Opinión: Aizen fue el primer tropiezo de un largo camino de errores.

Sôsuke Aizen, ex-capitán de la Sexta División, es un hombre calculador, estratégico, maquiavélico y frío: es la mente maestra tras las bambalinas, la mano negra del conflicto, el agente caótico principal. No sólo sobresale en todas y cada una de las habilidades posibles que existen en el mundo de Bleach, sino que además sus poderes son extremadamente capaces de romper a cada uno de los capitanes más veteranos de la Sociedad de Almas. Se podría decir que es el villano ideal en un nekketsu de estas características.

Y también es el mayor salto de tiburón de la serie, aunque haya sido de forma retroactiva.

Es un hecho que Aizen, en un sentido utilitarista, es «perfecto»: sabe cómo, cuándo y dónde actuar para que sea imbatible en cualquier situación, tiene un plan de la A hasta la Z si hace falta y se sabe al dedillo el talón de Aquiles de hasta el perro del vagabundo de la quinta esquina ¡Si hasta moldeaba a Ichigo para que llevase una ruta de mejora determinada que le hiciera llegar hasta donde está! Es bastante impresionante ver como múltiples capitanes y sub-capitanes entrenados y con mucha experiencia acaban cayendo sin ningún tipo de remilgo ante las habilidades del ex-capitán de la Sexta División, ya sea por su ingenio o por fuerza bruta. Da igual cuánto lo intente Shinji Hirako, líder de los Vizard, o Genryūsai Shigekuni Yamamoto, el Capitán de la Primera División y líder natural de los Shinigami, ambos caen miserablemente tras hacerle apenas un rasguño al imponente y casi omniscente Aizen. Y esa supuesta perfección es parte del gran problema que tiene como personaje y villano.

Aunque hay que reconocer que el tipo es guapete una vez se quita el look Afflelou. Shonen Jump®

¿Qué hay de sus motivaciones? ¿Qué empuja al hombre que tiene 20 planes distintos para una sola acción actuar de esta forma? Pues desgraciadamente nada de sustancia: Aizen simple y llanamente quiere poder, no por un pasado marcado por la opresión —a pesar de que sería un buen pretexto ya que el Gotei 13 es una sociedad de clases autocrática y con umbrales de pobreza extremos— ni tampoco algo que marque esa obsesión por convertirse en una deidad, por lo que no elabora más allá del manido ególatra con complejo de Dios. El asunto es tan vergonzoso en cuanto a su desarrollo como personaje que algunos secundarios que han tenido menor impacto en la serie, como Ganju Shiba, terminan por poseer más profundidad que uno de los antagonistas principales.

Tampoco es que un villano tenga que tener unas motivaciones de alto nivel o demasiado complejas para funcionar, sería maniqueísta exigir un mínimo cuando este no es necesario para que alguien así pueda funcionar. Pero sí es cierto que la sensación de que Aizen no funcione tan bien como debe es más porque acaba siendo un Deus ex machina con patas, un problema que probablemente surge de que Tite Kubo, el autor de la aclamada obra, se vio obligado a cambiar de villano principal durante el arco de la Sociedad de Almas, y tuvo que tomar que tomar un camino muy distinto de lo que tenía pensado en origen. Es posible que jamás se sepa la verdad de esas conversaciones invisibles entre autor y editor, pero no se puede negar que no resultaría algo extraño, visto como son de conocimiento público algunos casos de cambios importantes hechos a última hora en el mundillo del manganime. En Dragon Ball, sin ir más lejos, obligaron a Toriyama a modificar numerosas cosas durante el recorrido que tuvo el manga, especialmente en la parte que se denominaría Z en el anime: la muerte de Son Goku era definitiva, Vegeta fallecería en Namek, el Doctor Gero y su ayudante eran los verdaderos villanos junto con Célula, además de que el aspecto de este último no cambiaba a su forma definitiva.

Las explicaciones de lore en Bleach son como un tutorial de Xenoblade Chronicles 2: llegan tarde, explicado de aquellas formas y tocando las narices. Shonen Jump®

Todo esto no implica que los cambios que se den por parte de los editores sean necesariamente malos. Y en el caso de Aizen, al menos, al principio, no lo era tampoco: la revelación es potente, la sensación de enfrentarse a una fuerza imparable es fantástica, y siembra de buena forma el futuro de lo que está por venir. El problema es que Tite no sabía llevarlo correctamente y lo terminaba usando como escudo ante los problemas de guion y narración que estaba sufriendo por entonces la serie: ¿Que es necesario crear un poder que sea capaz de engañar a todo el mundo con unos puntos débiles extremadamente concretos y particulares? La espada de Aizen. ¿Que tenía montado todo una compleja sociedad secreta de alto estándar durante los siguientes 50 años sin que nadie se hubiese percatado? Solo podría hacerlo Aizen. ¿Que los cabecillas de los Arrancar no hayan servido para nada y queda casi la totalidad del Gotei 13 en pie? Simplemente y llanamente, lo esperado por Aizen.

