Aviso: este artículo contiene spoilers sobre la trama de Kokoro, novela de Natsume Sōseki
Kokoro en japonés significa corazón, aunque no se refiere específicamente al órgano —éste se dice shinzō— sino que más bien tiene una connotación sentimental, ya que es un término que tiene también las acepciones de mente, espíritu o sentimientos. Por ejemplo, algunas palabras que podemos encontrar que se escriben con el kanji de kokoro (心) son: 感心 (kanshin) ‘admiración’, 決心 (kesshin) ‘determinación’ o 誠心 (seishin) ‘sinceridad’.
Kokoro es también el título de una novela de Natsume Sōseki, uno de los escritores más conocidos de Japón, autor de otras novelas famosas como Botchan y Yo, el gato. Quizás el nombre del autor te pueda sonar conocido, puesto que aparece como personaje en el videojuego Dai Gyakuten Saiban o en el manga Bungō Stray Dogs, entre otros. Kokoro es considerada como una de sus grandes obras y ha sido analizada y estudiada gran cantidad de veces. En ella se nos cuenta la historia de un joven universitario —del que no se nos dice su nombre— que, de vacaciones en Kamakura, conoce a un intelectual de avanzada edad —al que conoceremos como Sensei— y entablan una relación de aparente amistad, mientras que el joven intenta comprender el pensamiento y actuar de éste, mientras lidia con sus problemas familiares.

Sōseki nace en 1867, un año antes del comienzo de la Era Meiji. Fue el octavo hijo de una familia humilde de funcionarios públicos. Sus padres lo dieron en adopción a otra familia y durante su infancia fue alternando entre una y otra. Se graduó en literatura inglesa, y con treinta años obtuvo una beca del gobierno japonés para irse a estudiar a Londres. La estancia en Reino Unido no fue muy placentera para Sōseki, puesto que sufrió depresión y volvió a Japón con desafección hacia la ciudad británica y la propia literatura inglesa. Fue profesor de literatura en la universidad y más tarde se volvió el encargado de la sección literaria de un periódico llamado Asahi. Falleció en 1916 a causa de una úlcera en el estómago. Como podemos observar, la vida de Sōseki transcurrió prácticamente durante el citado periodo Meiji, naciendo solo un año antes de su comienzo y muriendo cuatro años después de su final. Aunque Kokoro es publicada en 1914, ya habiendo terminado la era, es esta la que dota de significado a la novela y es imprescindible conocer esta etapa histórica para entender la obra.
Hasta el año 1853 Japón el gobierno había adoptado una política de aislamiento, prohibiendo que entrara cualquier persona o producto extranjero en el país. Sin embargo en ese año, el comodoro estadounidense Perry llega a la bahía de Edo, la antigua Tokio, y exigió el fin de de esta política. Al final, en el año 1868 se disuelve el gobierno militar y vuelve la figura del emperador, dando comienzo a Meiji. Durante esta era se produce el efecto contrario a otros periodos anteriores. Mientras que antes se evitó cualquier influencia extranjera, el gobierno de Meiji rápidamente permitió la entrada de productos de otras naciones, como ropa, libros o muebles entre otros y comenzó a adoptar diversas medidas para que el país se ‘modernizara’ acorde a los ‘valores occidentales’. De esta manera el estado forzó a sus ciudadanos a, de repente, asimilar valores que no tenían nada que ver con el pensamiento anterior y para ellos resultaban completamente ajenos y desconocidos. Así, se produjo un choque entre lo que se consideraba la tradición y la modernidad, con gente en un bando u otro. Es decir, mientras algunas personas se mostraban favorables a lo que consideraban como progreso, había otras que estaban en contra y defendían toda la tradición anterior. Este choque de ideales culminaría con un suceso muy importante en la historia de Japón: la muerte en 1912 del emperador Meiji y el posterior suicidio por seppuku del general Nogi y su mujer, poco después de conocerse la noticia y dando fin a la era. Que el general usara un método tan tradicional para quitarse la vida causó un gran impacto en la sociedad, que comenzó a cuestionarse el concepto de modernidad que quiso imponer el anterior gobierno y empezó a sentirse vacía de ideales. Evidentemente, este hecho también afectó a Sōseki, sobre lo que reflexiona en sus novelas posteriores a 1912.

