Todo arte se basa en un principio. Las meras consideraciones temporales no son en absoluto principios. Aquellos que les aconsejen hacer un arte representativo del siglo XIX les están aconsejando que produzcan un arte que sus hijos, cuando los tengan, considerarán anticuado.
Oscar Wilde. Extracto de la conferencia ante estudiantes de Arte el 30 de junio de 1883.
El análisis crítico es difícil de realizar. No se trata de volcar una opinión sin destilar sobre cualquier obra, sino de valorar sus cualidades intrínsecas. Qué quiere conseguir, cómo lo consigue, qué herramientas y recursos emplea para ello y cómo ha conectado con el individuo según sus experiencias únicas. Es subjetivo de base pero apunta a ser universal. Un ejercicio destinado a separar lo auténtico de lo falso, a buscar un valor en el objeto de análisis. Un valor, porque puede haber varios, todo depende tanto de la obra como de la persona que la analice. Del mismo modo que no hay un solo tipo de obra no hay solo un tipo de crítico. Las prioridades de cada uno pueden ser distintas. Estimando más la originalidad, la coherencia, el contexto, la influencia previa y posterior o la innovación en algún nivel; todo en función de su criterio particular. Cada elemento anterior, y varios más que se quedan en el tintero, tienen un peso diferente condicionado por la experiencia personal.

En un mundo idílico, un crítico siempre es un autor —entendiendo con esto que la propia crítica ya tiene valor artístico esencial—. Por ello, su visión se refleja en los trabajos que realiza. Leer mucho del mismo autor nos permite acercarnos a su punto de vista, o aclararnos respecto a en qué características se fija con mayor ahínco. Sin que ello signifique que estemos de acuerdo con él. Algo en extremo útil, ya que al comprender su forma de ser, su forma de ver el mundo o su forma de ver el arte; podemos extraer nuestras propias conclusiones en base a ese conocimiento. Si ese crítico que desprecia de forma cuasi sistemática ciertos géneros, mecánicas o tropos; de repente, alaba una obra que contiene uno o varios de ellos, nos lleva a preguntarnos qué tiene de diferente para llegar a tal resultado. Ha suscitado nuestro interés.
Lo anterior es solo un ejemplo, con condiciones muy específicas y en un entorno óptimo. En la práctica surgen varios problemas. El primero, de los más importantes, radica en la despersonalización de la figura crítica. Publicar en un medio multitudinario sustrae parte de la individualidad. Afectando a la consistencia dentro del entorno, y dificultando al público conocer la visión general del sujeto tras el texto. Hablando de forma extrema, se podría establecer que esta multiplicidad de la voz causa una relación inversamente proporcional entre la homogeneidad de autores y la heterogeneidad del discurso. Sin embargo, los redactores pueden seguir hallando su propia voz, su rincón en el que volcar ideas y, con el tiempo, encontrar una audiencia que se interese genuinamente por ellos, estén o no en webs con una plantilla numerosa.
El segundo problema no es la dificultad para transmitir la voz, sino la completa falta de una voz propia. Artículos clónicos que no se diferencian del resto, tratando los mismos puntos de forma esquemática, como una lista de tareas que completar en piloto automático. Repletos de párrafos prefabricados, frases intercambiables y opiniones vacías. En medios dedicados a videojuegos se pueden distinguir dos especímenes comunes a grandes rasgos de malos redactores. «El periodista», que elabora análisis arquetípicos tratando puntos muy concretos de formas muy concretas, los valora de forma individual y realiza una media. Textos blandengues de ruta segura. Por otro lado, «el académico», que escribirá artículos como «Deconstrucción de Undertale desde la visión kafkiana y el nihilismo nietzscheano», para demostrar conocimiento. Tal vez, en un fútil intento dotar a su crítica de una capa de valor que puede no poseer por sí misma.

