A veces, te despiertas por la mañana y piensas para ti misma: “Odio mi vida y el ciclo capitalista y de consumo en el que vivo envuelta”. Así que con esas mismas te levantas, porque tienes que trabajar y luego parar para poder seguir trabajando más tarde. La verdad es que, en un mundo donde hasta las actividades de ocio más simples se encuentran monetizadas, donde el ocio gratis y alternativo es escaso y donde cualquier proyecto que te ofrecía algún tipo de esperanza es explotado hasta decir basta, es bastante esperanzador descubrir cómo comunidades y creadores individuales se afanan por hacer algo más allá.
La semana pasada nos despertamos con la noticia de que dos dedicados fanes del juego Disco Elysium habían financiado, de manera desinteresada y de su propio bolsillo, la novela que comparte escenario con el juego. Originalmente publicada en estonio, sus bajas ventas llevaron al autor al alcoholismo —en palabras del creador Robert Kurvitz— y para su suerte el juego no tuvo el mismo destino. Este se convirtió, sin duda, en una obra de culto en el medio, no solo por su original estética, sino por la delicada narrativa y las temáticas humanas y profundas que desarrolla, tanto en las misiones secundarias como en la historia principal. No es de extrañar que la fanbase tan dedicada que se granjeó quisiera revivir esta pobre obra descatalogada y olvidada y compartirla con el mundo. No está de más añadir como contexto que, en un principio, se consideró publicarla comercialmente. Sin embargo, después de que la desarrolladora del juego, la asociación cultural ZA/UM, tuviese problemas con la empresa bajo el mismo nombre —pero formando dos entes distintos— la traducción ha quedado seguramente fuera de los planes de esta. Como se puede llegar a suponer, la ida del proyecto de las mentes que más aportaron supuso un duro golpe creativo a cualquier obra derivada que estuviera planeada y no solo a la novela, sino también a la supuesta secuela de Disco Elysium.

Ante un ejemplo claramente descorazonador, donde un producto cultural es arrebatado de las manos de sus creadores para maximizar beneficios, se opone la ilusión y la esperanza de que los mismos fanes hayan logrado hacer tamaña aportación a la comunidad. Este es solo uno de los numerosos ejemplos en los que podemos ver a la gente unirse y lograr cosas mucho mayores que las desavenencias que genera el mercado en relación a los productos culturales. Por lo tanto, hoy planteamos una reflexión sobre los creadores y miembros de cada una de nuestras fanbases y en concreto del trabajo de los escritores y gente relacionada a la creación y edición de contenido literario en estas.
En no tan rara ocasión es posible cruzarse por internet con alguien afirmando que no lee muchos libros, pero en cambio sí lee mucho fanfiction. Dada la increíble cantidad de material fan que es posible encontrarse por internet, lo raro sería que alguien muy metido en grupos de fanes online o similares no haya leído nunca ninguno. Incluso se han dado casos de youtubers leyendo fanfics de su propia comunidad en vídeos a modo de mofa. A su vez, son tan polémicos, que la misma Anne Rice —autora de Crónicas Vampíricas— comenzó una cruzada en su contra. Cruzada que llevó a Rice y su equipo a enviar un comunicado con acusaciones y amenazas bastante directas a los administradores a cargo de Fanfiction.net en 2002 que hizo temblar no solo a estos, sino también al fandom debido a las posibles represalias legales. Más tarde supimos que este miedo de Rice a la prosa de los fanes se debía a que gente en relación con la editorial la había convencido para creer que estas mismas obras canibalizarían su trabajo a futuro y, por lo tanto, eran el mismísimo diablo. No sería la última vez que grandes grupos editoriales lanzaron amenazas a las mismas páginas o incluso a autores individuales por miedo o simple odio al contenido que se estaba publicando derivativamente de su marca. Para finalizar la retahíla legal, actualmente el tema del fanfiction está en una especie de vacío legal si estamos hablando de trabajos derivados de obras con copyright. Las personas relacionadas con ellas no quieren meterse en problemas legales debido a que nunca es sencillo demostrar plagio o un detrimento a la obra madre. Sin embargo, páginas como Archive of Our Own sigue teniendo que recaudar dinero anualmente para mantener un equipo legal en caso de que se les amenace con represalias y a su vez para mantener los servidores y poder adquirir otras páginas que van a caer en desuso o corren el riesgo de ser cerradas.
Pero, ¿por qué un odio tan visceral a los fanfics y al movimiento fan creativo? Gente famosa con contenido derivado de su marca se ríe activamente de ellos, las editoriales buscan la ruina de sus escritores y los autores publicados miran por encima del hombro a cualquiera que ose “parasitar” su trabajo. Podría hablarse de una razón por cada una de estas y, a la vez, desembocar en un solo origen, pero vayamos por partes. La más sencilla de responder podría ser la de las empresas y editoriales y se resume en un “no estamos ganando suficiente dinero”. Todo aquel material que nazca desde una marca en su dominio y que no les esté generando ingresos directos puede ser considerado por ellos como un robo con todas las letras. Por esta misma razón editores y altos cargos le comen la cabeza a autores y también por esto cierra Nintendo páginas de emulación de juegos de los que se olvidó hace décadas. De hecho, lo que hemos podido observar recientemente, e incluso no tan recientemente, es que las mismas editoriales han ido absorbiendo autoras con obras que originalmente eran fanfictions para poder vender sus historias como obras originales. Pasó con Cincuenta Sombras de Grey, pasó con la saga After y también pasó de manera más flagrante con la reciente La Hipótesis del Amor. Así que todo lo que no esté generando beneficios a una macro corporación es simplemente una molestia o, si juegan bien sus cartas en este mundo capitalista, una nueva aventura comercial.
