y que no están sexualizados. Sin embargo, hay un medio en el que la hipersexualización y el machismo siguen siendo una constante a día de hoy: hablamos, por supuesto, de los videojuegos. Si bien tampoco es necesario generalizar y, por suerte, algunos títulos no sufren de esto que decimos —especialmente si nos vamos al panorama indie—, muchos videojuegos siguen perpetuando tropos machistas y sexualizando innecesariamente a sus personajes femeninos. Y este es un problema presente tanto en las propias obras como en la comunidad, donde día a día observamos que se defienden cosas indefendibles y que no se puede criticar absolutamente ningún juego famoso sin recibir una dosis de quejas por parte de los gamers de turno.

Hace poco vivimos un ejemplo práctico de esto cuando desde un podcast se señaló el machismo inherente en la saga Metal Gear Solid y los juegos de Hideo Kojima en general. De ningún modo se trataba de desacreditar a Kojima ni a su obra ni su importancia para el medio. Independientemente de opiniones y gustos personales, es innegable la importancia de la saga Metal Gear Solid para el mundo de los videojuegos. Lo que tampoco se puede negar es el machismo y la sexualización que la impregnan. Y ni siquiera es necesario irse a un título de hace 30 años, pues en Metal Gear Solid V: The Phantom Pain que, recordemos, es de 2015, tenemos el ejemplo de Quiet. Sus defensores dirán que su apariencia es necesaria porque respira por la piel, pero esa no es más que una burda excusa. Es precisamente muy típico de la sexualización el usar excusas baratas para justificar que un personaje vaya en bragas o en bikini cuando realmente no tiene ningún tipo de sentido. Sería algo más honesto si al menos reconociesen que el personaje es así para atraer la mirada masculina.
Otro argumento característico de quienes defienden la sexualización es que también existen personajes masculinos sexualizados, y para apoyar su tesis ponen de ejemplo a personajes con poca ropa: desde Kratos de God of War hasta Sam Porter Bridges, sin ir más lejos. Desnudez no equivale a sexualización, y una escena de un personaje masculino en una ducha sin ningún tipo de carácter erótico no supone absolutamente nada y, desde luego, no es comparable de ninguna manera con una chica que lucha en bikini y baila de manera sensual para deleitar al público masculino, aunque ni siquiera tenga nada que ver con su personalidad.
También suelen apuntar que defendemos que las mujeres podamos vestir como queramos, pero nos parece mal que las mujeres en la ficción vayan ligeras de ropa. En primer lugar, y como ya hemos comentado, desnudez no equivale a sexualización. En principio, no tenemos ningún problema con la desnudez femenina, faltaría más. Un buen ejemplo de esto es Afrodita de Hades. La diosa del amor del panteón griego en el famoso título de Supergiant está completamente desnuda, pero lo más probable es que la mayoría de jugadores ni siquiera adviertan su desnudez a primera vista. Su diseño desprende sensualidad, como corresponde al personaje, pero no está sexualizado. Es una desnudez natural, como la que se suele representar en los desnudos artísticos, e incluso se advierte cierta dominancia del personaje en vez de mostrar una actitud sumisa, que suele ser lo característico de la sexualización. ¿Diríamos que el David de Miguel Ángel está sexualizado? Por supuesto que no, pero tampoco lo está La Venus del espejo. Así pues, no hay ningún problema con la representación del cuerpo femenino desnudo, sino con convertir a la mujer en un objeto sexual de deseo para la mirada masculina. La diferencia entre poder mirarle el culo a 2B en Nier Automata y el ya citado diseño de Afrodita en Hades es más que evidente, y creemos que ni siquiera es necesario señalarla.

