Entre todas las cosas positivas que se pueden extraer de la cultura, una de ellas es sin duda que la forma de disfrutarlo varía de persona en persona. Nadie se va a deleitar con un libro o un videojuego de la misma forma y ese hecho tiene algo de maravilloso y abre un sinfín de posibilidades —tanto para el creador como el público receptor—. Así pues, el creador tiene en cuenta al público al que se dirige en su proceso de dar forma a una historia, y aquí entra el quid de este artículo.
Dentro de los juegos otomes, aunque también se pueden extender a casi cualquier dating sim, existe el concepto del self-insert, donde la jugadora pasa a ser “parte” del juego. Se identifica a esta con la protagonista o, directamente, se juega pensando que los intereses románticos se están dirigiendo directamente a ella. Esto suele ir ligado a ser yumejoshi —donde la gente se empareja a sí misma con su personaje favorito—. Todos hemos buscado un fanfic que tratase de la pareja entre un personaje que nos gustara muchísimo «x reader«, o incluso los famosos “Rayita” de Wattpad, aunque otros ejemplos son cualquier fanfic escrito en segunda persona cuyo nombre universal es “y/n”. Pues ser yumejoshi sería algo así, para entendernos. Existe todo tipo de media: fanfics, fanarts… El cielo es el límite a la hora de emparejarse a uno mismo con su personaje favorito. Por lo general, las chicas que hacen self-insert tienden a ser yumejoshis. Y aquí donde lo veis, esto ha traído incontables broncas en internet.


También está la forma de jugarlo en tercera persona o “ver una película”. Básicamente, no te identificas con la heroína, o simplemente la ves como otro personaje distinto a ti y es de ella de quien se enamoran los personajes. Por supuesto, ninguna forma de jugar es fija. Quizás haya rutas o escenas donde sí decidas hacer self-insert y otras donde no, y no pasa nada. Tampoco hay una forma mejor de jugar que otra, ya que como se menciona un par de párrafos antes, cada persona disfruta de un videojuego como quiere.
Sin embargo, es cierto que hay juegos otome más pensados hacia el self-insert o más propensos al mismo. La regla general en los más antiguos —tanto para consola como para móvil, que siempre han tenido muchísimo tirón— es una MC que no tiene un nombre oficial, sin ojos dibujados o incluso a quien no se le ve el rostro —y en muchos casos en las CGs aparece de espaldas o con el rostro oculto—, personalidad blanda y reactiva y sin voz, para que así le sea más fácil a la jugadora “volcar” sus propios rasgos en la protagonista y facilitar el self-insert. Los juegos de Voltage son el mejor ejemplo de esto, pero se puede rastrear todo tipo de títulos tanto para consolas como para móviles. Otro de los ejemplos más famosos es la MC de Mystic Messenger.
La tendencia en los últimos años, especialmente en juegos de consola, es que la MC sí tenga un nombre oficial, un diseño, se la incluya en unas CG en las que se le ve claramente, participe activamente en la acción de una historia relevante y, en el mejor de los casos, incluso termine teniendo voz. Por supuesto, sigue habiendo muchos juegos donde se sigue abogando por el self-insert, y este cambio en las protagonistas no significa que esta práctica ya no se pueda seguir ejerciendo, pero sí parece dificultar la proyección personal cuando tenemos un personaje totalmente diseñado.

Aun así, es norma general que muchas de las heroínas no tengan voz, lo cual en muchos casos me parece un error absoluto. Puestos a darles un diseño completo, una personalidad más o menos solida y a volverlas un elemento notable en el juego —por ejemplo, a través de portraits en la caja de diálogo o viéndola claramente en las CGs—, darles voz sería ya el último paso para equipararlas al resto de personajes. Se entiende que las compañías sigan queriendo abogar, aunque sea en menor medida, por el self-insert, pero no parece que la voz vaya a ser un factor determinante que impida a alguien identificarse con la heroína.
Si bien parece que está habiendo un cambio en las protagonistas, siendo muchas de ellas personajes distintos, hay que decir que la tendencia de la MC sin rostro sigue prevaleciendo en el cómputo total. Si no, que se lo digan a SympathyKiss, uno de los últimos juegos de Otomate —probablemente la compañía más grande en Japón dedicada a la creación de juegos de esta índole—, donde la MC está pensada totalmente para que la jugadora haga self-insert, al ser una vez más un personaje sin rostro y de aspecto genérico.

Además, actualmente en el mercado llueve a gusto de todos. Hay juegos que permiten muchísima personalización de la heroína, desde su apariencia física hasta sus pronombres como, por ejemplo, Our Life: Beginnings & Always o juegos con una MC ya diseñada, con nombre y, normalmente, también personalidad —ya nos guste más o menos—, para jugadoras que no disfrutan tanto del self-insert.
Por si os interesa la opinión del público en general, hace tres años la usuaria de Reddit Clanaria realizó una encuesta en el subreddit de juegos otome acerca del self-insert y aquí podéis ver los resultados.
Así pues, ¿cómo hay que jugar un otome? ¿Me tengo que creer la protagonista o tengo permitida la vergüenza ajena que se siente viendo a dos personajes liarla parda? ¡Pues a gusto del consumidor, claramente! No hay una forma mejor que otra, aunque —asumo yo— que las compañías plantean sus videojuegos para que sí hagas self-insert, como se demuestra con la popularidad de los CD dramas, donde los personajes te susurran palabras de amor —o lo que no es amor, si es Rejet quien lo vende— al oído directamente a ti. La gente va variando de juego en juego o de escena en escena, ya que no hay una sola forma correcta ni fija de disfrutar de estos videojuegos. Originalmente estaban pensados para que hicieras self-insert casi de forma forzosa —recordamos que eran protagonistas sin mucha personalidad ni diseño—, ¡pero ancha es Castilla!