Hirayasumi y la esencia de la felicidad en lo mundano

Según los principios estoicos, la felicidad se basa en vivir en armonía aceptando las cosas tal y como son. Es decir, que la felicidad no depende de lo que te sucede sino de cómo tú eliges responder ante lo que te sucede. Muchas de las cosas que nos pasan son externas a nuestra voluntad y, por lo tanto, no podemos controlarlas por mucho que lo intentemos. En cambio, sí que tenemos el poder de controlar como reaccionamos ante ellas —algo que a priori es fácil de decir pero que poner en práctica es algo que se va aprendiendo—. Es cuando uno consigue enfocarse en lo que forma parte de sí mismo, como los pensamientos, las emociones y las acciones que puede encontrar la serenidad y la paz interior en medio de las dificultades.

Hiroto, el protagonista de Hirayasumi, es un chico de 29 años que ha alcanzado el estoicismo. Él podría estar agobiado porque a su edad no tiene un trabajo fijo, ni pareja y mucho menos planes de formar una familia. En definitiva, no ha alcanzado ninguna de estas metas que la sociedad espera que todo el mundo alcance algún día y que agobian a tantos jóvenes porque es “lo que se supone que hay que hacer”. Pero Hiroto no ve esto como algo de lo que preocuparse, sino como una serie de circunstancias que forman parte de su vida y que no son tan importantes como encontrar un buen plato que cocinar, apreciar las vistas que tiene desde un puente cualquiera de Tokio y ser bueno con las personas que le rodean.

Y es que enfocare en las propias acciones de uno mismo va de la mano con tomar decisiones que ayudan a otros para beneficiar el bienestar general. Esta benevolencia es lo que lleva a Hiroto a conocer a la señora mayor que le deja su casa en herencia y que le permitirte vivir con la tranquilidad de no tener que pagar un alquiler —aunque, ¿quién no sería un poco más feliz sin tener que hacerse cargo de este tipo de gastos?—. Estas cosas no suelen pasar en el mundo real y muchos seguramente piensen que Hiroto simplemente ha tenido suerte.

Claro está que algo de suerte ha tenido, es innegable que este es el sueño húmedo de muchos jóvenes adultos que no pueden ni pagar la entrada correspondiente a comprarse un piso. Pero no solo ha sido suerte, sino una combinación de esta con la naturaleza de Hiroto para fijarse en la belleza de algo tan mundano como la fachada de una casa y la facilidad que tiene para hacerse amigo de cualquiera que sea igual o más considerado que él. Esta suerte no hubiera existido si Hiroto no hubiera dado ese paso tan naíf.

Keigo Shinzo nos enseña a través de su obra que siempre es un buen momento para ser agradecido. Esta es una de las cosas que están bajo nuestro control / ©Shōgakukan

Al poco tiempo, Natsumi, su prima de 18 años, se muda desde su pueblo  a la casa de Hiroto porque va a empezar la universidad en Tokio. Ella es una bola de nervios e inseguridades con la que puede que se sientan identificados muchos estudiantes que hayan tendido que ir a una ciudad mucho más grande a estudiar la carrera de sus sueños. En esta etapa de su vida en la que todo es tan nuevo, Natsumi encuentra un punto de referencia en Hiroto. Pese a que a ella le entusiasma mucho más la idea de vivir sola, poco a poco va cogiendo los dejes de su primo y empieza a apreciar cosas que antes no apreciaba —como las vistas desde un puente cualquiera de Tokio— y se acaba percantando todo lo bueno que tiene poder compartir esta etapa de su vida con un ser querido.

Así es como esta historia, aparentemente costumbrista para Hiroto, acaba resultando un coming of age para Natsumi. Él ya ha encontrado la felicidad al enfocarse en las cosas mundanas y valorar algo tan importante para el ser humano como las relaciones con los demás. Y es justo su presencia lo que permite a Natsumi ver más allá de sus inseguridades y de los miedos de alguien que aún tiene mucho de niña y que está empezando a navegar por el mundo de los adultos.

Hiraysumi no es mucho más que eso y ahí radica lo bonito de su esencia. Los grandes problemas a resolver son cosas cotidianas que le puede haber pasado a alguno de tus amigos o incluso a tí mismo:  como una borrachera no planeada, algo vergonzoso que te ha pasado en clase, unas goteras o molestarse porque la persona que está delante de ti en las escaleras mecánicas no se mueve. Keigo Shinzo nos relata una historia que encuentra la belleza en lo sencillo, que destaca la importancia de vivir con serenidad, ser amable con los demás y apreciar los pequeños detalles de la vida, incluso en medio de las dificultades.

Un comentario en “Hirayasumi y la esencia de la felicidad en lo mundano

  1. Pingback: Konya Sukiyaki ja Nai kedo: sociedad y uno mismo | Futoi Karasu

Deja un comentario