Por otro lado, los personajes de ficción no son mujeres reales. Las mujeres podemos elegir qué nos ponemos y cuándo, y tenemos derecho a hacerlo sin sentirnos juzgadas constantemente. Un personaje de ficción no es un ser dotado de autonomía y decisión propias, sino que es producto de la mente de un creador o creadores y, por tanto, hace lo que estos le dictan. 2B no se queda en bragas porque ella así lo quiera, sino porque los desarrolladores lo decidieron —y lo hicieron pensando en un público muy específico—. Ir desnuda o en ropa interior por la calle sería, sin dudarlo, exhibicionismo, pero la comunidad gamer compara ir con escote o en bikini en un contexto aceptable (por ejemplo, en la playa o la piscina, o incluso hacer topless en estos mismos sitios) con un personaje hecho específicamente para el deseo del hombre. Este mismo planteamiento demuestra hasta qué punto nos ven como objetos sexuales, y es que ir con ropa mínimamente reveladora lo consideran una llamada a su atracción. Y lo peor de la mirada masculina es que nos observa a todas, incluso a las que no queremos ser observadas por ella, pues no nos atraen los hombres.
Peor aún es si la sexualización aparece como elemento que no tiene nada que ver con el resto del juego en el que se enmarca. ¿Cuántas veces hemos pensado que no pega que los personajes de ciertos juegos estén sexualizados? Es precisamente a esto a lo que nos estamos refiriendo. Es el caso de algunos minijuegos de la saga Yakuza, por ejemplo. Con la salida de Like a Dragon: Gaiden, han saltado las alarmas porque el ya clásico minijuego del hostess club ha incluido en esta ocasión vídeos de mujeres reales. No mujeres reales convertidas en modelos 3D como el resto de personajes, no, sino vídeos de mujeres directamente insertados en el juego. No sería tanto problema si el papel de estas mujeres no fuese el de escucharnos y recibir ciertos comentarios innecesarios y hasta obscenos por parte del jugador.
Y, desde luego, no es el único minijuego profundamente machista y sexualizador de la saga. Tenemos el juego del sex chat del 6, los juegos de masajes eróticos, el juego de coleccionar cartas o las peleas de chicas en el barro en bikini de 0. Bien es cierto que la saga se caracteriza por retratar los bajos fondos y el crimen organizado japonés con todo lo que eso conlleva, pero, siendo ficción y siendo que en Yakuza hay presentes muchos elementos surrealistas y absurdos, cabe preguntarse si sexualizar a la mujer es estrictamente necesario.

También es cierto que en esta misma saga no abundan los personajes femeninos, podemos contar con los dedos de una mano los que son verdaderamente relevantes y que no acaban encarnando algún tropo machista. Sin embargo, hay una tendencia al cambio poco a poco y cada vez es más frecuente la presencia en los títulos de Yakuza de mujeres más interesantes.
Cabe destacar que el problema de la sexualización no tiene que ver con el sexo ni con puritanismo. El sexo es un elemento intrínseco al ser humano y, en principio, no tiene nada de malo. Hay juegos que representan escenas sexuales con buen gusto y tino; es el caso de Baldur’s Gate 3, un ejemplo que ha llamado mucho la atención por su carácter positivo. El verdadero problema reside en convertir a las mujeres en objetos sexuales y nada más; muchas veces, aunque estos personajes femeninos tengan relevancia, personalidad y desarrollo, acaban reducidas a su aspecto sexual igualmente. Pasa con la ya mencionada 2B, cuesta muchísimo ver algo relacionado con ella en internet que no tenga que ver con su culo. Y eso que mucha gente asegura que es muy buen personaje y está genial construida, pero un paseo por cualquier red social basta para comprobar que no hay casi nadie hablando de ese aspecto.

La sexualización es machista precisamente porque reduce a la mujer a un objeto, sin considerarla una persona. Si alguien no ve el problema inherente en este planteamiento, debería darle una vuelta. Luego tenemos ejemplos de mujeres más realistas, no sexualizadas y bien construidas en videojuegos y la reacción normal de la comunidad gamer es llamarlas feas. Es precisamente este tipo de reacciones y la defensa de la sexualización por parte de los fans de los videojuegos lo que ha motivado la redacción de estas palabras.
Pese a lo que pudiera parecer en un principio, el título de este artículo no hace referencia a las mujeres de ficción sexualizadas, sino a cómo nos sentimos las mujeres reales cuando vemos ese tipo de representación en obras que nos gustan. Muchas nos sentimos precisamente así, vulnerables y desnudas, como si también nos estuviesen mirando con lascivia a nosotras, como si nos estuviesen convirtiendo en objetos e ignorando por completo que somos seres humanos más allá de nuestro cuerpo. El Gran Hermano te vigila, sí, pero la mirada masculina también lo hace continuamente, incluso aunque no lo haga de forma directa y te transmita a través de un puñado de polígonos que, por muchos derechos que tengas, sigues siendo un objeto de deseo para el hombre heterosexual. Y ser consciente de este hecho, si eres mujer, resulta totalmente aterrador.
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