Los dos ejemplos previos se pueden resumir en tres simples palabras: falta de criterio. Porque el criterio es fundamental a la hora de criticar, y ambos son del más puro carácter subjetivo. Aquel que piense en el ejercicio crítico como establecer verdades universales mediante la objetividad pura no hace otra cosa que engañarse a sí mismo. Estará deformando la realidad para que se ajuste a sus miras, tomando la parte por el todo. Quienes somos, y lo que nos ha llevado a serlo, forma una parte inseparable de nuestra capacidad crítica y analítica. Negar este componente para seguir una corriente establecida es, en cierta forma, negar una parte de nosotros mismos. Podemos mejorar. Podemos cambiar. Contradecirnos en apariencia y, aún así, seguir siendo nosotros. Porque la verdad, al igual que los valores o los críticos, no es única. No todas las opiniones tienen que valer lo mismo para todo el mundo, lo que tampoco significa que haya una sola que ensombrezca a todas las demás. La crítica es, al final, una mezcla de pensamiento y pasión.
Tras lo mencionado, se podría pensar que las notas son otro error. Que la crítica no las necesita, que restan valor al conjunto, pues no es más que una simplificación extrema. La acción de resumir cientos, miles de palabras en un solo número. De hecho, durante los últimos años, varias webs dedicadas al periodismo de videojuegos han prescindido de notas en sus críticas/análisis. ¿El motivo? En principio, priorizar el valor del escrito. Evitando que los usuarios se centren en un carácter numérico al que mirar directamente y lo hagan, en su lugar, en el contenido del artículo. Esto es un ejercicio inútil, quimérico. Las ganas de leer no están en la mano del escritor. El rechazo a la lectura no va a cambiar porque se omita una nota en la que fijarse. Es una decisión que escapa a todo control del emisor. El lector bien podría leer el resumen final o la conclusión, ver una página elaboradora de medias o ir a otra web que sí puntúe en sus análisis.
Hay otro motivo que se podría destacar, el de eliminar la relación existente entre las notas y la publicidad. Ya que las compañías las utilizan como promoción. Exponiéndolas a la vista de todos en tráileres, carátulas y pósteres. Disminuye así la sensación de poder que parecen tener las grandes compañías sobre las páginas web. Pudiendo llegar a negar publicidad o colaboraciones ante comentarios desfavorables de sus obras—sumemos a esto la presión de determinados editores o compañías a los estudios de desarrollo para alcanzar cierta media en las calificaciones a cambio de compensaciones salariales mayores—. Quitar las notas tampoco resuelve este problema. Las causas de su origen y las consecuencias en el medio siguen ahí, intactas.

Pero las notas no son un error por sí mismas. Las notas son una herramienta más. Y, como tal, un factor más a disposición de quien busque utilizarlas y de cómo lo haga. Los análisis sin personalidad, la glorificación del apartado técnico, la poca divergencia entre opiniones, la condescendencia o la falta de una mínima rigurosidad que estructure el conjunto. Hagamos desaparecer las notas y seguramente todo eso permanecerá de igual manera. Es similar a esconder el polvo bajo la alfombra. Puede que se note menos, pero la suciedad sigue presente. Una crítica puede no usarlas y ser el texto más inocuo, blando o carente de miras y visión que se haya leído. Otra puede contenerlas y ser un prisma interesante, una observación aguda, un comentario ácido o mordaz que demuestre gran personalidad.
Criticar es un ejercicio de exteriorización. La acción de plasmar la verdad individual guiado por la mezcla de juicio y corazón. Es alzar la voz para que quien quiera la oiga, aunque no le guste. Porque podemos escuchar a alguien sin estar en absoluto de acuerdo con su forma de entender el mundo y que, de repente, llegue una frase que lo cambie todo. Frase que, como si el rayo de un dios griego hubiese caído ante nosotros, nos mueva y estimule. La sensación de que ese pensamiento que llevaba días, meses, años rondando nuestra cabeza ha sido liberado y expresado, de forma estructurada y racional, desde la boca de otra persona.
«La belleza está en los ojos del que mira». Esta pequeña frase es ya un tópico repetido hasta el cansancio. No obstante, al igual que la Tierra gira alrededor del Sol y Totodile es el mejor inicial de toda la saga Pokémon, las cosas no son menos ciertas por resultar obvias. En este caso, el arte está en los ojos del que mira, y suprimir las puntuaciones es un acto ínfimo e irrisorio, un parche. Mientras reformular la mirada es la verdadera acción primordial.
Queremos mejores videojuegos. Seamos mejores críticos.