La cosa llega a tales extremos que el propio personaje cambia las mismísimas reglas del juego según conveniencia desde el punto de vista meta. En su batalla contra Soifong, la líder de la Segunda División y maestra espía de la Sociedad de Almas, tiene un Shikai capaz de matar a cualquier cosa con solo tocarle con un dedal puntiagudo dos veces en el mismo sitio…a no ser que seas Aizen, que entonces resulta que no, que eso no vale. Porque de repente hay una nueva regla en la escala de poderes en el mundo de Bleach. No exagero al decir que es bastante surrealista cómo Tite va hacia delante sin frenos sin valorar las implicaciones que tiene el cambiar las reglas del juego a cada capítulo solo para mantener en el podio a un personaje que, en honor a la verdad, al final termina más ante el lector como un meme con patas que como otra cosa.

Esa muestra de ser inalcanzable es tal que ni siquiera se sabe qué clase de Bankai tiene a pesar de que ya terminó la serie porque, ¿qué es algo más poderoso que lo que tenía el mismo sin que significase ganar porque sí? Si el Shikai es capaz de engañar todos los sentidos hasta de la médica más talentosa y profesional del mundo, el Bankai como poco puede hacer realidad lo que es un sueño. Al menos si seguimos la lógica de poder que sigue Bleach. Lo peor del asunto es que su derrota no viene dada por una estrategia de combate, por algún McGuffin necesario para debilitarle o por puro poder bruto, simplemente Aizen decide cambiar de poder por uno que no requiera de la hipnosis, y pierde. Y ese poder es ser un dios.

En esta escena, Aizen se dedica a decirle a Ichigo que todo su recorrido lo ha diseñado él, así que como dirían en el pueblo que no tengo: se las sabe todas. Shonen Jump®

Pero semejante habilidad tendrá algún punto débil, se preguntará cualquier persona con un mínimo de bagaje en cuanto a entender cómo funcionan las historias. Pues sí, la tiene, y ese es otro tema que merece apartado propio porque es delirante. Resulta que, dicho por el mismo Aizen —lo cual también se debe coger con pinzas, no vaya a ser otra mentira que forme parte de su plan—, la única forma de no verse afectado por sus ilusiones es o bien o estar ciego o bien no haber visto previamente al personaje desenvainar su mismo Shikai. Una debilidad ya no solo demasiado conveniente, sino torticera por lo vaga que resulta la explicación, ¿y si Aizen decide hacer la invocación delante de Ichigo, el cual no era víctima de su embrujo, delante de él para tenerlo también hipnotizado? Ya no solo es que la debilidad sea extremadamente ridícula y poco práctica para su adversario, es que encima entra en el terreno de la subjetividad en cuánto a cómo se le hace frente. ¡Hasta su habilidad rompe con el sistema!

Tite se habrá quedado a gusto pensando que ha escrito el mejor personaje de la historia. O no quizás no. Al menos, de ser cierto que se vio obligado a cambiar el villano principal de Gin Ichimaru a Aizen por parte de los editores. Nunca se sabrá qué cosas se hicieron con total libertad y cuáles estuvieron bajo el escrutinio de los encorbatados, a no ser que el propio autor viole el NDA impuesto por la editorial, lo cual seguramente arrojaría bastante luz sobre cómo funciona la Jump, al menos en lo de tener pruebas más allá de las cero dudas. Lo que es innegable es que la entrada de Aizen como el maestro titiritero coincide con la inmediatamente posterior bajada de calidad y caída en gracia de la serie. Y no es casual. Mucho menos cuando el desarrollo final que ha tenido en el arco final ha sido tan decepcionante con el manido y sinsentido «me he vuelto bueno» del arco final, algo de lo que hace gala también Orochimaru en Naruto.

En general, Aizen no ha resultado más que un traspiés tras otro en la serie, al menos visto en retrospectiva. Y eso que el título no anda escaso en problemas, como el reciclar estructuralmente el mismo arco, solo que cambiando los personajes, que no sus habilidades —Ishida enfrentándose a dos científicos locos en dos arcos distintos es una casualidad muy curiosa—. Y es una pena, porque el concepto no solo resulta potente, sino que podría haber sido algo memorable —que lo es, pero quizás no como querría el autor— si al menos las motivaciones y sus debilidades estuvieran mejor perfiladas. Aunque quizás lo que peor sienta de un personaje así es cómo lo han acabado venciendo: simplemente dejando de lado su habilidad para volver un Dios. Así que si alguien escribiendo se siente mal a la hora de pensar que su villano no tiene gancho o quizás no esté demasiado bien hecho, que piense que Aizen existe y que fue lo que llevó, entre otras cosas, a Bleach por el camino del agotamiento. A no ser que ese fuera también el plan de Aizen.

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