Pikmin 3: fruta de órbita ajena, es sobre todo buena

Pikmin 4 está, a fechas de este artículo, a la vuelta de la esquina. Será sin duda un cierre triunfal al que debe considerarse como el mejor mes para los fans de la saga en mucho tiempo. No solo hemos tenido acceso a una extensa demo como anticipo del próximo título, sino que los clásicos de Gamecube están ahora disponibles para Switch. Con todas las aventuras de estos pequeños seres en un mismo lugar, esta maravillosa franquicia al fin tiene su oportunidad para salir del estatus de nicho; y Nintendo, a través de su marketing —así como ciertos… donativos de la comunidad—, está exprimiéndola a más no poder. En Futoi Karasu daremos cierre a nuestra retrospectiva echando la vista atrás a Pikmin 3. La espera ha terminado. 

El hoy considerado cierre de la trilogía también se hizo de rogar en su momento, con un hiatus de nada menos que nueve años. Pero, cómo no, Shigeru Miyamoto —padre de la franquicia, que en su momento aclamaba como “el nuevo Mario”— abrió el pico antes de tiempo y desde tan pronto como 2008 conocíamos su existencia. Se sabe que inicialmente estaba en desarrollo para la Wii; lo más probable es que quedara bien bajo en la lista de prioridades de la Gran N por un tiempo hasta que, cuando finalmente lo retomaron, la Wii U estaba a la orden del día, precipitando el cambio de consolas. En el E3 de 2012 fue anunciado en condiciones, como apertura de la conferencia de Nintendo y desde ese punto hasta la salida del juego hay poco que destacar. Así, en julio de 2013, fue lanzado en todo el mundo y, por un tiempo, se mantuvo exclusivo. Incluso cuando comenzó la sonada y, por algunos, criticada oleada de ports a Nintendo Switch, se resistió en la transición a la híbrida. Hasta que finalmente, un octubre de 2020, llegó Pikmin 3 Deluxe. Esta versión trae, además de todos los DLCs del original, nuevos modos de dificultad, mejoras varias en términos de jugabilidad, la opción de experimentar la campaña principal en cooperativo a pantalla partida, y demás adiciones. A todo ello, nos dedicaremos con detalle más adelante, pero en lo que queremos hacer hincapié es que la oferta de contenido estaba tranquilamente por encima del promedio en cuanto a ports.


Entrando ya en materia de Pikmin 3 en sí, empezaremos abordando la historia y cómo, tras lo que podemos deducir como un exhaustivo estudio, intenta coger las partes que más gustaron de las dos primeras entregas para un mayor disfrute. Dichas partes fueron: de un lado, una parcial presión del tiempo y una meta con límite para nuestra misión; y de otro, la oportunidad de una exploración enorme para la recolección de objetivos favorable. Y todo ello da como resultado… ¡la posible extinción de un planeta entero! Su nombre es Koppai y sus niveles de alimento son mínimos. Una sonda espacial capta frutas comestibles en un lejano lugar llamado PNF-404 —¡eh, ese planeta nos suena!—, y es entonces cuando tres intrépidos y capaces astronautas llamados Alph, Brittany y Charlie son enviados a buscar dichas frutas y conseguir semillas para que Koppai pueda sembrar, cultivar y subsistir.

Ya con esta descripción tenemos resumido prácticamente todo el argumento el juego, con unos pequeños objetivos adicionales como recuperar la ‘llave turbolumínica’ que permitirá a nuestros héroes volver a casa. A pesar de no profundizar en estos personajes ni tampoco en su meta, no te quedas con la imagen de que sean planos. Alph es inocentón pero un hábil mecánico, Charlie es un capitán aguerrido no tomado muy en cuenta y Brittany es una botánica experta que siempre intenta sacar tajada. Las pequeñas interacciones entre ellos o con el entorno y las notas que redactan al final de cada día te dejan clara su dinámica y lo bien que funciona. 

Además, con este objetivo de las frutas se ha creado el equilibrio perfecto entre la recolección de Pikmin 2 y el paso del tiempo de Pikmin 1. Por un lado, las frutas están esparcidas por todos los mapas, algunas más fáciles de conseguir que otras. Al final del día, las usaremos para hacer zumos —en unas escenas super satisfactorias y refrescantes— y obtendremos raciones. Acto seguido consumiremos una ración, finalizando nuestra partida en el caso de que estas lleguen a cero. Con esto tienes ese punto de tensión que nos daba la primera entrega sin la presión inmediata que intimidaba a muchos jugadores. Aunque no es tan difícil quedarse sin zumo, habrá un momento en la aventura que nos pondrá a prueba en el afán de recolectar frutas, cambiando la dinámica durante un segmento la mar de tenso. ¿Podréis salvar Koppai? A nosotros nos fascina la idea de hacerlo.

