Opinión: «Tampoco es para tanto», o cómo el nicho nos vuelve tarumbas

Hablar del mainstream, lo famoso, lo popular, lo que forra carpetas de adolescentes y ocupa portadas, es un asunto que puede ser desde rematadamente sencillo hasta espinoso. Incluso hablar bien, o mejor dicho, añadir algo nuevo al océano de tinta vertido sobre las virtudes de obras aclamadas, tiene su miga: ¿Se puede añadir algo nuevo de Evangelion, Super Mario 64 o Berserk a la gran ecuación? No es tan fácil. ¿Os suena, verdad? Pues bien, este artículo va a hablar de lo contrario: la reacción a la popularidad.

Conforme se avanza en el descubrimiento de un medio, género o disciplina, algunas obras, digamos de nuestros inicios, pueden perder fuelle o estatus en nuestro podio personal. Por poner un ejemplo claro: Pokémon era mi saga favorita a los 11 años. Con 29, y si bien los sigo disfrutando — Leyendas Arceus ha sido un entretenimiento robusto de principio a fin—, esa sensación de asombro y maravilla ya no perdura. Este bajón, percibido como colectivo, ha llevado a muchos individuos a posturas completamente reaccionarias, desproporcionadas o directamente al snobismo más exacerbado. Porque, a ojos del gran público, el malditismo y el llevar la contraria, la eterna pose del rebelde incomprendido, es atractiva.

Me ha costado un click de Google encontrar una patochada de este palo. Lo malo abunda / ©MTV

Uno de los campos donde más se puede apreciar esta tendencia, en el contexto de nuestra línea editorial, es en el mundillo del JRPG. Más allá del empuje de sagas veteranas que han ganado un extra popularidad gracias al empuje de sus últimas entregas — se me ocurren los casos de Xeno, Dragon Quest, Persona o Fire Emblem—, hablamos de un género dominado comercialmente por Final Fantasy. E incluso en su inmensa popularidad, el núcleo duro dicta sentencia: lo bueno de la saga, esa época acotada entre el IV y el X, ya terminó, «ahora no valen para nada, solo son machacabotones, lo bueno es Xenoblade» (sic). Lo cual, en su inmensa ironía… tiene su guasa por lo tremendamente distintos que son los Xenoblade respecto a las iteraciones anteriores de la saga. Y es que en la ortodoxia del snob existe la paradoja de que «nada cambie para que todo siga igual»: no queremos experimentos, pero al mismo tiempo apreciamos que las sagas cambien. ¿Coherencia? Ninguna. Brilla por su ausencia. Pero a quien esgrime una pose elitista no se le puede pedir más.

El ejercicio del pensamiento crítico y, al mismo tiempo, el desarrollo de un criterio personal como parte indivisible de nuestra personalidad, es un proceso largo, complejo y en evolución constante, que implica enfrentarse a prejuicios. Nuestro criterio se superpone y colisiona con otros, en una pugna errática y falseada sobre «lo cierto» y «lo objetivo». Esto lleva a la creación de gurús de opinión, los cuales, en oposición a una prensa con una reputación cada vez más dañada. No es algo exclusivo del medio, pero sí un obstáculo más en la creación de un criterio propio y un apoyo inestimable en la difusión de posturas elitistas.

Imágenes de archivo del autor del artículo. El pijama de Spider-Man es verídico, lo juro / ©Sony Pictures

¿Qué características son habituales en este proceso y por qué? Lo más obvio, es mucho más fácil, sea o no una opinión honesta, reivindicar algo menos conocido por encima del mainstream más resultón. No tiene mucha vuelta de hoja cantar las alabanzas de Final Fantasy VII, Metal Gear Solid 3 o The Legend of Zelda: Ocarina of Time, no respecto a Final Fantasy XII, Metal Gear Solid 2 o Twilight Princess, obras más divisorias o subvaloradas en su salida respecto a su situación actual. Ya no hablemos de Xenosaga, Splinter Cell o Alundra, de géneros similares a las obras anteriores pero con un estatus más cercano al «culto» que a lo clásico.

Y es que, al final, a mucha gente la búsqueda de la diferenciación cultural la vuelve insoportable.

Esto no significa que ampliar lo que conocemos sea pernicioso. ¡Qué diablos, es la mejor experiencia del mundo! Pero, en ese hostil laberinto que es Internet y ese arma de doble filo que suponen las plataformas de comunicación, la proliferación infecciosa de gurús diversos y opiniones huecas está a la orden del día. Estoy cansado de ver a gente haciéndose la interesante, pero sobre todo estoy harto de la falta de honradez de los agentes comunicativos y lo machacón de su discurso. Varios de los elementos reiterativos comunes en este tipo de análisis son los siguientes:

  • El uso constante del término «sobrevalorado»: no, tu criterio no está por encima de la mayoría. Tampoco por debajo. Está ahí.
  • Opinión impopular: *procede a soltar una perogrullada*.
  • Lenguaje y modales arrogantes y/o desafiantes, con el objetivo de sentar cátedra.
  • No existe una reivindicación real del nicho (Ejemplo: recomendaciones sinceras), sino un notorio afán de protagonismo por encima del canon imperante.
  • Creación de sentimiento y pertenencia a un grupo cultural más elevado.
  • Identificación de una supuesta objetividad con el criterio propio.

Quiero desarrollar más este último apartado. Sostengo, y lo haré con espada en mano si es necesario, que la gente no elabora su gusto en base a unos argumentos y un criterio, sino al revés. Primero se establecen unos vínculos con la obra y, ya en base a lo que la hayamos apreciado, formulamos unos argumentos que se ajusten más o menos a nuestras ideas. De ahí que la sempiterna búsqueda de la objetividad en la crítica, por muchos consensos a los que podamos llegar en algunos apartados, es una pantomima.

Hagamos un tonto ejercicio de «y si…» por un instante. ¿Qué hubiese ocurrido si en los 90, en lugar de que las sagas que todos conocemos hubiesen pegado el pelotazo, las cosas hubieran sido distintas? Si consiguiese viajar en el tiempo para evitar que Final Fantasy vendiese como caramelos, en detrimento de obras como Parasite Eve, Koudelka o Tactics Ogre, ¿el discurso sería el mismo? Podemos apostar que no, ni de coña. Porque, en fin último, el componente sociocultural que nos hace ir a corriente, el maldito canon, nos impulsaría en direcciones opuestas. «No juegues Koudelka, es corto y está sobrevalorado, ni de coña es para tanto. Es mucho mejor Final Fantasy VIII, aunque no sea tan conocido». Suena alien, ¿verdad? Pues ni por esas queda la mitad de absurdo que lo que tenemos en esta continuidad.

Jugad Koudelka. ¿Por qué? ¿Porque es de culto? No, ¡porque hablan de Alexander Pope y Lord Byron! / ©Sacnoth

Las cosas sí son para tanto. Para odiarlas, para vilipendiarlas o para quererlas con todo nuestro ser. Y en esos términos, vale mucho más defender lo que uno piensa realmente que dorarle la píldora a un círculo de mamelucos con el ego por las nubes.

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