En Kokoro, enseguida vemos el contraste entre la modernidad y la tradición. El protagonista y narrador del relato es la representación de la modernidad: un chico joven, que estudia en la universidad, vive en la capital y tiene un espíritu vivaz, que disfruta de la vida universitaria sin pensar demasiado en el futuro. Mientras, Sensei, un intelectual de avanzada edad, es todo lo contrario: un hombre mayor, que vive en una casa tradicional con su mujer y una sirvienta y tiene una personalidad más triste y apagada. Sin embargo, el anciano no encarna la tradición, sino que representa la angustia interna de la sociedad post Meiji y del propio autor, cuestionando la tradición, sí, pero también la modernidad que supuestamente trajo consigo el cambio de gobierno. Rápidamente entablan una especie de relación amistosa y el joven protagonista ve a Sensei como un guía espiritual e intelectual, alguien de quien puede aprender muchas cosas sobre la vida. El anciano al principio se muestra distante pero, poco a poco, le va confiando sus inquietudes y pensamientos al muchacho y éste se pregunta qué clase de secretos oculta el intelectual como para tener esa actitud tan pesimista ante la vida y la relación que tiene con su esposa, a la que quiere pero cree que no merece.
Mientras la aparente amistad entre ambos se va desarrollando, llega un momento en el que el protagonista tiene que volver a su pueblo, puesto que su padre se encuentra gravemente enfermo. Durante su estancia, el joven se debate entre quedarse en su casa y seguir con el legado familiar o entre ir a ver a Sensei, lo que significa volver a Tokio. El campo, al igual que su familia, es la tradición, pero él desea volver la ciudad, que es la modernidad. Sin embargo, se produce un conflicto interno dentro él, entre el deber y el querer. Esta parte, además, sirve para mostrar el choque generacional entre el padre, criado en una época anterior, y el muchacho, que ha crecido durante la era Meiji. Hay un punto en el que se conoce el suicidio del general Nogi, noticia que afecta enormemente al padre, que piensa que este suceso solo significa que él también va a morir pronto. El fallecimiento del cabeza de familia que simboliza el fin de los valores tradicionales.
Mientras se debate entre volver o no a Tokio, el narrador recibe una carta de Sensei, en la cual confiesa un secreto que mantenía oculto en su corazón. Cuando él era estudiante, vivía junto a un amigo suyo, al que llama K. durante toda la misiva, en una casa regentada por una mujer, Okusan, que en japonés significa señora. Ésta tenía una hija a la que se le llama Ojōsan, que es señorita, y K. rápidamente se enamora de ella. Sensei también empieza a sentir afecto por la muchacha, y un día, K. le confiesa sus sentimientos por ella. Desde ese día el intelectual, en un ataque de celos comienza a tratar de manera más fría a su amigo. A pesar de ello, unos días después, K. le pregunta si debería pedirle a Okusan que le permita casarse con su hija, pero éste le contesta qué por qué le pregunta él y le dedica palabras crueles.

Durante los siguientes días apenas se dirigen la palabra y cuando lo hacen, Sensei no hace más que atacarlo. Aunque pasa un tiempo desde esa conversación, K. todavía no le ha hablado a su casera sobre el asunto del matrimonio con la joven dama. Sensei, viendo que se tiene que dar prisa o K. será el que se case con ella, en un momento donde él y Okusan están a solas decide pedirle la mano de su hija, a lo que ella acepta, y, posteriormente, al saberlo, Ojōsan también se muestra conforme. Sensei es, sin embargo, incapaz de contárselo a su amigo y pasan los días hasta que su futura suegra le dice que le informó a K. sobre del futuro enlace de ambos. Después de haberse enterado, K. no muestra ningún signo de que le haya afectado gravemente la noticia y un día Sensei piensa que debe confesarlo todo por fin, pero le entra una angustia terrible y decide que finalmente sí o sí se lo contaría al día siguiente. Tristemente, esa misma noche, K. se suicida y es Sensei quién descubre su cadáver. El lector así sabe de dónde viene ese odio que éste parecía sentir hacia sí mismo y el por qué de su personalidad tan melancólica. Después de concluir el relato, en la misma carta, el intelectual le confiesa al protagonista que al terminar de escribir seguirá los pasos de su amigo y se quitará la vida.
Concluye así la obra, que deja muchas incógnitas abiertas, como en qué manera afectará esto al joven, la decisión que tomará finalmente o cómo se tomará la mujer de Sensei la noticia del suicidio de su marido. Esta novela muestra y reflexiona sobre los lados más sombríos del ser humano y el final abierto que tiene deja muchas dudas en el aire, las mismas que Sōseki y el resto de la ciudadanía de Japón albergaban sobre lo que depararía al país después de que acabase la era Meji. Esta angustia vital fue la oscuridad en el alma que los japoneses que vivieron el desenlace de esta era llevarían hasta el fin de sus días.
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