La Wii U no podía más ante el poder de los suculentos zumos, y por tanto, el framerate se venía abajo / © Nintendo

Para recoger estas deliciosas frutas nos acompañarán, una vez más, nuestros amigos los Pikmin. Si bien en juegos anteriores hubo discrepancias sobre el balanceo y utilidad de ciertos de estos pequeñines, en este título se alcanza un equilibrio casi perfecto entre especies. Volvemos a tener a los pikmin clásicos del primer juego con ciertas novedades; los amarillos pueden iluminar espacios oscuros en cadena y los azules ahora nadan, siendo más rápidos y efectivos en su campo. Los pikmin rojos se quedan un poco atrás en su utilidad, pero siguen estando bien. La joya de la corona, sin embargo, son las dos nuevas adiciones que sustituyen a los blancos y morados del segundo título: los pikmin alados y los pikmin pétreos. En primer lugar, el cuerpo rocoso de los pétreos permite que reboten contra los objetos, no puedan ser aplastados y destruyan superficies de cristal. Es una forma estupenda de preservar el sentido de fuerza que daban los pikmin morados al mismo tiempo que se encuentra un equilibrio. Y los alados son la cumbre de la utilidad en la recolección gracias a algo tan simple como poder volar y tomar atajos que casi se sienten como hacer trampas. Una vez los desbloqueas a mitad de la aventura, creednos que todo será más sencillo.

Conducir a tantos pikmin será más práctico que nunca gracias a la mejora de la IA y sus movimientos, la aparición de comandos como cargar y, sobre todo, la bendita opción de ‘’Ir aquí’’, que hace que tus capitanes se dirijan directamente a un punto con los pikmin que quieras mientras tú haces otras cosas. En Pikmin 3 se apostó por la practicidad, dando quizás más facilidad a la hora de afrontar obstáculos. Pero hacer todo más cómodo hace que merezca la pena porque, aún así, sigue habiendo puzles que te hacen pensar y enemigos fieros. Sí, no son tan fieros como los de Pikmin 2, pero quizás algún grupo de bulbos moteados pueda acabar contigo en un momento. Y hablando de enemigos, es hora de tocar la mayor novedad y al mismo tiempo una adición tan simple que millones de juegos tienen: los jefes.

Pikmin no es una saga ajena a los enemigos gigantes, esto se ve claramente en el 1 y sobre todo el 2. Pero la tercera entrega hace que al final de cada área, haya una criatura gigante en una apropiada arena de jefe. No sólo es que cada una se vea espectacular y bien diseñada, siendo criaturas que desafían la lógica en ciertas ocasiones, sino que son examinadores; vas a usar todo lo aprendido al 100% para conquistarlos. Por poner un ejemplo, en el área donde desbloqueas a los pikmin alados el jefe será mucho más sencillo si usas a tus amiguitos con alas. Un gigantesco enemigo más adelante será derrotado con más facilidad si usas pikmin azules, ya que este creará charcos de agua. Y así con todos. Todo esto da como resultado un sinfín de novedades dentro de este título que dan al jugador un control más práctico, sencillo y divertido.

Para superarlos, deberás usar a tu favor el entorno, numerosas herramientas, y los varios conocimientos que adquieras… creednos, es una locura. / © Nintendo

Pero todas estas bienvenidas novedades son apenas una mitad de la fórmula para el éxito en Pikmin 3: y es que el diseño de niveles se lleva la palma, dando cierre al paquete con elegancia. Los completamente nuevos entornos son enormes, densos y hermosos, técnicamente sorprendentes incluso bajo la óptica de la industria actual. Contienen una infinidad de elementos interactuables que multiplican las posibilidades de acción respecto de entregas anteriores. Véase, la construcción de puentes, los nenúfares que recorren el Río Azaroso, las catapultas y bolas de piedra basadas en el peso: todo ello alimenta una mentalidad plenamente entregada al trabajo multitarea, donde cada uno de los tres personajes jugables puede estar haciendo a la vez cosas drásticamente diferentes. Sin embargo, y a pesar de las infinitas oportunidades de acción, nunca se siente abrumador; todos estos sistemas se presentan poco a poco, de modo fragmentado, confeccionando lentamente una sinfonía en toda regla donde apurar hasta el último segundo se siente satisfactorio a más no poder. La rejugabilidad está incentivada como nunca, en la medida que conocer cada mapa de antemano abre la puerta a una dimensión completamente distinta, activando un instinto solamente comparable al que debe sentirse en el speedrunning