La parte del odio de los creadores y público general es a primera vista una razón que tiene más que ver con la relación del individuo y la obra. Algunos autores no disfrutan viendo que su trabajo es usado para representar ideas que no comparten, como por ejemplo que la gente LGTB tenga derecho a la vida o que a alguien no le pareciese bien la muerte de John Doe y la reescriba junto con el libro entero en AO3. De hecho, en numerosas ocasiones se ha legitimado el odio a los fanfictions por estas mismas razones, el no seguir los designios de los autores al pie de la letra es motivo suficiente para llamar a una caza de brujas. ¿Por qué es esto motivo de tamaña preocupación? La respuesta es sencilla: machismo y discriminación.

Un rápido vistazo al censo llevado a cabo en 2013 en Archive of Our Own nos revela que alrededor del 84.6% de los autores asentados en la plataforma son mujeres. Es bastante probable que en los años venideros las cifras hayan variado algo, pero sigue siendo un porcentaje considerable y que nos ayuda a tener una visión más comprensiva del por qué del odio. Como ya es costumbre, aquellos ámbitos creados mayormente por y para mujeres y gente LGTB acaban siendo tomados menos en cuenta o ridiculizados ya que son vistos como algo de menor calidad. Lo mismo sucede con el argumento de que las obras derivadas tienen una calidad considerablemente menor debido a que son supuestamente escritas por “críos”. Quizás el mayor problema no sea que menores se expresen en plataformas libres y desarrollen su pasión por la escritura, sino que prolíficos autores saquen al mercado obras con una edición deficiente por 20 euros. Sin embargo, una muchacha de segundo de la ESO no tiene el mismo caché y es un sujeto apropiado para recibir acoso, para nada por su incapacidad de defenderse. Al final, extraer una razón concreta o definitiva de los porqués es complicado, puesto que en estos terrenos nos encontramos jugando con motivos más humanos y más plurales que una mera lista de razones, pero aunque estas razones no sean universales sí podemos considerarlas muy extendidas.
Ahora la gran pregunta: aún así, ¿por qué deberíamos considerar los fanfics o las traducciones y ediciones de los fanes como algo importante dentro de nuestras comunidades? La verdad es que ya no solo dentro de estas mismas, sino como objeto y medio cultural relevante más allá del fandom al que conciernen. Sea un relato de 1000 palabras con faltas de ortografía y recursos literarios de deficiente ejecución o algo mucho extenso con una prosa digna de James Joyce, lo cierto es que nos encontramos ante una obra puesta a nuestra disposición en un entorno gratuito como es internet y además de una manera en la que su acceso es prácticamente libre. Esto, claro, a no ser que nos encontremos en situaciones extremas de censura, e incluso dentro de estas, podemos acceder a contenidos literarios y a una forma de expresión artística sin ánimo de lucro y pensados expresamente con esta idea de gratuidad y habilidad para ser compartidas como el punto focal. Es más, si nos referimos a páginas no dependientes de fundación con fondos de compañías o terceros con intereses —como sería el caso de la publicidad en webs o una mercantilización de los contenidos dentro de estas— podemos presenciar una literatura creada sin restricciones. Una vez que tenemos en cuenta los reglamentos impuestos por unas directrices comerciales o por unos estándares de mercado no estamos dejando que el autor se exprese con la libertad que de otra forma podría hacerlo. Ya sea desde censuras algo más nimias, como una supresión de fragmentos por falta de espacio en la edición, o como el borrado de un personaje o una temática porque eso “no vende” o “no es adecuado”.
En el caso de las traducciones por parte de fanes, no son pocos los ejemplos, pero me gustaría destacar las labores de traducción que se realizaron con las novelas de MXTX. Novelas que fueron originalmente publicadas en una web china de historias y que sin el trabajo ferviente de los fanes no hubiesen visto a día de hoy ni un cuarto de la popularidad de la que gozan. Incluso se realizó un trabajo de eliminación de la censura por parte de las personas implicadas, recabando capítulos eliminados por los nuevos reglamentos de la web o las autoridades chinas. Estos trabajos fueron realizados completamente sin ánimo de lucro e instando a los lectores a recompensar a la autora original de las obras más que a su trabajo propio. Así mismo ha sucedido en posiblemente millones de trabajos, su traducción amateur ayuda a la difusión y al mantenimiento de los mismos en la memoria colectiva para evitar que en cierto punto puedan incluso convertirse en lost media.
Por lo tanto, debemos seguir reivindicando la creación y la difusión libre de contenido artístico en internet. Espacios y recursos libres de la mano empresarial y comercial nos ayudan a crear un arte más por y para la gente, en el que no hace falta pasar por caja cada vez que queramos consumirlo y que pone a nuestra disposición la que posiblemente sea una de las formas más puras de literatura, puesto que se crea y se comunica naciendo desde el mismo placer por hacerlo. Así pues, si podéis colaborar de cualquier manera creando, leyendo o ayudando a que estos espacios se mantengan en el tiempo y no sean consumidos por el capitalismo y la discriminación, posiblemente estaréis ayudando más de lo que pensáis al arte en general.
Pingback: Rafael Delgado
En mi caso, si bien me parecen una idea curiosa, el problema que tengo con los fanfics es que al no ser algo oficial no me genera interés. Todo lo que lea en la obra será algo que poco me aportará a la obra base. Parecido a la emoción que transmite que una secuela no sea de su autor.
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