Claro que, esto es un caso de cajón de una de cal y otra de arena. Esta adictiva estructura se nutre de lo que puede ser uno de los puntos más polémicos de la obra: su linealidad. La aventura está claramente dividida en capítulos donde tienes un objetivo diferente y que siempre sigue los mismos pasos: llegas a una zona, te encuentras una serie de obstáculos, de primeras, infranqueables, desbloqueas al pikmin nuevo de turno, sobrepasas los muros de antes, jefe y repetir. La experiencia en conjunto es alérgica a que el jugador descubra cosas por su cuenta, en la medida de que hay un sinfín de notas esparcidas por el mapa —y escritas por un misterioso Olimar, que al parecer viene de Hocotate, ¿os suena?— que te destripan cosas como las estrategias óptimas para derrotar a algunos enemigos. Todo sea dicho, no es obligatorio observarlas, de modo que es una opción de accesibilidad que además tiene un giro cuco dentro del canon. De antemano, que quede claro: un formato lineal no es necesariamente positivo ni negativo. Tampoco queremos insinuar que la saga hasta ahora fuese de mundos abiertos, porque sería una mentira cochina. En este caso, podría decirse que trae pros y contras a partes iguales.

Nunca es demasiado tarde para señalar lo obvio: Este. Juego. Es. Hermoso. / © Nintendo

Por un lado, cada desafío puede construirse sobre la base del anterior e ir aumentando la complejidad a buen ritmo, lo que aumenta el factor diversión y vuelve al hilado fino del que hablábamos antes. Por ejemplo, la llegada al Páramo Blanco —que separa a Alph y Brittany temporalmente—, incentiva por la fuerza el reparto de tareas y planta esa semillita en la cabeza del jugador para que, cuando ya no sea preciso per se, recuerde que dispone de esa opción si pretende optimizar cada día de exploración. La otra cara de la moneda es que se pierde parte de la magia que en los títulos anteriores era descubrir orgánicamente formas de avanzar en el juego, y ciertas mecánicas quedan reservadas a momentos tal vez demasiado tardíos y no tienen tanto tiempo para brillar. Este es el caso con los pikmin azules, que se introducen cuando todas las áreas están desbloqueadas y, salvo un segmento obligatorio dedicado a ellos, están ahí para el backtracking y tachar de la lista un puñado de coleccionables que te has ido saltando. Insistimos, en cualquier caso, que esto no daña la experiencia, más bien la hace distintiva respecto de sus predecesoras. Y no hay nada de malo en ello, stricto sensu.

Y con esto habríamos terminado de hablar de Pikmin 3, ¿verdad? ¡Ah, no, tontos de nosotros! Da la casualidad que disponemos de numerosos modos adicionales, solo reforzados en la versión Deluxe. Hace de éste uno de los paquetes más completos en contenido dentro del catálogo de la híbrida de Nintendo. Aparte de la campaña principal, tienes a tu disposición un generoso número de misiones que ponen a prueba aún más tu destreza al mando de tus adorables tropas, todo ello en mapas completamente originales. Por otro lado tienes <<la misión de Olimar>>, el doble episodio prólogo-epílogo que te pone al control de los protagonistas que ya conoces y quieres en una pequeña y nueva historia. ¡Y luego está el modo Bingo, con el que competir con colegas! Podemos estar diciendo que Pikmin 3 dobla su horas de duración con todos estos añadidos sin meternos en la ya discutida rejugabilidad que el título de por sí ofrece. Desde luego que no te vas a aburrir.

Si pudiéramos resumir la obra en un par de palabras, sería: flexibilidad, refinamiento y equilibrio. Recientes declaraciones confirman que se dio el brazo a torcer en favor de la fórmula del título original, cosa que queda patente en cómo ciertas mecánicas como las cuevas fueron descartadas, y sin embargo cuesta negar que —quién sabe si por coincidencia o no— aúna a las mil maravillas las fortalezas endémicas de sus predecesores. Pikmin 3 es una modernización en toda regla que hizo que la espera mereciese la pena, asombrando en todos sus apartados: mecánico, visual y, para qué mentirnos, enternecedor. No hay ocasión en la que no se nos dibuje una sonrisa tontorrona al ver la pantalla de título.

Y ahora, solo queda la calma antes de la tormenta. Con nuestra retrospectiva de la trilogía original finalizada, solo queda esperar un poquitito más. Es curioso echar la vista atrás, y es que Pikmin 4 en comparación aparenta tomar una dirección un tanto más ambiciosa, abarcando un número impresionante de ideas y adoptando entre pocos y ningún compromiso. Apreciamos el riesgo, en la medida que el impecable legado hasta ahora siempre nos acompañará, alegremente, cuando entremos una vez más en la órbita de PNF-404. Ya tenemos el nido preparado para aislarnos por completo de la sociedad en las próximas semanas, así que ¡nos vemos en el otro lado, y disfrutad del lanzamiento tanto como nosotros!

Artículo realizado en colaboración con Raúl Alonso

Un comentario en “Pikmin 3: fruta de órbita ajena, es sobre todo buena

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